Romper el armario "a lo bestia" tras una relación hetero y la paternidad: "Escogí el camino de ser yo mismo"
- La asociación Hombres 3-H es la primera formación de homosexuales con hijos de una relación hetero
- Quienes lo han vivido cuentan que fueron homófobos consigo mismos antes de abrazar su condición
Cuando Pedro García se casó en el año 1999, lo hizo estando dentro del armario. Si bien en su juventud había tenido encuentros esporádicos con algún hombre, conoció a su exmujer y ambos contrajeron matrimonio y estuvieron casados cinco años. Durante ese tiempo nacieron sus dos hijos, él ya tenía dudas y una situación familiar previa que le atenazaba: su padre era guardia civil. Pero en 2004 decidió romper con todo y divorciarse.
Así fue cómo este empleado público, afincado en Huelva, salió del armario con su familia para ser por fin él mismo. "A mí me costó mucho interiorizarme y crecer como persona homosexual", reconoce. Vivía con pensamientos impregnados de homofobia, por lo que constantemente intentaba encajar en la "normalidad establecida". La homosexualidad era, en su entorno pero también en su mente, algo "deficitario", "extraño" y "pecaminoso".
“El argumento que socialmente tenía más fuerza es que ella era la víctima del divorcio porque su marido era maricón“
Desechó aquella idea cuando decidió salir del armario. "Escogí el camino de ser yo mismo sin saber muy bien lo que eso significaba. Un camino en el que no sintiera una barrera en la relación con los demás", admite. Sin embargo, esta elección le convirtió, a juicio del resto, en el culpable de su ruptura matrimonial: "El argumento que socialmente tenía más fuerza es que ella era la víctima del divorcio porque su marido era maricón".
El referirse a sí mismo como persona homosexual también cambió la relación con sus hijos. A su hija no le importaba mientras no se hablara sobre ello, pero su hijo lo llevaba regular. "A los varones les afecta mucho la homofobia porque se piensa que si tu padre es gay, tú también vas a serlo", justifica. Con el paso del tiempo, el vínculo con su hijo se reforzó y está afianzado en el presente, lo que a García le hace sentir pleno.
Aunque esa estabilidad también viene dada por su romance actual. A sus 58 años, este andaluz convive con su pareja. Su vínculo comenzó hace dos años. Hasta entonces, las relaciones que Pedro entablaba eran más bien puntuales y los noviazgos, perecederos. El amor ha vuelto a instalarse en su vida veinte años después. "Es una relación que me compensa todo el devenir que he vivido hasta llegar donde estoy", reconoce.
Hay cientos de hombres con la misma situación que García. Algunos todavía permanecen en el ámbito familiar, paralizados por sus pensamientos homófobos, mientras que otros deciden dar un paso al frente y salir del armario. Son, a ojos de una buena parte del colectivo, los "casados". Los ven como promiscuos, hipócritas y cobardes. Ellos, sin embargo, prefieren llamarse hombres 3-H.
"Rompí el armario a lo bestia"
Los hombres 3-H son homosexuales con hijos de una relación hetero. Este término lo acuñó Bernardo Ruiz, uno de los fundadores de la asociación Hombres 3-H, la primera que pone el foco en este grupo de personas. Es un lugar para hacer amistades, pero también hay reuniones con fines terapéuticos para escucharse y comprenderse.
La salida del armario de este profesor de secundaria brotó de una crisis con su expareja. Cuando la relación se enfrió y esa quiebra surgió, Ruiz encontró el momento de plantearse la posibilidad de lo que él, hasta entonces, consideraba una mera inquietud. Las fantasías, aquellos sueños en los que el protagonista era un hombre, siempre rondaban por su cabeza.
Tras el divorcio, llegó la experimentación: "Rompí el armario a lo bestia". Estas seis palabras bastan al sevillano para describir cómo fue el nuevo capítulo de su vida. Empezó a moverse en un nuevo ambiente, a tener relaciones esporádicas y romances pasajeros con otros hombres.
Bernardo Ruiz es un hombre 3-H, homosexuales con hijos de una relación hetero B. RUIZ
Y aunque su vida tomara un nuevo rumbo, sus círculos se mantuvieron. También el vínculo con su hija, con la que a día de hoy mantiene una buena relación. Cuando ella era pequeña, Ruiz optó por normalizar las relaciones de pareja con otros hombres para que así ella lo entendiera.
