Rusia niega ser una amenaza para Groenlandia: "¿Para qué la necesitaríamos?"
- Rusia tiene la mayor presencia mundial en el Ártico tanto en kilómetros de costa como de población
- El Kremlin sostiene que nada se les ha perdido en la estratégica isla ártica danesa que Trump quiere quedarse
Desde el puerto de la turística Teríberka salen excursiones en barco para visitar la costa ártica rusa. Tras una hora de agitada travesía, el capitán Kiril anuncia a los presentes que hemos llegado al considerado fin del mundo: "El último topónimo geográfico, cabo Teríberka, faro de Teríberka. Más allá, hacia arriba, ya no hay nadie. Solo puntos en un mapa, latitud, longitud, témpanos de hielo y luego el Polo Norte".
El capitán Kiril nos enseña la costa ártica rusa ALEXANDER ZHUKOVSK
Pasado ese punto hacemos una incursión a mar abierto, al de Barents, la parte del Ártico que no se congela en invierno. De los países con costa directa al océano Ártico es Rusia la que aporta mayor extensión: unos 24.000 kilómetros, más de la mitad del total y unas tres veces la costa que tiene España. No solo tienen la mayoría del terreno sino también de la gente. Según el Consejo Ártico, unos 2,5 millones de ciudadanos rusos viven en estos territorios, lo que representa casi la mitad del total mundial.
Rusia es el país con más kilómetros de costa ártica ALEXANDER ZHUKOVSKY
Teríberka está muy lejos de Nuuk, la capital de Groenlandia, pero también aquí conocen la polémica. Saben que Donald Trump quiere quedarse con la isla danesa y que dice que, si Estados Unidos no la toma bajo su control, lo harán Rusia o China. El Kremlin ha negado tener plan alguno para tomar Groenlandia, algo que Washington, aseguran, sabe de sobra. Kiril coincide con las autoridades rusas. "No soy un experto, pero ¿para qué la necesitaríamos?", comenta mientras señala la inabarcable costa ártica rusa.
A unas dos horas en coche de allí está el más importante puerto del Ártico, el de Múrmansk, que es también la ciudad más poblada del mundo por encima del Círculo Polar. Nos encontramos con Maxim. Está visitando el monumento Aliosha, una enorme estatua de un soldado, inaugurada en 1974 para homenajear a los defensores del Ártico soviético en la II Guerra Mundial. Tampoco él ve la necesidad de tomar Groenlandia.
"Si hubiera rusos oprimidos, entonces probablemente les ayudaríamos como pudiéramos, pero no hay noticias allí de rusos", asegura. Le acompaña Darina, que se muestra pragmática. Cree que Rusia debe centrarse en Ucrania. "En mi opinión debe ser nuestra prioridad".
Por sus ingentes riquezas naturales y por su estratégica posición geográfica, el Ártico se ha convertido en objeto de deseo de las grandes potencias. Realmente es mucho lo que está en juego. "Este territorio de condiciones climáticas severas es toda una despensa estratégica de recursos", explica Natalia Schebarova, jefa del departamento de Economía de la Universidad Ártica de Múrmansk. "Las cifras son asombrosas: aquí se encuentra el 90 % de las reservas de níquel de Rusia, el 70% de todo el gas ruso, más del 90 % del cobalto, el cobre o los diamantes del país y el 80 % de los metales raros", asegura.
Y todos esos recursos están cada vez más a mano por el deshielo provocado por el cambio climático. Las nuevas rutas marítimas van ganando peso. Es el caso de la Ruta Marítima del Norte que conecta Europa con Asia a través de las aguas árticas. Por ella circula tanto de carga de tránsito como de materias primas extraídas en el Ártico como petróleo, gas natural o concentrados minerales. Una de las ventajas de esta ruta es que es más corta que la tradicional por el canal de Suez.
