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Análisis | Muere Gorbachov

El difícil legado de Gorbachov: del final de la Guerra Fría al nuevo choque entre Rusia y Occidente

  • El fallecido exlíder de la URSS advirtió a Occidente de que no debía "humillar a Rusia"
  • La política de Putin y la guerra de Ucrania rompen de nuevo los lazos que Gorbachov intentó recuperar

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Imagen del presidente ruso, Vladimir Putin, con el expresidente de la URSS, Mijail Gorbachov, en 2004. Foto: Carsten Rehder/dpa via AP
Imagen del presidente ruso, Vladimir Putin, con el expresidente de la URSS, Mijail Gorbachov, en 2004.

Mijaíl Gorbachov, el último presidente de la URSS y padre de la 'Perestroika', murió este martes en Moscú a la edad de 91 años. Gorbachov y el entonces presidente de Estados Unidos, George Bush, fueron los encargados de enterrar la Guerra Fría, entre las dos superpotencias y sus respectivos bloques, que se había iniciado poco después de la Segunda Guerra Mundial.

Su final trajo la esperanza de unas relaciones internacionales basadas en reglas y en la resolución de conflictos a través del diálogo y la cooperación. También la oportunidad de un acercamiento entre Rusia y Europa occidental que cosiera las costuras del continente.

Sin embargo, y como el propio Gorbachov advirtió que podía ocurrir, la guerra de Ucrania ha situado al mundo ante la realidad de una nueva competición entre potencias, en la que Rusia vuelve a estar "del otro lado".

El final no pactado de décadas de confrontación

El final de la Guerra Fría tiene una fecha: la de la Cumbre de Malta de los días 2 y 3 de diciembre de 1989. Bush y Gorbachov acordaron transformar las relaciones Este-Oeste y comenzar una época de cooperación pacífica.

María José Pérez, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense, recuerda que Occidente no ganó la Guerra Fría. "La URSS no fue derrotada, no hubo una derrota militar, política ni económica. Se desintegró por su propia situación interna", asegura a RTVE.es.

La idea de Gorbachov era integrar al país, tanto desde el punto de vista económico como de seguridad, en una nueva estructura europea.

"Toda la ideología del momento era anti-soviética y contra al comunismo, y a favor de Europa como símbolo. Avanzar hacia el estilo de vida europeo, la prosperidad y todo eso", recuerda desde Moscú Fiodor Lukyanov, editor jefe de Russia in Global Affairs.

Para Lukyanov, en aquellos años se gestan las contradicciones que han conducido a la situación actual. "El problema fue que al mismo tiempo Europa cambió, y lo que nació fue la Unión Europea -comenta a RTVE.es-. La UE era una institución con requerimientos muy claros y estrictos sobre qué países podían entrar y qué debían hacer. Rusia nunca lo entendió y nunca pudo satisfacer estas demandas. El criterio para entrar en la UE nunca estuvo pensado para un país como Rusia".

La URSS desaparece, la OTAN se expande

Consciente de la debilidad interna de la URSS, Gorbachov trató de obtener garantías de que sus fronteras no serían amenazadas por la coalición militar en torno a Estados Unidos.

En una conversación entre James Baker, entonces secretario de Estado, y Gorbachov, el 9 de febrero de 1990, el primero prometió que la OTAN no se expandiría "ni una pulgada" hacia el Este. La expresión, tal y como el premier soviético la entendió y la recogió (su versión de la conversación está archivada en la Fundación que lleva su nombre), ha pasado a la historia reciente de la política internacional como una de las interpretaciones más cuestionadas.

Otros documentos apoyan la versión rusa. El mismo día en que Baker se vio con Gorbachov, Robert Gates, viceconsejero de Seguridad Nacional, se entrevistó en la sede del KGB con su director, Vladímir Kryuchkov. Según el resumen oficial para la Casa Blanca, Gates aseguró a su interlocutor que EE.UU. apoyaba la propuesta alemana por la que "una Alemania unida estaría asociada con la OTAN, pero en la que las tropas de la OTAN no se moverían más al Este de lo que ahora están".

Anna Bosch: "Para los rusos Gorbachov es el hombre que perdió el imperio"

Sin embargo, dichas garantías nunca se pusieron por escrito, ni constan en ningún documento oficial firmado por las dos partes. Lo más que obtuvo Gorbachov fue la referencia al concepto de "seguridad indivisible" en la Carta de París, firmada en noviembre de 1990.

María José Pérez cree que aunque hubiese existido un documento de garantías escritas, con los cambios sucedidos desde entonces habría perdido toda validez, pero aun así asegura que Gorbachov "confió demasiado en Occidente, y Occidente no siempre le respaldó".

"Desde el punto de vista occidental -declara Fiodor Lukyanov- tras el colapso de la URSS, la única arquitectura de seguridad correcta y legítima para Europa era la expansión de la OTAN, y la consideración realista era que todos los países salvo Rusia podían pertenecer".

