Chabolas, mezquitas improvisadas y barberías sobre la arena: la playa del Trampolín, de oasis familiar a ciudad de migrantes
- La cala era hasta la entrada masiva de migrantes de finales de julio una de las zonas de baño más familiares de Ceuta
- En las últimas semanas se han vivido momentos de tensión con vecinos y enfrentamientos con la policía
Un hombre cuece huevos y patatas. Otro reza sobre una alfombra en el pequeño hueco que dejan los bártulos que le rodean y, a solo unos metros, otro lo hace mucho más cómodo en una mezquita improvisada delimitada por botellas de plástico. Algunas sombrillas, colchones y sillas destartaladas. Tendedores encajados en la arena. Y muchas chabolas hechas con cañas, plásticos y lonas. "¡Un euro, un euro!", gritan más allá unos chicos que venden pan, galletas, leche o latas de conserva entre otra multitud de improvisados tenderos de casi cualquier cosa.
Así es, ahora, la playa del Trampolín de Ceuta. Hasta hace un mes, una tranquila cala de 140 metros de longitud frecuentada por familias de los barrios cercanos y, ahora, una suerte de pequeña ciudad para cientos y cientos de los migrantes irregulares que llegaron a nado a la ciudad a finales de julio.
La imagen es impresionante. Son tantos y es tal el movimiento de los que van y vienen que es difícil calcular cuánta gente habita sobre esta arena. Un infinito mar de precarias e inestables viviendas conviven de forma paralela a la costa. Familias enteras y sobre todo muchos hombres jóvenes, la gran mayoría. Marroquíes, pero también un buen número de subsaharianos. Muchos de ellos han instalado pequeños negocios de venta de comida, ropa o tabaco.
Vista de la playa del Trampolín de Ceuta, convertida en campamento de migrantes Rodrigo García
"Cruz Roja nos ayuda, nos da comida, pero es como el Ramadán, da una vez al día y gracias por eso... ¿sabes? Pero vendemos esto para conseguir comprar comida. Mejor que estar por ahí perdido", cuenta a RTVE Noticias Abdulkarim junto a una caja en la que expone los 18 plátanos que vende a 20 céntimos cada uno. Todos maduros. Está con otros colegas y justo al lado venden varias prendas de ropa.
¿De dónde sacáis todo lo que vendéis?, le preguntamos: "A veces de contenedores, otros de la montaña, porque estábamos viviendo en la montaña. Cuando vino la policía militar todos se fueron y dejan cosas ahí. Pues lo cogimos, lo lavamos y lo vendemos a 50 céntimos o 1 euro", explica.
Otros, según cuentan, van al supermercado y compran productos que después venden por un precio mayor. Con dinero que les queda del que trajeron el día de la entrada masiva o el que a algunos les envían sus familiares mediante compañías de transferencia de divisas. "Traje muy poco, unos 200 dirhams marroquíes (18-20 euros) y no me llegó para nada. El primer día apenas me sirvió para comer. Y ahora, con el tiempo vamos tirando", dice Kamal, originario de Fez, que también destaca la generosidad de la gente de Ceuta. Le vemos vender un batiburrillo de cosas: sobre todo, zapatillas, pantalones y camisetas usadas.
Kamal muestra las cosas que vende en el puesto de la playa del Trampolín de Ceuta Rodrigo García
La ropa, dice, la junta gente que la ve tirada por la calle y se la vende a un amigo suyo que a su vez se la vende a él. "Nos levantamos por la mañana, comemos, nos lavamos la cara y venimos aquí a buscarnos la vida. Hacia las 8 o 9 ya nos encuentras instalados. Nos quedamos vendiendo hasta eso de las 11 o 12 de la noche; recogemos las cosas y nos vamos a dormir a nuestro sitio", explica. Y agrega que no le gusta ir a mendigar y suele ir al supermercado a comprar lo que necesita. "Así que hemos montado esto para ganarnos la vida honradamente".
