El arzobispo de Oviedo, en la misa de Covadonga sobre Ceuta: "Es una auténtica avalancha que compromete la soberanía"
- Sanz Montes pide descartar a los migrantes que lleguen "con intenciones perversas"
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El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, ha reclamado este martes, durante la homilía pronunciada con motivo de la festividad de la Virgen de Covadonga, patrona de Asturias, el establecimiento de "medidas sensatas, no populistas ni demagógicas" ante la inmigración y ha alertado sobre la situación vivida en Ceuta, que ha vinculado a la "fragilidad" de las fronteras y a riesgos geopolíticos. Ha añadido que "no parece tratarse de un flujo migratorio sin más" y ha concluido que el episodio de la entrada masiva ilegal a Ceuta desde Marruecos de finales de julio se trata de "una auténtica avalancha que compromete nuestra soberanía".
Ha advertido de que debe abordarse en función de las posibilidades reales de acogida, integración laboral, educativa y sanitaria "y descartando a cuantos se cuelan con intenciones perversas de toda calaña inconfesables".
"No son simplemente 'moros en la costa' con otros turbantes que ahora nos turban, sino que esos jóvenes ocupantes son igualmente víctimas de estrategias amañadas", ha indicado Sanz Montes, que ha añadido que "a los países de procedencia les sale a cuenta esa tremenda estampida, como se ha demostrado en este caso, con sus chantajes con secretos bien guardados, y los cuantiosos recursos que ingresan de instituciones de España y de la Unión Europea, en vez de afrontar sus problemas que deben solucionar en sus lares".
"¿Cuántos podemos asumir?" se pregunta
Durante su intervención en la Basílica de Covadonga, el arzobispo ha sostenido que esta situación ha dejado a la población ceutí "sitiada entre el miedo, la podredumbre, la intimidación y las violaciones de menores" y ha afirmado que la tragedia "se ha cobrado muchas vidas en el intento" y ha dejado a la ciudad "bajo la extorsión con muchas consecuencias diarias que hay que solucionar cuanto antes".
Al mismo tiempo, ha advertido de que los jóvenes que llegan son también "víctimas" y muchos huyen de "infiernos políticos" en los que, según ha señalado, se les niegan la libertad, los derechos elementales, el trabajo, la dignidad y la esperanza.
El arzobispo ha defendido que los migrantes tienen "nuestra agradecida acogida", aunque ha planteado: "¿Cuántos podemos asumir?". A su juicio "lamentablemente todos no caben, aunque tengamos el deber humano y cristiano de ensanchar nuestra hospitalidad", pero también es necesario, ha añadido, establecer medidas para acoger a quienes sea posible "pensando en su dignidad, su integración real y sus posibilidades laborales, educativas y sanitarias".