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José Cobo: "La gente vive muy rota a pie de calle, necesita esperanza y esa es la oferta de la Iglesia"

  • El cardenal arzobispo de Madrid analiza en RNE la inminente visita del papa León XIV y su mensaje de unidad
  • Cobo advierte sobre la fractura de la desigualdad y pide "alzar la mirada" ante la pobreza que azota los barrios
Cardenal José Cobo: "Es una visita muy completa, a muchas realidades desde plataformas concretas"

En la Casa de la Radio, en Prado del Rey, se ha colocado frente al micrófono este miércoles el hombre que guía los pasos de la Iglesia madrileña. José Cobo, cardenal arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, se sentado en la mesa de Juan Ramón Lucas en Las Mañanas de RNE.

No es una visita cualquiera. El motivo es la cita histórica que arranca este sábado con la visita del papa León XIV a España. Un viaje que tocará el corazón de Madrid, el arte de Barcelona y la frontera de Canarias. Cobo llega con la voz pausada, con la mirada puesta en los que no tienen voz y con el encargo de explicar qué hace la Iglesia en este cambio de época que todo lo trastoca.

El pulso de una visita esperada

Expectación. Trabajo. Ilusión. El cardenal no oculta que estos días han sido de una intensidad especial. "Ha sido una jornada también de mucho trabajo por mucha gente", confiesa con una sonrisa que traslada la emoción de una comunidad que se prepara para el abrazo. La visita de León XIV no es solo un evento institucional, es un "oxígeno" necesario en tiempos de convulsión política y social.

El lema elegido, "Alzar la mirada", no es una frase vacía. Es una declaración de intenciones. "Yo creo que estamos en un momento de mucha convulsión, quizá muy entretenidos en lo diario", reflexiona el cardenal. "De repente, que tengamos un momento donde miremos alto y donde miremos juntos, donde no haya que pelearse por nada... eso nos oxigena". Cobo describe una Iglesia que abre sus puertas de par en par, donde 18.000 voluntarios se han agolpado para ayudar, superando todas las previsiones. Es la fuerza de lo comunitario frente al individualismo que nos aísla.

El itinerario del sumo pontífice es un mapa de las preocupaciones actuales. Madrid representa la realidad urbana y europea; Barcelona, con la figura de Gaudí, es el símbolo de la construcción de un templo y de una identidad; y Canarias es la "deuda pendiente" con el drama migratorio. "Desde Canarias bien puede hablar también del fenómeno migratorio", apunta Cobo, recordando que la voz del papa siempre se alza por la paz y la dignidad.

La pobreza que duele en el barrio

Pero la mirada del cardenal no se queda en las nubes. Baja al asfalto. Al barrio. Allí donde la vida se rompe y el dinero no llega. José Cobo habla de la pobreza con la autoridad de quien ha sido cura de parroquia durante 17 años. Conoce el nombre del niño que no puede pagar la cuota del colegio y el rostro de la familia que se queda en la calle porque el alquiler es un muro infranqueable.

"Los informes son apabullantes", afirma con pesar al referirse a los datos de Cáritas y el informe FOESA. La desigualdad no es un número, es una herida abierta en el costado de la sociedad. "Estamos acostumbrados a ver la pobreza con la indigencia, pero ahora vemos que hay muchísimas familias que están trabajando, pero es que no llegan a fin de mes". Es el drama de los trabajadores pobres, de ese ascensor social que se ha quedado bloqueado entre plantas.

Cobo pone el foco en la infancia, en esos niños que nacen en entornos de carestía y parecen condenados a repetirlos. "Eso es dramático para nuestra Iglesia porque es nuestra gente", sentencia. Por eso, la visita del papa empezará por Carabanchel, por un proyecto que lleva 50 años acogiendo a los "últimos de los últimos", a los que no caben en ningún albergue porque su vida está demasiado descosida para seguir horarios. "Que el papa venga por ahí y diga 'esto también existe' nos hace más sanos y nos hace más humanos".

Una brújula para un mundo "desnortado"

La conversación gira hacia la incertidumbre. El miedo al futuro. Esa sensación de volar en un avión sin capitán. El cardenal advierte sobre los peligros de una sociedad que delega su capacidad de decisión en la inteligencia artificial o en "poderes tecnocráticos". "¿Quién lleva el barco? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué modelo de persona estamos creando?", se pregunta con la urgencia de quien ve el riesgo de deshumanización.

En ese contexto, la Iglesia se ofrece como un espacio de búsqueda. No como un rodillo que impone, sino como una mano que acompaña. Cobo detecta en los jóvenes una "sed de verdades fundamentales". No se trata de ritos vacíos, sino de respuestas ante el fracaso, ante la muerte, ante el vacío que dejan las redes sociales cuando se apaga la pantalla.

"La gente vive muy rota y necesita esperanza", observa el arzobispo. En Madrid, asegura, hay un repunte de vocaciones y de jóvenes que vuelven a las parroquias buscando algo más que "pildoritas" espirituales; buscan un acompañamiento real en la "Iglesia de todos los días".

La política de los grandes sueños

¿Hace política la Iglesia? Cobo es claro. La Iglesia no hace política partidista, pero sí tiene una palabra que decir sobre la dignidad humana que está por encima de las ideologías. "El evangelio y los principios del evangelio están por encima de los bandazos de un lado a otro", afirma con firmeza. La relación con el Gobierno y la oposición es fluida y cordial, basada en el diálogo sobre temas concretos.

El cardenal defiende la independencia de la voz eclesial, esa que puede apoyar la regularización de inmigrantes por humanidad —aunque la política no siempre lo entienda— o defender la vida en todas sus etapas. Para él, la mejor noticia es la unidad que se vive cada domingo en los bancos de madera de las iglesias. "Tenemos 500 lugares en Madrid donde la gente se reúne y se reúnen pequeños, mayores, de izquierda, de derechas, de centro... se reúnen a estar juntos". Esa convivencia es, en sí misma, un acto de rebeldía contra la polarización. "Eso es una buena noticia para nuestro mundo: que la gente se reúna y diga 'vamos a soñar un mundo mejor'".

El grito de Gaza y el papel de la mujer

La entrevista no elude los temas punzantes. El papel de la mujer en la Iglesia es uno de ellos. Cobo destaca que, en Madrid, la mitad de las responsabilidades están ya en manos de mujeres y que el laicado está asumiendo una voz y una portavocía fundamentales. "Vamos tomando conciencia y se van dando pasos muy significativos", aunque la ordenación sacerdotal femenina no esté, de momento, en el horizonte.

Y, finalmente, el dolor del mundo. Las guerras que ensangrientan Gaza, el Líbano y tantos otros rincones. El cardenal habla de un "sufrimiento muy grande" que la Iglesia incorpora en su oración diaria. No es una mención lejana. Es el vínculo de niños de colegios madrileños escribiendo cartas a niños que viven bajo las bombas. "En un mundo globalizado tenemos la responsabilidad de asumir la globalización como responsabilidad", insiste.

Cerrar los ojos no es una opción. Rezar es, para Cobo, una forma de meter ese sufrimiento en el corazón para que no nos sea ajeno. Al terminar la entrevista, el cardenal se levanta, agradece la invitación y vuelve a la calle. A su Madrid. A esa diócesis que es una red capilar presente en cada barrio, en cada drama y en cada esperanza. El papa llega el sábado, pero la Iglesia, como dice Cobo, ya estaba allí, esperando con la mirada alzada y las manos listas para el trabajo.