El cementerio musulmán de Ceuta espera ya la visita de los reyes: "El gesto demuestra su humanidad"
- Said Mohamed lleva 26 años como encargado del cementerio islámico de Ceuta y nunca había vivido un drama igual
- El camposanto, en el que enterraron a 90 inmigrantes ahogados en seis días, se adecenta para la visita real
En la escarpada ladera de Sidi Embarek, el cementerio musulmán de Ceuta cobija en catorce mil metros cuadrados el descanso de miles de almas. Desde que hay registros tras su creación en 1987, alberga 5.528 tumbas que permanecen de por vida sin que nunca se exhume a nadie.
En estos días, el silencio habitual del recinto se cruza con los trabajos de limpieza y acondicionamiento. Pintar muros, limpiar pasillos y colocar flores forman parte de los preparativos para la visita de la Casa Real, cuyo paso busca rendir tributo y recordar respetuosamente a los inmigrantes fallecidos en el mar.
Vista general del cementerio musulmán de Ceuta en la ladera de Sidi Embarek. JUAN COCA
Said Mohamed, encargado del cementerio desde hace 26 años, observa atento las labores de los operarios. Apenas quedan unas horas para la visita de los reyes de España a este lugar. Said valora la profunda significación de este encuentro. "Esto demuestra humanidad. Da igual la religión que tenga, la nacionalidad, el estatus, si eres alto, si eres bajo, si eres blanco, si eres negro", reflexiona Said con la sencillez de quien convive a diario con el dolor. "Al final no dejan de ser personas que han sido utilizadas o no, pero el gesto que hace el rey con esto es de humanidad".
Los once trabajadores municipales que forman el equipo —siete de plantilla y cuatro contratados de refuerzo— saben que la muerte no entiende de agendas oficiales. "Esto no es una tienda que puedas decir: hoy vamos a cerrar", aclara Said. "Si fallece alguna persona tenemos que seguir nuestras tareas día a día, porque hay que darle descanso a esas personas que fallecen".
Sentimiento frente a la estadística
La reciente crisis migratoria de finales de julio ha dejado una huella imborrable en Sidi Embarek. Desde la entrada masiva del 30 y el 31 de julio, el cementerio ha recibido 95 migrantes fallecidos. 86 perecieron directamente durante la entrada marítima masiva, mientras que dos murieron en hospitales —un menor por una complicación de glucemia y un joven apuñalado en una vivienda por su prima—.
Para entender la dimensión de esta tragedia, basta observar el ritmo cotidiano del servicio. En épocas normales, Sidi Embarek registra entre 15 y 20 entierros de migrantes al año. El año pasado la cifra ascendió a 46 ahogados, algo que a los trabajadores ya les pareció un número preocupante. Sin embargo, lo acontecido tras julio rompió cualquier precedente histórico.
"Nosotros tenemos aquí una media de 20 entierros al mes", relata Said Mohamed para contextualizar el desbordamiento. "Y enterrar 90 en seis días es la primera vez y ojalá que sea la última". Las cifras muestran el impacto: de no llegar a un entierro diario en situaciones habituales, el equipo pasó a dar sepultura a 18 cadáveres en una sola jornada, iniciando los sepelios el 21 de agosto.
Imagen con las 18 tumbas de los primeros inmigrantes fallecidos tras la crisis de este verano. S. RIESCO
A pesar del volumen abrumador, Said insiste en que la dignidad humana exige mirar más allá del expediente. "Estamos hablando de un número de 95 cadáveres y sí, es un número", enfatiza el responsable, "pero cuando te pones a enterrar ya cambia la cosa, ya entra el sentimiento, porque todos tienen que tener un padre, una madre, un hijo o un hermano". "Y es doloroso, es triste, triste, triste".
El recuerdo del covid y el respeto a los muertos
El impacto experimentado en esta crisis evoca momentos oscuros del pasado. Para Said, este episodio de pérdidas humanas solo encuentra comparación con los meses previos al estallido de la pandemia del covid. Mientras la opinión pública sitúa la emergencia durante el confinamiento, en Sidi Embarek el golpe más duro se sintió en la previa.
