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El grupo de Ramón Flecha publicó 104 artículos sin filtro ético de proyectos dotados con 10,4 millones

  • La asociación Oficina Española de Integridad en la Investigación pide que se revisen los artículos y se retracten
  • El comité de ética de CREA nació para controlar quién escribía y firmaba los artículos, según el profesor Ignasi Puigdellívol
La red de investigación CREA ha publicado 104 artículos sin revisión ética entre 2020 y 2026
La red de investigación CREA ha publicado 104 artículos sin revisión ética entre 2020 y 2026.

CREA, la Comunidad de Investigación sobre Excelencia para Todos, fundada en 1991 en la Universidad de Barcelona (UB) por el catedrático Ramón Flecha, investigado por la Fiscalía por acusaciones de coerción y acoso sexual, tiene un nuevo frente abierto.

La asociación Oficina Española de Integridad en la Investigación (OEII) ha detectado al menos 104 artículos académicos publicados en los últimos seis años que han recibido la aprobación de un comité de ética irregular dirigido por la también exdirectora de CREA, Marta Soler, y formado por investigadoras e investigadores de la propia red. La OEII, tras solicitar a las editoriales y universidades que analicen los artículos, tiene previsto pedir su retractación. También avisa de que el número podría aumentar, ya que tienen 22 artículos más en el punto de mira.

Un comité de ética de la investigación es un equipo de trabajo que revisa los proyectos de estudio antes de su puesta en marcha. En el área de conocimiento de este caso, las ciencias sociales, su función es proteger a los participantes: que se respete su privacidad, que den su consentimiento informado y que no sufran ningún perjuicio durante el estudio.

La mayoría de trabajos (71) se redactaron fruto de investigaciones financiadas con al menos 10.439.695 euros de dinero público que han recibido proyectos de ámbito autonómico, nacional y europeo coordinados por miembros de CREA —en el caso de los proyectos europeos formados por un consorcio, la UB recibe una parte del presupuesto—, así como dos contratos Ramón y Cajal. El resto de artículos, o se realizaron sin financiación (17) o no se indica (16).

La Universidad de Barcelona es la que cuenta con mayor número de artículos en esta situación, 69, seguida de la Universitat Rovira i Virgili (URiV, 15), Universidad del País Vasco (UPV/EHU, 5), Universitat Autònoma de Barcelona (UAB, 4), Universidad de València (3) y Deusto (3). El resto cuenta con un artículo detectado sin filtro ético: Universidad Nebrija, Universidad Autónoma de Madrid (UAM), Universidad de Córdoba (UCO), Universidad de Granada (UGR), Universidad de Zaragoza (Unizar) y Universidad Autónoma de Chile.

En un comunicado lanzado en X por exmiembros de CREA —el grupo anunció su disolución en diciembre de 2025— se reconoce que contaban con este órgano irregular: “Cuando no existían todavía comités de ética en nuestras universidades, o existían, pero no pasaban a revisión los artículos de ciencias sociales y humanidades, siguiendo las orientaciones internacionales vimos la necesidad de crear un comité de ética en nuestra propia red que funcionara provisionalmente”. Fuentes de un comité de ética universitario explican que, en investigación biomédica, estos órganos existen desde hace mucho tiempo, y las ciencias sociales “se han sumado en los últimos años”.

Los 104 artículos publicados sin filtro ético, según la OEII, vieron la luz entre 2018 y 2026 en publicaciones de las siguientes editoriales: MDPI, Frontiers, Taylor & Francis, Springer Nature, Sage, Elsevier, Wiley, PLOSONE, AIMS Press, Science Direct y la editorial propia de la red CREA, llamada Hipatia.

No es la primera vez que la red CREA es noticia por prácticas cuestionadas, Ramón Flecha publicó como propio un artículo sobre acoso sexual que había elaborado una investigadora de su equipo y en septiembre eliminó 7.000 citas de su perfil de Google Scholar para no ser expulsado del ranking del CSIC, según publicó elDiario.es.

