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Día Internacional de la Enfermería

Las enfermeras, al límite por el COVID-19: "Cuando todo acabe tendremos que hablarlo, porque hay mucho dolor"

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El Día Mundial de la Enfermería llega con sus profesionales al límite

Ana Lozano no quiere subir las escaleras que la llevan al que ha sido su trabajo los últimos ocho años: los quirófanos de traumatología del Hospital La Paz, en Madrid. Justo ahora se preparan para retomar su actividad, pero estas últimas semanas funcionaban como UCIS para pacientes con COVID-19 : "Tengo un sentimiento de rechazo que no sé cómo quitármelo. Miro los quirófanos vacíos y veo pacientes moribundos".

También siente orgullo de cómo las enfermeras y enfermeros (307.000 en España) han respondido ante una crisis sanitaria sin precedentes: "Ha sido un trabajo en equipo. Ha habido mucho caos porque se desconocía todo sobre la enfermedad, los pacientes no siempre respondían a las actuaciones".

Este martes es el Día Internacional de la Enfermería, y el colectivo lo celebra "cuidando a nuestros pacientes, salvando vidas, paliando el dolor y educando a los ciudadanos", dice Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería. Cuando la crisis pase, el Consejo ha propuesto otorgar la Gran Cruz de la Enfermería a los cuatro profesionales que, por el momento, han fallecido por COVID-19.

 Ana Lozano posa con su EPI para atender pacientes en las UCIS habilitadas en el Hospital La Paz de Madrid.

Ana Lozano posa con su EPI para atender pacientes en las UCIS habilitadas en el Hospital La Paz de Madrid. ANA LOZANO

Trabajar sin medios

Ana, que lleva 16 años trabajando de enfermera, nunca pensó pasar por una situación así. Pese a ser enfermera de quirófano y no de UCI, se incorporó a las unidades COVID-19 después de pasar ella misma el virus: en España hay unos 40.000 profesionales sanitarios infectados.

"Volví el 3 de abril y en cada quirófano habían instalado tres UCIS. Prácticamente tres pacientes graves por enfermera. Nos mezclaron a los que tenían experiencia y los que no y había que actuar sobre la marcha, porque a día de hoy se siguen aprendiendo cosas sobre la enfermedad, y los pacientes empeoraban de repente. Había mucho caos. Había turnos que no te daba tiempo ni a ir al baño", recuerda de los primeros días.

Tenía que volver, por mis compañeros

Ana volvió al trabajo con la PCR negativa pero aún "con muchos dolores musculares y cansancio. Pero tenía que volver, por mis compañeros". Los mismos que doblaban turnos y renunciaban a vacaciones para seguir en primera linea. Ella cuadra horarios con su marido, también enfermero, para poder cuidar a sus dos hijos, de dos y tres años. "Lo hemos pasado muy mal, los he tenido que atender con 39 de fiebre porque él no ha dejado de trabajar". 

Los enfermeros y enfermeras saben que se juegan su salud por hacer su trabajo, pero saber que exponen también a su familia ha sido un plus de estrés para muchos.

 Ana Lozano y una compañera, enfermeras en las UCIS habilitadas en los quirófanos del Hospital La Paz de Madrid

Ana Lozano y una compañera, enfermeras en las UCIS habilitadas en los quirófanos del Hospital La Paz de Madrid ANA LOZANO

En España solo hay cinco enfermeras por cada mil habitantes. El sindicato CSIF reclama en un comunicado que tenemos un déficit más de 100.000 enfermeras para acercarse a la media de la OCDE. Y denuncia las condiciones sanitarias y laborales en las que se han enfrentado al coronavirus: "Lamentamos que se haya enviado a los trabajadores a la batalla sin armas ni protección. Pero a muchos de ellos que lo han dado todo en los momentos cruciales, no se les renovarán contratos".

