Gonzalo Celorio deja como legado un manuscrito de su primera novela y cartas con Sara Montiel
- El autor mexicano escribía a lápiz y tenía un callo en el dedo de tanto apretar
- La cupletista le autorizó a usar su imagen en la portada de Amor propio
El escritor mexicano Gonzalo Celorio ha depositado su legado en la Caja de las Letras que incluye un manuscrito a lápiz de su primera novela Amor propio, su correspondencia con Sara Montiel -a quien pidió permiso para usar una foto suya como portada-, cartas con su editora Beatriz de Moura a la que "le debe mucho en su vida literaria", una crónica de viajes y algunos cuadernos.
En la entrega de su legado, que reposa ya en la caja 1474 del Instituto Cervantes, le han acompañado el principio y el final de su estirpe, por el momento. Su hermano mayor, el único superviviente con el propio escritor de once hermanos, y su nieto Diego Celorio Camarena. Este jueves el autor recibe el Premio Cervantes 2025 en una ceremonia en la Universidad de Alcalá, presidida por los reyes.
El director del Instituto, Luis García Montero, ha comenzado su alocución leyendo el emotivo texto que Celorio dedicó al nacimiento de su nieto, en el que compara los "ojos curiosos, cejas interrogantes" del bebé con sus propios ojos de anciano en los que "vuelve a brillar la fe, cejas gachas que se levantan maravilladas ante el milagro de la vida".
Montero ha asegurado que es un "honor" recibir este legado porque el director de la Academia Mexicana de la lengua es un escritor que ha indagado "a través de la literatura por sus historias personales" para llegar a la Historia moderna del mundo y, en concreto, de México.
Dando el callo
Celorio ha contado que el protagonista de Amor propio utilizaba El último cuplé para dedicarse al autoerotismo y ahora dona una misiva en la que Sara Montiel le autoriza a usar su imagen para la cubierta de su libro y le desea "éxito". El retrato de la cantante aparece en lo alto de la fachada de la catedral de México, en lugar del reloj.
Entre sus papeles, ha elegido documentos "interesantes" y, sobre todo, "valiosos" para él, que incluyen algunas cartas con otros amigos como el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique.
El mexicano escribía a lápiz en unos cuadernos pautados y bromea con que "aún tiene el callo en el dedo" de apretar el lapicero. Trabajador incansable, trazaba cuatro versiones de cada capítulo, antes de pasar el texto a máquina y luego lo volvía a revisar antes de darlo a la imprenta.
Al recordar su primera obra de ficción, ha indicado que se iba a titular Fiesta de quince años, no por tratarse de la puesta de largo de una quinceañera, sino por estar estructurada en 15 fiestas a lo largo de 15 años, de 1965 a 1980. "La fiesta siempre llega a un estado límite donde hay muchas posibilidades de ver la conducta humana", apunta.
Celorio cambió el planteamiento, lo dejó en nueve capítulos, modificó el título e intentó reflejar la evolución de un personaje Ramón Aguilar, que pasa de ser Moncho, un adolescente, a Ramón, un joven, y finalmente, Aguilar, un hombre maduro. Amor propio se publicó en Tusquets en 1992, igual que sus narraciones posteriores y buena parte de sus ensayos, por lo que agradece a Beatriz de Moura que "confiase en su escritura" y le abriese las puertas de la editorial.
Batalla epistolar
La relación epistolar con su editora fue muy intensa. El escritor ha explicado que en una carta, De Moura le indicaba todos los cambios lingüísticos para publicar su primera novela en España. Ha rememorado que le mandó un fax "de aquí a la pared, lleno de notas minuciosas sobre que esto había que decirlo así o asá. Ahí tuvimos una lucha dialectal (...) Le respondí en una carta igual de kilométrica a veces defendiendo la norma mexicana o asumiendo que la norma española era más universal. Fue una batalla epistolar bastante minuciosa".
Celorio también ha depositado la crónica de un viaje que hizo por el norte de España "en busca del románico" con su hijo Diego, afincado desde hace años en Madrid.
Legado de Gonzalo Celorio. EFE/ Sergio Perez
Con raíces familiares en Cuba aunque nacido en México, Celorio mantiene una posición "muy crítica" sobre la isla y su régimen, pero, en su día, la Revolución Cubana fue un faro para todo el continente: "Independientemente de mi posición actual, que es una posición muy crítica, tengo que decir, Cuba fue en la revolución cubana del 59, una esperanza para toda América Latina en aquellos momentos. Yo no podía entender mi generación, sin el antecedente importantísimo de la revolución cubana".
Tras el acto de entrega del legado, Celorio y García Montero han protagonizado un coloquio, en el que el galardonado con el Cervantes ha agradecido la huella cultural de los exiliados republicanos en la otra orilla del Atlántico: "Mi maestro fue el exilio español republicano porque mis maestros procedían de ahí". De ellos, destaca "el rigor y la tolerancia, estos dos valores me parecen verdaderamente fundamentales".