El refugio de los subsaharianos que llegaron a Ceuta: "Huyo de la guerra de mi país, tengo que ayudar a los que quedan allá"
- Un centro en Loma Margarita acoge a más de un millar de personas llegadas del África subsahariana
- Muchos provienen de países en conflicto o con graves crisis humanitarias
En Loma Margarita, en Ceuta, un área de uso militar se ha transformado en un espacio de acogida temporal para alrededor de 1.200 de los subsaharianos que, además de marroquíes y otras nacionalidades del norte de África, llegaron durante la entrada masiva de inmigrantes irregulares del 30 y 31 de julio. Un lugar, como los otros campamentos dispuestos por las autoridades, con el que se busca desalojar de las calles a las miles de personas que siguen durmiendo a la intemperie. "Huyo de la guerra de mi país, tengo que ayudar a los que quedan allá", revela un joven sudanés a las puertas del centro.
Su presencia es mucho menor que la de los miles de marroquíes que cruzaron la frontera y, a diferencia de estos, muchos de los subsaharianos, que aguardaban en el norte de Marruecos la oportunidad de pasar a España, provienen de países en conflicto o con graves crisis humanitarias, lo que hace más factible la concesión del asilo. Además de sus lenguas locales, hablan francés o árabe y, en menor medida, inglés. Todos cargan una enorme mochila emocional a cuestas. Pero pocos se atreven a compartirla ante un micrófono.
"La mayoría de las personas que acogemos son hombres adultos que vienen de lugares como Sudán, Eritrea, Somalia, Chad... Y normalmente son perfiles que han tenido que hacer un trayecto muy largo para poder llegar hasta aquí, y vienen generalmente huyendo de situaciones de persecución, de conflictos, de situaciones muy complicadas", explica a RTVE Noticias María Tejada, responsable de comunicación en Accem, organización sin ánimo de lucro encargada del operativo de emergencia.
Migrantes a las puertas del espacio de acogida de Loma Margarita, en Ceuta Rodrigo García
"Tratar a las personas como personas"
Entre profesionales encargados de la coordinación a trabajadores sociales o educadores, el equipo de esta ONG que está trabajando en esta explanada militar supera el centenar de personas, en un dispositivo que atiende las 24 horas, por turnos. En estas instalaciones se proporciona cama, techo y tres comidas al día, en coordinación con el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones —que es el que otorga los fondos para estos espacios en función del número de personas que se atienden— y otras organizaciones como Cruz Roja y Médicos del Mundo.
Pero además de cobijo, se organizan también actividades para sobrellevar el tiempo, como clases de castellano, donde aprenden pinceladas para poder comunicarse de forma básica. "La verdad es que te genera mucha empatía ver la esperanza que tienen, las ganas que tienen de poder desarrollarse", agrega Tejada.
"Es muy importante la intervención y la parte humana con las personas. Las necesidades básicas en una emergencia van más allá de la comida, el techo o el alojamiento. Implica tratar a las personas como personas, tener un trato humanitario, poder dirigirte a ellas por su nombre, poder escucharlas, que se sientan oídas, comprendidas, que puedan hacer algo con el tiempo, que no sean solamente meras personas a la espera de qué pasa", recalca.
"Este lugar es mejor que la playa"
Con el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de la ciudad autónoma, que cuenta con una capacidad oficial de 512 plazas, colapsado ya desde antes de la crisis, el de Loma Margarita y el de Loma Colmenar —con 1.200 plazas— fueron los primeros espacios abiertos para dar cobijo a las personas que estaban pernoctando o asentadas en la playa del Trampolín, que con cientos de chabolas sigue siendo el principal asentamiento precario para multitud de los miles de migrantes que continúan en la intemperie en las calles. Entre ellos también del África subsahariana.
Pero mientras en el de Loma Colmenar son cientos los marroquíes que esperan fuera para tener una plaza, en el de los subsaharianos, no vemos a nadie.
"Creo que este lugar (Loma Margarita) es mejor que esa playa. Estuvimos allí tal vez un mes o 25 días, y no es fácil, es demasiado duro", afirma a RTVE Noticias Elasul Assadiq, un joven de 26 años procedente de Sudán. Lo hace a las puertas del campamento, adonde vemos llegar apresurados a otros tantos más porque es la hora del reparto de comida. "Antes de ser ilegal estaba huyendo de la guerra en mi país. Por eso tengo que ayudar a la gente que se queda allá. No vine aquí solo para disfrutar o para mejorarme a mí mismo, no", recalca el chico.
