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La guerra vuelve a Etiopía: las claves del conflicto que amenaza al Cuerno de África

  • Siete grupos rebeldes del Tigray, en el norte del país, declaran la "guerra total" al Gobierno federal
  • Las alianzas de cada bando hacen posible que el conflicto se extienda fuera de las fronteras etíopes
La guerra vuelve a Etiopía: las claves del conflicto que amenaza al Cuerno de África
Combatientes del Frente de Liberación Popular de Tigray en Mekele, norte de Etiopía Photo by AFP

Tras meses de tensión, la guerra ha regresado a Etiopía. La semana pasada, los rebeldes de la región del Tigray, en el norte del país, declararon la "guerra total" al Gobierno federal y, apenas 48 horas después, iniciaron un conflicto que hace tambalear una región cada vez más inestable, el Cuerno de África. Con algunas diferencias, son los mismos bandos que se enfrentaron en un devastador conflicto civil que dejó más de 600.000 muertes entre 2020 y 2022 —que finalizó con el Acuerdo de Pretoria, ahora fracasado— ; pero esta vez las alianzas internacionales trazadas por ambos podrían extender la guerra a nivel regional.

La ONU ha alertado del "desplazamiento a gran escala" de población en varias zonas del norte del país (la guerra afecta a las regiones norteñas de Tigray, Afar y Amhara) y apunta a "decenas de miles" de personas huidas de sus hogares solo en Afar, donde hay registros. Asimismo, ha advertido del aumento de los bombardeos y ataques con drones y del "riesgo" que eso implica para los civiles, mientras los centros de salud de las zonas afectadas por los combates están "desbordados" o directamente inoperativos.

Aunque los combates se concentran en el norte, a partir del miércoles, horas después de que el Gobierno etíope prohibiera el uso de drones, se registraron varias explosiones en la capital, Adís Abeba. Es relevante porque hasta el momento, no se tenía constancia de que las fuerzas de la oposición, lideradas por el Frente Popular para la Liberación de Tigray (TPLF) atacaran con drones armados, pero cada vez hay más indicios de que los poseen y estos incidentes han hecho que Etiopía sospeche de quien otrora fuera un país aliado; la vecina Eritrea.

Tensiones renovadas con Eritrea

En la guerra de 2020, Etiopía y Eritrea lucharon juntas contra el TPLF; pero esta vez están en bandos opuestos. Eritrea no formó parte del Acuerdo de Pretoria y, desde entonces, las relaciones entre ambos países se han deteriorado. Mientras que en el anterior conflicto las fuerzas eritreas apoyaron al primer ministro etíope, Abiy Ahmed, ahora Etiopía acusa al país vecino de respaldar y financiar a los rebeldes, algo que este niega.

De hecho, tras las explosiones registradas en la capital este jueves, el Gobierno de Etiopía anunció el cierre de su embajada en Eritrea y la expulsión de diez diplomáticos eritreos a quienes dio 48 horas para abandonar el país. Adís Abeba justificó su decisión por los "actos directos e indirectos de hostilidad y beligerancia" contra su territorio y dijo que los diez diplomáticos constituían "una amenaza directa" para la seguridad nacional.

Eritrea también rompió "todos los lazos diplomáticos" con Etiopía ante sus "injustificadas" acusaciones y denunció lo que considera una política de "declaración de guerra". Acusa al país vecino de buscar "un acceso soberano al mar"— que perdió al obtener Eritrea su independencia en 1993— mediante la invasión de sus puertos y zonas costeras. Ese acceso ha sido uno de los principales motivos de discordia entre ambas naciones, que entre los años 1998 y 2000 libraron una guerra por disputas fronterizas no resueltas tras la independencia eritrea.

Egipto y el conflicto por las aguas del Nilo

Pero Eritrea no es el único país al que Etiopía acusa de apoyar a los siete grupos armados rebeldes que se han vuelto en contra de su Gobierno, también señala a Egipto y a Sudán. Este último, recordemos, está inmerso desde hace tres años en una cruenta guerra civil. Precisamente, el Gobierno sudanés también culpa a Abís Adeba de financiar a su rival, el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF).

