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Ni la sublevación ni la guerra empezaron el 18 de julio: 90 años del golpe fallido que derivó en la Guerra Civil

  • Los militares de África se sublevaron el día 17 en Melilla, y la guerra comenzó tras el fracaso del golpe
  • Especial de RTVE.es: El país de las 6.000 fosas
18 de julio, 90 años de la Guerra Civil
Ceuta, 18 de julio de 1936. El teniente coronel Yagüe anuncia desde el balcón la llegada del general Franco para ponerse al mando de la sublevación militar. Posteriormente, Juan Yagüe dirigió la 'columna de la muerte' desde Andalucía a Extremadura y fue conocido como El carnicero de Badajoz. Efe, archivo

El 18 de julio era para la dictadura franquista la fecha del "glorioso alzamiento nacional", el mito fundacional del régimen y una efeméride clave en su propaganda. Suele tomarse esta fecha para marcar el comienzo de la Guerra Civil, de la que se cumplen 90 años, pero el consenso en la historiografía contemporánea hace tiempo que es diferente. Lo que se produjo el 18 de julio de 1936 (en realidad, ya un día antes, el 17) fue un intento de golpe de Estado. El fracaso del golpe condujo, días o semanas después, según la cronología de cada historiador, a la guerra abierta.

La Guerra Civil dejó unos 600.000 muertos, centenares de miles de ellos por acciones bélicas, ya fuera soldados caídos en combate o civiles, pero también víctimas de la violencia política (150.000 a manos de los sublevados y el franquismo, y 55.000 en la zona republicana). Al conflicto siguieron 40 años de dictadura y represión, con más víctimas en campos de concentración y cárceles.

"El punto de partida es un golpe de Estado clásico pero radical, que en cuestión de muy poco tiempo tenía que tomar los resortes del Estado y del poder y liquidar no la República, sino el aparato republicano de izquierdas y al movimiento obrero", explica a RTVE Noticias Francesc Vilanova, profesor de Historia Contemporánea en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).

"Es la resistencia de la República y de las milicias populares y de los partidos y organizaciones de izquierda lo que convierte un golpe de Estado, que en principio parecía que debía de funcionar, en un golpe fallido y en una en una guerra civil", añade.

Golpe de Estado de 1936: la sublevación militar que dividió España en dos

La sublevación empezó en Melilla el 17

Francisco Leira, investigador de la Universidad Carlos III de Madrid, recuerda que la intentona golpista se venía gestando durante los meses anteriores, y que el organizador fue el general Emilio Mola.

En sus "instrucciones reservadas", dadas a los conjurados en abril, Mola afirmaba que la acción debía ser "en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo" y que serían encarcelados "todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento, aplicándose castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas”.

El 17 de julio, Mola envió varios telegramas para anunciar que el momento había llegado y que sería al día siguiente. Los militares de Melilla, sin embargo, lo anunciaron ese mismo día, quizá por miedo a ser descubiertos.

Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, explica que en la noche del 17 al 18 de julio, los sublevados asesinaron a 225 militares y civiles en Marruecos.

El 18 de julio, Franco proclamó su primer "bando de guerra" en Canarias, y más tarde lo hizo en Tetúan, ya en el norte de África. En los textos ya se vislumbraba el cariz y las intenciones de los golpistas, con prohibiciones de reunión, censura y amenazas de castigos.

"Franco comenzó su asalto al poder desde allí y su primera acción importante fue buscar ayuda en la Alemania nazi y en la Italia fascista para pasar las tropas, el mejor cuerpo del Ejército español, desde África hasta la Península. La guerra de Franco comenzó en África", afirma Casanova.

Un golpe contra la república progresista

"El intervencionismo militar estaba muy presente en la historia de España, con la dictadura de Primo de Rivera y todo el siglo XIX ", afirma Leira. Pero, en aquel tiempo, con un "contexto de fascismo transnacional", la toma violenta del poder o la amenaza de la violencia se convierten en una vía rápida para hacerse con el control del estado en otros países europeos. Es el caso de la dictadura de Salazar en Portugal o la llegada de Mussolini al poder en Italia, sin olvidar el fallido intento de golpe de Estado de Hitler.

Según Francesc Vilanova, el golpe de los militares africanistas españoles estaba "pensado, construido e ideado contra la República de izquierdas en general, desde la República reformista, azañista por decirlo así; a la izquierda burguesa, moderada; hasta los movimientos obreros, revolucionarios y anarquistas".

El profesor de la UAB resalta el hecho de que en los primeros "bandos de guerra" y en las primeras proclamas de los sublevados, antes de agosto, no se hablaba de destruir el modelo de estado republicano (incluso se dan 'vivas' a la República), ni se mencionaba la religión. "Inicialmente, la idea no es destruir la República - insiste. - La sublevación va dirigida contra la República democrática y reformista de 1931, y de ahí hacia la izquierda radical".

Para Leira, las expresiones de fidelidad a la República son meramente pragmáticas. "Los militares golpistas no contaban con apoyo popular. Estar en contra del gobierno del Frente Popular era más fácil. Sabían que de esta manera era posible que al menos la mitad de la población, si no les daba su apoyo, al menos no se opusiera al golpe".

La otra mitad de la población, la que desde el primer momento fue señalada como enemiga, comenzó a ser pasada por las armas desde el mismo día 18: autoridades locales, obreros, sindicalistas, miembros de partidos políticos de izquierda, tanto hombres como mujeres. De ello dan testimonio las fosas de represaliados exhumadas en el marco de las leyes de memoria histórica y memoria democrática en Puerto Real (Cádiz), en la provincia de Burgos o en Navarra.

