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Las enfermeras de Ceuta insisten en que la sanidad vive un "colapso sin precedentes" por la crisis migratoria

  • El Colegio de Enfermería denuncia picos de hasta 1.600 intervenciones diarias y solicita el "estado de alarma"
  • La ministra de Sanidad descarta el "colapso sanitario" aunque admite "tensiones" y "sobresfuerzos" del personal
La ministra de Sanidad, Mónica García durante su visita al Hospital Universitario de Ceuta el domingo pasado.
La ministra de Sanidad, Mónica García durante su visita al Hospital Universitario de Ceuta el domingo pasado. EFE / REDUAN

La ciudad autónoma de Ceuta atraviesa una crisis migratoria y humanitaria de magnitud histórica que ha puesto a prueba la capacidad de sus servicios públicos. Tras la entrada de miles de personas procedentes de Marruecos, la gestión de la sanidad se ha convertido en el centro de un intenso debate entre las autoridades ministeriales y los profesionales que trabajan en primera línea asistencial.

Desde el Colegio de Enfermería de Ceuta, la situación se califica de extrema. Su presidenta, Rosa Fuentes, ha sido tajante al solicitar la declaración del estado de alarma ante lo que define como un "colapso sanitario sin precedentes".

Según datos del colectivo, las enfermeras están haciendo frente a una media de 200 asistencias diarias, con picos que han llegado a superar las 1.600 intervenciones en momentos críticos. Esta carga de trabajo se traduce en ratios de entre 14 y 16 pacientes por cada enfermera, con jornadas que se prolongan hasta cuatro horas más de lo previsto.

"No es una situación de colapso", asegura la ministra

Por el contrario, la ministra de Sanidad, Mónica García, ha negado durante su visita a la ciudad que exista tal colapso, calificando de "alarmistas" algunos mensajes. Si bien ha admitido que existen "lugares especialmente tensionados" como las urgencias, la atención primaria o medicina interna, la ministra sostiene que el sistema ha respondido con eficacia.

Según las cifras aportadas por Sanidad, en los últimos 15 días se ha atendido a 5.800 migrantes (3.500 en primaria y 2.300 en el hospital), y el nivel de ingresos actuales es de 101 personas, de las cuales solo 28 son migrantes. "No es una situación de colapso", sentenció García durante su visita a la ciudad —el domingo 16 de agosto— recordando que la capacidad hospitalaria se ha ampliado de 175 a 212 camas para absorber la demanda.

La discrepancia también es evidente en la percepción del estado del personal. Mientras la ministra pone en valor que no se han suspendido vacaciones y destaca el "sobresfuerzo" de los profesionales que han dado "el 120%" de su capacidad, las enfermeras denuncian estar "exhaustas tanto física como psicológicamente".

Rosa Fuentes alerta de que la falta de previsión en los contratos estivales ha dejado plantillas ajustadas que multiplican el riesgo de errores humanos debido a la "fatiga extrema y el estrés prolongado".

El mito del migrante enfermo

Más allá de la logística sanitaria, los expertos en salud pública han querido atajar los discursos que vinculan la inmigración con la llegada de enfermedades. Maria João Forjaz, presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), advierte que "pensar que los migrantes traen enfermedades es sanitariamente erróneo y peligroso".

Forjaz explica que se produce el fenómeno del "migrante sano": personas jóvenes que suelen llegar con buena salud, aunque puedan presentar cuadros de deshidratación o malnutrición que se resuelven con rapidez.

La realidad clínica actual en Ceuta muestra afecciones que no son importadas, sino consecuencia directa de las condiciones de vida tras la llegada. "Es el hacinamiento lo que propicia la aparición de afecciones como la sarna o el impétigo", señala Forjaz, subrayando que son enfermedades comunes en España presentes en cualquier colectividad.

Sin embargo, los datos de prevalencia vuelven a enfrentar a las partes. Mientras el Ministerio de Sanidad confirma la detección de 2 casos de tuberculosis y 18 de gastroenteritis, la nota de prensa de las enfermeras eleva estas cifras a 4 casos de tuberculosis y aproximadamente 200 de gastroenteritis aguda, además de 20 casos de sarna y 21 de impétigo.

Los expertos coinciden en que el mayor riesgo es exclusivo para los propios migrantes debido a la falta de higiene y servicios mínimos en los asentamientos, y urgen a garantizar condiciones dignas para evitar que el retraso en diagnósticos por estigmatización acabe perjudicando a la salud colectiva.