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Afrontar el calor extremo cuando vives en la calle: "Hay un riesgo real para su salud y, en algunos casos, para su vida"

  • Las muertes asociadas a las temperaturas extremas ascienden a 3.629 en 2026, según el Instituto de Salud Carlos III
  • Las personas sin hogar afrontan el calor sin tener acceso a las principales medidas de seguridad
Tres trabajadores del Samur y un policía atienden a una persona sin hogar en Madrid
Tres trabajadores del Samur y un agente de policía municipial atienden a un sintecho en Madrid Eduardo Parra / Europa Press
Carla Alonso*

El calor extremo ya es una realidad que se afronta en España desde hace años. El problema es que cada vez este es más intenso y frecuente. El aumento global de la temperatura producido por el cambio climático puede provocar que a finales del siglo XXI haya 20 o 30 días más de ola de calor al año. Aproximadamente, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) estima que cada década los termómetros marcan tres décimas más de grado, una tendencia que supone un verdadero problema para la sociedad.

Las temperaturas extremas tienen un impacto inmediato sobre la salud de las personas, especialmente en aquellos grupos más vulnerables. Según el sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III, las muertes asociadas a la temperatura en 2025 fueron en total 2.904. Sin embargo, en lo que va de 2026, los fallecimientos atribuibles a esta causa ya ascienden a 3.629.

Para evitar estos riesgos, las recomendaciones sanitarias y de seguridad son claras: evitar estar en la calle en las horas de más calor, mantenerse hidratados, buscar lugares frescos, darse más duchas, usar protección solar y mantener la vivienda fresca.

¿Qué ocurre cuando ninguna de estas recomendaciones puede cumplirse?

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en los datos registrados de 2022, en España hay 28.552 personas sin hogar. Sin embargo, esta cifra solo recoge a quienes son atendidas en centros asistenciales de alojamiento y restauración, por lo que no captan a toda la población afectada. Asociaciones como HOGAR SÍ calculan que esta cifra en realidad es de 37.117 personas, mostrando que la realidad del problema es más amplia de lo que indican los registros del INE.

La Fundación Luz Casanova también hace un apunte importante respecto a esto, para ellos una persona sin hogar no solo es aquella que no tiene acceso a una vivienda, sino también todos aquellos que "viven en alojamientos muy precarios, habitaciones sin ventilación, asentamientos o espacios inadecuados para afrontar episodios de calor extremo".

A diferencia del reto de la población, el calor afecta en exceso a este grupo de personas que pasan las 24 horas del día en el espacio público. Durante las horas de mayor insolación buscan un refugio en soportales, parques o estaciones, sin embargo, estas zonas no evitan el calor sofocante ni ofrecen protección suficiente ante el sol. Según los datos recogidos en el informe Vivir en la calle en Barcelona de 2025, de la Fundación Arrels, un 58% de las personas sin hogar han confirmado tener dificultades para encontrar un sitio cubierto donde poder pasar los días tórridos de verano.

Dormir en un banco o sobre el asfalto —cuya superficie puede alcanzar los 60 grados— también aumenta el desgaste físico y dificulta el descanso. Por si fuera poco, a ello se suma que estas personas no tienen acceso continuado a agua potable o alimentación adecuada.

Cuando el cuerpo no responde

Estos factores junto con la exposición continuada de una persona al sol provoca que se vaya agotando la capacidad de adaptación del organismo al calor. "Si se pierden los mecanismos reguladores, la temperatura corporal comienza a aumentar y aparecen síntomas como calambres musculares, cansancio, mareos, dolor de cabeza, náuseas o vómitos", explica el doctor José Javier Varo, director del Servicio de Urgencias de la Clínica Universidad de Navarra.

A pesar de esto, el médico considera que en los últimos años no han aumentado significativamente los golpes de calor graves gracias a una mayor concienciación social, pero sí reconoce un incremento de las consultas relacionadas con el calor por síntomas leves.

El riesgo es todavía mayor en personas con enfermedades crónicas o problemas de salud mental, una realidad muy frecuente entre ancianos, pero también entre quienes viven en la calle. Según afirma Varo, estas enfermedades preexistentes hacen que las personas pierdan la capacidad de identificar las señales que el cuerpo envía para detectar sed o la necesidad de refugiarse del calor, así como la medicación provoca una respuesta lenta del organismo.

A todo ello se añade el consumo de alcohol u otras sustancias que, según el doctor Varo, altera la regulación de la temperatura corporal y reduce la capacidad para reconocer los primeros síntomas de un golpe de calor. Aquí se puede producir el verdadero problema, cuando el cuerpo se eleva por encima de los 40 grados y entonces aparece la "pérdida de conciencia, alteraciones neurológicas, disminución de la tensión arterial, desorientación y gran confusión", cuando aparecen estos síntomas se debe buscar atención médica urgente.

Desde la Fundación Luz Casanova confirman esta realidad. "Las altas temperaturas agravan una situación de vulnerabilidad que ya de por sí es muy compleja", afirman. Para quienes viven en la calle, el calor extremo no supone únicamente una incomodidad, sino "un riesgo real para su salud y, en algunos casos, para su vida". "A nivel físico observamos con frecuencia deshidratación, agotamiento, mareos, bajadas de tensión y un empeoramiento de patologías previas", explican. Pero el calor también deja secuelas psicológicas: "La incertidumbre sobre dónde pasar las horas de más calor o la sensación de no disponer de un lugar seguro incrementan la ansiedad, la irritabilidad y el malestar emocional".

