Gonzalo Celorio, un Cervantes memorioso y autorreferencial que cruzó el charco
- El escritor y académico es el séptimo mexicano que recibe el galardón más alto de la lengua
- Celorio en su discurso ha glosado la historia de sus orígenes
Un hombre de 78 años, viste chaqué, elegantes chaleco y corbata gris perla, se ayuda de un bastón para caminar y ha cruzado el Atlántico para llegar en "un día feliz" al paraninfo de la Universidad de Alcalá. El escritor mexicano, Gonzalo Celorio, ha recibido el Premio Cervantes 2025.
El undécimo de doce hermanos, está arropado en esta jornada primaveral y soleada por su hermano Jaime, su mujer Silvia, sus dos hijos Gonzalo y Diego y su nieto Diego Celorio Camarena.
Un novelista que bucea en su genealogía para urdir Una familia ejemplar, trilogía compuesta por Tres lindas cubanas sobre sus raíces maternas, El metal y la escoria acerca de sus antepasados asturianos y Los apóstatas en los que cuenta las experiencias de sus hermanos Miguel y Eduardo.
Discurso accidentado
El mexicano fue un niño que mendigaba un minuto de atención y ha dado su "vida por la palabra". Le ha costado escribir su discurso "cinco meses de insomnio", mientras lo elaboraba perdió el texto completo porque guardó una página en blanco, según cuenta a RTVE.es su primogénito.
El discurso del Cervantes arranca con un recuerdo emocionado a lo que le dijo su padre en su lecho de muerte: "-Tú llegarás, hijo." Y agregó: "Si no puedes, yo te empujo".
Celorio es el séptimo mexicano que recibe el Premio Cervantes, su predecesor fue Fernando del Paso hace justo un decenio, sin olvidar a Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco, Sergio Pitol, Carlos Fuentes y Octavio Paz.
El galardonado se ha mostrado "conmovido y emocionado" por formar parte de un "elenco" tan prestigioso y, en una entrevista con TVE, apunta que espera que "aterrice el espíritu, que me han puesto por los cielos".
Libertad de la novela
Defiende la libertad de la ficción para ahondar en la realidad. Al contar la historia de su abuela cubana se permite la libertad de cambiarle el nombre e incluso de adjudicarle como amante a un negro yoruba, mientras que, al indagar en la vida de su hermano Eduardo, descubre que fue víctima de pederastia.
El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, ha agradecido a Celorio "una obra tallada con pulcritud y palabras precisas" y cuya escritura es "un ejercicio de libre albedrío, de impureza , de vértigo". Recuerda que para el académico, la novela "es signo de independencia. No solo es un género literario; es un género libertario".
"En los libros de Celorio se abrazan, en un escorzo imposible, La vida es sueño de Calderón de la Barca y "La vida es un sueño" de Benny Moré -según Urtasun-.Todo lo que hay entre un auto sacramental y un bolero, entre el ansia mística y barroca de Sor Juana y el lamento de una noche criolla, en la voz de Toña La Negra".
Voz elegante y honda
Coqueto, el escritor ha prescindido del bastón para acercarse a la mesa presidencial y recibir de manos del rey la medalla y la escultura del Premio Cervantes, en medio de una larga ovación de los asistentes en el recinto universitario.
Operado de una cuerda vocal por un cáncer, con voz débil y "pedregosa", Celorio ha leído su discurso desde el púlpito del paraninfo complutense, pero se ha visto obligado a interrumpirlo para beber agua.
"Escritor, catedrático, bibliófilo, profesor y académico de la lengua, en Gonzalo Celorio reconocemos una voz literaria consolidada a través de toda una vida de dedicación, una voz de notable elegancia y hondura reflexiva, que es, al mismo tiempo, testimonio del México moderno y espejo de la condición humana", ha señalado Felipe VI.
Orgulloso premiado
Celorio ha disfrutado de un cóctel con los reyes y la flor y nata de las letras españolas con la satisfacción del deber cumplido. Ha bromeado con la prensa diciendo: "Esta medalla ya no me la voy a quitar más del pecho" y ha canturreado con la tuna el chotis "Madrid" del mexicano Agustín Lara.
Escritor lento, según su hijo, está revisando una novela inédita y sigue trabajando. Divide su tiempo entre México y España, dispensado de sus obligaciones universitarias, debe asistir cada quince días al plenario de la Academia Mexicana de la Lengua, que dirige hasta febrero, cuando termina su segundo mandato.
Memorioso ha recordado a su padre, que cada día le escribía una carta de amor a su madre, aunque estuvieran bajo el mismo techo. Orgulloso, Celorio ha dedicado una breve frase a su progenitor fallecido: "Hoy llegué, papá, justamente hoy, 64 años después. Gracias".