Crónica de un viaje con la Alta Velocidad a medio gas: "Me aseguro de tener comida, un libro y paciencia"
- Los viajeros "entienden" la limitación de velocidad, aunque algunos no descartan volver al puente aéreo
- La jornada de este lunes ha comenzado en Cataluña con parones en Rodalies; Esquerra pide dimisiones
Son las 9 horas de la mañana en la estación de Barcelona Sants. En el control de seguridad son muchos los que comentan que este lunes llegarán tarde a Madrid, perderán vuelos de conexión o tendrán que reprogramar citas y reuniones. Todo ello, en un momento de incertidumbre en la Alta Velocidad española, inmersa en los límites de velocidad impuestos en parte de sus tramos tras el accidente de Adamuz que dejó más de 40 muertos hace ya una semana.
La parte más caótica, sin embargo, se da pasado el control. Los viajeros se agolpan ante las pantallas de información. Todos los trenes presentan retrasos de como mínimo 40 minutos en su salida. Algunos indican "demorado", sin atreverse a decir la hora concreta a la que saldrán.
Cola de pasajeros en la estación de Sants (Barcelona), donde varios trenes con destino a Madrid han sufrido retrasos Alex Cabrera / RTVE
Nuestro tren Iryo parte ya de inicio con este retraso. Una trabajadora de la compañía avisa a los pasajeros que el trayecto Barcelona-Madrid de este lunes tendrá una duración "indeterminada". Ya nadie cuenta que se cumplirán las dos horas y 37 minutos que indica el billete y que es el estándar del viaje sin paradas entre ambas ciudades.
Hay un punto en el que seguridad tiene que regular el flujo de viajeros. "No podemos dejar entrar a nadie más hasta que el vestíbulo se vaya vaciando. Si hay que evacuar, con tanta gente, es imposible", explica a RTVE Noticias un trabajador de una empresa subcontratada por Adif. "La mayoría de la gente entiende que las limitaciones de velocidad se han impuesto después del accidente, pero hay personas que se ponen nerviosas", dice también con indignación este trabajador.
Con el número tan elevado de personas a la espera de saber la hora y la vía de su tren, el baño queda saturado. Y el único bar abierto antes de acceder a las vías no da abasto.
Los pasajeros, entre la resignación y el descontento
"La verdad es que sabe mal quejarse por la incomodidad o la impuntualidad del Ave con los que ha pasado hace solo una semana en Córdoba", relata Miguel desde Sants. Es un asiduo de la línea Barcelona-Madrid. Al mismo tiempo, no esconde su descontento: "A ratos pienso que desde hace días la Alta Velocidad es menos Alta Velocidad".
Nos enseña su mochila. "En mi caso me he asegurado de tener un libro, agua, comida y paciencia por si el viaje se alarga", dice con cierta sorna. "Esperemos que se arregle pronto", su deseo para los próximos días.
Más crítico se muestra Marc. Está sentado a la salida del baño, con el ordenador encendido y avanzando trabajo. "Mi idea al llegar a Madrid era ir a la oficina, pero nada, no llego".
Un pasajero trabaja en su portátil en la estación de Sants (Barcelona), donde varios trenes con destino a Madrid han sufrido retrasos Alex Cabrera / RTVE
En el vestíbulo hay numerosos grupos de turistas asiáticos, sin entender muy bien el porqué de todos los retrasos. "Damos una imagen pésima como país. Esto es una vergüenza, esto es absurdo", dice Marc, enfadado. Y apunta a que alguien "tendría que dimitir".
La opción del puente aéreo y organizar viajes colectivos en coche, en la mente de muchos
A Marc ya se le ha pasado por la cabeza dejar de viajar en Alta Velocidad hasta que la situación no mejore. "Con unos amigos hemos pensado en ir a Madrid y volver en coche. En cuatro horas y media estás y ya es lo que voy a tardar hoy".
Albert es otro pasajero que aguanta estoicamente la hora y media de retraso de su tren. Lo hace de pie, no se sienta en ningún momento. "La próxima vez cogeré el avión", asiente, y añade que no le importa pagar más y saber que va a poder llegar a tiempo.
El aviso por megafonía de los retrasos es el hilo musical de la mañana, un constante baile de vías y de trenes que no llegan. Pero se produce un momento único: tras avisar que un tren se retrasa una hora más (ya llegaba media hora tarde), la gente ha empezado a gritar y a abuchear. Unos gritos y unos abucheos que no se sabe muy bien a quién iban dirigidos.
Varios viajeros acciden a un tren Iryo destino a Madrid, en la estación de Sants (Barcelona) Alex Cabrera / RTVE
"Que arranque ya, por favor"
Hora y media más tarde de la hora prevista, sale nuestro tren dirección a Madrid. Dos amigas se dejan caer en el asiento tras estar mucho rato de pie. Respiran profundamente y una de ellas mira al techo mientras pide "que arranque el tren ya, por favor".
Los retrasos que se viven estos días en la Alta Velocidad también complican la vida a las personas que viajan con mascotas. Manuela cuida de Luna, su perra, un bichón maltes. "La pobre no tendrá otra que aguantarse", nos cuenta su dueña sobre sus necesidades. "Por suerte, antes de entrar ha podido orinar".
Durante el trayecto no le podrá dar agua. "Es una manera para que no tenga pipí", nos cuenta Manuela. Pero ha sido previsora y en el transportín lleva una manta empapadora que neutraliza cualquier mal olor del animal.
Finalmente, el tren llega a Madrid - Puerta de Atocha dos horas y 20 minutos más tarde de lo previsto. La duda de muchos pasajeros es si podrán reclamar el dinero de estos billetes o si el argumento de la limitación de velocidad hará caer cualquier petición.
Uno de estos casos es el de un joven que ha perdido una conexión para ir a Pamplona. Tiene varios problemas para que Renfe le reubique y llegar a su destino. La historia se repite con muchos otros pasajeros del mismo tren.
Se repite el caos en Rodalies y Esquerra y Junts piden dimisiones
El inicio de este lunes no ha sido más placentero en Rodalies. Todo lo contrario. A lo largo de la mañana de este lunes se han producido dos parones. El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha avanzado que se investigará si se ha debido a un ciberataque.
Las incidencias se multiplican y se siguen revisando varios tramos de la red en Cataluña que presentan deficiencias. Con este contexto, Esquerra Republicana ha vuelto a pedir dimisiones, entre ellas la de la consellera de Territorio, Sílvia Paneque. También Junts per Catalunya exige ceses. Ambas formaciones vuelven a aprovechar la circunstancia para exigir el traspaso íntegro de la infraestructura a la Generalitat.
A pesar de permanecer ingresado en el Hospital Vall d'Hebron, el president Salvador Illa ha dejado claro que no va a cesar a nadie de su equipo. "El president cierra filas con la consellera Paneque", aseguran fuentes de la Generalitat.
Esta situación, sin embargo, complica la gobernabilidad de los socialistas en Cataluña. En el tintero se encuentra la negociación de unos nuevos presupuestos, condicionados por el traspaso total de Rodalies y avances en la financiación singular.