La guerra 'low cost' y desechable de Putin: drones baratos ponen en jaque las costosas defensas europeas
- Un dron que ni siquiera explota puede cerrar un aeropuerto y activar un gasto muy superior a su coste
- Moscú combina saboteadores reclutados en internet y operaciones ambiguas para dificultar la respuesta de la OTAN
El 4 de agosto, un dron cargado con explosivos fue hallado junto a un avión de transporte ucraniano estacionado en Leipzig/Halle, uno de los grandes centros europeos de carga aérea y nodo logístico para Ucrania. El artefacto no detonó ni causó víctimas, pero obligó a cerrar las dos pistas del aeropuerto, movilizar a los artificieros y emplear un robot para neutralizarlo.
Aunque el ataque fracasó en su objetivo inmediato, sus efectos trascendieron el cierre del tráfico. Investigadores alemanes estuvieron semanas recabando datos, las autoridades, revisando toda la cadena de seguridad del recinto y el incidente terminó abriendo una grave crisis diplomática entre Rusia y Alemania.
El canciller Friedrich Merz aseguró ante el Bundestag que el ataque se había preparado en Rusia durante meses y que solo el azar evitó graves daños materiales y personales. El 1 de septiembre Berlín ordenaba clausurar el último consulado general ruso del país, la Casa Rusa de Berlín y anunciaba un “escudo contra el sabotaje” para sus infraestructuras críticas.
Por su parte, Moscú negó cualquier implicación. El 6 de septiembre, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, presentó las acusaciones como el comienzo de una “guerra real” y al día siguiente Rusia decretaba la clausura del consulado alemán en San Petersburgo y de los centros Goethe-Institut en esa ciudad y en la capital.
Pero Leipzig no fue un caso aislado. A finales de agosto, un incendio provocado causó importantes daños en una fábrica polaca de componentes para drones, sin que Varsovia haya responsabilizado hasta el momento a Moscú. Una semana después, otros dos drones rusos penetraron en Moldavia: uno cayó en un campo y provocó un incendio, mientras el segundo continuó hacia el espacio aéreo rumano. El cierre temporal del cielo moldavo demoró la partida del avión del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y provocó retrasos en salidas y llegadas.
Meses antes, y precisamente en Rumanía, otro dron que su Defensa identificó como ruso impactó contra un edificio de viviendas de Galați, causando dos heridos. Hasta entonces, Bucarest había contabilizado 28 incursiones desde que Putin ordenó ataques contra los puertos ucranianos del Danubio.
"Los objetivos no están elegidos al azar. Rusia identifica a todos esos países como aliados de Ucrania y les presiona para que dejen de apoyar a Kiev", dice a RTVE Noticias, Jesús Núñez, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria. "Por otro lado, la cuestión de los drones es una asignatura pendiente que ningún ejército tiene bien resuelta. En términos estrictamente económicos hay una gran diferencia entre el coste de uno de ellos y el de un caza o misil interceptor que sale al espacio aéreo para intentar destruirlo", añade el analista.
Episodios diferentes - 144 entre 2024 y 2026, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) - que revelan la paradoja de la guerra híbrida: una amenaza barata y ambigua puede cerrar un aeropuerto o un ferrocarril, retrasar el transporte de armamento y encarecer la vigilancia y los seguros. Es el impuesto invisible de la campaña atribuida a Moscú: Rusia no necesita destruir Europa; le basta con encarecer su funcionamiento.
Un dron a reacción ruso impacta contra una gasolinera en Kiev, causando graves daños al edificio y heridas a cuatro personas, el 10 de septiembre Getty Images
Europa usa cazas y Rusia, drones
La primera factura de Europa es la de la propia interceptación. Durante otra incursión masiva sobre Polonia en septiembre de 2025, cazas F-35 neerlandeses emplearon misiles valorados en cientos de miles de euros contra drones que podían ensamblarse por una fracción de esa cantidad. Y al coste de cada derribo hay que añadir las horas de vuelo, el mantenimiento, las tripulaciones, los radares y la disponibilidad permanente de los aviones.
