Macron visita España con el propósito de estrechar lazos con un tratado de amistad aún en vilo
- El presidente de Francia afronta el final de su mandato, en el que se ha alineado con Sánchez en muchas cuestiones
- Francia es el principal socio comercial de España, con un volumen de 130.000 millones de euros al año
El presidente francés, Emmanuel Macron, llega a Madrid este martes para realizar una visita de Estado de dos días con la que busca "profundizar lazos" y "elevar" una relación bilateral que, pese a pequeños desacuerdos, goza de buena salud. El viaje se produce unos días después de que el Tribunal Constitucional haya avalado el Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Francia —atrasado en su tramitación después de que PP y Vox pusieran en duda su constitucionalidad— y llega en la recta final del mandato del dirigente galo, que se despedirá del cargo en 2027. Además de un encuentro con los reyes Felipe VI y Letizia, Macron se reunirá con el presidente Pedro Sánchez, que llegó al poder apenas un año después que él y con quien ha gozado de una buena sintonía, sobre todo, en política exterior.
Se trata de la primera visita de Estado de Macron a España —aunque sí ha participado en distintas reuniones y cumbres bilaterales en suelo español— y la primera de un jefe de Estado francés desde 2009. La última fue en enero de 2023, precisamente cuando Macron y Sánchez firmaron en Barcelona el mencionado tratado, que tres años y medio más tarde, aún no ha entrado en vigor.
El tratado de amistad y las relaciones Francia-España
Aunque las instituciones francesas ya han hecho su parte, el Senado español recurrió el tratado de amistad tras entender PP y Vox que el artículo 2.4, que menciona que "un miembro del Gobierno de una de las partes será invitado al Consejo de Ministros de la otra, al menos una vez cada tres meses", entraba en conflicto con la Constitución. Ahora, una vez avalado por el TC —que no ha detectado incompatibilidades— el Gobierno ha instado al Senado a que apruebe este "histórico" acuerdo, similar al que Francia mantiene con países como Alemania e Italia, para que entre en vigor lo más "rápido" posible. El pacto, que también se parece al que tiene España con Portugal, afecta a la cooperación en ámbitos como la defensa, la seguridad o las interconexiones a ambos lados de los Pirineos.
Mientras que Macron y Sánchez son "dos actores políticos que gozan de sintonía y comparten bastante su forma de enfocar la política", las relaciones de Estado a Estado presentan "algunas tiranteces que se han reflejado bien en la no ratificación del Tratado", señala a RTVE Noticias el profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid Luis Bouza, que señala que su atraso se debe a cuestiones de "política interior de corto plazo". "Que el PP no esté de acuerdo es parte de la polémica política de ganar tiempo, de demostrar oposición al Gobierno; y eso evidentemente complica las relaciones diplomáticas porque la otra parte entiende que esto no es una posición de Estado, sino de gobierno", sostiene.
Algunos de los principales puntos de fricción entre ambos países han girado en torno a la cuestión energética: mientras que España mantiene una clara apuesta por las renovables y la energía verde, Francia prefiere la energía nuclear, desarrollada a gran escala en su territorio desde los años 70. Estas diferencias se plasmaron durante la planificación del proyecto H2Med, el hidroducto que conectará Barcelona y Marsella y uno de los pilares del Tratado de amistad. Mientras España defendía que el hidrógeno que se transportara fuera verde (producido solo por energías renovables), Francia quería que fuera hidrógeno rosa, generado a partir de energía nuclear.
Además, como señala Bouza, otro punto de desacuerdo son las interconexiones por tren. "Mientras que Francia compite en España con la marca Ouigo, Renfe ha empezado a hacerlo allí pero con más dificultades; y las interconexiones de alta velocidad en la frontera se siguen retrasando", explica el profesor, que considera que existen "temas estructurales de cooperación que continúan bastante bloqueados".