"Tomemos dos puertos: Yokohama en Japón y Róterdam. La distancia entre ellos es de aproximadamente 20.000 kilómetros por el canal de Suez y unos 11.000 kilómetros a través de la Ruta Marítima del Norte. El tiempo de tránsito por aguas abiertas del norte es prácticamente 10 días menor", señala Mijail Vasioja, el jefe del departamento de Asuntos Marítimos de Petróleo y Gas de la Universidad de Múrmansk.
El problema es que lo que llaman aguas abiertas dura de 4 a 6 meses. El resto del año la ruta está cerrada por el hielo. Y ahí entran en juego los rompehielos, imprescindibles para abrir paso en esas vías heladas. En la fabricación de este tipo de enormes buques, Rusia lleva ventaja frente a otras grandes potencias como Estados Unidos. Es, además, el único país con una flota de rompehielos nucleares.
El rompehielos nuclear Lenin en el puerto de Múrmansk ALEXANDER ZHUKOVSKY
El rompehielos Lenin
Konstantin Demakov nos enseña el Lenin, el primero del mundo con propulsión atómica. Este gigante de 137 metros de eslora y 13 niveles, entró en servicio en 1959 y durante los 30 años que estuvo operativo abrió paso a unos 4000 barcos, tanto mercantes como científicos. Lo conservan como museo con todos sus elementos originales: como el salón donde comían los marineros, los camarotes de los oficiales, o una enfermería muy avanzada para la época con quirófano y rayos X.
Pero el corazón del Lenin es la sala de control de sus dos reactores nucleares. Con ellos movían unas turbinas de vapor para generar electricidad. La gran ventaja de la propulsión atómica, nos explica Konstantin, es que da al buque una autonomía muy superior a la del diésel.
El rompehielos nuclear Lenin es ahora un museo ALEXANDER ZHUKOVSKY
Pero el corazón del Lenin es la sala de control de sus dos reactores nucleares. Con ellos movían unas turbinas de vapor para generar electricidad. La gran ventaja de la propulsión atómica, nos explica Konstantin, es que da al buque una autonomía muy superior a la del diésel.
"El Lenin tenía una autonomía operativa con una sola carga de combustible de hasta 3 años. Los rompehielos modernos tienen ya una autonomía calculada de 7 años con una sola carga de combustible", asegura Konstantin. Los rompehielos diésel tenían muy complicado reabastecerse de combustible en las condiciones meteorológicas extremas del Ártico en invierno. Eso limitaba mucho las posibilidades de planificar una navegación segura por la Ruta del Mar del Norte. "Así que los rompehielos nucleares fueron la solución a una situación compleja", concluye este especialista del centro ártico de exposiciones Rompehielos atómico Lenin.
Pero los riesgos en la Ruta Marítima del Norte son considerables y más aún en un contexto de sanciones económicas occidentales contra Rusia. Pueden producirse averías en los buques y la reparación y sustitución de piezas, si se requiere la participación de especialistas extranjeros, puede ser complicada. "Por ejemplo, todos los metaneros que transportan el gas natural licuado fueron construidos en Corea del Sur, no en Rusia", indica el experto Mijail Vasioja.
El rompehielos nuclear Ártica FLOTA ATÓMICA DE RUSIA
El tránsito de mercancías por la Ruta ha aumentado exponencialmente en los últimos años, pero el volumen de carga sigue estando a años luz de la del canal de Suez. Aun así, para Rusia es una ruta estratégica que además discurre por una zona altamente militarizada. Moscú insiste en que ellos lo que ofrecen es colaboración a distintos países en la región ártica. De hecho, una de sus bazas en las negociaciones sobre Ucrania es tentar a Trump con proyectos conjuntos y millonarias inversiones allí. En el Kremlin aseguran que nunca han amenazado a nadie en el Ártico, pero prometen hacer valer sus intereses económicos, políticos y geoestratégicos. Y no ocultan que en los últimos años han reforzado sus capacidades bélicas en toda esa costa modernizando su antigua red de bases soviéticas.