Desde Cuba, hasta Nicaragua o El Salvador: la América Latina que se cuenta desde el exilio
- RTVE habla con periodistas de Nicaragua, Cuba, Venezuela y El Salvador que huyeron de sus países
- Con el deseo de volver como telón de fondo, enfrentan el reto de contar un territorio en el que no están
En abril de 2018, el periodista nicaragüense Miguel Ángel Gaona fue asesinado en la localidad de Bluefields mientras retransmitía en directo las protestas callejeras que recorrían el país. "Ahí comenzamos a darnos cuenta de que estábamos en alto riesgo", recuerda la periodista nicaragüense Maryorit Guevara, que meses más tarde abandonaría su país para ejercer su trabajo sin miedo a morir en el intento.
Nicaragua forma parte —junto a Cuba, El Salvador o Venezuela— de una Latinoamérica que, mayoritariamente, se cuenta desde el exilio. "Tras el asesinato de Gaona, fue el incendio de Radio Darío; la persecución de periodistas independientes con amenazas, agresiones y turbas; la retención del papel para el diario La Prensa, el asalto a El Confidencial", relata la periodista, creador del medio La Lupa, a RTVE Noticias.
"Lo que me terminó de convencer fue el encarcelamiento de Lucía Pineda y Miguel Mora", otros dos compañeros periodistas, en diciembre de ese año, recuerda Maryórit, que ahora desempeña su oficio en suelo español. Antes, el régimen de Daniel Ortega, que volvió al poder en 2007, y Rosario Murillo fue dando "señales" y tuvo a la prensa en el punto de mira.
La represión, estrategia central del régimen
Según un informe elaborado por 'Las Exiliadas Nicas' y Reporteros Sin Fronteras (RSF), en las dos últimas décadas al menos 61 medios nicaragüenses se han visto obligados a cerrar y hasta 26 redacciones operan desde el extranjero, en países como Costa Rica, Estados Unidos o España. Asimismo, más de 300 periodistas han tenido que exiliarse y una veintena ha perdido la nacionalidad.
Se "silenciaron las voces de periodistas independientes", con la estrategia conocida como "comunicación contaminada", recuerda Guevara, una campaña lanzada por Murillo que supuso la centralización del discurso mediático y obstáculos para el oficio. "En diciembre de 2018, había sufrido varias amenazas y habían expuesto mi dirección. Me vi sola con mi hijo en una situación de riesgo y decidí salir", lamenta la periodista.
Nicaragua ocupa el puesto 168 de un total de 180 países en la Clasificación Mundial de Libertad de Prensa 2026 que elabora anualmente RSF. También a la cola entre los territorios con menos libertad de prensa están Cuba (160), Venezuela (159) o El Salvador (143).
"Cuando eres crítico, empiezas a recibir atención"
José Jasán Nieves, editor general del medio cubano El Toque, salió de su Cuba natal en 2019. Acostumbrado a vivir bajo vigilancia, vio cómo aumentó "la presión y el acoso" hacia él y su esposa y decidió dar el paso. "Habíamos experimentado detenciones domiciliarias, detenciones en cobertura... y teníamos dos hijos pequeños", relata a RTVE Noticias.
En Cuba, desde que uno empieza a "manifestar opiniones críticas" al régimen castrista, que controla el país desde el 1959, "empieza a recibir atención por parte de agentes asignados" por el Gobierno. En cada medio, sabían quién era el enviado que seguía los pasos a cada periodista, siempre al acecho. Y esa vigilancia a veces se traducía en interrogatorios improvisados.
"Ahí comienza un juego pasivo-agresivo, en el que te amenazan con las consecuencias legales de tu actividad, que está prohibida, porque todo está prohibido si está fuera del control del Partido Comunista", asegura. "Apelan a tu inteligencia, te recomiendan tomar el camino del exilio o dejar de hacer lo que haces [...], te hablan de consecuencias para tu familia", cuenta José Jasán. "Otros periodistas han documentado torturas, como dejarles en una patrulla policial al sol", relata.
RSF ha advertido de que Cuba es el peor país de América Latina en materia de libertad de prensa. Según la Constitución cubana, los medios son propiedad del Estado, y cualquier ejercicio del oficio más allá de la prensa oficial, es clandestino. Aunque desde 2021 los medios independientes vivieron una "breve primavera", la represión se ha recrudecido en los últimos tiempos.
Represalias también en el exilio
Nerio Fuenmayor salió de Venezuela en 2016, cansado de los obstáculos constantes que encontraba al hacer su trabajo. "Había una orden muy directa de la Gerencia de Información de que ningún noticiero comenzaba hablando de la oposición. Siempre había que hacerlo a favor del Gobierno", expone a RTVE Noticias. Pero "un día no había nada con que abrir y arrancamos con una denuncia de Lilian Tintori (mujer del opositor Leopoldo López)", continúa.
Acto seguido, recuerda, "aparecieron pidiendo explicaciones y acusándome de infinidad de cosas". Ese día, en las oficinas del medio en el que trabajaba, revisaron su teléfono en busca de vínculos con la oposición que pudieran considerar una traición al régimen y, cuando volvía a casa, fue detenido por el Servicio de Inteligencia Militar con la intención de "verificar información sobre su trabajo".
"Revisaron mi ordenador y mis documentos y quisieron dejarme detenido. Sin embargo, en ese momento, una persona con la que había trabajado en el pasado, que había sido diputado en la Asamblea Nacional, intervino", relata el periodista. Los agentes y aquel conocido le recomendaron dejar de hacer su trabajo o salir del país, así que, antes de asentarse definitivamente en Estados Unidos, Nerio Fuenmayor se "autoexilió" en Chile.
