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Veranear en el norte: ¿tendencia para huir del calor extremo o moda de Instagram que daña el turismo sostenible?

  • La llegada de turistas ha crecido un 35% en una década en Galicia, Cantabria, Asturias y País Vasco
  • El calentamiento global ya asegura "buen tiempo en el norte" con temperaturas más agradables que en otras zonas costeras
Hombre en silla de ruedas se toma un selfie en la playa del Sardinero, Santander, con bañistas y sombrillas de colores de fondo.
Un hombre se hace un selfie con la playa del Sardinero (Santander) llena de bañistas de fondo Nacho Cubero / Europa Press vía Getty Images

El calor está cambiando la forma de planificar las vacaciones. El verano ya solo es sinónimo de sombrilla y tumbona en las playas del sur o cerveza en los chiringuitos del Levante; ahora lo más cotizado empieza a ser el frescor de la cornisa cantábrica.

Las intensas y repetidas olas de calor de los últimos veranos han transformado el norte de España en el gran refugio turístico de la última década. Ciudades y pueblos de Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco registran cada verano récords históricos de visitantes que viajan en busca de temperaturas suaves, pero también guiados a menudo por postales idílicas que se vuelven virales en las redes sociales.

Asturias es el destino más elegido por quienes visitan el norte con un aumento del 45% en la llegada de turistas vacacionales desde la pandemia; en Galicia el crecimiento ha sido del 34% desde que el turismo se paralizara por la crisis del coronavirus.

En términos globales, el volumen total de personas alojadas durante los meses de verano en el conjunto de estas cuatro comunidades pasó de unos 3,4 millones de viajeros en el verano de 2015 a superar los 4,7 millones de viajeros en el verano de 2025, lo que representa un incremento superior al 35% en una década.

Algunos de los ejemplos más impactantes del aumento de población en verano lo observamos, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) en localidades como Noja, en Cantabria o Sanxenxo, en Pontevedra. El municipio cántabro es el que más crece de toda España en términos proporcionales durante el periodo estival. Pasa de tener unos 3.000 habitantes fijos a rozar los 100.000 en agosto, multiplica su población por más de 33 debido al turismo del País Vasco y Madrid. Por su parte, el censo habitual de Sanxenxo ronda los 18.000 habitantes, pero en temporada alta supera las 110.000 personas, un incremento superior al 645%.

Masificación en la playa de Silgar, en Sanxenxo

Miles de personas en la playa de Silgar, en Sanxenxo (Pontevedra) el pasado 17 de agosto de 2025 Xurxo Lobato / Getty

Comprar una casa en el norte: objetivo casi imposible

Aunque el turismo nacional sigue siendo pilar fundamental de las estancias veraniegas en el norte, el visitante extranjero ha crecido a un ritmo superior al 30% en varias de estas comunidades en los últimos años. Además, desde la pandemia se ha producido una desestacionalización de la actividad turística que ha provocado que no solo haya picos de viajeros entre junio y septiembre, también en puentes y en otros periodos vacacionales como Semana Santa y que cada vez más personas estén comprando segundas residencias en estos destinos.

"Desde el final de la pandemia, la demanda de inmuebles es impresionante" cuenta a RTVE Noticias Jesús Riva, gerente de la inmobiliaria Somoplaya, situada en el municipio de Somo, en Cantabria. "Sobre todo, vienen en busca de segundas viviendas familias de clase media-alta de Madrid y eso que los precios desde el COVID-19 han subido un 100%. Para alquiler vacacional tenemos clientes de todo tipo, desde amantes del surf, a familias de toda España", asegura. Pero puntualiza: "Yo no veo Somo masificado, solo la primera quincena de agosto está un poco más lleno, el resto del tiempo se puede estar con holgura, se puede ir a los restaurantes".

La percepción sobre la llegada de turistas y visitantes a la costa norte es diferente para Vanesa Ríos, vecina de Mera, en A Coruña: "La masificación del turismo en el norte es más que evidente desde hace cuatro o cinco años. Yo tomo como referencia el confinamiento. Hasta entonces venía aquí un turismo de familias madrileñas sostenido. Eran personas que dejaban el alquiler pactado de un año para otro. Ahora viene mucha más gente. El pueblo explota. Se juntan las familias de toda la vida a las que se suman turistas de todas las partes de España y también ha aumentado el número de franceses que nos visitan".

Víctor Santos será uno de esos visitantes próximamente. Está preparando estos días su viaje de amigos de todos los verano. Han elegido A Coruña: "Estuvimos mucho tiempo dándole vueltas. Primero pensamos en irnos a Valencia porque nos gusta la música electrónica y nos cuadraba ir al festival Medusa, pero luego pensamos en el calor y la humedad de allí y nos echamos para atrás. Hemos elegido Galicia por la temperatura, porque se come muy bien, hay unos paisajes espectaculares y las fiestas de pueblo allí son las mejores. Además, los precios están más controlados y hemos encontrado un festival que encaja con lo que queríamos, vamos a ir al FEC, al festival de Electrónica Coruñés".

