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Las residencias del futuro: del modelo hospitalario a las unidades de convivencia y más cuidados a domicilio

  • Los centros de mayores avanzan hacia un modelo que busca entornos más domésticos y personalizados
  • El Congreso acaba de aprobar una reforma de la ley de Dependencia que refuerza la atención en la propia casa
Hombre sirviendo el desayuno a residentes mayores en una residencia de ancianos
Hombre sirviendo el desayuno a residentes mayores en una residencia de ancianos Getty

Dentro de medio siglo, según estadísticas oficiales, casi el 31 % de los españoles tendrán más de 65 años, diez puntos más que ahora. Un país cada vez más envejecido que cuenta hoy con alrededor de 4.600 residencias para mayores con casi 350.000 plazas, la gran mayoría ocupadas por personas con altos grados de dependencia. Pero no son camas suficientes. Se estima que faltan más de 50.000 para atender a personas con necesidad de asistencia continuada y casi 100.000 para cumplir con el cupo de cinco plazas por cada 100 pensionistas.

Este jueves, como cada 1 de octubre, se conmemora el Día Internacional de la Tercera Edad. En un momento marcado por los desafíos de este sector de la población en ámbitos como el asistencial o la vivienda. Favorecer la atención en el propio domicilio o en residencias que se acerquen lo más posible al concepto de "hogar", sin olvidar el necesario refuerzo de la financiación, se torna clave en un contexto que pide a gritos un cambio de chip. "Buscamos vida cotidiana en la que no perdamos el control de nuestra vida. En las residencias actuales, en las institucionales, se pierde, porque acabas siendo un número. Te dicen a qué hora te levantas, a qué hora te acuestas, qué comes, qué no comes, qué hacer, a qué actividad ir...", explica a RTVE Noticias Teresa Martínez, doctora en Psicología con casi cuatro décadas de experiencia en el sector de la gerontología social.

"El diseño de futuro y de la estrategia de cuidados europea y española es que las personas puedan estar en su casa con apoyos, con tecnología que les ayude, centros de día que puedan ayudar... con recursos personalizados. Y las residencias, sobre todo, especializarlas para aquellas personas que ya no puedan estar en casa, que fundamentalmente tienen que ver con situaciones de deterioro cognitivo avanzado", sentencia Jiménez, una de las mayores expertas en la llamada Atención Centrada en la Persona (ACP), que se focaliza en la mejora de la calidad de vida de los mayores preservando su autonomía, rutinas y proyectos de vida.

Y apostilla: "Estamos hablando de abandonar un modelo de cuidados institucional hacia uno de cuidados que sea de carácter más hogareño, centrado en las personas y en contacto con la comunidad".

Sánchez anuncia una reforma del sistema de dependencia con una inversión que superará los 7.200 millones en 2027

La reforma de la ley de Dependencia: más cuidados en casa

Hace justo dos semanas, el Congreso aprobó una reforma de las leyes de dependencia y discapacidad que amplía los servicios y prestaciones, prioriza la voluntad y circunstancias de cada persona y agiliza los procesos administrativos para el reconocimiento de su situación. Entre otros aspectos, amplía la ayuda a domicilio (que la ley original, de 2006, planteaba solo para tareas en el hogar) a otras funciones como ir al médico o hacer la compra, reconoce la teleasistencia para todos los dependientes y modifica la figura del cuidador para que un amigo o vecino y no solo familiar pueda ejercer de cuidador no profesional.

El avance legal es un paso, pero sigue habiendo retos. Hasta ahora, el gasto público en dependencia ha representado el 0,8% del producto interior bruto, la mitad de lo que dedican de media el resto de los países de la Unión Europea. El Ejecutivo asegura que la última reforma "blinda" la financiación del sistema de la dependencia, con la obligación de que el Estado asuma el 50% de la inversión, que se suma al decreto convalidado en julio por el que las comunidades autónomas recibirán 6.200 millones de euros más entre 2026 y 2027.

Pero el economista José Antonio Herce, socio fundador de LoRIS, consultora especializada en la longevidad y las pensiones, es tajante: "La financiación no la tenemos resuelta y no la resolveremos mientras no seamos un país más productivo".