"Nos ayudamos entre nosotros, los inmigrantes. Todos comen, todos se visten... Solo esperamos que esta gente (en referencia a las autoridades) nos busque alguna solución y ya está. Estamos aguantando, tranquilos, no hay altercados ni nada", agrega. Lo que espera, según detalla, es tener una plaza en un centro de acogida oficial. "Esperamos a que nos metan en esas tiendas y ver qué solución nos dan. Nosotros esperamos que nos permitan pedir asilo. Queremos salir adelante, trabajar para buscarnos el futuro y ayudar a nuestros padres. La situación en Marruecos está muy difícil", señala.
Migrantes construyen una chabola en la playa del Trampolín de Ceuta Rodrigo García
Dos chicos se coordinan para construir con cañas su chabola. Uno de ellos sonríe al ver la cámara. Como ellos hay bastantes más en la playa en plena tarea arquitectónica. Algunos, los que menos, se cobijan bajo tiendas de campaña de plástico normales. Una de las profesiones más populares en el campamento es, sin duda, la de peluquero. Varios son los que con una silla, una tijera o cuchilla y un peine han montado su propio salón callejero. "Hay muchas cuchillas aquí. En Ceuta hay todo", responde Said cuando se le pregunta de dónde obtienen los utensilios.
"No sabemos qué vamos a hacer ahora. Que el Gobierno de España tome una solución para nosotros, porque cada uno tiene una profesión, cada persona tiene un diploma. Venimos aquí para trabajar, no para robar. Soy profesional de la peluquería, motorista como Dani Pedrosa", cuenta.
Un joven migrante corta el pelo a otro en el campamento de la playa del Trampolín Rodrigo García
Las peleas nocturnas
Tres chicos nos hacen señas. Quieren que les hagamos una foto. Tienen delante, como tantos otros, un pequeño puesto con comestibles. Con no poco énfasis y entremezclando alguna palabra en castellano, muestran todo lo que venden, de nuevo, sin perder la sonrisa.
De fondo, en el mar Mediterráneo, barcos mercantes, y más cerca, algunos jóvenes caminando sobre algunas rocas cerca de la costa. En tanto, otros pasan el rato jugando al fútbol.
"La convivencia... la verdad es que está compartida entre personas, pero pasan peleas, pasan cosas. Todo lo que en verdad también pasa aquí como en una ciudad normal. Pero no mola así, por eso estamos pidiendo si se puede ya empezar a acoger personas y llevarlas a las naves o donde ellos puedan", opina Mourad, que habla perfecto español porque vivió muchos años en Barcelona —donde tiene pareja e hijos—, hasta que se fue a trabajar a Países Bajos y acabaron deportándole a Marruecos, según cuenta, por problemas con los papeles.
Llegó nadando a Ceuta junto a su hermano una semana antes de la entrada masiva. "Yo también estoy en la playa, como todos los que están aquí. Necesitamos, la verdad, un sitio donde podamos estar hasta que se encuentre alguna solución", relata. Y pide que, acaben dando asilo o no a la gente, que no se queden las personas en la calle, que muchos están peligro.
Él no vende nada. "Porque a nosotros nos manda la familia, de momento nos están ayudando. Pero las personas que no tienen familia, los pobres, se están buscando la vida como se pueda. Mejor que robar", resalta.
Varios jóvenes juegan al fútbol en el campamento de migrantes de la playa Trampolín de Ceuta Rodrigo García
Al igual que Mourad, Abdulkarim también ha visto peleas. "Por la noche algunos se pelean, beben alcohol y se enfadan por chorradas y levantan una pelea súper grande", indica en un claro español. Él también vivió en España hasta hace un año y medio desde 2006, de forma regular, según afirma, pero por problemas de gestión de los papeles, acabó de nuevo en Marruecos. Lo que quiere ahora es intentar cruzar a la península para poder recuperar su documentación, integrarse "como antes" y buscar un trabajo.
Procedente de Río Martín, una localidad marroquí cercana a la frontera, está viviendo en una chabola, un poco más arriba de la orilla del mar, con otros cuatro amigos, con los que hizo la travesía a nado. Decidió dejar Marruecos cuando por la mañana vio "a mucha gente correr" y le dijeron que la frontera estaba abierta. "Echamos a correr como todos", señala.