"Donde más hemos sufrido lo del covid ha sido antes, los dos meses antes", recuerda el encargado. "De enterrar 20 pasamos a enterrar 46 o 47 e al mes, más del doble. Estuvimos prácticamente un mes enterrando de tres a cuatro personas diarias y eso no era normal". Aquella sobrecarga previa marcó un pico que ahora se ha rebasado con 90 entierros en solo seis días.
En medio de esta tragedia, destaca el gesto de piedad de los empleados municipales. De los 95 sepultados en esta crisis, únicamente nueve pudieron ser identificados oficialmente. Cuando se entierra a un fallecido sin identificar o a vecinos sin allegados, los propios trabajadores asumen el papel de la familia ausente.
"A todos los cadáveres que vienen aquí, se hayan identificado o no, incluso gente de aquí que no tiene a nadie, se le trata como a un ser querido", explica Said. "Se le hace todo el rito islámico y lo tratamos de la mejor manera posible". Los empleados lavan el cuerpo, lo amortajan, recitan las plegarias y rezan al pie de la fosa por el alma del difunto.
Los inmigrantes ocuparon el cementerio
La magnitud de la crisis de julio desbordó por completo el espacio del cementerio. Durante los primeros días tras la entrada masiva, miles de migrantes ocuparon el recinto de Sidi Embarek buscando un lugar donde resguardarse. La serenidad del lugar sagrado se vio alterada por la desesperación.
Tumbas de la parte antigua del cementerio musulmán de Ceuta con el mar al fondo. S. RIESCO
"La gente dormía aquí, hacían sus necesidades aquí", relata Said Mohamed al recordar el caos inicial. "Ocuparon el cementerio porque sitio más tranquilo no hay. Había miles de personas los primeros días y esto nos sobrepasó a todos". Ver el camposanto convertido en refugio improvisado donde se pernoctaba y se hacían necesidades supuso una prueba dolorosa para los trabajadores.
Para preservar el respeto a las tumbas, la Ciudad Autónoma contrató seguridad privada a petición del propio servicio. "Con la seguridad privada la verdad es que cortamos todo de raíz", afirma Said. "Ya se cortó por lo menos el dormir y el hacer las necesidades dentro de un camposanto, que es algo que no se puede permitir". Tras esa intervención, la paz volvió a las laderas del recinto.
La única mujer sepultada
De los 95 cuerpos sepultados tras la crisis, solo nueve consiguieron ser identificados, pertenecientes a jóvenes marroquíes de zonas cercanas como Tetuán y Castillejo. El día del entierro de los identificados, asistieron siete familias.
Said Mohamed, encargado del cementerio de Sidi Embarek, en Ceuta. S. RIESCO
Entre estas historias destaca la de la única mujer fallecida, una joven de 22 años. Su travesía estuvo motivada por la angustia familiar. Según relata Said, la madre de la chica, preocupada por el hijo menor que había cruzado previamente, le imploró: "Vete por tu hermano pequeño que le va a pasar algo, vete a traer a tu hermano pequeño".
La joven emprendió el peligroso camino marítimo para buscarlo, pero murió en el intento. Al entierro acudieron los dos hermanos de la fallecida. Said presenció la escena al pie de la sepultura: "El hermano pequeño se quería morir sobre la fosa y se echaba la culpa diciendo que su hermana había fallecido por su culpa". Un dolor devastador que refleja la tragedia humana que permanece en cada tumba.
Diferencias entre el rito islámico y el rito cristiano
La gran diferencia entre un funeral cristiano y el rito musulmán radica en la relación física con la tierra. En el islam no se emplean féretros de madera ni ataúdes. Primero se realiza un lavado purificador del cuerpo, se amortaja en una sencilla sábana blanca y se entonan oraciones solemnes. Posteriormente, el fallecido deposita su cuerpo en contacto directo con la tierra. Se coloca acostado sobre su costado derecho o sobre su espalda, garantizando que su cara quede orientada hacia el este, en dirección a La Meca.
Said Mohamed explica que lo fundamental es que la cara quede posicionada de tal manera que, el día de la resurrección, el difunto ya esté orientado. Frente al 1 y 2 de noviembre cristiano para recordar a los muertos, la costumbre islámica dedica las tardes de los jueves y los viernes a las visitas, destacando de manera especial el día 26 de Ramadán por su masiva afluencia.