"Imposible, porque hoy todo el dinero extra va a las pensiones, a comprar votos. No va a mejorar el bienestar de la gente, va a comprar votos y a todos nos pagan mucho más de lo que hemos cotizado. Y detrás de un pensionista hay una persona dependiente con probabilidad creciente con la edad", asevera a RTVE Noticias. Y rechaza los debates entre gestión pública o privada, urgiendo a crear miles de plazas inmediatas mediante conciertos entre ambas modalidades.

La palabra "dependencia", asegura, denota "carencia, déficit" y es estigmatizante, por lo que aboga por sustituirla por "cuidados de larga duración". "La gente necesita apoyo, cuidados, compasión en el sentido etimológico del término, no la beneficencia; necesita que nos compadezcamos con ellos. Que no estemos viéndolos como personas en déficit, sino que necesitan nuestro apoyo", explica.

Las unidades de convivencia: presente y futuro

Según el último censo elaborado por el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso), presentado la semana pasada, en España hay un total de 4.596 residencias, la mayoría, el 65,8 %, de titularidad privada. Los precios medios por plaza se sitúan entre 1.500 y 2.000 euros, con diferencias entre comunidades. La habitación compartida sigue siendo la opción mayoritaria (57%), el grupo más numeroso es el de 80 a 89 años (el 41,7%) y la mayoría son mujeres (el 68,9).

El tamaño medio de los centros es de 75,8 plazas. Pero aún siguen quedando residencias de más de 200 camas, que representan el 3,5% de los centros. Otro dato no menor es que el 68,8 % de los usuarios tienen grados II y III de dependencia. Un perfil de residente —mayoritario al que no requiere de cuidados de larga duración— que se afianzó tras la Ley cuya aprobación cumple este año dos décadas, que facilita el acceso a estos centros a personas con necesidades graves. Lugares que tradicionalmente han mantenido un modelo más institucionalizado y hospitalario y procedimientos y hábitos estandarizados centrados principalmente en el aspecto clínico-sanitario.

Más allá de la tragedia que supuso la pandemia de covid-19, en especial para los más mayores, la necesidad de luchar contra el virus en estos centros impulsó un cambio de paradigma.

Demostró que la sectorización del edificio en pequeñas unidades aisladas protegía mejor a los residentes, un hecho que, pasada la crisis sanitaria, impulsó esas "unidades de convivencia" como una manera de personalizar los espacios y crear entornos próximos a un hogar.

El estudio del Imserso revela que el 83,3 % de los centros residenciales permite disponer de muebles propios y el 77,7 % cuenta con espacios comunes adaptados a las características de esas conocidas ya como "unidades de convivencia". Indicadores que permiten aproximarse al grado en que los centros incorporan elementos que favorecen la "apropiación y personalización" de los espacios pero no permiten, remarca el documento, "valorar por sí solos el conjunto de características del entorno residencial".

En la presentación del informe, la secretaria de Estado de Derechos Sociales, Rosa Martínez, aseveró que el modelo al que hay que dirigirse es el de residencias como hogares. "Ese que se construye con cambios en las infraestructuras, pero también a través de la atención centrada en la persona y respetando su capacidad de decisión".

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La otra ACP: la "arquitectura centrada en la persona"

La tendencia de las unidades de convivencia que propugna la ACP la conoce bien el arquitecto Marc Trepat, director del estudio de arquitectura B\TA, especializado en el diseño de entornos para personas mayores. En los últimos años ha viajado a buena parte de los países nórdicos —donde hace más de cuatro décadas se consolidó este modelo como alternativa a las instituciones geriátricas masivas— y a Estados Unidos y Japón.

"Hay una palabra que es la base de todo esto, que es 'desinstitucionalización'. Llevamos tiempo intentando que las residencias de ancianos sean una cosa lo más parecida a una vivienda o una casa, no a una institución o a un lugar donde vas a morir", cuenta a RTVE Noticias convencido de la idoneidad del conocido eslogan de "añadir vida a los años y no años a la vida".

