El hartazgo se apodera de los ceutíes: "No somos racistas ni violentos, pero nos han quitado nuestra libertad"
- La tensión crece en la ciudad por los miles de migrantes que aún quedan tras la entrada masiva de hace casi un mes
- El Gobierno asegura que unos 5.000 migrantes permanecen aún en Ceuta, 1.500 de ellos menores
A punto de cumplirse un mes de la entrada masiva de migrantes a Ceuta, basta con recorrer la ciudad autónoma para comprobar que sigue sin verse la luz al final del túnel. Con los centros de acogida saturados, multitud de personas permanecen acampadas en las playas o vagando por la calle en medio del generalizado cansancio de los ceutíes, que claman por que regrese la normalidad: "No somos violentos ni racistas, lo que pasa es que nos han quitado nuestra libertad", cuenta a RTVE Noticias una de las tantas vecinas que están saliendo a manifestarse para exigir una solución.
Desde lo alto del helicóptero en el que llegamos al territorio ceutí, la estampa es casi de ensueño. Una preciosa ciudad costera donde poder pasar unos días de vacaciones. Pero ya en tierra, la fuerte presencia de policías, guardia civiles y militares en las avenidas y plazas avisa de que algo no va bien.
"Esto claro que esto va a pasar, pero va a necesitar su tiempo, ¿sabes?. Por lo menos hasta enero o febrero no va a volver esto a la normalidad. Mientras que estén ellos aquí (los migrantes), la gente va a seguir con mucho estrés", cuenta el taxista Mohammed. Él, como sus padres, nació y se crio en Ceuta. Pero como tantos en la ciudad de las cuatro culturas -cristiana, musulmana, hebrea e hindú-, sus orígenes son marroquíes. Sus abuelos nacieron en el país vecino y emigraron a España. Y uno de ellos integró la Guardia Mora, la unidad militar de origen marroquí que funcionó en el franquismo.
A sus 33 años, advierte de que la gente en la ciudad está cansada, por aspectos como la inseguridad. "Los niños no pueden salir a la calle, no pueden hacer vida normal de verano, de vacaciones". Y asegura que no hay sitio para tantas personas. "Aquí en Ceuta somos una ciudad que tenemos nada más que para nosotros". A su juicio, la solución sería que todos los migrantes que quedan vuelvan a Marruecos. "No todos son malos, ¿eh? Yo te soy sincero: hay chavales que han venido para buscarse la vida, pero la mayoría son unos prendas buenos...", alerta.
"Esta es mi casa, mi gente está aquí y yo pienso seguir aquí"
Tras el baile de cifras de las últimas semanas, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha cifrado este viernes en 72.000 los inmigrantes que entraron en Ceuta los días 30 y 31 de julio, de los que, según ha concretado, aún permanecen unos 5.000, de ellos 1.500 menores. Estos datos han sido rebatidos por la oposición de PP y Vox, que apuntan a que las cifras son mayores.
La incertidumbre reina en una ciudad colapsada. Mientras la vida sigue con cierta rutina en las zonas más céntricas, con concurridas terrazas y comercios, los barrios más cercanos a los puntos calientes -donde se congregan la mayor parte de los migrantes, como la playa del Trampolín y la de Benitez- generan mayor inquietud. Y todos los ceutíes con los que hablamos -sean o no de origen marroquí- muestran preocupación por lo que está pasando. La Delegación del Gobierno calcula que la criminalidad ha crecido un 5 % en la ciudad autónoma. Se han registrado 17 agresiones sexuales, siete de ellas violaciones. La mayoría de las víctimas son menores migrantes.
"Yo vivo en Benítez, en la zona cero ahora mismito. Y eso es tener que salir a buscar a mi mujer al trabajo, saber si puedo llegar por una carretera o no porque hay un corte, porque hay riadas de gente buscando comida, gente durmiendo por los alrededores de mi vivienda. Y eso no tiene una solución a corto plazo. Tardaremos mucho en que esto se solucione", argumenta a RTVE Noticias José, a quien encontramos tomando algo en una terraza junto a su hermana Rocío.
José y Rocío, hermanos, toman algo en una de las calles centrales de Ceuta Rodrigo García
Recuerda la intensa relación histórica entre la ciudad y Marruecos, pero reconoce que la gente "está muy nerviosa" y que "si no se toman medidas muy rápidas", la cosa se puede complicar mucho más. "Estamos bastante incrédulos y esperando a ver cómo el Estado soluciona no por primera vez, sino por segunda, este problema. Pero creo que esta vez el problema es mucho más grande y amplio de lo que ocurrió la primera vez", recalca en referencia al anterior incidente, en 2021, cuando entraron en Ceuta 10.000 inmigrantes.