Ana constata esa falta de material sanitario para los que trabajan en primera línea. "Teníamos batas impermeables, aunque eran mejores los monos. Y sobre todo el problema ha sido con las mascarillas defectuosas. Estuvimos con ellas dos semanas, ahora sabemos que era como entrar sin mascarillas. Y los contagios siguen. Ayer hicimos un homenaje a un compañero fallecido con 42 años".

"Tengo mucho miedo"

Ahora que empieza la desescalada Ana tiene sentimientos encontrados: el alivio de ver las cosas volver a la normalidad, y el miedo. "Tengo mucho miedo, veo por la calle a la gente en grupos, sin mascarillas... No puede ser". Teme un nuevo repunte de casos, y aún más lo que puede pasar en otoño: "Esto es un virus respiratorio y no se va a ir. Si no hay tratamiento podemos volver a pasarlo muy mal".

Incumplimientos durante el primer día de la Fase 1 de la desescalada: "No hay mesas para todos"

Como en las primeras semanas de abril, cuando vio morir a demasiados pacientes porque estaban desbordados: "Parece algunos no son conscientes de lo que ha pasado, pero hubo un momento en el que no se podía atender a más gente, ya no había espacio físico, ni personal para atenderlos, ni más respiradores. Los hospitales han estado al 150% de su capacidad, hicimos lo que pudimos con los medios y la capacidad que teníamos", cuenta con pena.

No llevemos a los profesionales más al límite

Ana agradece el aplauso sanitario de las 20:00h"te anima mucho", pero espera algo más: responsabilidad. Desde el Colegio General de Enfermería piden al Gobierno que primen los criterios técnicos a la hora de pasar de fase en la desescalada: "Un paso en falso sería una auténtica tragedia. Y los profesionales sanitarios lo han vivido en primera linea, exponiéndose al virus sin las medidas de seguridad suficientes, doblando turnos y guardias y dejándose la piel. No los llevemos más al límite, por favor", ha declarado su presidente.

La parte emocional

"Esto tendremos que hablarlo cuando esto termine, sacarlo fuera, porque hay mucho dolor", dice Ana cuando le preguntamos qué es lo que más le ha afectado de esta crisis. Sabe que muchos compañeros han necesitado apoyo psicológico en estos dos meses. "Aguantas y te pones la coraza para trabajar, pero...". Ella se desahoga con su marido ("hemos hablado mucho y hemos llorado mucho") y sus hijos pequeños no les dejan un momento para pensar más allá.

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Hemos hablado mucho y hemos llorado mucho

También ayuda la parte emocional: "Todos los compañeros hemos hecho videollamadas con familiares de enfermos que iban despertando aislados en las UCIS. Yo pensaba que si fuera mi padre me gustaría verle abrir los ojos o sonreír después de tantos días sin saber nada, aunque sea con el respirador puesto. Son momentos muy emotivos y te ayudan a continuar", nos cuenta.

Y en el momento más duro también han estado ahí: "Al principio no podíamos dejar pasar a los familiares. Luego fuimos estableciendo protocolos para que pudieran acompañarlos, les ayudábamos a ponerse un EPI y los metíamos en el quirófano para que pudiesen despedirse. La situación era insostenible emocionalmente para nosotros también".

Hay una sobrecarga laboral y emocional impresionante

Un desgaste que pasará factura a los profesionales cuando la emergencia pase, como ha denunciado la enfermera y portavoz del sindicato SATSE María José García en Radio Nacional: "Es una sobrecarga laboral y emocional impresionante. Estamos acostumbradas a tratar con la muerte, pero esto jamás lo hubiésemos imaginado. Lo vives y lo lloras en el trabajo para no llevártelo a casa. Es una olla a presión que va a dejar huella". "Somos los únicos que estamos con los pacientes, y no podemos dedicarles el tiempo que necesitan sus cuidados", cuenta García.

"Yo estoy muy orgullosa de mi profesión; es mi vocación y estoy feliz de haber podido contribuir a esto", termina Ana. "Lo hemos dado todo". Toca turno de noche y espera reunir fuerzas para subir las escaleras hacia un quirófano que nunca volverá a ser igual.

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