El 16 de agosto, un F-18 español desplegado en la misión de policía aérea de la OTAN derribó un aparato no identificado que había penetrado desde Moldavia nuevamente en Rumanía. Cuatro días después, Bucarest movilizó dos F-16 contra un dron marino cargado con explosivos que había sido localizado a pocos cientos de metros de Neptun Deep, en el mar Negro. Aunque no se empleó un misil interceptor, la operación exigió activar una célula de crisis, desplegar dos aviones de combate y coordinar la intervención con la Alianza.
La OTAN lleva tiempo buscando cómo corregir ese desequilibrio. Desde su Asamblea Parlamentaria ya lo han advertido: no resulta sostenible emplear de manera sistemática medios concebidos para abatir aviones o misiles contra aparatos mucho más baratos.
De ahí que los aliados busquen completar sus defensas con sensores acústicos, inhibidores o drones interceptores o armas de energía dirigida, capaces de reservar los sistemas más caros para amenazas mayores. La carrera no consiste ya solo en derribar el aparato, sino en hacerlo sin permitir que señuelos de bajo coste agoten los arsenales y los presupuestos europeos.
El coste sobre la retaguardia
La segunda factura que presenta Europa recorre las cadenas de suministro que la conectan con Ucrania. El aeropuerto alemán de Leipzig/Halle, atacado en agosto, recibe vuelos procedentes del país invadido, mientras que la planta polaca incendiada en el mismo mes pertenece a un fabricante de drones local. Según medios polacos, poco antes del fuego las cámaras grabaron a una persona enmascarada dentro del recinto y la Fiscalía de Varsovia ha confirmado que alguien colocó un artefacto con material inflamable. Por tanto, la incógnita ya no es si se trató de un accidente, sino quién lo ejecutó y por cuenta de quién.
Polonia ya había comprobado hasta qué punto una acción localizada puede imponer una respuesta de alcance nacional. En noviembre de 2025, una explosión dañó la línea ferroviaria entre Varsovia y Lublin, una conexión esencial con la frontera ucraniana. El Gobierno acusó a dos ciudadanos ucranianos de actuar al servicio de la inteligencia rusa y desplegó hasta 10.000 soldados para proteger trenes y otras infraestructuras críticas.
Protegerlas en tierra, y también por mar. Según dos responsables occidentales citados por Reuters, fuerzas británicas, noruegas y estadounidenses rastrearon e interceptaron en la primavera de 2026 a unidades rusas cerca del archipiélago noruego de Svalbard: varios sumergibles simulaban el despliegue de una tecnología concebida para inutilizar cables de fibra óptica sin dejar una autoría evidente.
La operación aliada impidió que completaran el ejercicio y ningún cable sufrió daños. Según datos de la firma de análisis marítimo Windward recogidos por Reuters, entre octubre de 2023 y finales de 2025 se dañaron o cortaron al menos 11 cables en el Báltico, aunque no todos los incidentes han sido atribuidos a un sabotaje.
En consecuencia, la factura también alcanza a compañías que nunca han sufrido una agresión. Una fábrica no necesita arder para que aumente su gasto en seguridad privada o reconsidere dónde instalar su próximo centro de producción.
Exhibición de una interfaz de red por cable, instalada en línea para cables de fibra óptica submarinos, durante la Feria de Defensa Submarina (UDT) de 2026 en Londres Getty Images
Saboteadores de usar y tirar
La lógica rusa del "más, por menos" no afecta solo a las armas. Aunque Rusia sigue utilizando agentes profesionales, los servicios de seguridad europeos aseguran que cada vez recluta más por internet a jóvenes, delincuentes comunes, simpatizantes prorrusos o personas con dificultades económicas.
