Europa: ¿cuántas alarmas necesita para despertar?
- Trump ha forzado a la Unión Europea a manejarse entre los Estados Unidos y China
- Europa debate su futuro en dos citas clave: la cumbre informal en Bélgica y la Conferencia de Seguridad en Múnich
Wake up call significa llamada para despertar, el despertador que suena, y es una expresión muy usada en el periodismo en inglés. Cuando de Europa se trata, y en especial de la Unión Europea, se refiere a su emancipación de los Estados Unidos en materia de seguridad, y de China y EE.UU. respecto a la tecnología e innovación. La primera presidencia de Donald Trump (2017-2021) sonó muy alto el despertador, durante la presidencia de Joe Biden caímos en una especie de duermevela, sabíamos que teníamos que levantarnos, darnos una ducha y ponernos en marcha, pero nos costaba desperezarnos, hasta que llegó 2024 y vimos que el magnate podía volver a la Casa Blanca y podía ser, para la Unión Europea, peor que la primera vez. Y está superando las expectativas.
Esta semana los líderes de los 27 estados de la Unión Europea se han reunido de manera "informal" una vez más para darle vueltas a la cuestión, y el viernes ha empezado una Conferencia de Seguridad en Múnich a la que los europeos acuden escarmentados por la intervención del vicepresidente estadounidense, JD Vance, el año pasado que fue toda una declaración de hostilidad.
Tomaron tanta nota que el informe que ha precedido a la Conferencia lo han titulado 'Bajo destrucción', y sitúa al gobierno estadounidense al frente. Destrucción del llamado orden mundial en el que hemos vivido. Un orden que no era del todo orden ni del todo internacional, como señaló Mark Carney, el primer ministro de Canadá, en su celebrado discurso en Davos el mes pasado. La reacción que recomienda Carney es que las potencias medianas se organicen entre ellas y creen nuevas alianzas para manejarse en un mundo donde se imponen dos superpotencias, los Estados Unidos y China.
Europa ninguneada por el gobierno Trump
Es una de las conclusiones a las que llegar cuando se ha cumplido el primer año de la segunda presidencia de Donald Trump. "En el último mes he tenido que dedicar más tiempo a Groenlandia que a Ucrania", así resumió el ministro de Exteriores de los Países Bajos, David van Weel, la paradoja del nuevo sistema en que nos encontramos en materia de seguridad, en un momento dado, preocupa más la amenaza del principal socio en Defensa que la guerra que tenemos en nuestras fronteras.
Ignacio Molina, investigador del Real Instituto Elcano y profesor de relaciones internacionales, destaca una serie de momentos clave de ese ninguneo, incluso humillación; lo llama traumas, en este último año de Trump presidente. Lo primero fue la mencionada intervención recriminatoria de JD Vance en la que dijo aquello célebre de que hay un nuevo sheriff en la ciudad, y recriminó a los gobiernos europeos que pongan cordones sanitarios a la extrema derecha y controlen los discursos de odio. Vance llegó al punto de decir que la mayor amenaza a la seguridad de Europa no era Rusia, sino la propia Europa con sus políticas actuales.
Por orden cronológico, lo siguiente fue la encerrona y humillación a la que Trump y su vicepresidente, Vance, sometieron al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. en el Despacho Oval. Luego vino lo que el mandatario decidió que era el Día de la Liberación, cuando anunció nuevos aranceles a casi todos los países siguiendo criterios arbitrarios, y su obsesión con acusar a la Unión Europea de extorsión.
