El largo camino de Maduro, de delfín del chavismo a acusado de "narcoterrorismo" por Trump
- Estados Unidos capturó a Maduro este sábado en Caracas y lo ha imputado por narcotráfico
- El mandatario llegó al poder en 2013, tras convertirse en el sucesor designado de Hugo Chávez, su mentor político
Nicolás Maduro conoció a Hugo Chávez un mes de diciembre de 1993. Su mujer, Cilia Fores, era una de las abogadas del comandante Chávez, que cumplía condena en la cárcel de Yare por el intento de golpe de estado contra el Gobierno del entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Maduro rondaba entonces la treintena y aún tardaría casi 14 años en convertirse en el sucesor, designado por el propio Chávez, del líder revolucionario. Ahora, tras 12 años al frente del Gobierno del país, la justicia estadounidense espera al matrimonio que el sábado fue capturado por EE.UU. en suelo venezolano.
Donald Trump, que no había ocultado sus intenciones de acabar con el mandatario, valoró el ataque como "una de las demostraciones de poder más grandes de la historia de EE.UU." y anunció que llevaría "al dictador" ante la Justicia. Él y su esposa han sido imputados en el Distrito Sur de Nueva York, según anunció la fiscal general estadounidense, Pam Bondi, que enumeró los cargos a los que se enfrenta Maduro, entre ellos, "conspiración narcoterrorista" y "conspiración para usar ametralladoras y dispositivos destructivos contra EE.UU".
El autodenominado "hijo de Chávez" llevaba meses en la diana del presidente de EE.UU., que desde su regreso al Despacho Oval ha elevado la tensión con Caracas a niveles sin precedentes. En noviembre, aseguró que sus días "estaban contados" y hace unos días señaló que lo más "inteligente" sería que abandonara el cargo que ocupó en 2013, tras la muerte de su predecesor. Pero rendirse ante Washington no estaba entre los planes del líder venezolano, que en agosto ya denunció que EE.UU. buscaba un "cambio de régimen" en su país.
El enemigo de Washington en el blanco de Trump
"Pronto enfrentarán la ira de la justicia estadounidense", advertía Bondi, que en agosto anunció una recompensa de 50 millones de dólares por información que condujera al arresto del mandatario. La Administración Trump considera a Maduro líder del Cártel de los Soles, una organización a la que Washington designó como grupo "terrorista" extranjero el pasado noviembre.
Maduro ha negado pertenecer a la cúpula de ningún cártel, ha tachado la acusación de "ridícula" y ha acusado a Washington de querer adueñarse de las riquezas naturales de su país. "Vienen por el petróleo venezolano, lo quieren gratis", dijo tras el primero de una serie de ataques perpetrados por Washington contra narcolanchas en costas cercanas a Venezuela. Para el líder chavista, el relato de Trump sobre el narcotráfico en su país es "un cuento que nadie les cree".
Los ataques, iniciados tras un importante despliegue de fuerzas navales estadounidenses cerca de las costas de Venezuela, supusieron un giro drástico en las tácticas contra el narcotráfico usadas antes por Washington, basadas en interceptar las embarcaciones, incautar droga y llevar a cabo detenciones. Desde septiembre, EE.UU. ha derribado más de 30 buques y ha causado un centenar de muertes en ataques contra embarcaciones presuntamente cargadas de droga cerca de las costas tanto de Venezuela como de Colombia.
En mitad de esta escalada de tensión fue muy sonada la petición lanzada por Maduro en una de sus habituales y extensas comparecencias. "No war, yes peace, forever [...] not war for oil, not crazy war", repetía el mandatario, que de vez en cuando traducía al español su mensaje, lanzado en un inglés muy básico que triunfó en las redes sociales. El presidente llegó incluso a bailar junto a sus seguidores al ritmo de sus propias palabras, versionadas en forma de remix musical.
Él siempre ha jugado el papel de líder cercano. Son habituales sus largas intervenciones televisadas en las que interactúa con el público, con quien se ríe de sus propios chistes, y en las que aprovecha para lanzar chascarrillos y contar anécdotas. "Donald Trump es un verdadero pelucón, el papá de los pelucones, the father of the pelucons", dijo hace años sobre su eterno enemigo en Washington en una de esas conferencias, durante la primera etapa de Trump en la Casa Blanca.
De conductor de autobús, a presidente
Nacido en Caracas el 23 de noviembre de 1962, Maduro trabajaba como conductor de autobuses cuando el chavismo fraguaba su revolución. Para cuando conoció a Chávez ya había comenzado a subir los primeros escalones en su carrera como líder sindical y tras participar en la fundación del Movimiento V República —después Partido Socialista Unido de Venezuela— formó parte activa en la campaña que alzó a Hugo Chávez a la Presidencia.
Siempre cercano al histórico líder, Maduro participó en la Asamblea Nacional Constituyente que redactó una nueva Constitución tras la llegada del chavismo al poder y fue diputado entre el año 2000 y el 2005. Un año después, fue elegido presidente de la Cámara Baja y no tardó en ser nombrado ministro de Exteriores, cargo que ocupó hasta la etapa final del Gobierno de su antecesor.