La sintonía entre Sánchez y Macron
Macron llegó al Elíseo tras las elecciones presidenciales de 2017 y Sánchez inició su legislatura poco más de un año después. Se han enfrentado a retos comunes, como la pandemia de coronavirus, la guerra en Ucrania, la política arancelaria de Donald Trump o la crisis energética; y en la mayoría de ellos, han mostrado estar en sintonía. De hecho, la primera visita oficial de Sánchez fuera de España fue a Francia y ya entonces ambos mostraron escepticismo sobre la posibilidad de alcanzar pactos comerciales con un EE.UU. ya inmerso en el primer mandato de Donald Trump.
En marzo de este año, cuando el presidente estadounidense amenazó con "cortar todo el comercio con España" por oponerse el Gobierno español a dejarle utilizar las bases de Morón y Rota en su guerra contra Irán, Emmanuel Macron se puso del lado de Sánchez, a quien llamó para expresarle "la solidaridad europea de Francia" ante la "coerción económica" de Washington. Ambos también estuvieron alineados en torno al reconocimiento del Estado palestino, un paso que París anunció en julio, un año después de que lo hiciera España junto a Irlanda y Noruega.
Macron también llamó a Sánchez en julio para trasladarle su solidaridad con respecto a la crisis migratoria en Ceuta y, recientemente, durante la Asamblea de la ONU en Nueva York, ambos se reunieron junto al primer ministro australiano, Anthony Albanese, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para discutir los riesgos de la IA en la infancia. La preocupación sobre el uso de esta tecnología y sus efectos en los menores fue una de los compromisos comunes citados por el Elíseo al anunciar esta visita.
Líderes con éxito en el exterior
Ambos líderes son bien valorados en el exterior, pero no tanto a nivel nacional, donde los dos lidian con una fuerte oposición. "Esto sucede porque la gente no suele conocer en detalle la política interior del resto de países, es decir, los casos de corrupción que rodean a Sánchez o que tiene una mayoría endeble que no le permite aprobar los presupuestos; y lo mismo para Macron; pero sí ven cuando tienen visibilidad en acontecimientos internacionales, como sus declaraciones con respecto a Gaza o el reconocimiento de Palestina", comenta el investigador del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS, por sus siglas en francés) Jaime Coulbois.
Otro de sus puntos en común ha sido su oposición a la extrema derecha. En 2019, tras las elecciones europeas, Macron y Sánchez acordaron formar una alianza progresista en la Eurocámara para frenarla, pero cuatro años después, la extrema derecha no ha dejado de crecer en ambos países y también lo ha hecho a nivel europeo. En los siguientes comicios al Parlamento Europeo, el partido de Marine Le Pen se convirtió en la fuerza más votada en Francia y el español Vox se convirtió en tercera fuerza.
A Macron y Sánchez "les une una lectura común de democracia, integración europea, cosmopolitismo, de orden basado en reglas ahora amenazado. Además, los dos están en un momento crepuscular. Sánchez, en teoría, todavía podría ganar las elecciones, pero todo el mundo lo ve muy difícil. Macron, pase lo que pase, tiene que marcharse", sostiene Bouza. La imagen que dejan es la de "dos líderes que llevan ocho y casi diez años respectivamente hablando del ascenso de las extremas derechas, de las amenazas del nuevo orden internacional... y que en el momento en el que se marchan esas amenazas parecen más ciertas que nunca", añade el profesor.
Su visita a España será uno de los últimos viajes de Macron, cuya aprobación entre los franceses no deja de descender: según el barómetro de septiembre de Ipsos, se sitúa en el 14%, la cifra más baja desde que llegó al cargo. "Su popularidad está bajo mínimos. No se puede volver a presentar (a las elecciones presidenciales), pero si pudiera, probablemente no ganaría", asegura Coulbois, que señala que el presidente será recordado, sobre todo, por una polémica reforma de las pensiones que trajo consigo un enorme estallido social en Francia y por ser "un representante de las élites francesas desconectado de la realidad de mucha gente".