Elasul, un joven migrante de Sudán, a las puertas del centro de acogida de Loma Margarita, en Ceuta Rodrigo García
Sudan arrastra una larga guerra que, desde que comenzó en 2023, ha dejado a más de 34 millones de personas con necesidad de asistencia humanitaria, , la cifra más alta del mundo según la ONU. Elasul llegó solo desde su país a Marruecos —donde permaneció dos años y medio— y solo entró también a España: "Muchos de nosotros tenemos sueños. Y mi sueño es venir aquí, a Europa. No me refiero a un país en concreto. Simplemente... decidí venir".
"Estaba viviendo en la selva. En el bosque de Marruecos, en las montañas", relata. ¿Qué espera ahora?, le preguntamos. "¿En este momento? No depende de lo que yo quiera. Depende de lo que estoy esperando, porque no está en mis manos, está fuera de mi control. No puedo hacer nada. Si dijera 'quiero ir a otro país', no podría. Solo estoy esperando aquí para ver qué dice el Gobierno sobre mí, o qué dice la Administración de esta ciudad sobre nosotros. Después de eso, ya veremos", subraya.
"Tal vez nos quedemos aquí en España, Inshallah (si Dios quiere)", concluye.
Migrantes subsaharianos llegan al centro de acogida de Loma Margarita, en Ceuta Rodrigo García
Conseguir asilo
El Gobierno ha habilitado hasta ahora más de 3.300 plazas de atención temporal para acoger a los migrantes que decidieron no retornar voluntariamente a Marruecos en las horas que siguieron a la entrada masiva de más 70.000 personas procedentes del país vecino. Según el Ejecutivo central, al menos 5.000 personas se quedaron en Ceuta, aunque el Gobierno local estima que son muchos más. Mientras, la ciudad, que tiene unos 84.000 habitantes, está al límite por el colapso que ha supuesto la llegada de tanta gente en los espacios públicos.
Los ceutíes salen a diario a las calles para exigir soluciones a la crisis y la vuelta a la normalidad, en medio de fuertes críticas a la gestión de la crisis por parte del Gobierno.
La marroquí es, con diferencia, la nacionalidad más predominante de todos quienes entraron. En menor proporción, de otros países árabes y de la región subsahariana que utilizan el norte de África como punto de tránsito.
Según el Ejecutivo, el objetivo es seguir incrementando progresivamente la capacidad de registrar y acoger hasta alcanzar 6.000 plazas de atención humanitaria temporales, para garantizar que quienes permanecen en la vía pública puedan ser atendidos de forma adecuada mientras se gestionan los expedientes que determinarán si hay razones para llegar a obtener asilo o son devueltos a Marruecos.
"Conseguir un estatuto de refugiado o algún tipo de protección internacional viene determinado por la posibilidad de demostrar que has sufrido una persecución, que tu vida corre peligro. Va a ir en función de eso. Obviamente, las situaciones en países como Malí y Sudán... se saben que son muy complicadas, pero es la persona la que tiene que solicitar el asilo y la que tiene que pedir la protección internacional, y se hace de forma individual", aclara la portavoz de Accem.
El proceso se inicia desde los propios espacios de acogida como el de Loma Margarita, donde se hace la filiación de los migrantes tras haber llegado al país de manera irregular. "Es conocer a las personas, saber de dónde vienen, su nombre, su país, cuál es su situación, intentar detectar si hay vulnerabilidades, si hay personas que son menores de edad...", detalla Tejada.
Después, se hace el triaje a cargo de la Policía Nacional, donde los extranjeros confirman si van a pedir asilo. Es el paso previo al procedimiento administrativo, ya sea de expulsión, devolución, protección internacional, protección de menores o víctimas de trata. Consiste en un reconocimiento médico, realizado por Cruz Roja; un examen de vulnerabilidad realizado por los servicios médicos policiales; la identificación y toma biométrica y el registro en una base de datos policial.
Para agilizar el proceso, según informó el Ministerio del Interior, la Policía Nacional, que ya realizaba estas labores de identificación y reseñas de migrante en la Jefatura Superior de Ceuta y en el puesto fronterizo, cuenta desde finales de agosto con un refuerzo en el Centro de Atención Temporal de Extranjeros provisional en el Polígono Industrial de El Tarajal.
Ya en plena crisis migratoria en Ceuta, el pasado 26 de agosto, el Consejo de Ministros anunció dos anteproyectos de ley que reformularán el sistema de acogida, fronteras y protección internacional en España: una nueva Ley de Asilo que sustituirá a la de 2009 y una reforma de la Ley de Extranjería. Unas medidas, que deberán pasar el trámite parlamentario, con las que el Gobierno adapta la legislación nacional al Pacto Europeo de Migración y Asilo (PEMA), aplicable en toda la Unión Europea desde el pasado 12 de junio de 2026. Aumentan la protección a menores vulnerables, pero aceleran los plazos de expulsión.