Los secretos de la visita papal: del vino de Jerez a las hostias y los hábitos de Zaragoza
- Las hermanas del Convento Carmelitas Descalzas de Maluenda fabrican hasta 30.000 hostias
- El atuendo del papa León XIV y su clero es una incógnita: se han utilizado 5.000 prendas y más de 4.000 metros de tejido
Mientras todos esperan la visita del papa León XIV… hay quien lleva meses preparándola con ilusión.
Todo parece casi listo para la esperada visita. La gran misa del domingo está cada vez más cerca y, cuando llegue el pontífice, miles de personas pondrán la mirada en él.
Pero mucho antes de ese momento, ya hay una parte esencial de la celebración que lleva meses preparándose… lejos del foco y en absoluto silencio. Tras los muros de un monasterio de clausura, concretamente del Convento Carmelitas Descalzas de Maluenda en Zaragoza, religiosas trabajan desde hace tres meses en la elaboración de las formas que se utilizarán durante la eucaristía.
Oración, silencio y una rutina milimétrica. Así transcurren los días para la madre priora Teresa, sor Lucía y el resto de hermanas de su comunidad: quince religiosas que se levantan cada mañana a las 05.00 h para completar el que consideran el encargo más especial que han recibido.
Querían participar de alguna forma en una visita histórica y muy esperada para ellas. No podrán estar presentes en la gran misa, pero sí en algo fundamental: las hostias que llegarán al altar. “Unas cortaban, las otras contaban, nos repartíamos el trabajo… así se cumplía nuestro deseo. Sí que queríamos ayudar”, explica la madre priora Teresa.
El proceso es muy artesanal y exige paciencia. Cada jornada pueden llegar a fabricar hasta 30.000 formas. Los ingredientes son sencillos: harina y agua. Aunque sor Lucía añade otro entre risas: “Mucho amor de Dios”.
La harina se tamiza cuidadosamente para que la forma quede más fina. Para cada tanda hacen falta siete kilos de harina y seis litros de agua hasta conseguir una masa compacta. Pero este esfuerzo no es solo cosa de un monasterio. Hasta diez conventos de toda España se han coordinado para colaborar en la gran misa del domingo en Cibeles. “Los meses de tarea conllevan mucho trabajo, cansancio… pero es un momento muy grande, muy especial, único”, explica Gonzalo Gallego, coordinador de Sacristías de la Comisión de Liturgia del viaje a Madrid. “Estamos trabajando con muchísima ilusión para servir a la celebración de la eucaristía presidida por el papa”, apunta.
Las formas no serán el único aporte. El trabajo, desde luego, es conjunto. El vino que se utilizará en la misa ha sido elaborado por las monjas mínimas del monasterio de Jerez de la Frontera, mientras otros conventos y congregaciones han confeccionado paños litúrgicos para la ceremonia.
Zaragoza, hogar del atuendo de León XIV
Y volvemos a la capital maña, esta vez sí entre telas y costuras, también se ultiman otros preparativos. En Zarasanta, un taller de Zaragoza, confeccionan el atuendo que vestirá León XIV y buena parte del clero durante la celebración. Un trabajo minucioso y discreto: unas 5.000 prendas y más de 4.000 metros de tejido. Eso sí, con secreto incluido: “Queremos que sea sorpresa. Cuando vean al papa… va a ser muy bonito lo que va a llevar”, explica ilusionado Daniel López, el propietario del local.
Y estas manos, responsables de que sea así, lo dejan claro: “Es un trabajo que requiere de mucha precisión, porque lleva tanto confección a máquina como a mano; es un proceso casi, casi, artesanal”. Pero allí, dicen, no dan puntada sin hilo. Una oportunidad única que, quién sabe, cuánto tiempo tendrá que pasar para volver a vestir a un papa.
Y es que cuando León XIV llegue a España, todo ocurrirá a la vista de todos. Pero parte de esa gran cita ya habrá sucedido mucho antes, en talleres, monasterios y conventos donde el trabajo se hace sin mucho ruido, pero con enorme dedicación.