Por el contrario, Carmen Claudín, investigadora sénior asociada del CIDOB, afirma que "Occidente ha respondido totalmente y plenamente, con total sinceridad, a los deseos de Gorbachov". La investigadora destaca además que los legados del expresidente de la URSS y del actual mandatario ruso, Vladímir Putin, no pueden ser más contrapuestos.

"Gracias a Gorbachov, los países de Europa oriental, los bálticos y los nuevos estados surgidos de la URSS son independientes y soberanos", afirma.

Carmen Claudín (CIDOB): "Occidente ha respondido con total sinceridad a los deseos de Gorbachov" - Ver ahora

La década de la humillación para Rusia

Los años 90 fueron para Rusia una larga travesía de crisis interna e irrelevancia externa. Una vez desaparecida la URSS y con Gorbachov ya fuera del escenario, el país se hundió en el caos económico, la corrupción y las mafias. El gobierno de Boris Yeltsin se recuerda en Rusia como una época ominosa, de delincuencia e inseguridad económica.

"No hay cambio de esta profundidad sin problemas y dificultades económicas", explica la investigadora del CIDOB. "Los rusos estaban acostumbrados a la mediocridad de su nivel de vida, pero también a saber exactamente lo que pasaba al día siguiente si sabías qué decir". "Con el colapso del sistema soviético todo esto cambia, es una revolución, social, económica y mental, que a la gran mayoría de la población le ha costado mucho digerir", añade.

Gorbachov, padre de la 'perestroika' y la 'glásnost'

"Son los años de la humillación hacia Rusia", considera María José Pérez. "Económicamente, es un país en un caos absoluto, y lo mismo ocurre con las estructuras de poder. Mientras, se impone un discurso triunfalista por parte de Occidente".

En política externa, Moscú vio cómo Washington se comportaba como la única potencia en un mundo unipolar. La OTAN se expandió hacia el Este (Hungría, Polonia y República Checa se unieron en 1999; en 2004 les siguieron Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Rumanía y las repúblicas bálticas). En 1999, la Alianza bombardeó a los serbios en Kosovo, un acto considerado ilegal por la propia ONU.

Las advertencias de Gorbachov que Occidente no escuchó

En 1997, hablando ante el Congreso en Washington, Gorbachov advirtió del error que los países occidentales, y concretamente Estados Unidos, estaban cometiendo.

"Creo que es un error, un grave error, y no me persuaden las declaraciones que oigo de que Rusia no tiene nada de lo que preocuparse (...) No se puede, no se debe humillar a una nación, un pueblo, y pensar que no tendrá consecuencias", advirtió.

En 2014, el año en que Rusia anexionó Crimea, el expresidente soviético culpó al "triunfalismo" occidental. "No nos hemos encontrado en un ambiente tan tenso y peligroso desde el cambio de siglo, el mundo está al borde de una nueva Guerra Fría, y algunos pueden decir que ya ha empezado", declaró.

"Viéndolo ahora, en retrospectiva, Rusia podría haber sido más convincente en los 90", considera Lukyanov. "Rusia aceptó de facto la ampliación de la OTAN como algo inevitable, incluso en los primeros años de Vladímir Putin. Si Rusia hubiera hecho llegar el mensaje, en los primeros pasos, de que se debían poner límites, puede que hubiera sido diferente".

En 2007, en un famoso discurso en Munich, Putin advirtió que la expansión de la Alianza no podía continuar. Según el editor de Russian Global Affairs, "fue muy extraño y preocupante que nadie quisiera escuchar. En este sentido, decir que Putin ha hecho algo inesperado en 2022 no es cierto, porque lo advirtió en 2007".

Putin y el nuevo escenario (que no será una nueva Guerra Fría)

En 2021, Moscú dejó claro una vez más que la posible entrada de Ucrania y Georgia en la OTAN es una "línea roja". La invasión de Ucrania parece haber sido la "línea roja" para que Occidente decida que Rusia es una "amenaza", y así lo ha declarado la Alianza Atlántica en su nueva estrategia, acordada el pasado junio en Madrid.

Es difícil pensar que las relaciones van a recuperarse totalmente en el medio plazo. ¿Estamos ante una nueva Guerra Fría?

"La Guerra Fría acabó cuando acabó", subraya María José Pérez. Occidente ha recuperado ese discurso porque eso crea certidumbres: sabemos cómo acabó, por lo que prevemos que va a acabar igual. Pero no es así. Las grandes incertidumbres llevan casi una década entre nosotros. No hemos definido una nueva relación con Rusia, que para la UE es un aliado sustancial".

"Estamos ante un cambio paradigma, de reconfiguración del sistema internacional", añade la profesora de la UCM, que reconoce que los discursos son de confrontación. "No se están creando escenarios de proximidad y concordia entre grandes potencias", se lamenta.

Para Fiodor Lukyanov, "puede ser engañoso e incluso peligroso" usar la metáfora de la Guerra Fría. "La Guerra Fría tenía un alto nivel de regulación de las relaciones internacionales, incluso en medio de la confrontación. Las superpotencias eran capaces de formular normas, cumplirlas y hacer que otros las cumplieran. Ahora no es en absoluto el caso".