El examen en las urnas de los ultras Le Pen y Farage: que te juzgue el pueblo y no la ley
- Le Pen ha anunciado que se presentará a las presidenciales en Francia tras ver reducida su condena
- Farage ha dimitido como diputado, pero se postula como candidato en las by-elections
Los paralelismos entre los recientes casos de la ultraderechista francesa Marine Le Pen y el populista británico Nigel Farage son notorios. El pasado martes, ambos dieron un paso hacia delante en sus carreras políticas y anunciaron su intención de presentarse a procesos electorales, mientras están acorralados por sendos casos de corrupción.
En el caso de Le Pen, la líder del partido de extrema derecha Reagrupación Nacional (RN) anunció que se presentaría a las elecciones presidenciales de 2027, horas después de que el Tribunal de Apelación rebajase su sentencia por malversación de fondos del Parlamento Europeo. Su condena fue reducida a tres años de prisión (dos años suspendidos y uno con control electrónico) y a 45 meses de inhabilitación, solo 15 de ellos firmes, junto a un pago obligatorio de 100.000 euros. Al ser condenada en primera instancia en marzo de 2025, estos meses de inhabilitación ya han sido cumplidos, lo que le permitirá presentarse como candidata a la presidencia.
Unas horas antes, Farage comunicaba a través de un vídeo que renunciaba a su escaño como diputado en el Parlamento británico, con la intención de provocar unas elecciones parciales (by-election) en su circunscripción, Clacton-on-Sea, a las que se presentará para ser reelegido y, si todo sale como él planea, salir reforzado con el aval de las urnas. Esta decisión estratégica del político, conocido por su papel en el Brexit, le permite presentarse en rebeldía frente al "establishment liberal", como él lo denomina, después de las últimas investigaciones del medio The Sunday Times sobre sus finanzas. Concretamente, este periódico publicó que el líder de Reform UK no había declarado ante el Parlamento las donaciones recibidas de George Cottrell, un aristócrata británico condenado en Estados Unidos en 2017 a ocho meses de prisión por fraude electrónico.
Idiomas, países y agrupaciones diferentes, pero un mismo mensaje. En ambos casos, el líder y cara visible de un proyecto político ultranacionalista aprovechaba las acusaciones de corrupción como una estrategia. El símbolo del mártir, perseguido por la justicia y los procesos penales, como carta de presentación de cara al proceso electoral y como estrategia para movilizar al pueblo.
Los procesos judiciales como arma electoral
"No he hecho nada malo", decía Farage en su declaración grabada. Era la vez en que el euroescéptico se mostraba más serio y contrariado públicamente, y él mismo lo manifestaba: "Nunca he estado tan enfadado", decía, denunciando el trato que había recibido por parte de la prensa. Concretamente, señaló al periódico The Times por haber filtrado la ubicación de una de sus hijas. Es cierto que The Times publicó una fotografía de una casa en la que supuestamente reside la hija de Farage, pero la propiedad, que pertenece a Farage, fue identificada únicamente como situada en un «pueblo de Kent», y los datos de la placa con la dirección aparecían difuminados.
El británico mostró su dimisión y consiguiente candidatura a la elección parcial de Clacton-on-Sea como una forma de hacer "una peineta" al sistema.
Un cartel con la imagen del líder de Reform UK, Nigel Farage, se exhibe durante una protesta frente al Parlamento en Londres Andy Rain / EPA
Tras esta renuncia, la investigación que la comisión parlamentaria de normas estaba llevando a cabo, en relación a los supuestos cinco millones no declarados, queda paralizada hasta las elecciones, aunque podría ser reactivada más adelante. Según Farage, esta comisión era una "herramienta política" de quienes temen la amenaza electoral que representa.
"La victimización de los líderes de ultraderecha no es ninguna novedad", explica Steven Forti, analista político y profesor de Historia en la Universidad Autónoma de Barcelona. "Ahora lo vemos en relación a la idea de estar supuestamente 'acorralados' por el Estado profundo o el 'globalismo', pero han utilizado esta estrategia desde sus inicios".
Sin embargo, para el experto en movimientos de extrema derecha, esta estrategia de mostrarse como una "alternativa combativa al sistema" adquiere mayor dificultad de mantenerse cuando estas fuerzas populistas empiezan a ocupar gobiernos, como es el caso de los Hermanos de Italia de Giorgia Meloni. Aun así, como ocurre con el presidente estadounidense, Donald Trump, logran mantener este discurso.
