Nacen las primeras cabras salvajes por fecundación in vitro, un hito que podría salvar a otras especies en extinción
- La técnica, desarrollada por científicos españoles, podría ayudar a conservar ungulados de montaña en peligro
- Han hecho posible el alumbramiento de tres ejemplares de Capra pyrenaica a partir de ejemplares muertos
Un equipo del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha logrado por primera vez el nacimiento de tres ejemplares de Capra pyrenaica —especie endémica de la península ibérica— mediante fecundación in vitro. Tras conseguir embriones viables en el laboratorio a partir de ovocitos fecundados con espermatozoides procedentes de cabras monteses post mortem, estos fueron transferidos a hembras receptoras. Esta técnica, aplicada por primera vez a un íbice (cabra salvaje), supone un avance para la conservación de esta especie.
Los gametos —ovocitos y espermatozoides— fueron obtenidos a partir de ovarios y testículos recogidos post-mortem en la Reserva Nacional de Caza de Sonsaz, en Madrid, y la Reserva Andaluza de Caza de las Sierras de Tejeda y Almijara, en Málaga. Posteriormente, el equipo formado por componentes de los grupos de Ingeniería Genómica Animal y de Fisiología y Tecnologías de la Reproducción en Especies Silvestres aplicaron distintas técnicas de reproducción asistida para conseguir el nacimiento de las cabras monteses.
En primer lugar, emplearon criopreservación de espermatozoides procedentes de ejemplares fallecidos en nitrógeno líquido, a temperaturas cercanas a los -200 grados y sin deteriorarse. Esta técnica permite almacenar semen que puede emplearse para inseminar hembras. "Es importante que los espermatozoides se recojan en las primeras ocho horas tras la muerte del animal para que mantengan su capacidad fecundante", explica el investigador del INIA-CSIC Julián Santiago Moreno.
Después, extrajeron en laboratorio los ovocitos de ovarios recogidos postmortem, los maduraron in vitro y los fecundaron con los espermatozoides descongelados en un medio de cultivo llamado TALP, desarrollado originalmente para la reproducción bovina.
Tras la fecundación, los cigotos se cultivaron en un entorno controlado que simula las condiciones del aparato reproductor hasta que se desarrollaron y alcanzaron el estadio de blastocisto. Entonces, fueron criopreservados a la espera de ser transferidos a una hembra receptora. Para ello, el equipo optimizó técnicas de fecundación in vitro "de un estudio previo en el que se emplearon espermatozoides de macho montés para fecundar ovocitos de cabras domésticas (Capra hircus)", explica la investigadora Nuria Martínez de Los Reyes.
Reserva genética de machos y hembras
Hasta el año 2006, las técnicas de criopreservación disponibles presentaban una limitación insalvable: solo permitían almacenar el semen de los machos. Sin embargo, la técnica actual permite desarrollar una reserva genética completa, de machos y hembras, ya que, al poder madurar ovocitos postmortem y congelar los embriones resultantes, es posible salvaguardar el legado genético de ambos sexos, lo que permite reconstruir una población entera desde cero.
Una vez obtenidos los embriones, estos se congelan mediante un proceso llamado vitrificación, una técnica de congelación ultrarrápida que protege las células al evitar la formación de cristales de hielo y que abre la puerta a la creación de bancos de embriones criopreservados obtenidos mediante fecundación in vitro a partir de gametos de animales muertos. "Estos bancos podrían emplearse para recuperar ecotipos en caso de catástrofes naturales o de brotes infecciosos. Además, podríamos aplicar la técnica para conservar otros ungulados de montaña en peligro de extinción", avanza el investigador Pablo Bermejo Álvarez.
El equipo transfirió los embriones vitrificados a cinco hembras receptoras y el procedimiento culminó con el desarrollo completo de las gestaciones y el nacimiento de tres cabritos. "Dos de las tres crías, ambos machos, se encuentran en perfecto estado de salud y continúan su desarrollo con normalidad. La tercera falleció tras el parto por falta de calostro -primera secreción de la glándula mamaria- de la hembra receptora", explica Priscila Ramos-Ibeas.
Foto de una hembra de bucardo con su cría, que se cree fue la última nacida en el Parque Nacional de Ordesa. PABLO OTÍN / EFE
Un símbolo de la biodiversidad ibérica
La cabra montés es un símbolo de la biodiversidad ibérica y, aunque es relativamente frecuente en ciertas regiones, el aislamiento de algunos núcleos las hace extremadamente vulnerables a brotes epidémicos, consanguinidad y desastres ambientales.
Las técnicas desarrolladas en este trabajo suponen una herramienta clave para prevenir la extinción de subespecies como la cabra montés lusitánica o el bucardo, cuyo último ejemplar murió en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido hace 26 años.
"Esta tecnología, que hasta el momento no se había aplicado con éxito a ninguna especie de íbice, podría emplearse en programas de conservación ex situ de otras especies de ungulados de montaña amenazadas como el íbice etíope, el íbice nubio, o el arruí del Sáhara y egipcio", concluyen los autores.