Ochenta lideresas de alto nivel debaten en Madrid cómo transformar la ONU y lograr una secretaria general
- Organizado por GWL Voices, el evento se celebra los días 29 y 30 de enero y participan personalidades de 40 países
- Las participantes tienen experiencia en altos cargos gubernamentales y roles de máxima relevancia dentro del sistema ONU
¿Qué hace falta para que el Secretariado General de Naciones Unidas esté dirigido por una mujer? A esta y a otras preguntas han intentado responder las 80 lideresas, procedentes de 40 países y con amplia experiencia en altos cargos gubernamentales y roles del máximo nivel en la ONU, durante los dos días que durará el encuentro inaugurado este jueves en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, impulsado por la plataforma Voces de GWL, una red que trabaja desde 2019 para promover la plena participación de las mujeres en puestos de liderazgo a escala mundial, con un enfoque en Paz, Seguridad o Derechos Humanos.
"El tiempo para el cambio nunca es oportuno", ha dicho la presidenta de Eslovenia, Natasa Pirc Musar, en el inicio del acto, inaugurado horas antes por el rey Felipe VI. "Todo siempre parece imposible hasta que se hace, decía Nelson Mandela. Es una cita que a mí me gusta mucho", continuaba, entusiasta, la mandataria. "Vengo a decirles una cosa: cambiar el mundo sí es posible", aseveraba.
RTVE
Junto a ella, y bajo la iniciativa "GWL Voices 2026, Mujeres liderando la ONU del siglo XXI”, la organización ha presentado su último informe “Mujeres en el Multilateralismo” ante un centenar de personalidades mundiales, entre las que se encontraban destacadas lideresas como Michelle Bachelet, Rebeca Grynspan, Tarja Halonen, Geeta Rao Gupta, Melanne Verveer o Anita Bhatia. Además, tres candidatas a dirigir las Naciones Unidas, la búlgara Irina Bokova, la neozelandesa Helen Clark y la argentina Susana Malcorra, ejercieron como portavoces para los medios de comunicación.
"Estamos convencidas de que la próxima secretaria general debería ser una mujer", han dicho durante un breve encuentro con los medios, entre ellos, RTVE. "Y decimos esto no por una mera cuestión simbólica, sino porque enviaría un mensaje poderoso de cambio real en una organización que habla de igualdad, pero que aún no la refleja plenamente en su liderazgo", respondía Susana Malcorra. "En 2016 (año de elección del último secretario general), hubo un movimiento muy fuerte de la sociedad civil empujando esta idea. Hoy ese impulso existe, pero es más débil y está más fragmentado, en parte por el peso de los intereses políticos", ha añadido.
@ChusFeijoo @ChusFeijoo
La última edición del estudio presenta uno de los primeros análisis exhaustivos de todas las candidaturas oficiales conocidas al cargo de secretario general de la ONU desde 1945, junto con datos actualizados de 2025 sobre la paridad de género en 62 importantes organizaciones multilaterales.
¿Para cuándo una secretaria general?
Ochenta años después de su fundación, organizaciones multilaterales como Naciones Unidas, nunca ha tenido una mujer como secretaria general, y no se trata de una anomalía anecdótica o de un retraso circunstancial, afirman las participantes. Desde 1945, más de cuarenta candidaturas oficiales han aspirado a ocupar ese puesto, pero solo ocho de ellas estaban representadas por mujeres. Es más. Durante las seis primeras décadas de existencia de la organización, ningún Estado miembro presentó candidata alguna.
El dato, recogido en el informe presentado este martes en Madrid, plantea una pregunta que va más allá de la igualdad de género: ¿Qué dice esta ausencia persistente sobre la capacidad de la organización para cumplir con los principios que proclama?
Porque mientras la paridad avanza lentamente en estructuras administrativas y equipos directivos, el acceso a los espacios donde se toman las decisiones políticas y económicas clave - el Consejo de Seguridad, los órganos de gobierno, los mecanismos de veto - sigue estando prácticamente vedado. La brecha no es solo de representación, sino de poder.
2006, año de la primera candidata
La exclusión de las mujeres del cargo más alto de la ONU resulta especialmente significativa si se tiene en cuenta que la igualdad de derechos entre hombres y mujeres está explícitamente recogida en la Carta de las Naciones Unidas. En 1945, varias delegadas lograron que el texto fundacional garantizara la elegibilidad de mujeres y hombres para todos los órganos de la organización, incluidos los puestos de liderazgo.
Sin embargo, ese principio nunca se tradujo en una práctica sostenida. Durante décadas, la Secretaría General fue concebida como un espacio reservado a perfiles masculinos avalados por las grandes potencias. El informe subraya que no fue hasta 2006 cuando una mujer fue considerada oficialmente como candidata, y que solo en 2016 se produjo un punto de inflexión, con más mujeres que hombres en la carrera por el cargo. Aun así, otra vez, el sistema volvió a optar por una continuidad masculina.
Pascal Le Segretain Pascal Le Segretain
Avances sí, pero en la periferia del poder
No obstante, y a pesar de las dificultades, el informe "Las mujeres en el multilateralismo 2026" evita una lectura inmovilista. Los datos muestran avances claros en ámbitos donde la igualdad ha sido asumida como prioridad institucional. En 2025, el 46 % de las organizaciones multilaterales analizadas estaban lideradas por mujeres, frente al 42 % en 2023. En el núcleo de la Secretaría de la ONU, la proporción asciende al 50 %, un salto notable frente al 26 % histórico.