130.000 millones de euros en comercio
Más allá del plano político, la relación comercial entre los dos países demuestra los fuertes vínculos que los une. Francia es el país al que más vendemos, con un comercio de bienes y servicios que en 2025 superó los 130.000 millones de euros, el equivalente al 8% del PIB español. Y a pesar de que con cierta periodicidad, a uno y otro lado de la frontera, resurgen algunos conflictos históricos (la pugna entre agricultores o la falta de conexiones eléctricas), la relación económica entre ambos países es "una de las más sólidas" de la Unión Europea, según el Ministerio de Economía.
De hecho, la relación es más ventajosa para España que para Francia por el simple hecho de que les vendemos más de lo que les compramos. La diferencia entre el volumen de exportaciones e importaciones arrojó un superávit comercial de 17.342 millones de euros en 2025. "Somos vecinos, somos clientes y somos competidores en muchos productos, pero lo que nos une pesa mucho más de lo que nos enfrenta", resume Luis Collado, profesor del Departamento de Estructura Económica y Economía del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Madrid, y uno de los datos que lo demuestra es el volumen de inversiones.
Más allá del ratio exportaciones-importaciones, la relación entre los dos países se puede medir por la "integración productiva". "Los productos cada vez son menos nacionales, hablamos de cadenas productivas globales y ahí lo que hay que tener en cuenta son las inversiones directas de carácter productivo", remarca Collado. En este capítulo Francia supera con holgura a España. El volumen de inversiones francesas, fundamentalmente en el sector de la automoción, en nuestro país alcanzó en 2023, última cifra disponible, los 68.787 millones de euros y generó 514.002 puestos de trabajo, mientras que las españolas ascendieron a 28.720 millones y 57.792 empleos, según el último informe sobre Francia elaborado por el ICEX.
La energía, la gran asignatura pendiente
"Sí que sería importante que se incrementen las relaciones productivas conjuntas entre los dos países a raíz de la aprobación del Tratado de Amistad", sostiene Collado, que enumera las oportunidades que pueden abrirse en campos como el de la defensa, la energía o las infraestructuras. En la misma línea, Rafael Pampillón, catedrático de Economía de la Universidad CEU San Pablo, pone el foco en cómo deberían articularse las relaciones económicas entre ambos países en un contexto geopolítico tan complejo como el actual.
"Lo que deben plantearse mirando al futuro, y mirando a la competencia que tenemos desde Estados Unidos y China, es cómo profundizar en campos como la inteligencia artificial, la supercomputación, el sector aeroespacial y la energía", señala Pampillón. Precisamente, esta última cuestión es una de las que más roces ha generado entre los dos países en los últimos años. Según estableció el Consejo Europeo, la interconexión entre España y Francia debía haber alcanzado un 10% en 2020 y un 15% en 2030. Los datos, sin embargo, apuntan a que a día de hoy ronda el 3%.
Mientras avanza el enlace submarino a través del Golfo de Vizcaya, se han pospuesto las interconexiones previstas por los Pirineos. Además, el H2Med, el proyecto para unir Barcelona con el sur de Francia a través del mar para el envío de hidrógeno verde y sustituto del MidCat que en su día se ideó para transportar gas a través de los Pirineos, se encuentra todavía en una fase muy incipiente. "Podríamos vender más gas en Europa", recuerda Pampillón. España tiene la mayor capacidad de almacenamiento y de regasificación de gas natural licuado de toda la UE, pero no hay infraestructura que permita llevarlo hasta Alemania.
"El 70% de la energía que produce Francia es a través de nucleares y nosotros tenemos un 55% de renovables. Podríamos venderles lo que nos sobra a nosotros y ellos a su vez hacer lo mismo…", añade Pampillón, que zanja: "Son dos dos países que tienen que mirarse a la cara y que tienen un porvenir por delante. Y junto con Alemania e Italia son los cuatro grandes países de la Unión Europea que tienen que competir con Estados Unidos y China".