Son los llamados “agentes desechables”: ejecutores con un conocimiento fragmentario del plan y apenas contacto con quien lo dirige, a los que se encomiendan tareas que pueden comenzar con una fotografía de una base y terminar con el incendio de una nave.
El reclutador puede permanecer a salvo en Rusia o Bielorrusia, protegido tras varias capas de intermediarios y pagos en criptomonedas, mientras la persona contratada asume el riesgo de ser detenida y condenada. El Estado que supuestamente la utiliza conserva, entretanto, la posibilidad de negar cualquier vínculo.
Una investigación encubierta de varios medios europeos observó el mecanismo desde dentro. Una cuenta promocionada en canales prorrusos de Telegram ofrecía dinero por vigilar instalaciones militares, incendiar vehículos de la OTAN e incluso cometer asesinatos. La captación comenzaba con una prueba menor —fabricar un cóctel molotov y demostrar en vídeo que se sabía manejar— y avanzaba hacia delitos más graves.
El caso rumano permite ver ese mecanismo en funcionamiento. El servicio de inteligencia del país, el SRI, anunció el 8 de septiembre que había frustrado una operación de sabotaje coordinada por Rusia. Un ciudadano ruso residente en territorio rumano y vigilado desde febrero recibió a través de un intermediario el encargo de fotografiar y grabar objetivos militares estratégicos, entre ellos aviones de carga Antonov ucranianos durante sus escalas en el país. El SRI sostuvo que Moscú continúa utilizando a personas de “categorías vulnerables” para actividades ilegales, lo que Rusia niega de forma reiterada.
En Reino Unido, la Fiscalía acusó el 9 de septiembre a Joshua Cammidge, un británico de 31 años, de prestar ayuda material a un servicio de inteligencia extranjero. Un día después, la acusación sostuvo ante el tribunal que había facilitado información detallada sobre cuatro fábricas de drones de Swindon y que estaba dispuesta a participar en actos de sabotaje. Cammidge no se pronunció sobre su culpabilidad y quedó en prisión provisional.
El recurso a ciudadanos ucranianos o procedentes de otras antiguas repúblicas soviéticas o nacionalidades puede producir, además, un segundo efecto favorable a Moscú. Cuando el episodio se presenta como delincuencia común o se identifica al autor por su procedencia, el resultado puede alimentar la desconfianza hacia las comunidades que representan, sembrando sospechas, especialmente hacia los ucranianos, en beneficio de Moscú.
La policía registra la zona alrededor de las líneas eléctricas de muy alta tensión, cerca de la subestación de Turnow-Preilack y de la central eléctrica de Jänschwalde, en Preilack (Alemania) AP
Ganar sin cruzar la línea roja
La última debilidad de Europa es precisamente esa incertidumbre. En Rumanía, incluso los casos cuyo origen ruso ha podido establecerse no resuelven por sí solos la cuestión de la intencionalidad. Por ejemplo, muchas incursiones se producen durante ofensivas contra los puertos ucranianos del Danubio y Bucarest debe determinar si se enfrenta a un ataque deliberado, un aparato desviado o una operación de reconocimiento.
En otros episodios ni siquiera se conoce el origen. En agosto, buzos militares destruyeron los dos drones que flotaban cerca del Neptun Deep y que Ucrania aseguró que no eran suyos. El presidente rumano, Nicușor Dan, responsabilizó a Rusia de la amenaza, aunque Defensa no identificó formalmente al propietario de esos dispositivos.
Pero la falta de certeza tampoco abarata la respuesta. Aunque desconozca si se enfrenta a un ataque deliberado, un aparato extraviado o un dron de reconocimiento, cualquier Estado termina reaccionando. De esta forma, la ambigüedad protege al responsable, transfiriendo a su objetivo tanto la factura de intervenir como el riesgo de equivocarse.
