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Nueva Pescanova abandona el polémico proyecto para crear la primera granja de pulpos del mundo en Gran Canaria

  • La multinacional gallega renuncia a la concesión presentada en 2021, que pretendía producir 3.000 toneladas anuales
  • Desde su presentación, se convirtió en uno de los mayores focos de controversia sobre bienestar animal
El polémico proyecto de crear la primera granja de pulpos del mundo en Gran Canaria da marcha atrás.
Las instalaciones pretendían producir hasta un millón de ejemplares al año. GETTY IMAGES

El Puerto de Las Palmas de Gran Canaria no albergará finalmente la primera granja de pulpos del mundo. La empresa Nueva Pescanova, que llevaba años tramitando el proyecto, ha presentado ante la Autoridad Portuaria de la ciudad canaria su solicitud de desistimiento de la concesión que necesitaba para poner en marcha las instalaciones, en las que pretendía producir hasta un millón de ejemplares al año y que, desde su presentación en 2021, se convirtió en uno de los mayores focos de controversia sobre el futuro de la acuicultura y el bienestar animal.

El escrito enviado por Nueva Pescanova concluye que no resulta oportuno continuar impulsando la solicitud de concesión presentada en los términos actualmente planteados, "dadas las circunstancias concurrentes sobrevenidas durante el procedimiento y ante los nuevos requerimientos administrativos demandados por la Comisión Autonómica de Evaluación Ambiental".

La empresa explica, según recoge una nota de Puertos de Las Palmas, que dicha decisión responde exclusivamente a "consideraciones empresariales y regulatorias" derivadas de la evolución del procedimiento administrativo, y recalca que su decisión se refiere específicamente a la instalación propuesta en Las Palmas, por lo que no descarta desarrollar su proyecto en otro lugar.

Nueva Pescanova aclara, en todo caso, que la continuidad del proyecto quedaba condicionada a la obtención de los pronunciamientos ambientales preceptivos de las administraciones competentes. Esa viabilidad ambiental, señala, constituía una premisa esencial para que el proyecto pudiera seguir adelante. Durante la tramitación, distintos organismos formularon observaciones y condicionantes que la empresa debía atender. Además, tras detectarse en la evaluación simplificada posibles efectos adversos significativos —como el riesgo de malos olores junto a una terminal de pasajeros y el posible empeoramiento de la calidad del agua portuaria por vertidos orgánicos—, el proyecto tuvo que someterse a una evaluación ambiental ordinaria, el trámite más exhaustivo previsto por la ley.

Todas estas circunstancias, según indica la multinacional gallega, aunque no afectan a la viabilidad ambiental de las instalaciones, han supuesto una modificación sustancial de las condiciones, alcance, plazos y requisitos regulatorios del proyecto inicial, lo que ha obligado a la empresa a "replantear" su configuración y estrategia de desarrollo. Por todos estos motivos, desiste expresamente de la solicitud de otorgamiento de concesión demanial presentada a la Autoridad Portuaria para el desarrollo del proyecto.

Puerto de La Luz en Las Palmas de Gran Canaria.

El proyecto contemplaba que la primera granja de pulpos del mundo estuviese en el Puerto de La Luz de Las Palmas. www.andrew-holt.com GETTY IMAGES

Un millón de pulpos al año

La instalación estaba diseñada sobre el papel para controlar todo el ciclo productivo del pulpo, desde el cultivo larvario hasta el sacrificio y el procesamiento industrial. El plan contemplaba una producción inicial de 500 toneladas anuales, con un incremento hasta las 3.000 toneladas a partir del tercer o cuarto año de funcionamiento, el equivalente a alrededor de un millón de animales criados anualmente.

El proyecto era posible gracias a un avance científico largamente perseguido, con firma española. Después de más de 20 años de trabajo, investigadores de los centros oceanográficos de Tenerife y Vigo, pertenecientes al Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) lograron reproducir pulpos en cautividad, tras derribar la barrera hasta entonces insalvable del cultivo larvario. Nueva Pescanova había adquirido al IEO-CSIC los derechos de la patente.

Aunque el pulpo representa un segmento relativamente pequeño del comercio pesquero mundial, con una producción cercana a las 500.000 toneladas anuales, su importancia económica es considerable. El comercio internacional movió unos 3.200 millones de dólares en 2021.