Egipto, por su parte, ha declarado "persona non grata" a un consejero de la Embajada de Etiopía en El Cairo, al que dio 48 horas para abandonar el país; en reciprocidad a la misma medida que tomó el jueves el Ejecutivo etíope, que expulsó a un diplomático egipcio sin dar ninguna explicación. Son las últimas maniobras que agravan unas relaciones que llevan años pendiendo de un hilo.

El fondo de las tensiones es la construcción de la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), un proyecto aprobado en 2011 e inaugurado el año pasado que pone en disputa las aguas del río Nilo Azul. Etiopía considera la presa un símbolo nacional indispensable para su población y argumenta que el derecho internacional recoge el uso equitativo de recursos como el agua. Sin embargo, Sudán y Egipto, situados río abajo, ven un peligro por la drástica reducción del caudal de un río que consideran vital para sus economías.

La Comisión de la Unión Africana (UA), preocupada por la escalada de tensión, ha pedido a Etiopía, Eritrea y Egipto "máximo autocontrol" por el bien de la estabilidad en la región y se ha mostrado dispuesta a "intervenir" en pro de la desescalada y la resolución pacífica de los conflictos. La UA auspició negociaciones para intentar llegar a un acuerdo sobre esta mega obra de ingeniería, pero fracasaron.

La rivalidad entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes

Paralelamente juega un papel importante la guerra de Sudán, que en los últimos tres años ha provocado una grave crisis humanitaria, y en la que ambos bandos dependen de sus patrocinadores externos. El Ejército sudanés ha sido respaldado tanto por Egipto como por Eritrea; además de recibir apoyos de Arabia Saudí, un país que libra una competencia abierta con Emiratos Árabes Unidos (EAU) por la hegemonía económica y geopolítica en la región.

Emiratos Árabes, por su parte, apoya soterradamente a las RSF, según Naciones Unidas, aunque el país lo niega, y es un importante aliado del Gobierno etíope. EAU ha defendido al primer ministro etíope, Abiy Ahmed, en su conflicto interno y respalda, además, las ambiciones de Etiopía respecto a una eventual salida al mar.

Asimismo, ambos países intervinieron, en el mismo bando, en la guerra civil contra los hutíes de Yemen, pero también libraron una batalla por el control del petróleo y los recursos naturales del país. Además, mientras que Arabia Saudí quería un Yemen unido y estable al que poder controlar; EAU brindó apoyo a grupos separatistas del sur. Ahora, ambos países controlan la costa sur del territorio, mientras que los hutíes (patrocinados por Irán) mantienen el control de las montañas del norte y la capital.

Ahora, precisamente, la guerra en Irán y el avance de los hutíes añaden un motivo más de tensión, ya que hacen peligrar las rutas comerciales del Mar Rojo, en el que Eritrea tiene más de 1.100 kilómetros de costa.

El Ejército etíope avanza hacia la capital del Tigray

Tras días de avances y retrocesos por parte de los dos bandos, este viernes las fuerzas gubernamentales etíopes se han acercado a la capital de Tigray, bastión rebelde del norte del país. Desde que estallaron los combates, el Ejército avanza rápidamente hacia la región norteña, aunque el FLPT había logrado tomar el principal aeropuerto de la zona, obligando a suspender todos los vuelos.

Durante casi dos décadas, el FLPT formó parte de la coalición de gobierno en Etiopía (tras derrotar al régimen militar que gobernaba Etiopía), pero fue disuelto por el actual primer ministro, Abiy Ahmed, que llegó al poder en 2018.

Ahora, los ataques con drones registrados en la capital siembran dudas sobre la capacidad real de los rebeldes y la naturaleza a la que puede derivar el conflicto. La ONU ha pedido una desescalada y ha llamado al diálogo entre el Gobierno y los siete grupos de la oposición que han formado la Alianza por la Supervivencia de las Fuerzas Populares de Etiopía, que busca arrebatarle el poder a Ahmed y establecer un Gobierno provisional.