Ese margen de duda resulta especialmente relevante en el caso de la OTAN. Desde 2016, la alianza de 32 países advirtió de que una acción híbrida podría activar el artículo 5, pero nunca llegó a fijar cuál sería el umbral. Antes de recurrir a la defensa colectiva, debe atribuir la agresión, evaluar su gravedad y alcanzar un acuerdo político. La estrategia rusa ocupa precisamente ese espacio: entre el accidente todavía verosímil y el ataque demasiado grave como para ser ignorado.
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Transcripción completa
difusión de la cultura alemana
Bueno, quizá, ¿no? Están escuchando a todas horas
últimamente guerra híbrida, no sólo respecto a Rusia, ahora también tras la
entrada masiva en Ceuta, cuando hablamos de las políticas de Estados
Unidos
sobre Latinoamérica.
Bueno, a todas horas y por todos lados.
Así que vamos a detenernos y vamos a explicarlo
Y por eso hemos invitado a Enrique Ayala, que es general de brigada
retirado, experto además en defensa de la Fundación Alternativas
Muy buenas tardes. Buenas tardes.
Así que la primera pregunta es clara
y directa. ¿Qué es una guerra híbrida?
Se trata de un conjunto de acciones hostiles realizadas por un país o un
grupo de ellos contra otro u otros para
desestabilizar la sociedad y la política de ese país o esos países
y por tanto debilitarlos a través como digo de una serie de acciones que
pueden
ir desde acciones de desinformación, que son las más comunes,
difusión de burlos, de noticias falsas, intentar crear malestar,
dentro de un país, intentar polarizar la sociedad de ese país para
debilitarlo
también pueden ser ciberataques sobre instalaciones,
o sobre actividades tanto estatales como privadas, desde
centrales eléctricas hasta organismos del gobierno, sabotajes,
por ejemplo, en líneas de comunicación o en cables submarinos
sabotajes de cualquier tipo, atentados,
y también se podría emplear incluso Fuerzas Armadas, aunque en este caso
tendría que ser de muy poca entidad, y
en acciones más bien,
ocultas, porque lo que define a una guerra híbrida es que
el que la hace no reconoce que la está haciendo porque esas acciones..
tienen, como digo, esa finalidad de debilitar al adversario
sin ir a una guerra abierta, a una guerra convencional, que ya es otro
nivel y comporta unos riesgos mucho mayores también para el que la inicia
Teníamos de ver este vídeo, esta crónica sobre lo que está pasando en
Alemania.
¿Está haciendo Rusia una guerra híbrida contra Europa?
híbrida..
de baja intensidad.
Es decir, Rusia está apoyando desde hace
mucho tiempo a todos los movimientos euroescépticos,
euroestiles, partidos políticos que son antieuropeos,
básicamente de extrema derecha, y también está interviniendo en
través de las redes y a través de la difusión de noticias falsas..
para crear divisiones y descontento dentro de los países europeos
Ahora parece que las acciones habrían entrado también en otra fase en la
cual…
habría llegado a hacer acciones más directas
de carácter de sabotajes o de pequeños ataques, aunque aquí…
hay cosas confusas, hay algunas que parecen confirmadas y otras no tanto,
pero
en definitiva, con mayor o menor intensidad, a Rusia le interesa
debilitar a
la Unión Europea, que considera hostil, considera aliada de Estados Unidos y,
por tanto,
parte de ese occidente que en el imaginario ruso
es el enemigo número uno en la actualidad y por tanto
intenta promover esa desestabilización política
sobre todo, y esa inquietud en la población
para debilitar a los países europeos.
Como usted nos está explicando, en general estamos hablando
de muchas acciones hostiles diferentes, estamos hablando de que el que lo hace
no lo reconoce y, por
lo tanto es difícil de identificar.
¿Cómo podemos defendernos de una guerra híbrida?
Bueno, la defensa, como de todas las guerras, debe empezar por la
prevención.
Es decir, si conseguimos que los países que teóricamente pueden ser adversarios
compartan de alguna manera nuestros intereses y
se alineen con nuestros valores, pues eso no va a pasar.
