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El caso Hasel y el debate sobre la libertad de expresión: ¿dónde están los límites?

  • El Gobierno revisará los delitos relacionados con la libertad de expresión para que dejen de tener penas de cárcel
  • Los juristas y magistrados piden prudencia ante los cambios en el Código Penal basados "solo en un caso"

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El rapero Pablo Hasel durante un acto en 2018 en  Barcelona
El rapero Pablo Hasel durante un acto en 2018 en Barcelona EFE/ Andreu Dalmau

La entrada en prisión este martes del rapero Pablo Hasel, condenado a nueve meses por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la monarquía, sigue enfrentando opiniones sobre dónde está el límite de la libertad de expresión y de si debe existir ese límite. La condena del artista por un delito de enaltecimiento del terrorismo en sus letras y de injurias y calumnias a la monarquía han tenido mayor peso para la justicia, en este caso, que el propio derecho a manifestar las ideas u opiniones del cantante.

Ahora en el seno del Gobierno han planteado una revisión del Código Penal español para eliminar determinados aspectos que eviten que se pueda repetir el caso de Hasel, como anunció el ministro de Justicia y Unidas Podemos, eso sí, por separado. Sin embargo, eso no evitará que sigan existiendo casos en los que la libertad de expresión quede supeditada a otros derechos, según informan expertos en Derecho Constitucional a RTVE.es.

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La portavoz y magistrada de Jueces y Juezas para la Democracia (JJpD), Ascensión Martín, entiende que "no se deben hacer modificaciones en el Código Penal basándose solo en un caso". Sin embargo, no se pronuncia más allá sobre las modificaciones que plantean los diferentes partidos del Gobierno, ya que "solo podremos manifestarnos cuando presenten una propuesta que vaya más allá del anuncio".

La reforma de los delitos relacionados con la libertad de expresión debe iniciarse con "un debate social y legislativo" que tenga en cuenta también los países de nuestro entorno, explican desde JJpD.

El derecho al honor, intimidad, la injuria o la calumnia son los aspectos que se confrontan con mayor frecuencia a la libertad de expresión. La apología del terrorismo, incitación al odio o la violencia o la discriminación racial o sexual son otros caso que también llegan a los tribunales después de haberse realizado alguna manifestación verbal o escrita.

La libertad de expresión, un pilar fundamental...

“El derecho a la libertad de expresión debe salvaguardarse como cauce de expresión crítica, social y política de los ciudadanos”, entiende Ascensión Martín. No obstante, la portavoz de JJpD ha insistido en que la intervención penal debe quedar limitada a las conductas más graves y siempre que no puedan resolverse en otros ámbitos jurídicos.

La libertad de expresión es un pilar fundamental de cualquier democracia. Así lo recoge la Carta de Derechos Humanos, las constituciones o leyes de la mayoría de países y varias sentencias de importantes instancias internacionales como Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Y, sin embargo, este derecho no siempre prevalece, ya que la mayoría de los textos jurídicos también plantea limitaciones o restricciones a este derecho.

"No importa las modificaciones que se incluyan en las tipificaciones de los delitos del Código Penal. El Derecho se basa en la interpretación de las leyes y en su aplicación en cada caso concreto", ha manifestado la Catedrática en Derecho Penal de la Universidad de Alicante, Carmen Juanatey. Por eso entiende que seguirá dependiendo de cada caso dirimir si la libertad de expresión está justificada o no, con independencia de la pena.

Esta jurista entiende que la creación artística y su libertad de expresión están recogidas en la Constitución española. “La expresión no puede ser delito. Su contenido sí, pero hay que probar que existe un riesgo de que, por ejemplo, va a generar un odio o violencia”, apunta Juanatey.

.... pero no una patente de corso

Esto no convierte a la libertad de expresión en una patente de corso que justifica todo, según los juristas consultados por RTVE.es. Se debe tener en cuenta, advierten, la relevancia del emisor como personaje público y su influencia en la comunidad. Otros aspectos que se deben valorar en cada caso es si las palabras derivan en hechos o provocan que otros lleven acciones que puedan tipificarse como delito en consecuencia.