"La coerción te convence de que lo que haces es lo correcto"

El último registro públicado de la composición del órgano irregular, de enero de 2025, demuestra que la catedrática Marta Soler, quien ha declinado responder a RTVE Noticias, era su directora. Actualmente, está suspendida de empleo por la Universidad de Barcelona de su cargo como directora del Departamento de Sociología. Junto a la también catedrática Lidia Puigvert han demandado a la institución porque alegan su derecho a conocer las acusaciones que han motivado su suspensión y han solicitado acceso al expediente administrativo, como adelantó La Vanguardia.

Personas de mucho peso en la universidad, como catedráticos y catedráticas, son las que te dicen que esto se hace así

Por su parte, una persona que trabaja en la UB y que ha pertenecido durante más de 15 años a CREA —ha solicitado anonimizar su identidad—, lamenta esta situación: “Sé de personas que han trabajado muy duro en muchos artículos y su trabajo se puede ver cuestionado porque en todo momento creían que seguían los cauces adecuados de publicación”. En ese sentido, y refiriéndose al funcionamiento que describió la UB como de "grupo coercitivo de alto control”, considera: “La situación de coerción, manipulación psicológica y abuso de poder te convence de que todo lo que haces es lo correcto y ha influido en que esto suceda. Personas de mucho peso en la universidad, como catedráticos y catedráticas, son las que te dicen que esto se hace así”.

Un total de 100 artículos incluyen la afirmación de que “ha sido aprobado por el Comité Ético de CREA”, mientras que dos achacan la aprobación ética al Gobierno de la Junta de Andalucía, uno a la Agencia Estatal de Investigación (AEI) —principal órgano que gestiona los proyectos del Plan Nacional de I+D— y otro al Instituto de las Mujeres.

El presidente del Comité de Ética de la Investigación (CEI) Provincial de Málaga, Manuel Herrera, ha confirmado que no han evaluado los estudios clínicos que habrían dado lugar a las dos publicaciones. La AEI responde que “no valora la dimensión ética de los proyectos” y que los receptores de fondos tienen que acudir al "comité de ética de la investigación de su universidad o centro que garantiza el cumplimiento de la normativa". El Instituto de las Mujeres revela que “no cuenta en su estructura con un órgano reglado denominado 'comité de ética', ni, entre las funciones encomendadas por la Ley 16/1983, está la de la evaluación o supervisión ética”.

A la izquierda, una aprobación de ética de CREA; a la derecha una del comité de bioética de Barcelona.

A la izquierda, una aprobación de ética de CREA; a la derecha una del comité de bioética de Barcelona.

En el comunicado recientemente difundido por varias profesoras vinculadas a CREA en el momento de su disolución se afirma que el comité realizaba revisiones éticas “hasta que lo hicieran” sus universidades y también una “revisión complementaria no obligatoria cuando las publicaciones estuvieran vinculadas a proyectos de investigación que ya habían pasado esa revisión ética en el marco de los programas científicos como Horizon o el Plan Nacional I+D”.

Como refleja la propia UB, los proyectos europeos deben “obtener un informe favorable de un comité ético local del país en el que se llevará a cabo la investigación”.

Comunicado de exmiembros de CREA sobre el comité de ética irregular.

Comunicado de exmiembros de CREA sobre el comité de ética irregular. Imagen: X

No hay normativa de evaluación ética en muchas ciencias

Para entender por qué la OEII piensa que estos artículos se deberían retractar, RTVE Noticias ha hablado con fuentes de diversos comités de ética, con universidades y con profesorado implicado en proyectos de investigación de ciencias sociales. El jefe de la Oficina de Investigación Responsable de la Universidad Miguel Hernández, Alberto Pastor, afirma que estos comités toman como referencia la Ley 14/2007 de Investigación Biomédica. “No existe una norma equivalente que establezca, con el mismo nivel de detalle, cómo debe articularse la evaluación ética de otros tipos de investigación en seres humanos”, apunta, como sería en ciencias sociales, donde se lleva a cabo manejo de datos personales, entrevistas, cuestionarios a participantes, etc.