En su presente, este sevillano se siente finalmente en paz. "Lo que me ocurrió fue lo mejor que me podría haber pasado", asegura. "Estoy muy feliz de haber tenido una relación hetero, de haber sido padre y de ser gay", añade. Y si se hubiera permitido antes ser quien ahora es, es más que probable que su vida hubiera sido diferente. Tal vez ni mejor ni peor, simplemente diferente.
"Quería terminar con todo"
Tan diferente como sería la de Federico Armenteros, que de ese modo no habría llegado a fundar una de las asociaciones LGTBIQ+ más importantes de España: la Fundación 26 de diciembre, centrada en las personas mayores pertenecientes al colectivo. Unas personas que, en su época, eran vistas como enfermas, infractoras y peligrosas y terminaban en cárceles o psiquiátricos. No había referentes en los que fijarse. La del colectivo LGTBIQ+ era una realidad silenciada.
Federico Armenteros es el presidente de la fundación 26 de diciembre F. ARMENTERO
Por eso personas como este madrileño buscaban camuflarse y encajar en la sociedad. Sus dudas se incrementaron una noche en la que estuvo en una discoteca con un grupo de compañeros: "Se me acercó una de las monitoras, me chupó el cuello y me empalmé. Eso fue lo que a mí me descolocó, fue esa homofobia interiorizada la que me dijo: '¿Ves? Ya no estás enfermo. Te has curado'".
Convivió durante años con esa ambigüedad. Hizo un viaje a Galicia con un compañero por el que se sentía atraído. Juntos abrieron una pequeña escuela en la que ayudaban a la población más vulnerable. "Una monja se enamoró de mi amigo y me quitó rápidamente de en medio. Me dijo que, a su vez, tenía una amiga muy maja: acabó siendo mi exmujer", relata. Armenteros no tardó mucho en enamorarse de ella porque tenía unos valores similares a los suyos y vio en ella la solución para encajar en la sociedad. Estuvieron casados 12 años y de aquella relación nació su hija, lo que a día de hoy considera lo mejor de su existencia.
No obstante, aquella vida no le satisfacía: "Me venían a la mente muchas ideas suicidas. Quería terminar con todo". Su hija fue la que le salvó de aquella vorágine de negación y tristeza porque odiaba la idea de dejarla sola en un mundo infeliz y enfermo. Con la ayuda de su exmujer, fue a una psicóloga que supuso un antes y un después en su vida. "Ella me preguntó por qué odiaba a los homosexuales. Ahí me dejó tirado: no supe qué responder y me fui de la sesión", cuenta. "Volví en coche y mi cabeza decía todo el rato: '¿Qué te ha querido decir?'. Entonces me lo dije: 'Eres gay'", añade.
Aquella fue la primera vez en la que Armenteros se identificó con lo que ahora es y con lo que siempre había sido. Tras la salida del armario, se puso en la piel de su exmujer. "¿Cómo iba a dejar tirada a la madre de mi hija, que ha dado durante tanto tiempo sentido a mi vida?", pensaba entonces. Pero pese al divorcio, las cosas fueron bien y a día de hoy considera que la familia de su exmujer es todavía la suya y viceversa. Además, descubrió un mundo diferente que fortaleció su autoestima y se convirtió, dice, en "objeto de deseo" para muchas personas del colectivo.
A sus 66 años, el presidente de la fundación 26 de diciembre está casado con un hombre al que conoció en un ambiente gay hace dos décadas. Se enamoró perdidamente de él. Y aunque su segundo amor fuese tardío, este madrileño tiene claro que no cambiaría nada del proceso. Al fin y al cabo, cuando salió del armario que Bernardo Ruiz había "roto a lo bestia", cuando fue "por fin él" como Pedro García había dicho sobre sí mismo, Federico Armenteros encontró el sentido a todo. Porque en aquel instante, en las dos palabras que marcan un antes y un después en cualquier relación, en ese 'Soy gay' que se dice a la familia y a los amigos, Armenteros volvió a la vida.