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"Hay casos más o menos discutibles. Bajo mi punto de vista, el riesgo en las letras de Hasel es nulo como apología al asesinato", entiende Carmen Juanatey. Además, añade que el Código Penal ha sido modificado varias veces en los últimos años aunque no siempre haya sido basándose en la jurisprudencia.

"Este tipo de modificaciones va más en la línea política que en la judicial", entiende el secretario de la Agrupación de Jóvenes Abogados (AJA) de Madrid, Álvaro Escudero. Este jurista entiende que el Código Penal debe reformarse basándose en estudios criminológicos encaminados a reducir la delincuencia.

"La libertad de expresión está suficientemente protegida y la jurisprudencia ya plantea casos", añade. Además, Escudero ha insistido en que la libertad de expresión no es plena, ni puede serlo, y que se debe buscar el equilibrio a través de la aplicación del derecho.

Artistas españoles ante la justicia

Más de 200 personalidades de la cultura - entre ellas, Pedro Almodóvar, Joan Manuel Serrat, Javier Bardem, Fernando Trueba o Vetusta Morla- firmaron la semana pasada un manifiesto para liberar a Hasel en el que "equiparan" la situación de las libertades en España "con países como Turquía o Marruecos".

No es el primer caso en España donde los límites de la libertad de expresión llega a los tribunales. Las letras de canciones de varios artistas han obligado a defender a más de uno cuáles eran sus motivaciones para realizar dichas manifestaciones.

El rapero fugado de la justicia Valtonyc ha sido uno de los últimos en ser condenado por sus rimas. Se le impuso una pena total de tres años y medio por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona. También el intérprete de Def Con Dos fue a los tribunales por delitos similares aunque fue eximido de responsabilidades, en este caso.

Las redes sociales han protagonizado varios casos de publicaciones que atentan contra las libertades de otros, como en el caso de Willy Toledo o el de Cassandra. Esta mujer tuvo que defenderse ante la justicia por realizar una crítica satírica sobre la muerte de Carrero Blanco. Finalmente fue absuelta por el Tribunal Supremo del delito de humillación a las víctimas.

Hay casos que se han elevado hasta tribunales internacionales. Jaume Roura Capellera y Enric Stern Taulats fueron condenados por la justicia española a 15 meses de prisión por quemar la foto del rey emérito. Sin embargo, El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, echó para atrás la condena y obligó a España a indemnizar a los jóvenes catalanes. Este tribunal entendió que, en este caso, se estaba vulnerando el derecho de libertad de expresión y que no había incitación a la violencia contra la Corona.

El debate, presente en toda democracia

Los límites de la libertad expresión no solo está en las calles de nuestro país. La mayoría de las democracias occidentales ha tenido algún caso reciente en sus tribunales. Un estudio de la plataforma de defensa de las libertades de los artistas Freemuse estima que el 41% de las condenas por mostrar disconformidad en un escenario se han producido en Europa durante 2019. Aunque Estados Unidos, China y Rusia acaparan las mayores cifras.

El populismo y el estallido de corrientes políticas nacionalistas y ultraderechistas por todo el mundo están recortando la expresión artística, según recoge el informe de Freemuse. "Occidente está perdiendo su posición de defensor de los derechos humanos a un ritmo acelerado, mientras el mundo se vuelve intolerante y violento contra las opiniones y la expresión", ha manifestado el director de esta plataforma de defensa de los artistas, Srirak Plipat.

Los raperos son un colectivo especialmente perseguido por sus letras por todo el mundo. Estos artistas, que utilizan la rima en sus canciones protesta, a menudo usan un lenguaje directo que incita a la movilización y, en ocasiones, al uso de la fuerza. Desde 2018 más de 90 artistas del rap han sido censurados, citados ante la justicia o encarcelados por sus manifestaciones artísticas.

La represión es aún mayor en países como Egipto, Irán o China, donde los artistas, así como otros ciudadanos, se enfrentan a penas de cárcel severas si la autoridad entiende que se atenta contra el Estado o se está cometiendo algún tipo de delito.

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