De forma similar, Geert Wilders, el líder del la agrupación ultra Partido Holandés por la Libertad, se ha defendido de los procedimientos contra él por discursos de odio, alegando que suponen una ataque a su libertad de expresión y a la "disidencia política".
Según Guillermo Fernández Vázquez, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid y especialista en derechas radicales europeas, este tipo de investigaciones pesan especialmente sobre candidatos cuyo alegato principal es el "antiestablishment", ya que permite a los ciudadanos argumentar: "Ustedes son, básicamente, lo de siempre".
"Que el pueblo juzgue mis acciones"
Tanto el británico como la francesa enfatizaron en sus mensajes que querían que fuese "el pueblo" quien juzgase sus acciones. Le Pen puntualizó que estaba satisfecha con la reducción de su sentencia, ya que se permitiría a los franceses votar libremente. Su discurso iba en la línea del fallo que había redactado el Tribunal de Apelación, que justificó la rebaja de la pena a la política como una forma de "no desequilibrar el derecho de sufragio pasivo a los electores que quisieran votarla". Además, la institución judicial consideraba que el año y medio de inhabilitación desde marzo de 2025 ya había reparado suficientemente el daño provocado a la integridad de la vida pública.
"Los franceses tendrán la última palabra", culminó en la entrevista. Farage también otorgó ese poder a los electores: "Los habitantes de Clacton deben ser quienes juzguen mis acciones". Una forma de hacer ver que si el pueblo le otorgara confianza en las urnas, eso llevaría a una amnistía moral.
"La extrema derecha cuestiona que existan organismos independientes y procedimientos establecidos, mientras presenta la voluntad popular como el único criterio legítimo", afirma Forti. "Hablan de la volonté générale du peuple, la voluntad general del pueblo, como diría Rousseau, el discurso populista por excelencia".
Para el analista, aunque pueda parecer contradictorio a simple vista, este tipo de discursos combinan un malestar con las reglas del juego de la democracia representativa con una retórica de "devolver la voz al pueblo": "Lo hacen presentándose como más democráticos, argumentando que existe un Estado profundo que impide que los ciudadanos ejerzan realmente su soberanía", argumenta. La propia Le Pen, durante la campaña para las elecciones de 2017, las cuales perdió en segunda vuelta contra Emmanuel Macron, se autodefinía como la "candidata del pueblo".
¿Qué les espera a Le Pen y Farage? Consecuencias judiciales
Por ahora, es difícil saber si esta estrategia surtirá efecto a ambos candidatos de cara a las elecciones. Respecto al líder de Reform UK, por el momento los principales partidos británicos han confirmado que no presentarán candidatos a los comicios de Clacton, al sur de Inglaterra. Ya lo han anunciado el Conservador, Laborista, Liberal Demócrata y el Verde. Según estas agrupaciones, estas by-elections no son más que un montaje para beneficio del líder populista.
Por ende, todo parece indicar que Farage solo se enfrentará en la contienda, que se espera para el 6 o el 13 de agosto, a Count Binface, el Conde de cara de papelera. Un candidato satírico que porta en la cabeza un gran casco con forma de contenedor.
Por lo tanto, la batalla de Reform UK contra el establishment se convertirá en un duelo entre la derecha populista y un hombre disfrazado de cubo de basura.
Mientras tanto, el futuro de Le Pen es aparentemente optimista. Con Macron fuera del mapa, que ha alcanzado los dos mandatos máximos permitidos, parte como favorita en los sondeos de intención de voto, con un 34% de apoyo de los franceses. Jordan Bardella, el joven presidente de Reagrupación Nacional, hará campaña a su lado y sería su primer ministro en caso de que alcancen el Elíseo. Guillermo Fernández considera a Bardella como un rostro favorable, más "desdemonizado" que Le Pen, gracias a sus relaciones con la élite económica y su doctrina más neoliberal.
Jordan Bardella, presidente del partido de extrema derecha Agrupación Nacional, y la líder de la extrema derecha Marine Le Pen en un mitin en Liévin Jean-Francois Badias Jean-Francois Badias
Sin embargo, Fernández considera que la reducción de su sentencia va a impedir, en cierto modo, que la hija del difunto ultraderechista Jean-Marie Le Pen pueda desarrollar un discurso victimista: "Marine contaba con poder decir que los jueces la habían apartado y que había sido víctima de un control judicial. Ahora, a sus rivales les será más fácil atacarla y minimiza sus opciones para hacer demagogia".