Alternativas a pasar el día en la calle

Para evitar pasar el día en la ciudad y a la intemperie, muchos lugares ofrecen como alternativas los refugios climáticos, es decir, espacios públicos y gratuitos como bibliotecas, centros comerciales, mercados municipales o zonas con muchos árboles. Incluso asociaciones de vecinos están trabajando en crear espacios frescos donde pasar el día y sobrevivir al verano.

Sin embargo, esos centros no son tan accesibles como parecen. Desde Luz Casanova reclaman que "hace falta una mayor difusión, horarios amplios y normas de uso flexibles".

La asociación HOGAR SÍ, creada hace 25 años y donde trabajan para que ninguna persona viva en la calle, va un paso más allá, denuncian que estos sitios "no siempre son accesibles para todas las personas, pues quienes sufren esta realidad, no se plantean hacer uso de dichos recursos por no verse en una situación estigmatizante" ya que "en más de una ocasión, han visto rechazado el acceso a este tipo de establecimientos".

Por eso, ambas asociaciones recalcan que es necesario ampliar la red de refugios climáticos y adaptar los que existen para que sean accesibles seguros para todos ya que no solo es necesario un aire acondicionado, sino también recibir el acompañamiento profesional que necesitan.

¿Qué ofrecen estas asociaciones?

En la Fundación Luz Casanova, refuerzan su atención durante el verano atendiendo a una media de 80 personas cada día. No ofrecen servicio de alojamiento, pero sí servicios básicos como duchas, lavandería o consigna, recibir atención social y psicológica, y el comedor social que ofrece desayuno y comida durante todo el año.

Cuando se activa una alerta por calor extremo, la entidad intensifica su actuación. Facilitan el acceso a recursos básicos fundamentales como el agua, protección solar, ropa ligera y realizan un seguimiento más estrecho de las personas con enfermedades crónicas, problemas de salud mental, adicciones o situaciones de especial aislamiento y se coordinan con otros recursos de atención a personas en situación de sinhogarismo para detectar posibles situaciones de especial vulnerabilidad.

"El recurso más importante que ofrecemos no es solo un lugar donde resguardarse del calor. Es un espacio de confianza donde las personas recuperan estabilidad y pueden comenzar o continuar un proceso de inclusión", explican desde la Fundación.

Según el Instituto Nacional de Estadística, durante 2024 funcionaron en España 1.376 centros destinados a atender a personas sin hogar. Entre todos ofrecieron 39.888 plazas y registraron una ocupación del 85,6%, un dato que refleja la elevada demanda de estos recursos.

La solución: la vivienda

La asociación HOGAR SÍ insiste en que el problema principal no surge por una circunstancia meteorológica concreta, sino por la ausencia de una vivienda adecuada. Proponen la vivienda como "principal solución al sinhogarismo y frente a los fenómenos climáticos extremos y desastres naturales, ya que es la misma la que te permite tener un espacio seguro donde descansar, guardar tus cosas, asearte, poder cocinar, e incluso refugiarte".

En cuanto a las administraciones públicas, desde las asociaciones piden reforzar las medidas no discriminatorias y excluyente hacia las personas que se encuentren en situación de sinhogarismo, que amplíen los recursos de atención y los horarios ya que consideran que estas medidas son "imprescindibles para reducir el riego inmediato que supone el calor para su salud"

Sin embargo, insisten en que ninguna de estas actuaciones sustituye el acceso a una vivienda. "Las medidas de contingencia son necesarias, pero no sustituyen el acceso a una vivienda", subrayan. En un contexto en el que los fenómenos climáticos extremos serán cada vez más frecuentes como consecuencia del cambio climático, abordar el sinhogarismo únicamente desde la emergencia "deja a miles de personas en una situación de especial vulnerabilidad". Por ello, consideran que incorporar el acceso a una vivienda dentro de las estrategias de adaptación al cambio climático es también "una cuestión de salud pública y de garantía de derechos".

Cuando las recomendaciones no sirven para todos

Cada verano se repiten los mismos mensajes institucionales: quedarse en casa, poner el aire acondicionado, ducharse varias veces al día, bajar las persianas o evitar salir durante las horas de más calor. Para miles de personas, esos consejos son imposibles de seguir.

"Escuchar recomendaciones como quédate en casa o pon el aire acondicionado genera una profunda sensación de exclusión cuando no se tiene un hogar", señalan desde HOGAR SÍ. "Son mensajes pensados para quienes disponen de una vivienda y terminan invisibilizando la realidad de quienes viven en situación de sinhogarismo".

Las entidades sociales coinciden en que las campañas de prevención deben incorporar también medidas específicas dirigidas a quienes viven en la calle. Pero, sobre todo, recuerdan que el acceso a una vivienda no es únicamente una política social, sino una cuestión de salud pública. Porque cuando las temperaturas superan los 40 grados, disponer de cuatro paredes, una ducha o un vaso de agua fría deja de ser una comodidad para convertirse en un elemento capaz de salvar vidas.

Cada día de calor extremo vuelve a plantear la misma pregunta: ¿Cómo puede protegerse quien no tiene dónde refugiarse? Mientras las administraciones recomiendan quedarse en casa para sobrevivir al calor, miles de personas siguen afrontando el verano desde un banco, un portal o un cartón. Y esa contradicción evidencia que la emergencia climática no afecta a toda la población por igual. Quienes carecen de un hogar no solo están más expuestos al calor extremo; también son quienes cuentan con menos herramientas para defenderse de él. En un país cada vez más cálido, garantizar una vivienda digna deja de ser únicamente una política de inclusión social para convertirse también en una medida imprescindible de adaptación al cambio climático y de protección de un derecho tan básico como la vida.

*Este contenido ha sido escrito por la estudiante en prácticas Carla Alonso González bajo la supervisión de la responsable Carmen Campos.