La mayor parte de la producción se concentra en Vietnam, China y Marruecos, mientras que España no figura entre los principales países productores. Sin embargo, desempeña un papel estratégico en el mercado internacional: es el mayor importador mundial de pulpo por valor y el segundo exportador, un modelo basado en combinar las capturas nacionales, especialmente en Galicia —cada vez más minoritarias—, con la importación de producto procedente de África occidental para su transformación y posterior reexportación.

Precisamente esa elevada dependencia de la pesca extractiva ha llevado a parte del sector a considerar la acuicultura como una posible alternativa para garantizar el suministro. Sin embargo, el contexto dista de ser sencillo. Según el informe Target 75 de Sustainable Fisheries Partnership (SFP), únicamente el 1,6% de la producción mundial de pulpo procede de pesquerías consideradas sostenibles o en proceso de mejora, uno de los porcentajes más bajos de todos los recursos pesqueros analizados.

Una oposición creciente

Desde su anuncio, la granja de Nueva Pescanova fue objeto de una intensa campaña de rechazo por parte de organizaciones animalistas, científicos y expertos en bienestar animal, que calificaron la instalación como una "macrogranja" incompatible con la biología de una especie considerada especialmente compleja. Las críticas se centraban en que los pulpos son animales solitarios, altamente inteligentes y con importantes necesidades de estimulación ambiental, por lo que su cría en tanques de alta densidad podría provocar situaciones de estrés crónico y comportamientos agresivos.

También fue objeto de controversia el método de sacrificio previsto, al menos en un primer momento, mediante shock térmico —la inmersión de los animales en agua con hielo a temperaturas inferiores a 0 ºC—, una práctica habitual en buena parte de la acuicultura pero que numerosos expertos consideran inadecuada para una especie capaz de experimentar dolor y sufrimiento.

En 2022, más de 130 científicos y miembros de la Aquatic Animal Alliance remitieron una carta a la Agencia Medioambiental de Canarias solicitando que se rechazara el proyecto. Un año después, el Aquatic Life Institute (ALI) publicó un informe en el que advertía de los posibles impactos ambientales de la instalación, desde vertidos al medio marino hasta un eventual aumento del uso de antibióticos por el riesgo de enfermedades derivado de las altas densidades de cultivo.

Tras conocerse el abandono definitivo de la iniciativa, Tessa González, directora de investigación e impacto de ALI, ha calificado la decisión como "un hito" para impedir que una industria con "importantes implicaciones para el bienestar animal, el medio ambiente y la salud pública" llegue a consolidarse.

Un vacío legal aún sin resolver

La retirada del proyecto llega en pleno debate sobre la regulación de la acuicultura de pulpo. Los cefalópodos son el único grupo de invertebrados protegido por la normativa europea sobre experimentación científica, después de que la Unión Europea reconociera en 2010 la evidencia de que pueden sentir dolor, sufrimiento y angustia. Sin embargo, esa protección no se extiende a la producción comercial, por lo que actualmente no existe una normativa específica que regule su cría o su sacrificio en acuicultura.

En 2021, el Reino Unido reconoció por primera vez a los pulpos y calamares como seres sintientes, tras una revisión de más de 300 estudios científicos, y la disposición se incorporó formalmente a su legislación en 2022. Algunos países europeos, como Noruega y Suecia, ya contemplaban cierta protección para los cefalópodos dentro de su legislación general de bienestar animal, aunque sin el nivel de detalle ni la base científica explícita de la ley británica.

La Unión Europea, por su parte, no cuenta con una norma equivalente. Como ya se ha mencionado, su único reconocimiento legal de la sentiencia de los cefalópodos data de 2010, con la Directiva 2010/63/UE, que los protege exclusivamente en el ámbito de la investigación científica. Fuera del laboratorio, ningún Estado miembro está obligado por ley a garantizar un sacrificio humanitario para estos animales, un vacío que ha quedado en evidencia con el debate en torno a la acuicultura industrial de pulpo.

En España permanece pendiente de tramitación en el Congreso una proposición de ley impulsada por Sumar, ERC y Podemos para prohibir el cultivo industrial de pulpos mediante una modificación de la Ley de Cultivos Marinos. De aprobarse, sería la primera prohibición a nivel nacional de este tipo en el mundo. Mientras tanto, los estados de Washington y California, en EE.UU., ya han vetado preventivamente esta actividad, y Chile y México estudian iniciativas similares.