Chávez se refirió por primera vez a él como su sucesor en diciembre de 2012 y unos meses más tarde, en marzo de 2013, fue Maduro quien anunció, sin poder contener las lágrimas, la muerte del que fue su mentor político. El expresidente venezolano murió de cáncer, pero Maduro se atrevió a decir que su enfermedad constituía un ataque de sus "enemigos históricos" y aseguró que una "comisión científica" lo demostraría. Su primera decisión en el poder fue ordenar un enorme despliegue militar para asegurar "la paz" en el país.
Hugo Chávez junto al entonces ministro de Exteriores Nicolás Maduro durante una rueda de prensa en París Antoine Gyori/AGP/Corbis via Getty Images
El superviviente del chavismo
Chávez le definió como "uno de los líderes jóvenes de mayor capacidad" para "continuar" y "seguir dirigiendo [...] los destinos" de su patria y, durante estos 12 años en el Palacio de Miraflores, Maduro ha apelado al legado del chavismo y a la idea de la revolución para aferrarse al poder. "En Yare sellé, para siempre, mi compromiso y lealtad con la causa revolucionaria de nuestro Comandante Invicto", aseguraba Maduro en 2021, al recordar la fecha en la que conoció a Chávez.
Sin embargo, su figura no ha gozado de la misma popularidad que la de Chávez, un referente revolucionario que se convirtió en el candidato más votado del país. Los últimos años de su "hijo" político al frente de Venezuela han estado marcados por las continuas denuncias de degradación democrática, tanto por la oposición venezolana como por gran parte de la comunidad internacional, que no reconoció su triunfo en los últimos comicios de 2024. Maduro nunca llegó a entregar las actas que debían certificar su victoria.
De hecho, muchos países reconocieron la victoria del candidato opositor Edmundo González Urrutia —entre ellos EE.UU.— y se volcaron con él y con María Corina Machado, que hace unas semanas fue reconocida con el Nobel de la paz. La líder opositora celebró que Washington haya cumplido "su promesa de hacer valer la ley" y que Maduro vaya a enfrentarse a la "justicia internacional" por los "crímenes atroces" cometidos contra Venezuela. Además, exigió que fuera González quien ocupe la futura presidencia.
Horas después, Trump cuestionó ante la prensa la capacidad de la líder de la oposición y dijo de Machado que, pese a ser "una mujer muy agradable", no goza del "respeto ni el apoyo dentro del país".
Aferrado al poder, pese a todo
Muy alejado de las grandes mayorías que obtenía Chávez, Maduro ganó las elecciones a Henrique Capriles, candidato opositor, en 2013 por un estrecho margen, aunque logró ser investido presidente y comenzó a dirigir un Gobierno que no tardó en desatar protestas ciudadanas contra su gestión.
En 2014, la represión de una oleada de movilizaciones causó más de cuarenta muertos y centenares de heridos, así como la detención de decenas de jóvenes opositores. Mientras la gestión gubernamental del Gobierno de Maduro lidiaba con la alta inflación, la caída de los precios del petróleo y el desabastecimiento de productos de primera necesidad. La popularidad del chavismo se desplomaba y, en 2015, el Gobierno salió derrotado de unas elecciones legislativas en las que la oposición se presentó unida en coalición.
Tras los comicios, el chavismo llevó a cabo medidas de dudosa calidad democrática y muy criticadas dentro y fuera de sus fronteras, como la asunción por parte del Tribunal Supremo de las facultades de la Asamblea Nacional.
Maduro fue reelegido presidente en 2018 entre denuncias de fraude electoral en unos comicios marcados por la baja participación y la ausencia de la oposición que no inscribió a sus candidatos en las listas. A su toma de posesión, celebrada en medio de un creciente aislamiento a su Gobierno por parte de la comunidad internacional, solo acudieron seis jefes de Estado. Poco después, el entonces jefe de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, se autoproclamó presidente de Venezuela en una maniobra respaldada por la Unión Europea y países como Estados Unidos o Canadá.
Pero ni la presión interna ni la externa lograron doblegar a Maduro, que a finales del 2020 se autoproclamó vencedor tras unos comicios legislativos a los que el líder opositor, Juan Guaidó, tampoco concurrió por considerarlos un fraude. "Hemos tenido una tremenda victoria electoral", dijo el mandatario, que recuperó el poder de la Cámara Baja mientras perdía la escasa credibilidad y respaldo internacional que aún le quedaban.
Maduro, al bordo del buque Iwo Jima en una imagen publicada por Trump Truth Social Donald Trump
Juan Guaidó, que, ante la falta de avances, anunció que dejaba de ser "presidente interino" en enero de 2023, celebró este sábado la detención de Maduro. "Se acaba la impunidad. La justicia importa. Viene la democracia", aseguró en su cuenta de X. Sin embargo, por ahora, Donald Trump ha adelantado que será Washington el encargado de dirigir Venezuela "hasta que haya una transición adecuada".
Poco antes, Trump había publicado en su red social una imagen del presidente de Venezuela: con rostro serio, la fotografía muestra a Maduro vestido con un chándal gris, con los ojos tapados y sujetando una botella de agua, a bordo del buque militar Iwo Jima, camino a territorio estadounidense. Pero su última instantánea, hasta el momento, llegaba unas horas más tarde: encapuchado, esposado y custodiado por agentes de la DEA (la agencia antidroga de Estados Unidos), Maduro desciende del avión militar que le ha llevado a él y a su esposa hasta Nueva York, la última etapa de su largo viaje desde que fue ungido como el gran heredero del legado de Chávez.