El fallo de apelación contemplaba, además de la inhabilitación, un año obligatorio con tobillera electrónica. Antes de saber esta sentencia, Le Pen había asegurado que "no haría campaña si se veía forzada a llevar ese artilugio: "En Francia, la figura del presidente de la República es casi sagrada. "Que una persona condenada y con un brazalete presidiera el país puede tener un peso contradictorio para ella", matiza Fernández. Es por ello que la ultraderechista ha anunciado que va a recurrir en última instancia a la Corte de Casación, equivalente al Tribunal Supremo de España, para "agotar todas las vías legales". Esto le permitiría no portar la tobillera hasta que Casación emitiese su propio fallo.
Para Forti, los casos de corrupción tienen cada vez "un peso electoral más relativo" en los países occidentales: "También depende del caso", puntualiza. "En el caso de Le Pen, donde se ha establecido que se utilizaron fondos europeos para fines distintos de aquellos a los que estaban destinados, es posible que una parte importante del electorado no lo perciba como algo especialmente grave, que consideren que simplemente los fondos se utilizaron para otra finalidad". El caso de Farage, no obstante, es distinto: "Ahí hablamos de donaciones millonarias, existe un componente de enriquecimiento electoral que sí puede hacer daño políticamente".
Sin embargo, tanto Reform UK como RN poseen una base de votas muy sólida. Curioso es el caso de los británicos que, a pesar de solo contar con 4 escaños en el Parlamento británico, vienen de haber arrasado en las municipales de junio, donde obtuvieron más 1.450 concejales y lograron ser primera fuerza en 15 municipios. Desde hace más de un año, el partido lidera los sondeos de intención de voto, llegando a superar el 30%: "Esa base no se va a evaporar en ninguno de los dos casos a pesar de los escándalos", aclara Fernández. "Lo que sí es posible es que pongan freno a su crecimiento".
El futuro de la extrema derecha y la derecha tradicional
Si bien es cierto que la ultraderecha europea atraviesa un buen estado de forma, existen excepciones, como la estrepitosa debacle electoral del partido húngaro Fidesz en abril, que provocó la salida Viktor Orbán del gobierno 16 años después. Otro ejemplo claro es la derrota que sufrió Meloni a finales de marzo, cuando ganó el "no" en el referéndum que suponía la implantación de su polémica reforma judicial.
A pesar de estas fluctuaciones particulares, Fernández considera que la situación de la derecha radical es "tan buena" que está "poniendo en peligro, hasta cierto punto, a la derecha moderada": "En varios países, como Italia o Francia, la extrema derecha ya es más fuerte electoralmente que la derecha democristiana. Además, en los países en los que no pasa esto, la ultraderecha gana en el plano de las ideas". Pone como ejemplo el caso particular de Alemania, donde la CDU, principal partido de la derecha tradicional europea, se está viendo sobrepasada en las encuestas por la AfD.
"Evitaría decir que la extrema derecha sube constantemente, no es verdad", aclara. "Lo que sí puede decirse es que actualmente es la principal familia político-ideológica del mundo. Gobierna en países muy importantes y disponen de una enorme conexión internacional".
"El techo electoral de la ultraderecha depende de muchos factores: del sistema, de la coyuntura política, o de lo que hagan el resto de actores", señala Forti. "Si la derecha tradicional continúa debilitándose, estos partidos crecerán todavía más porque absorberán una parte importante de un electorado que difícilmente votará a la izquierda. Pero también puede ocurrir lo contrario si cometen errores. Si no, parecería que la historia ya está escrita y no es así".
En unas pocas semanas, Reform UK recibió una de cal y otra de arena: si bien obtuvo unos buenos resultados en las municipales, pocas semanas después se vio superada en la elección parcial de Makerfield por el laborista Andy Burnham, el exalcalde de Manchester que se presentó para obtener un escaño en el parlamento y poder destronar al ya dimitido primer ministro Keir Starmer: "Sí, la extrema derecha goza de un excelente estado de salud. Tiene posibilidades de seguir creciendo, pero al mismo tiempo, también sufre derrotas importantes", concluye Forti. "En definitiva, todavía está todo por jugar".