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Buniel: la historia de una urbanización fantasma

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La urbanización fantasma de Buniel (Burgos) vandalizada
La urbanización fantasma de Buniel (Burgos) vandalizada

Cuando se pasa por la autovía A-62, a sólo 15 kilómetros de Burgos, en la loma se ven un conjunto de esqueletos de hormigón. Están en el término municipal de Buniel y son los restos de lo que iba a ser la Urbanización Soto del Real.

Un ambicioso proyecto de la promotora Martinsa-Fadesa que incluía 1.600 viviendas: pisos, adosados, pareados, además de locales comerciales y todo tipo de equipamientos en un pueblo de apenas 500 habitantes. Pretendía ocupar la mitad de su territorio.

Las obras empezaron en 2006, pero en 2008 Martinsa-Fadesa presentó la mayor suspensión de pagos de la historia de España: 7 mil millones de euros. En ese momento tenía 25 mil casas proyectadas en todo el país, más de 900 en Buniel. La quiebra de la promotora provocó el abandono de las construcciones y en muchos casos la ruina para compradores y empresas implicadas.

A mí me han arruinado la vida, los bancos y los fondos buitre me persiguen

Diego López Carrancho, tenía una empresa de estructuras de hormigón armado, empleaba a cerca de 30 personas y de la noche a la mañana no solo se arruinó, sino que quince años después las deudas siguen persiguiéndole. “A mí me han arruinado la vida. Los bancos y los fondos buitre me persiguen por una deuda que yo no generé que la generó una promotora. Lo único que espero es que mis hijos no hereden estas deudas”, confiesa entre lágrimas.

Los proveedores no fueron los únicos afectados por la quiebra de la inmobiliaria. Cientos de compradores vieron como de un día para otro el sueño de sus viviendas se desvanecía. Félix Nuño Santamaría compró una vivienda de dos habitaciones por 125 mil euros. Su idea era invertir y aunque él sí recuperó todo el capital, porque lo tenía avalado, cuenta que dos de sus sobrinos “que eran jóvenes, tenían su proyecto de vida aquí y al final todo se desmoronó”.

Desde el interior de las Cúpulas de la Energía (Soria)

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Escombrera incontrolada

Para el ayuntamiento de Buniel, esta ruina se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza, completamente vandalizada y saqueada. “De aquí se han llevado todo lo que tenía valor incluidas las alcantarillas y cuando acabaron de llevarse, empezaron a traer”, denuncia su alcalde Jesús Díez Monzón quien teme que haya algún accidente en este vertedero al aire libre.

De aquí se han llevado todo lo que tenía valor

“Lo primero que veo cada mañana en el horizonte son estos restos del fracaso inmobiliario”, confiesa el edil, que comprueba cómo este cementerio de hormigón y cemento se va deteriorando sin que haya una solución factible a la vista. “Esto no tiene ningún futuro porque regalado es caro”, afirma con rotundidad. Entre risas plantea una posible opción: usar estos escombros como escenario para posibles rodajes apocalípticos.


La burbuja inmobiliaria

“Eran los tiempos en los que todo se vendía, aunque no había necesidad de tantas viviendas, creo que entonces en España todos nos pasamos de listos”, reflexiona Félix Nuño Santamaría. Eran los tiempos de la burbuja inmobiliaria que comenzó a partir de la Ley del suelo de 1998 que convirtió en urbanizable, prácticamente todo el territorio.

En la primera década del siglo XXI, en España se construían 800 mil viviendas al año, más que Alemania y Francia juntas. Muchas de ellas siguen vacías a día de hoy.