También los equipos directivos reflejan una tendencia consolidada: las mujeres representan ya el 48 % de los cargos de alta dirección. Estos avances desmienten la idea de que la falta de paridad responde a un déficit de experiencia o de perfiles cualificados. Cuando existen procesos deliberados y métricas claras, el sistema demuestra que puede cambiar.
La fotografía es muy distinta en los órganos de gobierno de las instituciones multilaterales. En estos espacios - donde los Estados fijan prioridades, controlan presupuestos y ejercen supervisión política- las mujeres representan de media solo el 29 % de los miembros. Más de un tercio de estos órganos tiene menos de un 25 % de representación femenina y solo dos han superado la paridad.
La razón es estructural: estos puestos dependen directamente de decisiones gubernamentales. El informe muestra así cómo la desigualdad nacional se proyecta sin filtros en la gobernanza multilateral, convirtiendo la paridad en una excepción cuando el poder no es delegado, sino ejercido directamente por los Estados.
La diplomacia: el techo de cristal que no se rompe
La diplomacia multilateral confirma este patrón. Desde 1947, apenas una décima parte de los más de 2.800 representantes permanentes ante la ONU han sido mujeres. En 2025, solo el 23 % de las misiones permanentes en Nueva York estaban encabezadas por mujeres, y decenas de países nunca han designado a una mujer para ese puesto.
Aunque en sedes como Ginebra o Viena la proporción es algo mayor, la distancia con la paridad sigue siendo significativa. El informe concluye que, pese al consenso discursivo sobre igualdad, los Estados continúan reservando los puestos diplomáticos más visibles y estratégicos a hombres.
Adam Gray Adam Gray
El Consejo de Seguridad, núcleo inmóvil de un sistema caduco
El Consejo de Seguridad concentra de forma paradigmática estas resistencias. Su estructura, basada en el reparto de poder de 1945, permanece prácticamente intacta. Los cinco miembros permanentes conservan el derecho de veto, que condiciona todas las decisiones sustantivas, incluida la elección del secretario general.
"Es un sistema extremadamente opaco", ha advertido Helen Clark, portavoz de Voces de GWL y ex primera ministra de Nueva Zelanda. "No sabemos exactamente qué ocurre detrás de las puertas cerradas. Eso genera desconfianza y limita la posibilidad de que la comunidad internacional se implique o evalúe a los candidatos con criterios claros".
Aun así, el proceso de 2016 supuso un avance importante: permitió a los candidatos expresar sus motivaciones, compartir su experiencia y debatir públicamente sobre el futuro de Naciones Unidas, coinciden las portavoces. Un proceso, dicen, que esperan repetir el próximo mes de junio, cuando arranque el proceso de selección del que saldrá la próxima persona responsable de la Secretaría General.
Aunque la Asamblea General nombra formalmente al máximo responsable de la ONU, la recomendación del Consejo es imprescindible. En la práctica, ninguna candidatura puede prosperar sin el visto bueno de las grandes potencias. Este filtro explica por qué la discusión sobre una mujer secretaria general está inseparablemente ligada a la reforma del Consejo: sin reformar ese núcleo, la capacidad para el cambio es limitada.
“Hoy, el uso de la fuerza para adquirir territorio, controlar recursos o afirmar esferas de influencia se justifica bajo una amplia variedad de pretextos. Las salvaguardas que antes contenían ciertos comportamientos se han ido erosionando", dice a RTVE Noticias Susana Malcorra, exjefa de gabinete del secretario general de la ONU y una de las fundadoras de GWL Voices.
Su diagnóstico conecta el estancamiento institucional con un entorno internacional en el que prima el poder duro. La lógica de bloques, afirma, reduce el margen para reformas profundas del sistema multilateral.
Gaza: muchos principios, pero poca acción
Las consecuencias de esta arquitectura se hacen visibles en conflictos como Gaza. La ONU despliega una amplia capacidad humanitaria y de coordinación, pero carece de margen político cuando el Consejo de Seguridad queda bloqueado. El sistema alivia, documenta y asiste, pero no decide.
Esta disociación entre discurso normativo y capacidad de acción erosiona la credibilidad de la organización y refuerza la percepción de que el derecho internacional se aplica de forma desigual. El informe no analiza conflictos concretos, pero su diagnóstico estructural permite entender por qué la ONU aparece a menudo atrapada entre la urgencia humanitaria y la impotencia política.
Adaptarse a un mundo distinto al de 1945
El mensaje central del informe Las mujeres en el multilateralismo 2026 es claro: la falta de una mujer al frente de la ONU no es un problema aislado, sino el síntoma de una brecha más profunda entre principios y prácticas.
Tras ocho décadas, la cuestión ya no es si existen mujeres con el perfil adecuado para liderar la organización, sino si el sistema multilateral está dispuesto a aceptar las implicaciones de ese liderazgo. Implicaciones que pasan por revisar los mecanismos de veto, redistribuir poder político y económico y adaptar la gobernanza global a un mundo que ya no se parece al de 1945.
Thomas Lohnes Thomas Lohnes
Porque una organización que no es capaz de reformarse en su cúspide difícilmente puede aspirar a liderar la transformación de un sistema global que tiene lidiar con un contexto actual de máxima incertidumbre, especialmente desde la llegada del presidente norteamericano, Donald Trump. Bajo su mando, EE.UU., el principal financiador del sistema de Naciones Unidas, ha reducido un 74% su contribución. "Para que el sistema multilateral siga siendo relevante, necesita cambios profundos: actualizar la arquitectura humanitaria, revisar los mecanismos de financiación, reforzar la prevención de conflictos y adaptar las instituciones a un mundo geopolítico en transformación. No podemos olvidar el valor de las normas internacionales, que han sido uno de los mayores logros de Naciones Unidas", concluyen las portavoces.