Le siguieron: el ultimátum de que los socios europeos de la OTAN gasten el 5% del PIB en Defensa, la cumbre de Alaska en la que recibió con alfombra roja y pleitesía al presidente de Rusia, Vladímir Putin; el famoso documento de 28 puntos que incluye obligar a Ucrania a ceder terreno a Rusia y que se elaboró sin contar con Europa, y que parecía dictado por Moscú. "La primera vez que se trata una crisis de seguridad europea sin contar con Europa", señala Ignacio Molina. En otoño llegó la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional en la que solo se menciona a Europa para denunciar su política migratoria que la "desfigura y erosiona su civilización", alentar la relación con Rusia y promover los partidos nacionalistas. Ya en este 2026, el Gobierno Trump le ha vetado la entrada al país a un excomisario y otros cuatro responsables europeos por la regulación de las redes sociales, que afectan a amigos y financiadores suyos. Lo más reciente ha sido la amenaza de anexionarse un territorio europeo, la isla de Groenlandia, "de una manera u otra".
Esta exposición forma parte de una jornada que el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales dedicó esta semana en Madrid al año de Trump 2 y sus consecuencias, y que contó con la participación de una veterana de las relaciones entre Estados Unidos y Europa, la llamada relación transatlántica, Amanda Sloat, que fue asesora para Europa en la presidencia de Joe Biden.
"La esperanza no es una estrategia"
Es la advertencia que transmite a los europeos Amanda Sloat. "Estados Unidos no volverá a ser lo que fue en su relación con Europa, no son cambios temporales, se están produciendo cambios fundamentales en los EE.UU. y en el sistema internacional", lo ha dicho Amanda Sloat esta semana en una jornada del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Es la misma advertencia que lanzó Mark Carney en Davos: "el viejo orden no volverá y no debemos lamentarlo; la nostalgia no es una estrategia".
Sloat urge a la Unión Europea a reaccionar militar, política, económica y tecnológicamente. Políticamente, considera que hay que confrontar al presidente Trump. "La estrategia del Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, es equivocada porque Donald Trump sólo reacciona ante la fuerza", con ese convencimiento recomienda que los Veintisiete actúen con unidad y determinación, y que para lograrlo encuentren una manera más efectiva de funcionar. Económica y, sobre todo, tecnológicamente, Sloat está en sintonía con el diagnóstico y las propuestas de Mario Draghi y Enrico Letta, la Unión Europea tiene que ser más competitiva y fomentar la innovación tecnológica para no seguir dependiendo de EE.UU. y de China. "China no es la respuesta, no creo que deban cambiar la dependencia de EE.UU. por la de China". Sloat ofrece una alternativa sin salir de Estados Unidos, teniendo en cuenta su gobernanza: "negociar, llegar a acuerdos con los Estados, no el Gobierno federal, y con grandes empresas, actores en auge de la política internacional".
De cómo debe reaccionar la Unión Europea en este nuevo mundo han hablado los mandatarios de los Veintisiete en el fastuoso castillo de Alden Biesen, a las afueras de Bruselas, donde se reunieron el jueves.
Un mercado único más integrado y varias "velocidades"
"Una Europa, un mercado" es el lema de la tarea que se han impuesto los gobernantes de la UE. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, en su comparecencia al final del encuentro lo establecieron como prioridad para este año. "Si 2025 fue el año de avanzar en defensa, 2026 lo será en competitividad", dijo Costa. Y establecieron cinco puntos en los que trabajar a partir de ahora: simplificación (menos burocracia, menos trámites y trabas), mercado único, energía a precios más bajos, transformación con Inteligencia Artificial y un comercio fuerte. Objetivo que se plantean alcanzar para finales de 2027.
A la pregunta de si todos los gobiernos están dispuestos a eliminar las barreras nacionales que se mantienen dentro del actual mercado único, para que sea totalmente un mercado único, la presidenta de la Comisión subrayó el sentimiento de urgencia que comparten los 27, y adelantó una Europa a velocidades variables, funcionando con la llamada cooperación reforzada. "A menudo nos movemos a la velocidad del miembro más lento, la cooperación reforzada lo evita. Está en los tratados. Para ello son necesarios 9 miembros. Podemos empezar así y, a medida que más países quieran integrarse, integrarlos", afirmó el jueves Ursula Von der Leyen.