Un migrante vende unas barras de pan en un puesto callejero de la playa del Trampolín de Ceuta Rodrigo García
Momentos de tensión con los vecinos y la policía
La permanencia en la ciudad de miles de los más de 70.000 marroquíes y personas de otras nacionalidades africanas que según el Gobierno central llegaron el 30 y 31 de julio ha cambiado por completo el día a día de Ceuta, que tiene 84.000 habitantes. Ven cómo multitud de espacios urbanos han quedado ocupados por estas personas. Muchos de los vecinos transmiten su miedo a salir a la calle, en especial por la integridad de mujeres y niños. Y claman por una solución que desaloje a los migrantes de la ciudad y la vuelta a la normalidad.
"La playa donde yo habitualmente iba era la famosa playa del Trampolín, la que me pilla al lado de casa y en la que yo toda la vida he criado a mis hijos", expresa en una céntrica calle de la ciudad a RTVE Noticias Rocío, una vecina que lamenta que ahora mismo no se puede poner un pie en ese lugar. "Para nosotros los ceutíes, la playa es fundamental", recalca.
En medio de esta situación, varios han sido los capítulos de tensión durante manifestaciones vecinales que han recalado en las inmediaciones del Trampolín. A finales de agosto, por ejemplo, diversos vecinos que se manifestaban contra la gestión de la crisis migratoria obstruyeron, mediante un cordón humano, el paso a la playa de un vehículo con comida de la Cruz Roja, que entrega alimentos a diario.
Ese mismo día, manifestantes destrozaron y quemaron las chabolas de personas concentradas en la cercana playa Benítez. Un altercado que se saldó con cargas policiales.
También se han dado reyertas entre los propios migrantes, y ataques de estos a las fuerzas de seguridad. Lo más reciente, la noche del sábado pasado, cuando se produjo el apedreamiento a una patrulla militar y a guardias civiles en las inmediaciones del Trampolín, que no dejó heridos, pero sí 21 marroquíes detenidos y devueltos a su país. Según explicaron fuentes policiales, los extranjeros estaban participando en peleas entre ellos, tras lo que optaron por lanzar piedras contra las patrullas.
Entre choza y choza, apenas se ve la arena. Al recorrer la playa es fácil distinguir a grupos de trabajadores de limpieza cargando bolsas de basura y tratando de descongestionar un poco de residuos la zona. En agosto hubo operativos policiales de desalojo de los campamentos, pero de nuevo cientos de personas volvieron a instalarse allí ya fuera por el temor a ser expulsados a su país si entraban en los centros habilitados por el Gobierno o por la masificación de esos lugares.
Jóvenes migrantes se duchan en la playa del Trampolín de Ceuta Rodrigo García
Al llegar casi hasta el fondo del paseo vemos a un lado decenas de migrantes duchándose. Cerca, se despliega una kilométrica fila de jóvenes esperando a llegar a una mesa donde son atendidos por miembros de una oenegé. "Les damos la oportunidad de cargar sus teléfonos todos los días", dice a RTVE Noticias Max, miembro de la alemana Mission Lifeline, dedicada a la asistencia y rescate de personas migrantes y refugiadas en situaciones de peligro.
Cargan, continúa Max, entre 200 y 300 teléfonos cada día. "Los teléfonos ahora son una de las cosas más necesarias en este tipo de situación: para llamar a las familias, pedir registros y estar informados de lo que pasa. Y esto es algo que intentan hacer porque no hay otros lugares, o hay muy pocos lugares, para cargarlos", concluye.
Personas haciendo fila para cargar su teléfono móvil en el campamento de la playa del Trampolín de Ceuta Rodrigo García
Antes de marcharnos, preguntamos a Said, uno de los peluqueros, que piensan hacer si llueve o sube la marea, con el otoño a la vuelta de la esquina. "Dios va a frenar la marea. Eso es lo que hay: rezando, no a robar, no hacemos cosas malas... Dios está con nosotros".