Sudán, la guerra eterna: ¿por qué nunca se acaba el conflicto armado?
- Casi 14 millones de sudaneses han tenido que abandonar sus hogares y dos de cada tres necesitan ayuda humanitaria
- Entre 150.000 y medio millón de personas han muerto por los combates, los bombardeos, el hambre y las enfermedades
"Sudán vive la crisis humanitaria más grande y devastadora del mundo". Así describió en marzo de 2025 la directora de UNICEF, Catherine Russell, la guerra que desangra el país africano desde 2023. Más de tres años de un conflicto que ha quedado relegado a un segundo plano por el aluvión de noticias procedentes de Gaza, Irán y Ucrania. No por ello deja de ser un conflicto igual de estratégico, en el que se juega el futuro de África Oriental y el control de recursos y rutasesenciales para Occidente.
A pesar de que se suele hablar de esta guerra como civil y, por lo tanto, interna al país, los expertos entrevistados describen lo contrario: un conflicto regionalizado, regado con dinero extranjero, financiado por el tráfico internacional del oro y en una región particularmente sensible del planeta.
¿Por qué todo el mundo quiere controlar Sudán?
"Países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Egipto, China, Rusia, Estados Unidos y otras potencias europeas buscan aumentar su presencia política, económica y militar en las costas y en los puertos del mar Rojo", explica María Ángeles Alaminos, profesora e investigadora de la Universidad Loyola especializada en África Oriental. Encajado entre Egipto, Libia, Chad, Etiopía y Eritrea, y asomado al mar Rojo frente a la península arábiga, Sudán es una bisagra entre el mundo árabe, el Sahel y el Cuerno de África. Y por eso mismo, objeto de toda codicia.
Mapa del Norte de África con Sudán destacado en rojoGettyImages
Como muchos de sus vecinos, Sudán padece lo que los economistas llaman la maldición de los recursos: un subsuelo riquísimo y una población empobrecida. El país es uno de los mayores productores de oro de África. Tiene grandes reservas de hierro, manganeso, cromo y en su territorio se han hallado además yacimientos de uranio y tierras raras, minerales clave para la industria tecnológica y la transición ecológica.
El Nilo, que recorre el país de norte a sur, riega también extensas tierras fértiles que históricamente han alimentado a su población. Tierras que hoy son una apuesta estratégica para las monarquías del Golfo, al otro lado del mar Rojo y que importan la inmensa mayoría de los alimentos que comen. Desde la crisis alimentaria de 2008, estos países han arrendado cientos de miles de hectáreas sudanesas, a veces con contratos de 99 años, para cultivar grano y forraje destinados a su propia población.
Además, como recuerda la doctora Alaminos, "el Mar Rojo es una de las principales arterias de la economía mundial. Conecta el Mediterráneo y el Canal de Suez con el Océano Índico. De modo que una parte muy significativa del comercio global, de los flujos energéticos y de las cadenas de suministro internacionales transita por este corredor marítimo. Cualquier crisis que veamos en esta zona tiene repercusiones inmediatas en Europa, en Oriente Medio, en Asia, en África".
La guerra en Sudán y sus patrocinadores
En este contexto geopolítico se libra uno de los conflictos más violentos de estos últimos años. Los dos bandos que se enfrentan en Sudán son el ejército sudanés del general Al-Burhan y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF por su siglas en inglés), una fuerza paramilitar liderada por el general Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como "Hemedti".
El general Abdel Fattah al-Burhan, jefe del ejército Sudanés en una cumbre en Moscú (30 de Octubre 2026)Contributor#8523328Contributor/Getty Images
Antes del conflicto actual, Hemedti sirvió como comandante de las milicias Yanyauid, una alianza de grupos paramilitares que entre 2003 y 2017 cometieron crímenes de guerra y lesa humanidad, con el respaldo del gobierno, en la región de Darfur. Durante ese conflicto, Hemedti y sus hombres se hicieron con el control de las minas de oro de la región. Esta fuente de ingresos permitió a las Yanyauid organizarse y modernizarse bajo el mando de su jefe y, finalmente, convertirse en las RSF haciendo de Hemedti el hombre más rico del país y un adversario al poder central en Jartum.
Mohamed Hamdan Dagalo, vicepresidente del Consejo Soberano de Sudán, hace declaraciones durante una rueda de prensa en Jartum (Sudán) el 15 de abril de 2022.Mahmoud Hjaj/Anadolu via Getty Images
Tras la revolución pacífica que derrocó al dictador Omar al-Bashir en 2019, Al-Burhan y Hemedti encabezaron juntos la junta militar de transición, y juntos dieron el golpe que en 2021 apartó a los civiles del poder.