La alarma más evidente para Europa: la Defensa
Desde Eisenhower en los años 50 del siglo pasado todos los gobiernos de Estados Unidos han pretendido aligerar el compromiso contraído con Europa occidental, destruida y arruinada tras la Segunda Guerra Mundial, no sólo con la ayuda a la reconstrucción con el famoso Plan Marshall, sino, y sobre todo, en Defensa. No era altruismo, a EE.UU. le interesaba una Europa próspera en paz y, sobre todo, un muro de contención a la Unión Soviética y el bloque comunista.
Que los socios de la OTAN tenían que dedicar mayor presupuesto a Defensa es ya un clásico, era uno de los principales contenciosos transatlánticos cuando entrevisté a Nicholas Burns, entonces segundo de Condoleezza Rice en Exteriores, hace casi veinte años. Los presidentes demócratas Barack Obama y Joe Biden, el último atlantista, no fueron una excepción. Luego llegó el primer mandato de Trump, cuando llegó a amenazar con retirarse de la alianza militar que creó Estados Unidos.
En esta segunda presidencia no habla de salir del club militar, pero sí de contribuir menos. La alarma va tan en serio que ocho exembajadores de EE.UU. en la OTAN y ocho altos mandos militares han hecho pública una carta la víspera de la Conferencia. En ella reivindican la Alianza Atlántica como un instrumento importante para los Estados Unidos: "Lejos de ser caridad, es una fuerza multiplicadora que permite a Estados Unidos proyectar poder e influencia de una manera que sería imposible o carísimo alcanzar por sí mismos". "La OTAN es vital para la seguridad nacional", titulan la carta.
"¿Gastar más para qué?" es la pregunta que plantea Jesús Núñez Villaverde, militar retirado y analista internacional. "¿De dónde sale ese 5% del PIB que exige Donald Trump a los europeos? Analicemos primero qué necesitamos para nuestra defensa y luego pasemos al presupuesto", propone.
Desde la perspectiva estadounidense, da igual la ideología, si los europeos nos podemos permitir el lujo del mejor Estado del Bienestar del mundo, mucho mejor que el de EE.UU., es porque ellos han cargado con la factura de nuestra defensa. Ese es su planteamiento. No se trata sólo del gasto. Europa depende militarmente de Estados Unidos y la prueba más evidente es la guerra de Ucrania. Si Washington retira su ayuda militar, Europa no tiene capacidad para tomar el relevo.
Cuidado con la injerencia política: fomento de la extrema derecha
No se trata de una teoría conspirativa, los partidos y líderes políticos europeos mejor considerados por Trump y su entorno son los de la extrema derecha o, si se prefiere, derecha populista o ultranacionalistas.
Tras soltar su reprimenda a los gobiernos europeos por su política respecto a esas derechas, JD Vance se reunió el año pasado con la líder del partido ultraderechista Alternativa por Alemania, vetada el año pasado en la Conferencia de Múnich, a días de las elecciones federales del país. Por ella pidió el voto Elon Musk, en aquel momento, principal asesor del presidente. El líder que más halaga Trump es el húngaro Viktor Orban, por quien, este mismo viernes, ha pedido el voto en las próximas elecciones del 12 de abril. "Fue un orgullo apoyar a Viktor para su reelección en 2022, y es un honor volver a hacerlo", escribió en su red social.
En la Estrategia de Seguridad Nacional, hecha pública el pasado noviembre, el Gobierno estadounidense deja escrito que "la diplomacia de EE.UU. debe seguir defendiendo la celebración desacomplejada del carácter individual y la historia de las naciones europeas (...). La influencia creciente de los partidos patrióticos europeos es una razón para el optimismo".
"Europa tiene que tomarse en serio esta amenaza y proteger sus instituciones democráticas", alerta Amanda Sloat. "Trump no lo apoya tanto por favorecer esos partidos como para que éstos erosionen los partidos tradicionales, centrales". Jesús Núñez lo expresó de manera mucho más directa y gráfica: "Vienen a por nosotros".
Con las gafas de Anna Bosch