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La muerte de Quentin, el crimen político que puede cambiar Francia

  • Los supuestos vínculos de los asaltantes con Francia Insumisa eleva la percepción de ese partido como tóxico
  • Reagrupación Nacional aprovecha la oportunidad para proyectar una imagen de respetabilidad
La muerte de Quentin que puede cambiar el panorama político de Francia
Homenaje para Quentin, el activista de extrema derecha que murió tras una paliza de activistas de extrema izquierda en Lyon Sameer AL-DOUMY / AFP
Antonio Delgado (Corresponsal RNE París)
Antonio Delgado (Corresponsal RNE París)

La muerte del militante ultraconservador francés Quentin Deranque a manos de activistas de ultraizquierda en Lyon ha desatado un vendaval de reproches contra Francia Insumisa (LFI), en un momento en que la mayoría del país ya percibe a este partido izquierdista como un apestado político. El impacto puede cambiar la partida electoral en la República francesa.

Quentin, 23 años, era miembro de los Alóbroges, un grupúsculo neofascista con nombre de tribu celta y radicado en Lyon. La capital de la antigua Galia romana es ahora un hervidero de movimientos nacionalistas y tradicionalistas católicos.

El 12 de febrero, una célebre eurodiputada ‘insumisa’, Rima Hassan, iba a dar una conferencia en su universidad. Jóvenes radicales de derecha e izquierda se enfrentaron en la calle. Una "pelea entre dos bandas" que derivó en un "linchamiento", según los términos del ministro del Interior, Laurent Núñez.

Quentin, caído en el suelo, recibió los golpes de al menos seis contendientes. Un vídeo muestra a uno de ellos propinarle una fuerte patada en la cabeza. Tras dos días en coma, los médicos certificaron su muerte el sábado 14 de febrero.

¿Por qué un suceso callejero se ha convertido en acontecimiento político? Hay que seguir un camino de hechos y suposiciones. Entre los siete presuntos agresores procesados, al menos uno tiene vínculos con Francia Insumisa: Jacques-Eli Favrot, asistente del diputado de LFI Raphael Arnault. Este es a su vez cabecilla de la Joven Guardia, colectivo antifascista que el líder de LFI, Jean-Luc Mélenchon, ha ensalzado y acogido en el seno de su formación. No exenta de controversia. En junio de 2025, el Ministerio del Interior disolvió por decreto a la Joven Guardia por "sus actuaciones violentas".

Hasta aquí los hechos. Desde aquí las suposiciones: la disuelta Joven Guardia habría estado actuando de facto como cuerpo de seguridad y fuerza de choque del partido de Mélenchon. "El brazo armado de LFI", lo define Jordan Bardella, presidente de Reagrupación Nacional (extrema derecha).

LFI lo niega. "Ningún ‘insumiso’ está vinculado ni de cerca ni de lejos con el drama (en Lyon)", clamó esta semana en la Asamblea Nacional su portavoz, Mathilde Panot. "Es hora de que hagan limpieza", replicó escéptico el primer ministro Sébastien Lecornu.

La tragedia de Lyon es un suceso político de primer orden porque cae en un campo abonado, en el que ya ha calado la percepción de que Francia Insumisa es un partido "peligroso para la democracia" (64 % encuestados) o que “atiza la violencia” (68 %), según el sondeo Fracturas Francesas de Ipsos de 2025.

¿Qué causó el crimen?

Las causas son complejas: la retórica agresiva de Mélenchon; sus purgas autoritarias (descritas en el libro La Meute -La jauría-, por los periodistas Perou y Belaich); su supuesta connivencia con el islamismo y el antisemitismo; el desplazamiento hacia la derecha de la opinión francesa. Razones quizá vaporosas, pero que se han condensado en la impresión mayoritaria de que LFI es tóxico.

Casi más importante: su imagen ha ido empeorando a medida que mejoraba la de Reagrupación Nacional, el partido de Marine Le Pen y Bardella. Hacia 2022, sus líneas se cruzaron. Desde entonces, hay más franceses que temen a los de Mélenchon que a los de Le Pen. El Gobierno francés clasificó a LFI como de "extrema izquierda" el 2 de febrero, solo una semana antes de la tragedia.

Con el viento de la indignación a favor, los de Le Pen piden ahora desplazar el "cordón sanitario" que durante décadas les ha marginado y usarlo para aislar con él a los ‘insumisos’. El líder de la derecha tradicional, Bruno Retailleau, está de acuerdo.

No es solo una metáfora. Si LFI es el partido tabú, la ‘mala compañía’ de la política francesa, será difícil reconstruir los frentes electorales de izquierdas o republicanos que hasta ahora han frenado a los de Le Pen. Por contraste, los de Le Pen avanzan en su senda hacia la respetabilidad. Significativamente, Bardella ha ordenado a los suyos que no vayan a la marcha ultra convocada este sábado en Lyon en homenaje a Quentin.

Otro dato clave: el crimen de Lyon sacude Francia a un mes de las elecciones municipales y a un año de las presidenciales, con Le Pen (por ahora inhabilitada) y Bardella en cabeza en los sondeos para suceder a Emmanuel Macron.