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Así se dispara un incendio forestal: los factores que convierten un fuego en un infierno

Los factores que convierten un fuego en un infierno.
Incendio cerca de la Charca de la Nieta, en Piedralaves, Ávila. Gabri Solera GABRI SOLERA / EUROPA PRESS
RTVE.es

Los incendios que están arrasando Ávila, Madrid, Toledo y Castellón vuelven a demostrar que los grandes fuegos no son fruto de una única circunstancia. Detrás de su rápida propagación suele haber una combinación de factores que, al coincidir, pueden hacer que las llamas avancen más deprisa que cualquier capacidad de extinción. El viento, las altas temperaturas, la baja humedad o la orografía del terreno determinan cómo se comporta un incendio en cada momento, aunque no explican por sí solos por qué cada vez son más voraces.

Los especialistas distinguen entre los factores que condicionan el comportamiento inmediato del fuego —la meteorología o el relieve— y otros de carácter estructural que llevan muchos años fraguándose: montes cada vez más densos, abandono del medio rural, expansión de la interfaz urbano-forestal y un cambio climático que prolonga las sequías y multiplica los episodios de calor extremo. Cuando estas piezas encajan al mismo tiempo, cualquier fuego puede transformarse en cuestión de horas en un gran incendio forestal de comportamiento extremo.

Viento

Es el factor más decisivo de todos: aviva las llamas, genera focos secundarios transportando pavesas a cientos de metros, y determina la dirección de avance. Aparte del viento sinóptico, es decir, el generado por la situación meteorológica general, existen vientos locales clave para entender el comportamiento del fuego:

Vientos de ladera: ascendentes durante el día, descendentes por la noche.

Vientos de valle: más intensos que los de ladera; ascendentes de día, descendentes de noche.

Brisas de mar/tierra: pueden combinarse con los anteriores y reforzar los vientos ascendentes en las horas centrales del día.

También hay que tener en cuenta que el relieve puede canalizar el viento (efecto "cañón" o "chimenea" en collados y barrancos estrechos) o generar turbulencias.

Velocidad del viento

Por encima de ciertos umbrales, hablamos de peligro extremo (según la "regla del 30" que emplean los bomberos españoles, este límite se sitúa en 30 km/h, junto con temperatura superior a 30 ºC y humedad relativa inferior a 30%). El viento fuerte también es el principal responsable de que las columnas convectivas —la masa de humo, gases calientes y partículas que un incendio empuja hacia arriba, a veces hasta varios kilómetros de altura— se "desplomen" y generen rachas erráticas durante los incendios más extremos.

El incendio de Ávila, el mayor de la historia de España

Pendiente de la montaña

Es el factor topográfico más importante. El fuego precalienta la vegetación situada ladera arriba (por radiación y convección), por lo que avanza mucho más rápido cuesta arriba que en llano. El fuego también puede avanzar ladera abajo, y entonces el avance es más lento.

Además, los barrancos y cañones de fuerte pendiente actúan como chimeneas que aceleran enormemente el fuego.

Orientación:

La orientación de las laderas determina también el comportamiento, la propagación y la intensidad de los incendios forestales debido a las diferencias en radiación solar, vegetación y humedad.

Solana (sur/suroeste): más insolación, más temperatura, menos humedad relativa y combustible más seco (aunque a veces menos denso). Facilita la propagación.

Umbría (norte): más húmeda y fresca en condiciones normales, pero en sequías extremas puede acumular más carga de combustible, lo que dispara la intensidad si acaba ardiendo.

Laderas orientadas al este se calientan pronto y se enfrían antes; las de oeste se calientan más tarde, lo que desplaza el momento de mayor peligro a lo largo del día. La orientación también condiciona los vientos de ladera: son más intensos e incluso turbulentos en solana.

Se trata, en todo caso, de tendencias generales: la pendiente, el tipo de vegetación concreta o la situación sinóptica dominante en cada momento pueden modular estos patrones, e incluso invertirlos. La situación sinóptica hace referencia al patrón de altas y bajas presiones a gran escala, que a veces impone vientos fuertes capaces de anular el efecto de la orientación de la ladera.

Tipos de vegetación:

La vegetación influye directamente en los incendios al actuar como el combustible que determina la velocidad, la intensidad y la dificultad para apagar el fuego.

Cantidad, densidad y "arquitectura" del combustible (matorral bajo, sotobosque, copas) determinan si el fuego se queda a ras de suelo o salta a las copas de los árboles, mucho más rápido e incontrolable.

Las repoblaciones de especies de crecimiento rápido de hace décadas, como los pinares y los eucaliptales, presentan alta inflamabilidad por su resina o su contenido en aceites, y forman parte del problema estructural en España.