Un comité de ética propio es un conflicto de intereses

Pastor manifiesta que estos órganos llevan décadas trabajando “para cubrir esa laguna práctica” y dar garantías éticas y de protección a las personas participantes allí donde no llega la ley. Asimismo, explica que las instituciones que financian investigación y las editoriales académicas lo exigen como condición para conceder fondos y publicar. Diversas fuentes de comités de ética señalan que no conocen ningún caso de un grupo de investigación en una universidad que haya creado su propio órgano. “Eso invalida cualquier decisión, es un conflicto de intereses”, apunta una fuente que añade que no pasar por un comité de ética reconocido hace que a las investigaciones les falte un elemento “imprescindible de evaluación y credibilidad”.

Las universidades desconocían esta práctica

La Universidad de Barcelona, que abrió una investigación Ramón Flecha y a CREA en septiembre y en diciembre decidió enviar el caso a la Fiscalía antes de acabar su investigación interna, continúa examinando los casos de supuesta mala praxis en la integridad académica o investigadora vinculados a la actividad de CREA. La UB recuerda que esta red es una entidad sin personalidad jurídica y sin vinculación formal con ellos desde 2015, aunque la mayoría de académicas y académicos que la integraban trabajan en esta universidad. “Disponemos de un Comité de Bioética, que es el único órgano competente en la materia. Es el propio personal investigador el responsable de solicitar y obtener el informe favorable del comité”, señalan y resaltan que es un requisito para iniciar cualquier proyecto de investigación con seres humanos, muestras biológicas de origen humano y sus datos.

En general, las universidades consultadas desconocían esta práctica —alegan que la producción académica es constante e imposible de controlar en su totalidad— y consideran que la responsabilidad es del autor/a de correspondencia. La UPV/EHU va a ver “en cada caso qué medidas adoptar”, aunque “cabría solicitar retractación” si se determina la existencia de alguna práctica censurable. Deusto está examinando los artículos; la Universidad de Zaragoza aclara que ninguno de sus docentes ha formado parte del comité de ética de CREA; la Universidad de Nebrija ha comentado que la persona responsable del artículo que les corresponde ya no forma parte de su plantilla.

Por su parte, la Universidad Rovira i Virgili ha creado un grupo de trabajo específico para analizar estos hechos y comenta que, en el caso de que se confirmen los hechos, los considerará "mala praxis" según sus normas éticas y de transparencia. La UAB asegura "no tener constancia de que ninguno de estos artículos haya evitado un control de carácter obligatorio" por parte de su comité de ética y apuntan a que son las revistas las que "tienen la competencia del control y de los requisitos" exigidos. Por último, la UGR tras revisar el artículo del que es responsable una persona académica de su universidad, afirma que al tocar un tema "fuera de su ámbito territorial", no tiene competencia para evaluarlo.

Contactadas todas las editoriales, de momento Frontiers, MDPI, Sage, Springer, PLOSONE y Elsevier, tienen una investigación en marcha de los artículos. Esta última editorial subraya que según sus políticas editoriales, los artículos deben incluir "una declaración de que todos los procedimientos se realizaron de conformidad con las leyes pertinentes y las directrices institucionales, y de que el comité institucional correspondiente los hayan aprobado".

"El comité de ética de CREA era control soviético de las publicaciones"

RTVE Noticias ha hablado con dos personas que recuerdan los inicios del comité de ética de CREA. En 2015, el ahora profesor honorífico de la UB Ignasi Puigdellívol solicitó que se celebrara una asamblea para debatir con las y los integrantes de CREA la conveniencia de elaborar artículos derivados de sus tesis y artículos colaborando con personas externas.