Diríamos que
la segunda línea sería la disuasión, es decir, demostrar a un país que
si hace acciones de este tipo va a haber represalias importantes,
como las que se están ahora preparando para responder a estos ataques
que ha habido en el aeropuerto de Leipzig...
...y sobre todo lo más importante..
es tener unos servicios de inteligencia muy robustos, muy eficaces,
tanto servicios de inteligencia políticos como militares
y de la policía y tener unas fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado muy
bien
entrenados para prevenir, seguir, hacer un seguimiento de todo
lo que está pasando y poder afrontarlo y luego en el aspecto
que hemos dicho de la guerra informativa o guerra psicológica, pues
tener una transparencia informativa y
una solidez democrática y de valores, de manera
que toda la sociedad comparta con sus lógicas diferencias políticas,
esos valores y no sea tan vulnerable a ataques
de este tipo, ataques de desinformación, que es el arma más
poderosa
que tiene este tipo de guerra.
Una más, general, ¿cree usted o debemos
acostumbrarnos a que estas guerras híbridas sean simplemente la guerra
el tipo de guerra en el futuro
bueno ojalá porque realmente
causan pocas pocas muertes causan
pocas bajas. Si lo comparemos con la destrucción de
Gaza, por
ejemplo, o con la destrucción que está sufriendo ahora mismo Ucrania, pues
evidentemente la guerra híbrida, aunque
puede tener consecuencias muy negativas de desastabilización
política de países, pues es menos letal que la guerra
convencional. Ahora, pues en fin, veremos cómo se
usa la inteligencia artificial en este campo también, porque por supuesto se
va a usar, y hasta qué punto..
puede llegar a
formar
acciones disruptivas de la vida normal de un país y, por tanto,
a causar problemas a la población, pero, insisto, no tantos como puede
ser un bombardeo clásico
General Enrique Ayala, muchísimas gracias por ayudarnos a explicar esto
que la gente está escuchando tanto últimamente y que considerábamos un
concepto
necesario de una explicación experta como la suya
Para el general de brigada retirado José Enrique Ayala, la prevención y la capacidad disuasoria deben, sin embargo, dejar algo claro: "cualquier agresión tendrá consecuencias", señaló recientemente en una entrevista en RTVE. A su juicio, "la respuesta debe completarse con servicios de inteligencia robustos, fuerzas policiales preparadas, transparencia informativa y una democracia sólida: dos defensas decisivas frente a la campaña rusa, que busca dividir a la sociedad y hacerla más vulnerable a la manipulación".
El almirante retirado, Fernando del Pozo, exjefe de la División de Planes Estratégicos del Estado Mayor de la Armada y miembro del grupo que negoció los acuerdos de España con la OTAN entre 1989 y 1992, sitúa ahí, en conversación con RTVE Noticias, el objetivo de fondo: provocar discrepancias internas entre sus miembros “para que, cuando llegue el momento de una acción genuinamente militar, haya vacilación a la hora de reaccionar y finalmente no se haga".
En ese sentido, la Comisión Europea reconoce que la ausencia de una vigilancia aérea integrada y las divergencias entre formatos de datos y las cadenas nacionales de avisos dificultan construir una imagen compartida del espacio aéreo de baja altura, complicando la atribución de una operación híbrida.
En definitiva, la respuesta no consiste, por tanto, solo en gastar más, sino en coordinarse para impedir que Rusia determine dónde emplear el dinero europeo. Esa es la trampa de la guerra low cost: el fracaso táctico de un dron barato puede convertirse en un éxito estratégico para Rusia si termina obligando a Europa a colocar baterías antiaéreas en cada aeropuerto, fábrica, gasoducto o cable submarino. Así, Rusia no necesita destruir todas las infraestructuras; le basta con obligar a Europa a comportarse como si tuviera que defenderlas todas.