También es muy importante la biomasa muerta acumulada en el suelo (intensificada por sequías, plagas, falta de gestión...), que arde con mucha más facilidad que la vegetación viva.

Humedad:

La humedad del combustible y la humedad relativa del aire son dos factores ambientales críticos en un incendio, ya que controlan directamente la capacidad del fuego para encenderse, propagarse y liberar energía. Ambos factores están estrechamente relacionados:

Humedad del combustible: cuanto más seco (por sequía, altas temperaturas, orientación solana), antes se enciende y más energía libera.

Humedad relativa del aire: por debajo del 30% se considera zona de peligro y favorece la aparición de focos secundarios por pavesas.

Regla del 30: La regla del 30 es el indicador meteorológico clásico que los bomberos españoles utilizan para predecir cuándo la atmósfera y el terreno se combinan para crear el peor escenario posible: un incendio de comportamiento extremo: temperatura mayor de 30 ºC + humedad relativa menor de 30% + viento superior a 30 km/h.

Temperatura:

Más calor implica mayor intensidad de combustión y mayor desecación previa de la vegetación. Las olas de calor prolongadas son señaladas como uno de los grandes factores detrás de los incendios más virulentos de los últimos veranos.

Continuidad del combustible:

El abandono rural (menos pastoreo, menos agricultura, menos aprovechamiento de leña) ha hecho desaparecer el paisaje en mosaico (campos y bosque) que antes actuaba como cortafuegos natural. Esto se ha traducido en masas forestales más densas, continuas y homogéneas, sin discontinuidades que frenen el avance del fuego. Además, hay que tener en cuenta la continuidad vertical (matorral-arbolado), que permite que el fuego pase con mayor facilidad de la superficie a las copas de los árboles.

Fernando Pulido, catedrático de la Universidad de Extremadura y coordinador del Proyecto MOSAICO, advierte de que el problema se agrava año tras año por la acumulación constante de combustible. "Estaremos peor cada año porque hay un factor que se suele ignorar y es que todos los años se incrementa, aunque sea un pequeño porcentaje: la cantidad de combustible disponible, en torno al 1% o 2% de la superficie que puede arder. Por tanto, cada año estaremos peor y las medidas que se puedan eventualmente tomar se aplicarán sobre una superficie cada vez más grande y más peligrosa", asegura en el programa Las mañanas de RNE.

Pulido añade que España sigue centrando buena parte de sus esfuerzos en apagar incendios, pero no en atacar directamente la base del problema. "Hacemos inversiones desbocadas en materia de extinción, pero en España apenas se hace prevención. Hacer prevención significa no solo dedicar un presupuesto bastante magro al control del combustible, sino incorporar actividades productivas como la agricultura, la ganadería o la gestión forestal para generar un paisaje menos peligroso", opina.

Fernando Pulido, experto en incendios: "En España apenas se hace prevención"

Interfaz urbano-forestal:

La existencia de viviendas dispersas dentro o junto al monte es escenario más crítico para los servicios de extinción, ya que en este caso entran en juego las vidas humanas. Al aumentar el riesgo para las personas, obliga a priorizar la defensa de casas sobre la extinción del monte propiamente dicha, además de aportar combustibles añadidos, como jardines, gasolina, vehículos, materiales de construcción...

En este sentido, el portavoz del Colegio de Ingenieros de Montes, David Álvarez, asegura que "tradicionalmente solo nos acordamos de los bosques en verano y porque se queman. El abandono de los entornos rurales de los últimos 40 años está haciendo que tengamos un incremento notable de vegetación en torno a los municipios, cosa que antes no sucedía". "No se trata solo de cómo podemos extinguir los incendios, sino de que cambiemos completamente nuestra mentalidad en relación con las masas forestales, no solo con los incendios. Las masas forestales o los ecosistemas son la base de nuestro bienestar y de nuestra economía", comenta este experto en los micrófonos de RNE.

Cambio climático:

El calentamiento global es otro de las variables más importantes que están contribuyendo a que los incendios sean cada vez más devastadores, pero hay que tener en cuenta de que se trata de un factor estructural, no una causa directa. Dicho de otra manera, no provoca la ignición (el 96% de los incendios en España tienen origen humano), pero crea las condiciones que favorecen que un fuego pequeño pueda escalar a proporciones mucho mayores: más calor, sequías más largas y frecuentes...

El experto en incendios forestales Fernando Pulido insiste en que este fenómeno debe analizarse junto al abandono del medio rural. "Paralelamente a la emergencia climática existe una emergencia rural. Tenemos en el campo la mitad o menos de la población agraria que antes controlaba el combustible y generaba paisajes en mosaico mucho más seguros. Eso unido a la emergencia climática provoca la situación que tenemos ahora y que no va a hacer más que agravarse si no actuamos sobre ambos factores", señala.