La vida después de una gran tragedia como la de Adamuz, entre el duelo y la reivindicación
- Víctimas de los accidentes de Angrois, del avión de Spanair y del Metro de Valencia narran sus propias vivencias
- Refugiarse en el entorno y compartir experiencias puede aliviar el sufrimiento, pero no apartarlo del todo
La vida después de una tragedia como el accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) sigue, pero nunca será la misma para los supervivientes que viajaban a bordo de los trenes ni para las familias que perdieron el 18 de enero a un ser querido. Lo saben bien María Fernanda, Pilar y Rosa, tres mujeres que, a su pesar, comparten una historia personal de duelo y reivindicación en memoria de quienes fallecieron en tres de las catástrofes más dramáticas en la historia del transporte en España.
María Fernanda Martínez perdió el 24 de julio de 2013 a su primo, casi "un hermano mayor" con el que compartió piso y pandilla de amigos. Manolo residía fuera de España, pero viajaba a bordo del tren Alvia que descarriló en la curva de Angrois rumbo a unas fiestas a las que nunca llegaría.
La psiquiatra de origen suizo Elisabeth Kübler-Ross planteó una teoría que divide el duelo en cinco fases y María Fernanda siente que ha pasado por todas. Primero llega la negación, en la que "no te crees que eso es normal", que este tipo de tragedias "le pasan a otra gente y nunca te va a pasar a ti". Luego, la ira, "porque no te crees que sea justo", para dejar paso a la negociación, a la depresión y a la aceptación.
María Fernanda Martínez perdió a su primo en la tragedia ferroviaria de Angrois Foto cedida por María Fernánda Martínez
"Te intentas acomodar a la realidad", explica María Fernanda, que plantea un plazo de "años" hasta que "acabas aceptando" lo vivido o sufrido. Un recorrido de altibajos que explica a RTVE Noticias y que, sin pretender servir de referencia, sí puede ser un punto de agarre para quienes ahora están buscando fórmulas para salir adelante.
Manolo murió con 40 años recién cumplidos, pero sigue en el recuerdo de sus seres queridos. Así lo quiere hacer ver su prima, que el año pasado vivió un particular "reencuentro" con él cuando volvió a Salamanca, la ciudad en la que compartieron piso, y vio a muchos de los amigos que en su día compartieron. "Fue un reencuentro con Manolo".
"Recuerdo estar como en una nube"
Las vivencias comunes son también el salvavidas al que se agarra Rosa Garrote, que perdió a su hermana gemela Maica cuando el metro en el que viajaba se estrelló en Valencia el 3 de julio de 2006. Murieron 43 personas.
Rosa Garrote agradece el apoyo en una concentración en Valencia EFE/ Biel Aliño
"Recuerdo estar como en una nube. Tenía mi día a día, en el que me levantaba, salía a pasear, me ponía en un banco a leer", explica al hablar de esa primera etapa de convivencia con una nueva realidad aún difusa.
¿Cómo se sale de esta nebulosa? "Cuando fui un poco consciente, intenté aferrarme al recuerdo de mi hermana. ¿Cuándo fue la última vez que habíamos estado juntas?", rememora Rosa, que hace hincapié en las personas que siguen con vida. Su hermana había dejado un viudo y un hijo, también varias hermanas y una madre que buscaban "seguir adelante" y hacerlo "entre todos". No es fácil, confiesa, y nadie dijo que lo fuera.
Rosa relata un proceso con altibajos, en los que "unos días estás mejor y otros peor", y en el que al menos a ella le ayudó hablar con otras personas. Con su familia y también con otras víctimas. "Cada uno lo vivía a su manera, pero teníamos todos la misma circunstancia", asegura esta mujer, que terminaría encontrando este refugio en la Asociación de Víctimas del Metro 3 de Julio (AVM3J).
Hablar para sanar, porque "las experiencias duelen menos cuando se hablan y se comparten", como recalca Pilar Vera, tía de una de las 154 personas fallecidas por el accidente de un avión de Spanair el 20 de agosto de 2008 y presidenta de la Asociación de Afectados del Vuelo JK5022. La misa funeral celebrada en Huelva el jueves en memoria de las víctimas de Adamuz simbolizó de alguna forma esta necesidad de colectivizar el duelo, de sentir apoyo.