Su salida, sin embargo, no frenó la persecución; porque los periodistas se van, pero en la mayoría de casos dejan atrás a familiares o amigos a los que sus Gobiernos sí tienen acceso. Desde EE.UU., trabajando con EVTV Miami, Nerio Fuenmayor fue una de las caras visibles de la cobertura de las elecciones de 2024 en Venezuela y su familia pagó el precio.
"Buscaron a mi madre a su casa, se la llevaron para "realizar investigaciones" y tuve que pagar una recompensa para que la liberaran y para evitar que la acusaran de traición a la patria", relata. Fue ahí cuando decidió apartarse del foco y dedicarse durante un tiempo a tareas de producción. Ahora trabaja para Telemundo y, aunque sigue informando de la situación política en sus redes sociales, cubre principalmente otras informaciones.
El régimen de Nicolás Maduro ha controlado durante años la información en Venezuela, con restricciones al ejercicio periodístico y al acceso a la información. Pese a que a principios de año el país puso en libertad a cerca de una veintena de periodistas, los impedimentos se agravaron desde la intervención militar estadounidense que derrocó a Maduro e impuso a Delcy Rodríguez como presidenta.
Países "sin garantías" para ejercer el periodismo
La historia se repite en El Salvador. Allí, el encarcelamiento de la activista Ruth López en mayo de 2025 fue para muchos informadores la señal definitiva para escoger la vía del exilio. "Entendimos que ya no existían las condiciones ni las garantías para ejercer el periodismo, ni para la defensa de los derechos humanos", recuerda la periodista Victoria Delgado, jefa de contenido digital del diario salvadoreño El Faro.
En aquel momento, el diario había sacado a la luz dos entrevistas a exlíderes pandilleros que hablaron de los pactos alcanzados con el ahora presidente, Nayib Bukele, que defiende que el fin de la violencia en su país solo se debe a su política de mano dura. "El acecho al periódico se intensificó", asegura la periodista, que salió del país el 3 de junio para asistir a un taller en Costa Rica, pero nunca regresó.
Junto a ella, otros compañeros que se encontraban fuera en una de las llamadas "salidas preventivas", que realizaban cuando estaban a punto de publicar un tema "complicado", tampoco volvieron. "Sé que hay ojos puestos sobre mí, así que he decidido no regresar", explica Victoria Delgado, que prefiere no compartir su actual lugar de residencia. En este momento, toda la plantilla de El Faro está fuera del país sobre el que informan.
Antes de convertirse en presidente Bukele alababa la labor de los mismos periodistas a los que ahora ataca y persigue. En los últimos meses del 2025, la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) y la Asociación Salvadoreña de Radiodifusión Participativa (ARPAS), documentaron al menos 53 casos de salidas forzadas de periodistas salvadoreños, en un exilio que afecta sobre todo al periodismo independiente.
En 2024 se registraron 467 agresiones a periodistas y en 2025 426. "Solo son menos porque hay menos compañeros sobre el terreno", sostiene Victoria Delgado, que lamenta que el discurso lanzado desde el Ejecutivo contra la prensa se traslada al resto de órganos del poder en El Salvador y "permea en la población, que desarrolla cierta apatía a informarse". Pese a sus medidas autoritarias, Bukele es el líder mejor valorado de toda Latinoamérica.
Un reto diario y un compromiso con su país
Toda la redacción de El Toque acabó abandonando el país, aunque tienen informadores sobre el terreno, con el riesgo que eso supone. Su app y su sitio web están bloqueados, pero los cubanos siguen siendo su público mayoritario. "Están muy entrenados en hacerle bypass a la censura", explica Jasán Nieves.
El diario publica todos los días el valor de las divisas en el mercado informal cubano, que la población del país lleva años tomando como referencia para el cambio. Siguen siendo un referente informativo, pero Jasán Nieves asegura que su trabajo "es un reto" ya que "nuestra mente está en un lugar y nuestro cuerpo en otro" y, desde la distancia, subraya la importancia de escuchar a quienes siguen allí para contar esa realidad.
El eventual regreso a su país lo ve como "un enorme signo de interrogación". "Para que los periodistas en el exilio regresen, tiene que dejar de existir el aparato de la seguridad del Estado y el mecanismo represivo que tiene el régimen", dice.
"Más allá de que ahora sea cauteloso, contar la realidad venezolana desde el exilio es para mí un compromiso como venezolano", asegura Nerio Fuenmayor, que también persigue el objetivo de volver a su país natal. "Pero quiero volver a una Venezuela donde realmente puedas opinar, expresarte libremente sin que eso ponga en peligro tu seguridad", afirma.
Maryorit Guevara no volverá a Nicaragua si no se cumplen "unas condiciones mínimas", aunque subraya lo difícil que resulta hacer periodismo desde lejos. "Hay demasiados obstáculos, como la precarización, la carga emocional, las trabas burocráticas. Homologar tus estudios, perder el estatus que teníamos, empezar de cero, sin redes y, en muchos casos, sosteniendo a la familia que vino y a la que se quedó allí", explica la periodista.
"Es muy duro pensar en el regreso porque no lo veo cercano. Creo que nos falta mucho por recorrer y se siente que el túnel es cada vez más largo", lamenta Victoria Delgado. Sin embargo, "a la mínima posibilidad de tener al menos un juicio justo, muchos periodistas estaríamos dispuestos a regresar a El Salvador", asegura. Como el resto, no ve la hora de poder volver a contar su país desde dentro.