Emiratos Árabes Unidos abandona la OPEP: el giro que reordena el golfo Pérsico
- La salida del país, el cuarto productor mundial, entra en vigor este viernes 1 de mayo
- El país alega intereses nacionales después de constantes tensiones con otros miembros de la organización
La decisión de Emiratos Árabes Unidos de abandonar el cártel petrolero más importante del mundo, la OPEP - así como su formato ampliado, OPEP Plus, que incluye a grandes productores externos como Rusia - a partir de este 1 de mayo, ha asestado un duro golpe a algunos de los mayores productores de petróleo del mundo, organizados bajo el paraguas de una asociación creada en 1960 - en la llamada Conferencia de Bagdad - con el objetivo de asegurar la estabilización de los mercados petroleros de sus entonces cinco miembros fundadores (Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudí y Venezuela). Con los años se les unirían otras naciones, convirtiéndose hoy en una coalición de 12 países.
Pero para comprender el significado de la salida histórica de Emiratos, es necesario repasar los acontecimientos que se han ido superponiendo durante años, partiendo del último, la guerra con Irán, que ha golpeado duramente la seguridad y la infraestructura energética emiratíes, además de provocar el cierre de su vía comercial principal, el estrecho de Ormuz.
En segundo lugar, hay una causa estructural: el desgaste progresivo de la relación - antes estrecha y ahora tensa - entre EAU y Arabia Saudí, con un creciente malestar por las limitaciones de producción impuestas por los saudíes - en un sistema de cuotas fijas dominado por ellos - para los miembros y socios de la organización. Por último, hay un motivo estratégico: saliendo de la OPEP, Emiratos gana autonomía energética y económica, reforzando vínculos con otro gran productor externo, Estados Unidos, reduciendo la dependencia de sus vecinos dentro del marco regional.
Intercambios comerciales entre Galicia y Emiratos Árabes Unidos istock
Primer objetivo: producir más sin el control de nadie
"Dentro de la OPEP, las cuotas de producción no han beneficiado a Emiratos Árabes", dice en entrevista con RTVE Noticias, David Hernández, profesor de la Universidad Complutense y experto en las monarquías del golfo Pérsico. "Por eso busca salirse y determinar por sí mismo cuánto produce de acuerdo a sus intereses: producir más, sacar más petróleo al mercado, e ingresar más", añade.
El consultor financiero de la escuela de negocios OBS Business School Eduardo Irastorza coincide con este análisis. "Cada uno intenta hacer lo mejor para sus objetivos: Rusia, con toda su flota fantasma, Estados Unidos, vendiendo su petróleo a un precio muy elevado y Emiratos, que ha tenido muchísimos daños durante la guerra con Irán, recomponer el país y mirar por sí mismo".
Irastorza se refiere a los más de 1.600 drones dirigidos hacia territorio emiratí y a la interceptación de cientos de misiles balísticos iraníes solo en las dos primeras semanas de guerra con Irán, según datos difundidos por del ministerio de Defensa de EAU. Si bien los sistemas de defensa aérea del país lograron interceptar la gran mayoría de ellos, aproximadamente el 5% logró alcanzar su objetivo, causando víctimas civiles y daños a infraestructuras críticas como el complejo industrial de Ruwais, uno de los mayores polos energéticos y petroquímicos del mundo.
"A pesar de sus esfuerzos por diversificar su economía, los emiratíes todavía necesitan las rentas del petróleo. Si no le están dando salida en un contexto de guerra y si, además, tienen que destinar más recursos a seguridad, eso altera su estrategia por completo", comenta al respecto David Hernández.
Combatir a Irán: más fondos para seguridad
Si antes del estallido de la guerra con Irán Emiratos Árabes Unidos ocupaba una posición destacada dentro del cártel -era el cuarto productor, por detrás de Arabia Saudí, Irak e Irán -, la guerra con Irán ha obligado a la monarquía a redefinir sus prioridades en un país que geográficamente se encuentra en la primera línea de fuego de Teherán y depende enteramente de la exportación de petróleo.
El impacto se ha traducido en una caída significativa de su producción, de unos 3,4 a cerca de 1,9 millones de barriles diarios, y a fuertes limitaciones a su exportación por el estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca del 20% del crudo mundial. Su ubicación, su papel como exportador y su alineamiento con Estados Unidos - que tiene en su territorio la estratégica base aérea de Al Dhafra - lo convierten en uno de los países de la zona más expuestos a tensiones bélicas.
El golpe, además, afecta al conjunto de su economía. Emiratos no es solo productor de petróleo: es un centro global de transporte, turismo e inversión, y todos esos sectores se han visto alterados por la guerra. La región ha perdido decenas de miles de millones en pocas semanas y Abu Dabi ha tenido que aumentar el gasto en seguridad al tiempo que veía reducidos sus ingresos energéticos. Esa combinación - menos ingresos, más costes y mayor riesgo - ayuda a entender por qué busca ahora más control sobre su producción cuando esta es clave para su seguridad nacional.
Una columna de humo negro se eleva desde un almacén en la zona industrial de la ciudad de Sharjah, en EAU Altaf Qadri Altaf Qadri
Un antiguo desencuentro: el pulso con Arabia Saudí
La creciente divergencia estratégica con la vecina Arabia Saudí también está detrás de la decisión de Abu Dabi. Riad ha defendido históricamente limitar la oferta para sostener precios; Abu Dabi, en cambio, ha apostado por aumentar producción y rentabilizar su capacidad.