Y no es baladí, teniendo en cuenta además que en sucesos de esta magnitud, según Pilar, habrá algún momento en que las familias de las víctimas "se queden a oscuras", fuera ya de los "focos" políticos y mediáticos de las primeras semanas. Serán ellos quienes vuelvan a sus casas sin cámaras ni políticos de por medio.
Heridas que no cicatrizan
Esos focos vuelven a encenderse de cuando en cuando, dirigidos a una nueva tragedia que estas tres mujeres vuelven a sentir cada vez como propia. A Pilar las primeras noticias de los descarrilamientos en Adamuz le sorprendieron durante un viaje y su reacción inicial pasó por venirse abajo, por "romperse". De hecho, optó por "no leer ni ver nada" hasta "recomponerse" de ese impacto.
Pilar Vera, presidenta de la Asociación de Afectados del Vuelo JK5022 Foto cedida por Pilar Vera
Ella tuvo que despedirse hace más de 17 años de su sobrina Ana pero entiende que "para cualquiera que haya sobrevivido o enterrado a algún ser querido por una tragedia" el tiempo "no actúa como un bálsamo, sino como un puñal". Ocurren accidentes como el de Adamuz y "es como si te clavaran un puñal y volviera a brotar sangre", a "sentirte inseguro" y a revivir cosas que parecían "olvidadas" por lejanas, explica.
Rosa no llegó a apagar la televisión el 18 de enero como sí hizo cuando se produjo el accidente de Angrois, "tan cercano" a lo que ella misma había vivido. Al enterarse del descarrilamiento en Adamuz y leer unas primeras noticias sobre heridos, sus primeros sentimientos viraron hacia el alivio, a pensar "menos mal, no ha pasado nada", pero horas después, y a medida que se iba conociendo la magnitud, de nuevo comenzó a "revivir" su propia experiencia.
Entre otras cosas, señala, porque quienes han sufrido en primera persona algo así empatizan con la "angustia" de esos momentos en los que no sabes dónde se encuentra tu ser querido, si está vivo o muerto.
Poner a las víctimas en el centro
A María Fernanda le volvió todo a la cabeza al enterarse de este último accidente ferroviario y, con ello, un poso de "rabia" e "impotencia" que siempre asoma entre quienes sienten que el sistema, de alguna manera, ha vuelto a fallar. Y apela a un "ojalá" para confiar en que con las víctimas de Adamuz no se repitan errores del pasado, ya que alega que su familia sufrió una "falta de atención" por parte de las administraciones públicas.
Reclama para estas víctimas atención psicológica y una depuración de responsabilidades que no pase por un reparto de culpas públicas, así como más inversión en infraestructuras y mantenimiento con el objetivo de que Angrois y Adamuz sean páginas de la historia pasada y que nunca más ocurran accidentes de tren de esta magnitud. Que no pase el tiempo, insiste, sólo para ver que "todo sigue igual".
Así lo planteó Liliana Sáenz, hija de Natividad de la Torre, fallecida el 18 de enero, y voz de las víctimas en el funeral del jueves. "Sólo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará. Sabremos la verdad. Lucharemos para que nunca haya otro tren", proclamó ante un pabellón envuelto en lágrimas y abrazos.
El descarrilamiento de Angrois se ha saldado con una condena de 13 años de cárcel para el maquinista del Alvia y la absolución del exdirector de Seguridad en la Circulación de Adif, según la última sentencia dictada el 23 de enero por la Audiencia Provincial de A Coruña. María Fernanda no está conforme, porque considera que el maquinista era "una víctima más" y que la escala de responsabilidades estaba por encima de él.
La vía judicial, sin embargo, sí fue sanadora para Rosa, para la que "el duelo se pospuso casi 16 años", hasta enero de 2020. Cuatro exdirectivos de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) fueron condenados entonces a 22 meses de prisión, al término de lo que ella misma describe como una "lucha" por parte de las familias. "Fue un cierre digno", apostilla, incidiendo en que parte de la "tranquilidad" viene del hecho de que se puedan estar tomando medidas para que algo así nunca más vuelva a pasar.
Rosa, María Fernanda y Pilar ponen rostro y voz para lanzar un alegato a las autoridades en nombre de las decenas de familias que aún están intentando recomponerse de la fatídica noche del 18 de enero: "No dejéis de lado a las víctimas".