Su hermana reconoce que han decidido salir a comer fuera y se han propuesto no hablar del tema entre ellos, aunque acepta contestar nuestras preguntas. "Soy optimista, porque he vivido muchas crisis en Ceuta, y pienso que se va a solucionar. Desde luego, esta es mi casa, este es mi pueblo, mi gente está aquí y yo pienso seguir aquí", desvela.
"El que no es de aquí pues está vendiendo la casa o está pensando en largarse. Y yo lo entiendo, porque es muy incómodo no tener seguridad para llevar a tus niños al parque, no saber qué va a pasar con el colegio. Todo eso es muy incómodo. Pero que no se preocupen, que los ceutíes nos vamos a quedar, ¿eh?", insiste.
En lo personal, cuenta cómo por ejemplo la playa a la que va de toda la vida, la del Trampolín, ya no puede pisarla: "Ahora mismo no puedes poner un pie. Para nosotros, la playa, para los ceutíes, es fundamental. En verano es el sitio donde nos reunimos".
"Hay mucha gente que ahora me ve con mala cara"
En Ceuta y Melilla más del 85% de la inmigración es marroquí. Pero además de una muy numerosa primera generación de inmigrantes y una amplia segunda generación -los hijos-, en ambas ciudades autónomas también hay muchos inmigrantes de tercera generación -nietos de inmigrantes originales-, según el más reciente observatorio demográfico del CEU CEFAS.
"Vine acá por buscar trabajo. No vine con patera de gente, vine sola", revela Habiba, que lleva más de 30 años viviendo en Ceuta.
No oculta la pena con la que está viviendo lo ocurrido. "Mucha gente tiene miedo de salir... mi hija. Porque hay gente buena y hay gente mala. Puede robar, puede muchas cosas", señala. "Todos quieren un futuro. Pero Ceuta es chiquitita, nosotros no podemos. ¿Quiero ayudar, pero cómo? No se puede pagar la comida a la gente, hay mucha gente, más que la gente de Ceuta", agrega. Y si bien piensa en que la alternativa para que puedan llegar los migrantes podría ser obtener un visado, reconoce los inconvenientes de todo tipo para conseguirlo.
La solución a la crisis, en su opinión, pasa por el Gobierno y Mohamed VI.
Un grupo de militares camina por el centro de Ceuta Rodrigo García
Fauzia, propietaria de un cafetería en la llamada 'Gran Vía" de Ceuta -la calle Alcalde Antonio López Sánchez-Prado-, lleva 35 años en la ciudad autónoma. Llegó sin papeles y tardó por lo menos 15 años en conseguirlos. Y también lo está pasando mal. "Tengo un negocio y yo tengo que abrirlo para trabajar. Y mucha gente ahora me ve con mala cara", lamenta, para explicar que hay clientes que le reprochan que reciba a los migrantes. "¿Pero qué hago yo? Es un negocio", apostilla.
"Yo llevo toda mi vida aquí, no tengo mi madre, no tengo mis hermanos, pero nunca he fumado, he drogado, haciendo cosas malas, no. Siempre hay que respetar a otra persona", resalta.
Una tensión que no cesa
Al caer la tarde, y como viene ocurriendo en los últimos días, este viernes decenas de ceutíes se lanzaron a la calle para reclamar al Gobierno que adopte medidas por la crisis, convocados a través de redes sociales y canales de WhatsApp.
Con banderas de España, pitos y gritos como "Ceuta, unida, jamás será vencida" o "Un caballa -gentilicio popular de los ceutíes- nunca se rinde", la multitud recorrió calles desde el centro a la zona de las playas del Trampolín y Benítez, donde siguen acampados muchos de los extranjeros. Aunque la marcha discurrió de forma pacífica, rodeada de agentes de la Policía Nacional, no estuvo exenta de momentos tensos, por el enfrentamiento entre algunos manifestantes y los gritos de "fuera, fuera" a los migrantes.
"Yo estoy en contra de la violencia, evidentemente, pero cuando personas como ellas nos provocan... ", explica a RTVE Noticias Margo, una de las manifestantes. Asegura que, en la jornada anterior, algunos migrantes "provocaron y empezaron a insultar".
"Sí, empezaron con "hijos de puta", cortes de mangas...", asevera la mujer, que trabaja en la limpieza de las playas y asegura que recientemente tuvieron que auxiliarla militares y policías porque algunos extranjeros la acosaron e insultaron. "Precisamente esta mañana estábamos barriendo la playa de La Almadraba y se han acercado a nosotros increpándonos y diciéndonos que nos fuéramos, que eso era Marruecos", añade.
La solución para ella es "que se vayan a su país", que Ceuta no tiene sitio para ellos. "Si no hay para gente de aquí de Ceuta, que no tienen ni para trabajar".
"Y mira que no somos violentos, no somos racistas ni xenófobos, porque yo he vivido toda la vida de Dios con musulmanes y con todas las culturas. No somos así, lo que pasa es que nos han quitado nuestra libertad", concluye.