Ese choque se hizo evidente en las negociaciones de cuotas tras la pandemia (2020-2021), pero no se ha limitado al ámbito energético. Ambos países han ido separando posiciones en política regional y compiten cada vez más como centros económicos del Golfo. "Estas monarquías compiten entre sí por ser las nuevas potencias en energías renovables, en hidrógeno, por tener el aeropuerto más grande o el puerto más grande de la zona. Tienen planes de desarrollo, modernización y diversificación muy similares porque han sido elaborados casi por las mismas consultoras internacionales. Son los famosos 'planes visión’: Saudi Vision, Qatar Vision, Abu Dhabi Vision", explica el profesor David Hernández. "Todos persiguen diversificar sus economías, convertirse en hubs industriales, tecnológicos o logísticos y reducir su dependencia del petróleo y del gas".
El modo en que Abu Dabi va a ejecutar la salida también atestigua esa competencia. El ministro de Energía, Suhail Mohamed Al Mazrouei, dejó claro que la decisión no fue consultada con otros países, incluida Arabia Saudí.
Declaraciones del ministro de Energía de Emiratos Árabes Unidos X
Esa afirmación no es un detalle menor. Supone romper con la lógica de coordinación que ha definido al golfo durante décadas y, además, hacerlo coincidiendo con una cumbre de emergencia del Consejo de Cooperación del Golfo en Yeda y en plena frustración emiratí por la falta de respuesta común ante la guerra. La señal es clara: la cohesión regional ya no es un hecho asumido.
Por otro lado, ambas monarquías también compiten apoyando a actores diferentes en terceros países. “Yemen es un buen ejemplo", comenta David Hernández, "cada uno se ha puesto del lado de una de las partes implicadas, pero también han chocado en Somalia, Sudán o Libia, donde han apoyado a actores distintos. Lo hacen porque les garantizan acceso a recursos, puertos o influencia. Lo que antes era coordinación, ahora es competencia directa", añade.
Por otro lado, la entrada de Rusia en la OPEP + en 2016 terminó de inclinar los equilibrios internos, reforzando el eje con Arabia Saudí y reduciendo el margen de influencia emiratí dentro del bloque. Un cúmulo de circunstancias que han empujado a la monarquía del golfo a salirse de la poderosa organización que durante décadas ha regulado, y controlado, los precios del crudo a nivel mundial.
El frente económico: blindaje por equilibrio
La dimensión económica completa el giro dado por Emiratos Árabes Unidos. La guerra no solo ha empezado a trasladarse a su economía, con sectores clave como la energía, la logística o el turismo sufriendo interrupciones. Además, el mercado bursátil ha perdido en torno a 120.000 millones de dólares, según estimaciones oficiales.
La respuesta ha sido doble. Dubái, el escaparate global y motor comercial de EAU, ha activado un paquete de estímulo cercano a los 272 millones de dólares para sostener la actividad, mientras Abu Dabi, el corazón financiero del país, ha explorado con Estados Unidos mecanismos para garantizar liquidez en dólares - incluidos posibles acuerdos con el Tesoro norteamericano, liderado por Scott Bessen - una herramienta habitual en escenarios de tensión financiera.
Este movimiento se produce, además, en paralelo a un reposicionamiento más amplio. Emiratos refuerza su inserción en marcos estratégicos vinculados a Washington y profundiza su cooperación con su principal aliado, Israel - formalizada en 2020 con los Acuerdos de Abraham. Así, el país se coloca en una posición de fortaleza: con más de 272.000 millones de dólares en reservas y unos fondos soberanos cercanos a los 2,7 billones, dispone de capacidad para sostener decisiones estratégicas sin comprometer su estabilidad, el principal objetivo de los países del golfo.
El golfo Pérsico cambia
Pero la salida de Emiratos de la OPEP no es solo un ajuste dentro del mercado petrolero. Es una señal de cambio en el equilibrio de la zona. El país deja de operar bajo la lógica de bloque y pasa a priorizar su autonomía en un entorno donde la coordinación regional se está debilitando y las alianzas reconfigurándose. Para Arabia Saudí, implica gestionar un liderazgo más cuestionado; para la OPEP, asumir que su capacidad de influencia ya no es inquebrantable.
Así, en un mercado global cada vez más fragmentado, Abu Dabi ha tomado una decisión que puede marcar tendencia: a menos disciplina colectiva, más competencia entre productores. Y, de fondo, subyace otra idea: en el nuevo orden energético quien tenga margen para decidir por sí mismo, partirá con ventaja.
Respecto a los precios, a corto plazo su salida tendrá un impacto limitado. Si bien la guerra con Irán ha obligado a varios productores del Golfo a reducir su actividad, amortiguando cualquier efecto inmediato, el efecto relevante es otro y se proyectará, dicen los analistas, en el medio plazo: cuantos más barriles queden fuera de los mecanismos de coordinación, menor será la capacidad de la OPEP para estabilizar el mercado, y mayor la probabilidad de cambios bruscos en los precios.
Esto no solo afectará a Oriente Medio, sino que también terminará llegando, sobre todo, a Europa. Altamente dependiente de las importaciones energéticas, el continente quedará especialmente expuesto a un mercado más inestable dado que no se trata solo de precios más altos en momentos de tensión, sino de una mayor dificultad para anticipar costes energéticos. Los efectos, apuntan los analistas, pueden ser directos en la inflación, la industria o el crecimiento económico.