La pugna por integrar a las RSF en el ejército acabó estallando en Jartum el 15 de abril de 2023. El pintor Rashid Diab vivía cerca del aeropuerto: "Nos levantamos a las ocho, vimos metralletas. Nos dicen: 'Es un problema que se puede arreglar en dos horas o un día'. Fíjate cuántos días. Cuantas horas".
Desde entonces, ningún bando ha logrado imponerse, en gran parte porque ninguno lucha solo. Según el observatorio ACLED, el ejército recibe drones de Turquía, Rusia, Irán y Egipto, y las RSF se abastecen a través de redes vinculadas a los Emiratos Árabes Unidos. Expertos de la ONU y Amnistía Internacional han aportado indicios de envíos de armas emiratíes a las RSF, algo que Abu Dabi niega.
La fiebre del oro
Detrás de todo está el oro. "Es la primera fuente de ingresos para los dos bandos", explica Marc Ummel, de la ONG suiza Swissaid, que calcula que Sudán produce entre 80 y 90 toneladas al año: más de 10.000 millones de dólares al precio actual. La mayor parte la sacan de forma artesanal millones de mineros, en yacimientos dispersos sin regulación del Estado. El ejército declaró 70 toneladas producidas en 2025, pero las exportaciones oficiales apenas sumaron 14,7 toneladas; según Swissaid, buena parte del resto sale de contrabando.
Las RSF se financian sacando el oro por Chad, Libia, la República Centroafricana o Sudán del Sur. El oro que sale de contrabando de las zonas del ejército va sobre todo a Egipto y por el Mar Rojo. Desde 2017, Rusia también ha sacado tajada del tráfico: opera en el oro sudanés a través de la empresa Meroe Gold, sancionada por Estados Unidos y la mayoría de los países occidentales por sus vínculos con el grupo Wagner (ahora Africacorps). Además, en un acuerdo de 2020 con Jartum, Moscú acordó la construcción de una base naval en Puerto Sudán, la mayor ciudad del Mar Rojo. A cambio, el Kremlin se comprometió a formar el ejército Sudanés y proporcionar armamento e inteligencia.
No obstante, Rusia no es el único país con interés y presencia en Sudán.
Todos los caminos llevan a Dubái
Las rutas del oro sudanés acaban en Emiratos, que en 2024 importó 29 toneladas de oro de Sudán y otras 54 de Egipto, Chad y Libia, vías del contrabando, según datos de la ONU analizados por Swissaid. También es el gran cliente del ejército: compró en torno al 90% de las exportaciones oficiales de oro sudanés en el primer semestre de 2025, según el Banco Central de Sudán. Entre el 95% y el 97% de todo el oro sudanés acaba en Dubái.
"Una vez que este oro se refina, se pierde la pista. Pierde su origen sudanés", explica Ummel. De Dubái viaja a la India, Turquía, Hong Kong o Suiza, que en 2025 importó de Emiratos 420 toneladas de oro, casi el triple que el año anterior. Allí se vuelve a refinar y entra en la Unión Europea como oro suizo.
La UE prohibió en julio la compra de oro sudanés y Suiza siguió en septiembre, pero Swissaid advierte de que, mientras no se exija declarar el origen real del oro emiratí, el oro sudanés puede seguir colándose por Dubái. "No se quiere señalar a Emiratos, que no solo tiene un papel clave en la comercialización de este oro, sino que además entrega armas a las RSF (...). Es un poco el elefante en la habitación", lamenta Ummel.
Una guerra contra la población
Quienes pagan la guerra son los civiles, y, sobre todo, las mujeres. En menos de dos años, al menos 3.396 supervivientes de violencia sexual, el 97% mujeres y niñas, acudieron a centros apoyados por Médicos Sin Fronteras (MSF) en Darfur. En el norte, más del 90% fueron agredidas en los caminos mientras huían. En el sur, lejos del frente, una de cada tres sufrió la agresión en el campo o de camino a él, y una de cada cinco era menor de edad. Algunas, menores de cinco años.
La guerra se libra también desde el aire: según la ONU, los drones causaron más del 80% de las muertes de civiles entre enero y abril de 2026. "Cuando ves un ataque de drones a cuatro kilómetros, que ves el fuego, la gente ya ni se asusta. Está tan normalizada la violencia…", cuenta Carla Agulló, anestesista de MSF que ha pasado tres meses en Sudán.
En octubre de 2025, la Corte Penal Internacional declaró culpable a Ali Kushayb, uno de los jefes yanyauid, por crímenes de guerra y de lesa humanidad en Darfur: la primera condena de la Corte por persecución por motivos de género. Veinte días después, las RSF, herederas de aquellas milicias, tomaron El Fasher tras 18 meses de asedio. Investigadores de la ONU concluyeron que lo ocurrido allí presenta las características de un genocidio.