Contar Nicaragua desde el exilio: más de 300 periodistas huyen del país en dos décadas
- Más de 60 medios han cerrado y 26 redacciones operan desde el exterior, según un informe
- Periodistas exiliados narran en primera persona historias de represión pero también de "resistencia"
Maryorit Guevara trabajaba como periodista en Nicaragua, para un medio percibido como incómodo para el régimen compartido entre Ricardo Ortega y Rosario Murillo. En diciembre de 2024, con un niño de cinco años, tras haber recibido amenazas de muerte y ver la dirección de su casa publicada en redes, se vio obligada a irse. Optó por el exilio, no por "elección", sino por "necesidad", para protegerse a ella y a su familia, como cuenta a salvo ya desde España, donde vive desde enero de 2025 e intenta “acompañar” a quienes, como ella, se han visto obligados a irse a lugares con los que no les unía ningún tipo de lazo.
Más de 300 informadores se han visto abocados a salir de Nicaragua y al menos 22 han perdido la nacionalidad, según un informe elaborado por la red de periodistas ‘Las Exiliadas Nicas’, a la que pertenece Guevara, con el apoyo de Reporteros Sin Fronteras (RSF). Al menos 61 medios se han visto obligados a cerrar en estas últimas dos décadas en Nicaragua y 26 redacciones operan desde el exterior, principalmente en Costa Rica, Estados Unidos y España.
Uno de ellos es el ‘Confidencial’ que fundó en su día el periodista Carlos Fernando Chamorro, hijo de la expresidenta Violeta Chamorro, y que ve con pena "la normalización del estado dictatorial y de la censura" en el país que le vio nacer. Él se fue de Nicaragua en enero de 2019, cuando sólo tenía dos opciones: "Esperar a que me echaran preso o salir exiliado".
Para los periodistas nicaragüenses, el exilio ha pasado de ser una situación "de emergencia" a otra casi "permanente", con la carga laboral y social que conlleva. Cambia incluso la relación con la profesión, ha indicado Chamorro, que confía en poder seguir haciendo un periodismo "útil para los ciudadanos" sea desde donde sea.
Un goteo hacia el silencio
Nicaragua ya figura en el puesto 172 de un total de 180 países en la Clasificación Mundial de Libertad de Prensa 2025 que elabora anualmente RSF. Guevara ha explicado durante la presentación del informe en Madrid que el nuevo análisis no está llamado a ser un mero "recuento de hechos", sino el relato de "cómo la dictadura ha intentado de forma y sistemática, planificada y sostenida despojar a Nicaragua de su voz".
En este sentido, la periodista, responsable del portal 'La Lupa Feminista', ha señalado que no se trata de “episodios aislados”, sino de un “proceso de desmantelamiento de la libertad de prensa” que comenzó a enseñar los dientes en 2006, cuando los medios aún no se cerraban, pero la dictadura ya comenzaba a intentar controlar el discurso para dejar claro que "informar críticamente era traicionar al país".
En los años posteriores, el Gobierno comenzó a "ocupar espacio" y a evidenciar que correspondía al Estado determinar "qué podía ser dicho y qué podía ser silenciado". A partir de 2018, tras las protestas antigubernamentales masivas, "la persecución dejó de ser sutil", ha señalado Guevara, al aludir al punto de inflexión definitivo. Sólo ese año, se documentaron 128 ataques contra la prensa independiente.
Los periodistas como Guevara o Chamorro se convierten en "testigos y protagonistas" de este tipo de contextos en los que informar puede costar la libertad o la vida, dentro y fuera de las fronteras. No en vano, el asesinato en 2025 del exmilitar nicaragüense Roberto Samcam a manos de sicarios en Costa Rica evidenció los alargados tentáculos de una represión que mantiene en el punto de mira a la disidencia exiliada.
El de Samcam es "el caso más extremo", ha añadido Guevara, pero no el único. "La persecución alcanza una dimensión transnacional", con todas las derivadas que ello conlleva, ha lamentado esta periodista, al aludir a presión y amenazas en el ámbito digital, mensajes que "estigmatizan" a la prensa o represalias a los familiares que los exiliados se ven obligados a dejar atrás.
La situación es especialmente grave para las mujeres periodistas, sobre las que pesan además otras amenazas como la violencia sexual, las campañas de difamación o medidas de presión que se traducen en un drástico deterioro de sus condiciones de vida.
Precarización laboral y vital
El exilio cambia vidas, pero también la relación con la profesión periodística. Chamorro ha reconocido que su medio ha perdido la práctica totalidad de los anunciantes, ya que las empresas quieren evitar cualquier potencial represalia del régimen, y "cada mes es una batalla para poder conformar un presupuesto" que permita al menos subsistir.
La dificultad para acceder a la información y la precarización del empleo figuran entre los lastres laborales, como expone el estudio. En este sentido, Guevara ha confirmado que las condiciones de vida se vuelven "más vulnerables", sin contratos formales, sin protecciones sociales y a merced de una red que, en su caso, ha terminado llevándola a un pequeño pueblo de Extremadura en el que reside en la actualidad junto a su familia.
"Salir del país no es solo cruzar una frontera (..) es rehacer la vida mientras intentamos seguir informando de un país al que no podemos volver", ha afirmado Maryorit Guevara, que incide en la especial vulnerabilidad de las mujeres, sobre las que pesan otras amenazas como la violencia sexual, las campañas de difamación o medidas de presión que se traducen en un drástico deterioro de sus condiciones de vida. "Quieren disciplinarnos desde el miedo", asevera.
Represión, pero también "resistencia"
Los huecos de la libertad de prensa en Nicaragua se estrechan o directamente desaparecen, pero ni Guevara ni Chamorro tiran la toalla. Este último ha advertido de que "a pesar de esta persecución, el periodismo en exilio está derrotando a la censura" colándose desde el exterior, ya que recuerda que el régimen de Ortega aún mantiene un acceso "bastante libre" a internet y parte de la audiencia de los medios que operan desde fuera vive dentro del país centroamericano.
En este sentido, Guevara se agarra a un "relato de resistencia", porque "a pesar de todo, el periodismo no ha desaparecido", sino que se ha "transformado". El informe "no solo documenta la represión, documenta la dignidad”, de "quienes a pesar del miedo seguimos nombrando lo que ocurre”, ha apostillado.