El golpe fracasa, comienza la guerra

La sublevación triunfó en zonas del norte (Galicia, Castilla La Vieja, Navarra, gran parte de Aragón), y del sur (Sevilla, Córdoba), pero fue abortada en Madrid, Barcelona, País Vasco, Asturias (salvo Oviedo) o Valencia. El golpe de Estado había fracasado. Es entonces cuando la situación pasa a ser de guerra.

Pero cada historiador maneja su propia cronología, en función de hechos puntuales o del estado de los frentes.

"Desde la óptica catalana - apunta Vilanova - la guerra empezaría a partir del 21 de julio, cuando, dominada la situación en Cataluña, sobre todo en Barcelona, se organizan las primeras columnas para ir a combatir a Huesca y Zaragoza". El historiador de la UAB se atreve incluso a poner una fecha concreta: "alrededor del 25 de julio, Sant Jaume".

Francisco Leira señala que hay un periodo de incertidumbre durante el mes de julio, en el que no se sabe de qué lado va a caer la moneda. "El Gobierno republicano no tiene el control de lo que sucede en su territorio, dimite el presidente del Gobierno, y hay enfrentamientos entre civiles y militares en casi todas las plazas".

"Yo creo que la guerra empieza a partir de principios de agosto - considera el investigador de la UC3M -, cuando el ejército golpista inicia la movilización forzosa el 8 de agosto y empiezan las campañas desde el sur de Andalucía, con la marcha de la 'Columna de la muerte' hasta Badajoz, y en el Frente Norte, en Asturias".

El inicio de un conflicto abierto cambia también la retórica de los sublevados. "Las fuerzas defensoras de la monarquía, tanto borbónica como carlista; los defensores del pasado más imperialista, y las fuerzas fascistas que había en España cogen fuerza, y es cuando se empieza a adoptar la bandera rojigualda", relata Leira.

"Entre los sublevados hubo desde el principio un clima de terror calculado, nada espontáneo, que presidió sus conquistas desde el primer día", explica Julián Casanova, mientras que, en terreno bajo control republicano, "la quiebra del orden en el Estadoabrió paso a una revolución súbita y destructora". "Los medios políticos dejaron paso a los procedimientos armados y la obediencia a la ley fue sustituida por el culto a la violencia. Manuel Azaña llamó a eso 'políticas de exterminio'. Franco consiguió el poder a sangre y fuego, en una guerra que destruyó las bases políticas, sociales y culturales de la Segunda República, una guerra gradual y de exterminio controlado (de acumulación de masacres, más que de exterminio total)", añade el catedrático de la Universidad de Zaragoza.

"Fue una guerra nacionalista, una guerra españolista, la guerra con la que el nacionalismo español radical, lo que después en el franquismo llamamos el nacionalcatolicismo, vio la gran oportunidad de construir definitivamente la nación española que el estado liberal del siglo XIX no pudo conseguir", opina Francesc Vilanova. "Esto significaba también, naturalmente, destruir las opciones de los nacionalismos periféricos".

Por qué recordar el 18 de julio

Durante el franquismo el 18 de julio fue de obligada celebración. Era una fecha señalada con actos oficiales, desfiles militares, inauguraciones y entregas de premios, a menudo con la presencia del dictador. Los trabajadores cobraban una paga extra ese día. Muchas calles y plazas de pueblos y ciudades llevaban la fecha en su nombre.

"El franquismo utilizó la guerra como base de su legitimación de origen. - apunta Francisco Leira- Equipararon el 'alzamiento' con el levantamiento del 2 de mayo en la Guerra de la Independencia. La propaganda utilizó ese símil, como si hubiera sido el pueblo quien se alzó contra el enemigo comunista. Además, lo utilizaron especialmente en un contexto de Guerra Fría. El 18 de julio se convirtió en un momento mitificado de la creación del nuevo régimen que denominaron Movimiento Nacional".

Con la democracia, la fecha se ha convertido en poco más que en un recordatorio de la Guerra Civil.

"Debemos recordarlo como algo que no se debe de volver a repetir", opina Leira. "Cualquier democracia se tiene que basar en esa repulsa al fascismo, esa repulsa a cualquier movimiento totalitario o autoritario que lo único que genera es violencia verbal, estructural y efectiva".

Julián Casanova subraya que la Historia debe enseñarse "más allá de las memorias divididas y los usos políticos desde el presente". "La guerra fue el resultado de un golpe de Estado fracasado, que al poner armas en sustitución de la política posibilitó que todos los conflictos y grietas sociales abiertos desde la proclamación de la Segunda República se resolvieran por la violencia. Y lo que siguió, tras abril de 1939, fue más violencia, institucionalizada y legalizada por leyes, durante décadas. España comenzó la década de los treinta con una República parlamentaria y la acabó con una dictadura fascista".

Francesc Vilanova subraya dos razones para recordar esta fecha. "Una es, precisamente, porque hay gente que todavía utiliza la terminología franquista de 'alzamiento nacional'. Y sólo hace falta observar un poco para ver los actos que se organizan en según qué lugares para conmemorarlo".

Otra razón, según el profesor de la UAB, es "darnos cuenta de lo que se perdió cuando se destruyó la República, que a pesar de las muchas tensiones sociales, era una república democrática, reformista y perfectamente encajable en la Europa de su tiempo".

Vilanova afirma que en España todavía vivimos los efectos del 18 de julio y lo que vino después. "Eso es absolutamente innegable. - apostilla - Los únicos que lo niegan acostumbran a ser los franquistas y los herederos del franquismo. Es una lección de historia para todo el mundo".