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Síntomas variados, más de tres meses y sin otra causa atribuible: el COVID persistente ya tiene definición en España

  • La primera fase de un estudio del Instituto de Salud Carlos III recoge el consenso entre investigadores, médicos y pacientes
  • Los expertos destacan que los signos deben abordarse "en conjunto" y llaman la atención sobre el impacto en la calidad de vida

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Una mujer sufre dolor de cabeza, en una imagen de archivo
Una mujer sufre dolor de cabeza, en una imagen de archivo

El COVID persistente ya tiene definición oficial en España. Es el "conjunto multiorgánico y variado de manifestaciones y síntomas no atribuibles a otras causas que perduran o fluctúan durante un período mínimo de tres meses tras la fase de infección aguda de COVID-19”, según ha consensuado un estudio del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), a través del Consorcio Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER).

Los resultados de la primera fase de la investigación -que depende del Ministerio de Sanidad, en coordinación con el Ministerio de Ciencia- buscan una definición operativa de la enfermedad, "en términos biológicos, diagnósticos y clínicos", según la nota de prensa del ISCIII.

La definición es similar a otras ya propuestas por organismos como la Organización Mundial de la Salud, y va acompañada además de otras conclusiones sobre los síntomas más frecuentes, su curso y evolución, la duración y gravedad, los aspectos necesarios para el diagnóstico, las prioridades en investigación y el estudio del impacto en la calidad de vida de las personas.

Contando con la opinión de expertos científicos y personas afectadas, las primeras conclusiones apuntan a un consenso en el uso de la terminología "COVID persistente", aunque también se utiliza de manera común "Síndrome post-COVID".

Síntomas más frecuentes y diagnóstico

La ministra de Sanidad, Carolina Darias, y el director del Instituto de Salud Carlos III, Cristóbal Belda, adelantaron este miércoles los resultados del primer informe, que lista los siguientes síntomas más frecuentes, agrupados por tipologías:

  • Neurocognitivos: pérdida de memoria, dificultad de concentración y confusión.
  • Musculoesqueléticos: dolor articular o muscular y limitación en la movilidad.
  • Sistémicos: fatiga, debilidad, fiebre y malestar general.
  • Neurológicos/neuromusculares: olfato y gusto distorsionados, cefalea y falta de reflejos.
  • Psicológicos/psiquiátricos: ansiedad, depresión y alteraciones del sueño.

Respiratorios/cardiopulmonares: tos, dolor de garganta, disnea y presión en el pecho.

No obstante, según el informe, la mayoría de los expertos "se posiciona a favor de no concretar síntomas específicos", sino a expresarlos como un "conjunto", que tiene que abordarse como tal.

El estudio confirma que para diagnosticar a una persona con COVID persistente es necesario, además de la definición, que exista un diagnóstico previo de infección aguda por coronavirus. Es decir, que se pueda concluir que el paciente ha pasado el COVID-19, bien con pruebas de laboratorio o bien por inclusión en la historia clínica.

Asimismo, es necesario descartar otros problemas de salud a lo que pueda vincularse la sintomatología; definir posibles problemas previos de salud de las personas afectadas, y diferenciar los daños y secuelas producidas por la infección aguda de los síntomas que pueden atribuirse a la COVID persistente.

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Faltan datos sobre los factores de riesgo y la gravedad

En cuanto a los factores de riesgo, los investigadores reconocen en el estudio cualitativo que la literatura científica y los datos son todavía escasos. No obstante, los profesionales y pacientes citan el sexo femenino, junto a la edad, la presencia de comorbilidades y la hospitalización en la fase aguda. También se menciona la posibilidad de que determinados síntomas en la fase aguda, como la fatiga o la disnea, puedan ser un factor predictor de sintomatología persistente, aunque hay poca información sobre este punto.

Por otro lado, los autores han concluido diversos factores necesarios para medir el impacto de la COVID persistente en la calidad de vida: relación con la salud global, función física, estado psicológico, actividad diaria, relaciones sociales y familiares, y rendimiento laboral. Se ha observado un consenso en prestar especial atención no solo al desarrollo de la enfermedad, también a las posibles consecuencias sociales derivadas de ella.

Con respecto a la evaluación de la gravedad de los casos de COVID persistente, los investigadores señalan que es complicado hablar de 'gravedad clínica', y que la etiología y la fisiopatología de este síndrome aún no se han descrito en profundidad, por lo que una opción es describir perfiles de alteración funcional. Esta opción puede ser también compleja, ya que aún no existe una escala validada para medir las alteraciones funcionales provocadas por la COVID persistente.

La definición y abordaje específico de la COVID persistente en niños y niñas es más difícil, por la complejidad de interpretar los síntomas. Además, no existe todavía un consenso clínico y faltan evidencias en la literatura científica. Por ello, se destacan como "especialmente interesantes" los estudios que ponen el foco en identificar a los colectivos afectados (infantil, adolescente, adulto y mayor de 65 años), tienen en cuenta la perspectiva de género, trabajan sobre los posibles problemas previos de salud y estudian los ingresos en el hospital y la UCI.

La intención del ISCIII, tras esta primera fase de definición, es aportar nuevos conocimientos sobre el proceso diagnóstico, los posibles predictores clínicos y biológicos, la carga de la enfermedad y las opciones terapéuticas.