La nueva generación de seminaristas, el relevo de comunidades religiosas cada vez más pequeñas y envejecidas
- Poco más de mil jóvenes se preparan para el sacerdocio en España
- El número de religiosos y religiosas ha caído en más de 25.000 personas en los últimos diez años
Faltan cinco días para que León XIV llegue a España, un país donde el número de seminaristas ha repuntado ligeramente en el último año. Con poco más de 1.000 personas, es el contrapunto a otra realidad: la de las comunidades religiosas cada vez más pequeñas y envejecidas.
Un ejemplo de ello es Mauricio. Cuando terminó sus estudios puso rumbo a Londres para cursar un máster, pero ocurrió algo que no esperaba: sintió que debía tomar otro camino. "A Dios, se le escucha. Y él me decía 'Lo quiero todo y te quiero sacerdote'. Esa era la intuición que había en mi corazón", ha relatado a TVE este joven que lleva cinco años en el seminario de Madrid.
Como él, en la actualidad, 1.066 jóvenes se preparan para el sacerdocio en España. Tras años de descenso, las vocaciones registran un ligero repunte con 30 seminaristas más que el año pasado. Cerca de 200 proceden de otros países.
"Estamos viviendo un momento de descristianización y quizás es el momento de que otros continentes que en estos momentos están viviendo su fe cristiana católica con mucha intensidad, nos echen una mano", considera el director de la Subcomisión para los Seminarios de la Conferencia Episcopal Española, Florentino Pérez.
El número de religiosos y religiosas cae en más de 25.000
Las comunidades religiosas envejecen y el relevo entre los jóvenes sigue siendo insuficiente. En España, en los últimos diez años, el número de religiosos y religiosas ha caído en más de 25.000.
"Es verdad que no se puede decir que haya menos compromiso de los jóvenes. Quizá su forma de comprometerse ha cambiado. El voluntariado y otras acciones siguen siendo muy mayoritarias entre jóvenes", apunta el hermano de la Salle, Jorge Sierra.
También, entre los jóvenes hay historias como la de Sor Rocío, aunque cada vez son menos comunes. La vocación le llegó a los 31 años, cuando ya tenía una vida estable como azafata de turismo.
"El exceso de posibilidades que tenemos hoy y la rapidez con la que vivimos, pues seguramente todo eso son factores que influyen para que un joven sienta miedo de decir que sí a la vida consagrada", ha indicado esta hermana salesiana de votos temporales.
Tanto a Mauricio como a Rocío les esperan todavía años de formación, un tiempo que afrontan con la misma convicción que un día les llevó a elegir una vida diferente.