“En la asamblea, a la que asistieron unas 40 personas, dijeron que era un grupo colaborativo y que si se quería hacer un artículo con alguien de fuera, había que pedir autorización al comité de ética que ya funcionaba. Respondí que era absurdo, pero hubo unanimidad en contra de mi propuesta”, cuenta el catedrático. Matiza que el comité controlaba quién tenía que escribir y firmar los artículos.

Me di cuenta de que había un funcionamiento sectario, en temas tan opinables la unanimidad no existe

“Me sorprendió que nadie votara en contra o que no dieran su opinión. Ahí fue cuando me di cuenta de que había un funcionamiento sectario, porque en temas tan opinables, la unanimidad en la universidad no existe”, opina. Tras la asamblea, Puigdellívol afirma que el comité no revisaba la ética de los artículos, sino que “en la práctica era absolutamente control soviético de las publicaciones”. Un tiempo después abandonó la red para dedicarse a su vida académica e investigadora fuera de CREA.

Corrobora esta versión la persona que estuvo 15 años dentro de la red. Afirma que la reunión se celebró “para decir que nadie podía publicar nada que hubiera sido generado por CREA sin pasar por el comité de ética”. Aunque reconoce que en el día a día se hablaba de la ética de la investigación, manifiesta que la responsabilidad de garantizarla era de cada académica o académico miembro.

En el trabajo con artículos, esta persona narra que trabajaba en la redacción, pero eran otras personas quienes se encargaban de trámites como el de pasar por un comité de ética. “Normalmente los que firmaban en primer lugar se encargaban de eso, nunca se hablaba de los informes de ética”, explica y cuenta que, desde la pandemia de COVID-19, había varias reuniones a la semana para hablar de las publicaciones. “Con ese ritmo de publicación que se llevaba era materialmente imposible que diera tiempo a pasar por los filtros del comité de bioética”, sentencia.

Respecto a los tiempos previos a la pandemia, manifiesta que cuando se encargaban artículos, los y las integrantes trabajaban “como desquiciados, muy en soledad”. “Se hacían quedadas fuera de horario laboral, por las noches en pisos, en el piso de la playa [un piso de uso de los integrantes de CREA en Badalona], para redactar propuestas a proyectos, artículos, etc.”, remata.

Fe de erratas: el gráfico 1 (universidades) ha sufrido una modificación, ya que había dos artículos atribuidos por error a Universidad Loyola que en realidad son de la UB.

El descubrimiento de la Oficina Española de Integridad en la Investigación

Hace meses, los miembros de la OEII encontraron un primer artículo con la frase “el estudio recibió la aprobación del comité de ética de CREA”. “Los asociados lo hablamos y pensamos que no debía ser correcto”, cuenta el secretario de la OEII, Antonio Herrera.

Fueron hallando un artículo tras otro: “Vimos que no era un caso puntual, sino una producción masiva desde el año 2020 hasta 2026”. Ante el volumen de artículos sin aval ético, Herrera se muestra “muy preocupado” porque investigaciones de temas sensibles como la violencia de género o la educación “llevan la coletilla de que está avalado científicamente y no tiene el aval de un comité de ética oficial”. Por la parte que toca a las investigadoras e investigadores, cree que el comité "podría haber sido usado como herramienta de coerción" sobre estas personas.

Asimismo, Herrera recuerda que hay precedentes conocidos, como el caso del rector de la Universidad de Salamanca, Juan Manuel Corchado, que se autocitaba y Springer Nature le retractó 75 artículos. “Autocitarse está mal, aunque es discutible. Validar un estudio por un comité de ética fraudulento nos parece gravísimo”, sentencia. Asimismo, recuerda que hay bibliografía científica que analiza más de 30 años de retractaciones y documenta que “la inexistencia o invalidez del comité ético es motivo suficiente para retractar artículos”.