El norte como refugio climático

Uno de los principales motivos del aumento de los viajes al norte es el tiempo. En un escenario estival marcado en los últimos años por temperaturas muy altas ya desde mayo o junio y por la concatenación de olas de calor, las ciudades y pueblos de la llamada España Verde se convierten en un excelente refugio climático.

La mayoría de zonas de Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco ofrecen temperaturas medias entre 10 y 15 grados por debajo de las que encontramos que el centro y sur peninsular. Un escenario idílico que permite vivir sin aire acondicionado e incluso usar chaqueta o sudadera para dar un paseo nocturno.

"Antes en el norte de España no tenías el calor asegurado, pero ahora desde hace cuatro o cinco años el cambio se ha notado mucho. Ahora el buen tiempo sí está lo tienes asegurado por el calentamiento global", asegura a RTVE Noticias Beatriz Oficialdegui, directora de marketing de la agencia de viajes Destinia.

"El clima es el principal reclamo para venir aquí" asegura Vanesa Ríos. "Es evidente que el cambio climático ha provocado que en el norte de España las temperaturas también hayan cambiado" explica Vanesa Ríos. "Ahora mismo hace muchísimo más calor que cuando yo era pequeña hace cuarenta años. La temperatura del agua también ha subido. Antes el mar estaba helado, costaba bañarse, ahora ya no. Las temperaturas que ahora tenemos son más altas que hace años, pero claro, son mucho más bajas que las hay en Madrid o en Andalucía, donde van de ola en ola de calor".

"El que puede se viene aquí a pasar todo el verano. Es muy entendible. Muchísima gente está viviendo por aquí a cuenta de los calores que hay en el resto de España", nos dice Jesús Riva.

Veranear en el norte como moda aspiracional

Veranear en el norte de España no solo es una estrategia para huir del calor de la meseta. Se ha transformado en un símbolo de estatus y una tendencia muy codiciada en redes sociales. Creadoras de contenido e influencers con millones de seguidores en redes sociales han redefinido el lujo estival, cambiando del sur o la fiesta ibicenca por la estética relajada, verde y fresca de la cornisa cantábrica.

Una tendencia aspiracional en la que se vende una estampa de vida familiar apacible, pueblos marineros, prados verdes y vacas, alejados del ruido. Los jóvenes llegan al norte a replicar la foto en la playa desierta o en los acantilados usando maga larga.

Son figuras públicas que acumulan millones de visualizaciones y likes en sus publicaciones y que proyectan "una ostentación de la riqueza disparatada" escondida bajo el llamado "lujo silencioso" por el hecho de aparecer haciendo un picnic en la playa con sudadera al atardecer. Un extremo que analizamos en RTVE Noticias con Lorenzo Vicario, profesor de Sociología en la Universidad del País Vasco:

"Existe históricamente una relación del veraneo en el norte vinculada a la aristocracia, a la alta sociedad que ha llegado modificada a nuestros tiempos. Por ejemplo, en el caso de San Sebastián, era el sitio en el que pasaba los veranos primero la reina Isabel II y luego de forma habitual la regente María Cristina y los hijos de Alfonso XIII. Una cosa parecida sucede con Santander. Ahora, lo que estamos observando es un aumento de la tendencia a comprar segundas residencias por parte de gente de clase media-alta, gente con dinero, muchos de ellos famosos, que miran a la zona norte, Asturias, Galicia, Cantabria, a zonas no masificadas, sino más rurales, a las que le ven atractivo. Un poco como pasó en los 90' con Mallorca y estrellas del cine como Michael Douglas".

El problema de la masificación y la falta de infraestructuras

"La masificación no trae nada bueno para el turismo. En verano el pueblo explota", asegura Vanesa Ríos. "Esta semana ha sido una locura ver sitios como el mítico faro de Mera completamente lleno de personas durante el eclipse". Esa estampa no solo es una excepción vinculado a un fenómeno histórico como el eclipse que ha dejado llenos absolutos en muchas localidades "poco turísticas".

Ya en el mes de julio, en otro punto de Galicia, daba la vuelta al mundo la imagen de la playa de las Catedrales, en Lugo, que tuvo que ser cerrada al público por exceso de visitantes.

La playa de las catedrales (Lugo) lleva años sufriendo problemas de masificación y desde 2015 ha limitado su aforo a 4.800 personas al día en verano Carlos Castro/Europa Press via Getty Images

Desde hace años, esta playa, reconocida como una de las más bonitas del mundo, tiene que establecer limitaciones de aforo de unas 4.800 personas al día para evitar aglomeraciones masivas, proteger sus frágiles acantilados y formaciones geológicas de más de mil millones de años, y garantizar la seguridad de los visitantes durante la marea baja.

"La gente aquí reacciona y hay ciertos movimientos contra el turismo masivo y poco respetuoso", explica Vanesa Ríos: "Hace un par de años se hizo viral un bar que tenía en su puerta un cartel en el que ponía "Fora fodechinchos", refiriéndose en tono despectivo a los madrileños. Los locales tratamos de sobrevivir, pero se hace complicado. Hay fines de semana que directamente los vecinos de aquí no bajamos a la playa, es imposible".