Y juega con otro ACP, el de la "arquitectura centrada en la persona". El núcleo sobre el que gira el diseño de estas "residencias del futuro" son esas "unidades de convivencia": vertebrar el edificio en pequeñas micro-viviendas con acogedoras zonas comunes que albergan a grupos reducidos, preferiblemente, según Trepat, de entre 10 y 15 residentes. La agrupación de usuarios puede responder a criterios de afinidad personal o nivel de deterioro cognitivo, lo que fomenta mayor empatía y socialización que en salones compartidos por decenas de personas.

"Lo que tenemos que buscar son entornos en los cuales estas personas, de forma natural, sin necesidad de farmacología o de contenciones físicas, hallen una cierta tranquilidad que les permita de alguna manera intentar, dentro de la medida de sus posibilidades, continuar con su historia de vida", agrega.

Uno de los principales retos de este modelo es su sostenibilidad económica, dado que las unidades muy pequeñas con personal exclusivo conllevan altos costes para la Administración, las empresas y/o las familias. Para superar este obstáculo, Trepat propone un diseño flexible mediante soluciones como tabiques móviles que dividan unidades contiguas en las que pueda rotar el personal asistencial según las necesidades de la planta y sin perder la figura de referencia para cada pequeño grupo.

Un acuerdo con desigual implantación

En junio de 2022, el Gobierno aprobó con las comunidades autónomas un nuevo modelo de residencias y de atención a la dependencia, que reducía las plazas de los centros de mayores y aumentaba sus empleados para ofrecer un trato personalizado. Establecía, por ejemplo, que los centros de nueva construcción no podrían tener más de 75 plazas en zonas rurales o escasamente pobladas, y los ubicadas en localidades de densidad intermedia las 90 y las 120.

Además, para las que ya existían, el 80% deberían adaptarse y crear, salvo excepciones, unidades de convivencia de un máximo de 15 personas, con un espacio común que permitiera preparar comidas y disponer de comedor y sala de estar.

Sin embargo, cuatro años después, este plan se encuentra en una fase de aplicación desigual y fragmentada por la falta de consenso político y la oposición de varias comunidades autónomas. "Vamos poco a poco. Cada vez hay más iniciativas tanto en el ámbito privado como público que están iniciándose en este modelo de unidades de convivencia pequeño, que ha demostrado ser quizá el más válido para cambiar estos grandes centros institucionales", indica la psicóloga Martínez.

"La óptica desde este nuevo modelo de cuidados se centra en proteger derechos y bienestar, que actualmente en las residencias que tenemos de modelo institucional no se protegen. El primero el de la intimidad. ¿Por qué? Las habitaciones son mayoritariamente compartidas", recalca la experta. "Desde hace alrededor de siete u ocho años han entrado con bastante fuerza los fondos de inversión extranjeros que aportan mucho dinero para construir residencias. Y estos inversores muchas veces también exigen que el edificio esté hecho por unidades de convivencia, y que además tenga una ratio de habitaciones individuales bastante elevado", agrega Trepat.

El arquitecto subraya que las residencias 'hogar' han llegado para quedarse y —pese a que el precio de la construcción "se ha disparado"— "prácticamente todas" las que se hacen nuevas se planifican con esta idea: "Si tú estás entre 50 personas es muy difícil que, si te cuesta socializar, socialices, porque llega un punto en que no sabes a quién tienes a tu lado. En cambio, si resulta que tienes diez personas, de las que conozcas sus nombres, sus caras y sepas quiénes son, todo esto ayuda, sin lugar a dudas".

Las viviendas para personas mayores

Por primera vez, el informe del Imserso analiza las viviendas dirigidas a personas mayores, es decir, los recursos de alojamiento con un entorno más reducido y un modelo de convivencia más doméstico que el de las residencias tradicionales. En España hay 268 centros y un total de 1.289 viviendas, la mayoría, el 47 %, de titularidad y gestión pública, seguidas por las públicas de gestión privada (26 %) y las completamente privadas (25 %).

Con un tamaño medio de 2,7 plazas por vivienda, el año pasado residían en estas 2.715 personas. El 61,5 % de quienes tenían una habitación individual pagaban menos de 1.500 euros mensuales, y el 73,6 % de los que comparten.

Una gran diferencia respecto a los centros residenciales tradicionales es que una parte muy significativa de quienes residen en estas viviendas no está en situación de dependencia.