España inaugura un ciclo electoral europeo que puede cambiar el equilibrio de fuerzas de la UE
- En 2027, Francia, Grecia, Italia o Polonia también celebran elecciones en las que la derecha parte como favorita
- Si el PSOE sale de la Moncloa solo quedarían dos ejecutivos en la UE con líderes progresistas
Los españoles no hemos sido los únicos en atender con interés al anuncio del presidente Pedro Sánchez sobre la próxima convocatoria electoral el 29 de noviembre. El resto de Europa apunta con el catalejo a la Península, pendiente de conocer cuál será el devenir político de una pieza importante en el tablero de la UE.
Actualmente, el Ejecutivo de Sánchez forma parte de la ínfima minoría de gobiernos progresistas en la Unión, junto con Dinamarca y a la espera de lo que suceda en Suecia, donde ninguno de los dos bloques parece anteponerse. Si el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo conquista la Moncloa, como auguran las encuestas, se uniría a la senda de mandatarios de derecha tradicional de la región: el Portugal de Luís Montenegro, la Alemania de Friedrich Merz, la Polonia de Donald Tusk o la Grecia de Kyriakos Mitsotakis. Todos ellos forman parte del Partido Popular Europeo (PPE), la fuerza dominante en la Eurocámara.
El adelanto electoral ha provocado que España dé el pistoletazo de salida a una ronda de elecciones nacionales que determinarán la dirección que tomará Europa en los próximos años: tras el 29-N el turno irá pasando a lo largo de 2027 por Francia, Grecia, Polonia o Italia. En el caso de nuestros vecinos galos, la ultraderechista Marine Le Pen podría convertirse en nueva presidenta de uno de los países fundacionales del club comunitario y con más peso político.
El triunfo electoral de Feijóo probablemente vendría acompañado de la entrada de Vox en el Gobierno de España. De ser así, nuestro país se convertiría en el cuarto Estado europeo con una coalición entre partidos conservadores y de extrema derecha: como el caso de la Italia de Giorgia Meloni, la Finlandia de Petteri Orpo y la Croacia de Andrej Plenković.
España, la nota discordante
A pesar de que una serie de escándalos de corrupción ha sacudido las dos legislaturas de Pedro Sánchez, su papel a nivel europeo y su proyección a nivel internacional ha sido diferente. En Bruselas, el líder del PSOE se ha postulado en la primera línea en batallas como el reconocimiento del Estado palestino o la ofensiva contra los "oligarcas tecnológicos".
Su negativa ante las exigencias de Estados Unidos de aumentar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB, sus buenas relaciones con China y sus críticas al gobierno israelí de Benjamín Netanyahu —hablando abiertamente de genocidio— le han llevado a protagonizar algunos enfados del presidente Donald Trump. "España es un problema", afirmaba el líder de la Casa Blanca tras la cumbre de la OTAN en Ankara. Mediante esta disidencia ante el magnate estadounidense, Sánchez ha fraguado su liderazgo en Europa.
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, llega para asistir a la cumbre de la UE en la sede de la Unión Europea en Bruselas NICOLAS TUCAT / AFP
En su etapa como presidente, España ha sido una nota discordante en la política migratoria del continente. La pasada semana, el Consejo de ministros europeos de Interior votó a favor del Reglamento de Retornos, que permitirá crear centros de migrantes en terceros países y agilizar las deportaciones. El titular de Interior español, Fernando Grande-Marlaska, fue el único de los Veintisiete que votó en contra.
Caída de la socialdemocracia europea
Actualmente, de los 27 jefes de Estado que conforman el Consejo Europeo, diez forman parte del PPE. Tan solo Sánchez, la primera ministra danesa Mette Frederiksen y el maltés Robert Abela pertenecen al Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (APSD). El resto de miembros, o bien pertenecen al grupo de Conservadores y Reformistas, como la italiana ultraderechista Giorgia Meloni; o al grupo centrista y socioliberal Renovar Europa, como el francés Emmanuel Macron.
Con la posible derrota electoral de Sánchez, Frederiksen y Abela se convertirían en los únicos líderes socialdemócratas de los Veintisiete, confirmando el dominio de la derecha democristiana en las reuniones del Consejo y la caída de las corrientes de centroizquierda. No obstante, en materia migratoria Frederiksen se acerca más a Meloni que a Sánchez, rechazando la "inmigración descontrolada" y pidiendo centros de repatriación en terceros países.
Aunque el pasado mes de septiembre el Partido Socialdemócrata Sueco (SAP) fue la fuerza más votada en el país, este resultado no es más que un espejismo y tan solo confirma esta decadencia de la socialdemocracia europea: el SAP obtuvo su peor resultado en el último siglo, y hasta el momento se ha visto incapaz de formar una coalición con el resto de fuerzas.
Marine Le Pen, líder de Agrupación Nacional, al término del primer debate de las elecciones presidenciales francesas de 2027 Telmo Pinto Telmo Pinto / Getty
Nuevas elecciones en el horizonte
En abril de 2027, los franceses estarán llamados a las urnas para elegir a su nuevo primer ministro. Con Macron fuera de la ecuación al no poder optar a la reelección, las encuestas dan como favorita a la líder de Agrupación Nacional, Marine Le Pen, que finalmente podrá presentarse a pesar de su condena por malversación de fondos del Parlamento Europeo. Su posible rival en una previsible segunda vuelta sería el candidato de izquierdas Jean-Luc Mélenchon, del partido La Francia Insumisa. Este duelo entre extrema derecha e izquierda radical confirma cómo los partidos tradicionales en las democracias europeas han perdido crédito de forma paulatina.
A finales de año, será el turno de Italia, donde Giorgia Meloni defenderá su fortín, en el que lleva asentada desde octubre de 2022. Las encuestas por ahora le garantizan la primera posición y le estiman cerca del 27% de los votos. Sin embargo, ha emergido una nueva fuerza, aún más extremista que los Fratelli d'Italia de la primera ministra, que podría inquietar la campaña y obligar al Ejecutivo a endurecer su discurso contra la inmigración para evitar la transfusión de votos: Futuro Nacional, liderado por el exgeneral del Ejército Roberto Vannacci, que ya roza el 8% de la intención de voto.
En el caso de Grecia, que irá a las urnas en verano, el partido centroderechista Nueva Democracia del primer ministro Kyriakos Mitsotakis se mantiene como primera fuerza en intención de voto. Sin embargo, se quedaría lejos de la mayoría absoluta, y necesitaría el apoyo de otros partidos para formar gobierno. En 2023, descartó por completo pactar con ninguna formación a la derecha de Nueva Democracia, lo que sacaba de la ecuación a los ultranacionalistas y ortodoxos de Solución Griega.
Completan la lista Eslovaquia, Eslovenia y Polonia que también irán a elecciones legislativas en el próximo otoño, en las que la izquierda tiene pocas opciones de ganar. Respecto a este último, el Ejecutivo del liberal conservador Donald Tusk se medirá en un pulso contra la oposición, los conservadores euroescépticos de Ley y Justicia (PiS), que se muestra contrario a las decisiones de Bruselas.
A pesar de que Alemania no se prevén elecciones generales, sí hay elecciones cruciales en varios estados federales, donde la extrema derecha de AFD no para de crecer. El aumento de esta agrupación, que el pasado mes de septiembre ganó de forma arrolladora las elecciones de Alta Sajonia, debilita aún más al Gobierno de la CDU de Friedrich Merz. En Alemania, los Länder son muy poderosos, y sus gobernadores pueden participar en reuniones a nivel federal.