Para hacer frente a la enorme demanda de alojamientos, estos territorios se intentan adaptar a marchas forzadas. Galicia y País Vasco están experimentando una notable ola de aperturas de hoteles boutique y establecimientos de lujo, impulsados por el tirón del turismo enogastronómico, el Camino de Santiago y el turismo urbano; por otra parte, se está produciendo un crecimiento desmedido de las viviendas de uso turístico (VUT). La costa está saturada y está forzando a que las infraestructuras de turismo rural y los pequeños municipios de interior absorban parte del excedente de demanda.

"Una vivienda aquí dura muy poco tiempo a la venta. En cuanto ponemos un anuncio de algo que esta en precio o un poquito por debajo, el teléfono empieza a sonar y no para. Es verdad que ahora mismo los precios están imposibles y puede haber algo de parón, pero en cuanto bajen un pelín o aumente la oferta, todo seguirá moviéndose porque la demanda es brutal" explica Jesús Riva de Inmobiliaria Somoplaya.

El crecimiento del slow travel en la España interior

El turista que se aleja de los destinos turísticos veraniegos clásicos no solo viaja a zonas costeras del norte. Los informes de tendencias de Turespaña confirman que los destinos vacacionales de interior están superando en previsión de crecimiento a las zonas clásicas de sol y playa. Según los datos que maneja el Ministerio de Industria y Turismo, los "territorios de interior y de la llamada España verde crecerán este verano entre un 8 y un 11%, por encima de las seis comunidades autónomas más turísticas".

Parte de esta tendencia, procede de una estrategia del Ejecutivo. Con el número de visitantes a España marcando récord cada verano, el objetivo de Moncloa no es solo batir sus propias cifras, sino "gobernar el fenómeno" mediante la redistribución hacia la España verde e interior para aliviar la saturación de los destinos tradicionales.

El turista que viaja a la España interior practica el denominado slow travel. Lo que podríamos traducir en viajes con calma: es un visitante que busca escapar de las masificaciones costeras en busca de tranquilidad, patrimonio histórico, naturaleza y gastronomía. También precios que están muy por debajo de las zonas turísticas tradicionales.

"Cuando vemos los ranking de los destinos turísticos más demandados de España siempre nos salen los mismos: Salou, Benidorm o Torremolinos. Eso es porque es donde más camas se ofertan, pero el crecimiento que estamos observando está siendo mayor en los destinos de interior" explica a RTVE Noticias Beatriz Oficialdegui, directora de marketing de la agencia de viajes 'Destinia. "Es gente que busca vivir en la naturaleza y que en lugar de irse un mes o quince días al mismo destino de playa, diversifica y se va a varios destino en el mismo verano. Esto está ayudando mucho al turismo de interior, de montaña y río".

"Nosotros llevamos varios años eligiendo turismo rural frente a playa en las vacaciones de verano", cuenta a RTVE Noticias Almudena García. Este verano ha viajado con toda su familia, un total de 15 personas a una casa rural en la Sierra de Herencia, en Castilla La Mancha. "Los destinos de interior tienen muchas ventajas que se adaptan mucho mejor a lo que queremos. Lo primero es que podemos encontrar una casa para alojarnos todos juntos, lo segundo es que para los niños la naturaleza es lo mejor, las temperaturas en la sierra son una maravilla y claro, el precio. La noche en este tipo de alojamientos sale muchísimo más económica que en hotel de costa".

Vacaciones a destinos fríos o coolcations

El aumento de las temperaturas que está causando el cambio climático provoca cambios en las tendencias de viaje también fuera de España. Quienes huyen de la costa y prefieren viajes culturales y gastronómicos están buscando alivio térmico en países nórdicos o bálticos, donde disfrutan de temperaturas suaves que rondan los 20 o 25 grados.

Entre los destinos más repetidos, Dinamarca, Noruega y Suecia atraen a viajeros que buscan naturaleza, ciudades cosmopolitas y temperaturas moderadas. También Islandia y Finlandia ganan fuerza como refugios climáticos veraniegos.

Andrea Asenjo y Daniel Díez llevan más de una década viviendo en Copenhague y notan como "en los últimos cuatro o cinco años la ciudad está más llena de turistas en verano". Explican a RTVE Noticias que "se nota que las estancias ya van más allá del típico fin de semana para conocer la ciudad" y que la gente se mueve más allá del centro histórico: "Nosotros vivimos en un barrio que está cerca del centro, pero que está un poco alejado del canal y vemos que los restaurantes y los cafés están más llenos también aquí".

Explican como el clima danés es parte del reclamo: "El calentamiento global ha provocado que en verano ya haga más calor. Evidentemente no tiene nada que ver con las temperaturas de España, pero el clima que tenemos ahora, que es templado, provoca que las actividades acuáticas que se pueden hacer en la ciudad estén llenas de turistas, sobre todo españoles, alemanes y franceses".

El calor cambia la forma de viajar y la forma cómo el visitante se relaciona con los destinos vacacionales. Las redes sociales amplifican las tendencias. Ahora el norte de España se enfrenta al difícil contexto de "morir de éxito" ante una explosión incontrolada de la actividad turística o consolidarse como uno de los destinos internacionales estrella para el verano.