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Diez años de la caída de Lehman Brothers, el símbolo de la Gran Recesión

  • La desregulación bancaria, los elevados riesgos del sistema financiero y la crisis inmobiliaria, en el origen de la crisis
  • "El sistema financiero global estuvo muy cerca del colapso", reconoció Ben Bernanke, ex presidente de la Reserva Federal

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Diez años de la caída de Lehman Brothers

Hace diez años, las imágenes de los empleados de Lehman Brothers saliendo de la sede del cuarto banco de inversión de Estados Unidos con cajas de cartón en las que llevaban sus pertenencias dieron la vuelta al mundo. La mayor quiebra de la historia estadounidense -un agujero de más de 600.000 millones de dólares- dejó en la calle a 25.000 empleados y se convirtió en un símbolo, en el de la recesión más profunda que había vivido el mundo desde 1929, que solo aguantaron las economías emergentes (que recibieron los capitales que huyeron de EE.UU. y Europa) y de la que muchos aún hoy no se han recuperado.

"Lehman Brothers era el arquetipo de banco agresivo y uno de los pioneros en la creación de la ingeniera financiera que desembocó en la crisis de 2007", señala el economista Javier Santacruz a RTVE.es, quien asegura que "los productos de más riesgo y más delicados eran suyos". "No fue una sorpresa. Nos sorprendió porque no se quería mirar: había mucha gente ganando mucho dinero", asegura el profesor de Teoría Económica de la UNED José Luis Calvo. "Lehman Brothers es un símbolo, porque todo empezó mucho antes", apunta a Efe Nicolas Veron, experto en regulación financiera y profesor en el Peterson Institute for International Economics.

La caída de Lehman se explica mirando hacia atrás en el tiempo. "Desde los años 70 del siglo XX se inicia un proceso de liberalización financiera en el que tienen mucho que ver Ronald Reagan y Margaret Thatcher, así como la Escuela de Economía de Chicago, con su líder Milton Friedman", apunta a RTVE.es el profesor de Teoría Económica de la UNED José Luis Calvo, quien marca una fecha en el calendario: el 12 de noviembre de 1999.

Ese día, bajo la presidencia de Bill Clinton, Estados Unidos derogó la ley Glass-Steagall, aprobada en 1933 para evitar que volviera a ocurrir una Gran Depresión como la de 1929 y que supuso la desregulación casi total del sistema financiero del país norteamericano. Desde ese momento, ya no hubo separación entre la banca comercial -que coge el ahorro de los ahorradores para que los inversores inviertan en la economía real- y la de inversión -que se enfoca más a grandes proyectos y que asume más riesgos-.

A partir de entonces los bancos se endeudaron más y tomaron más riesgos en una época con bajos tipos de interés. "Se alimentaron operaciones más complejas con un riesgo creciente", asegura Santacruz.

Todo empezó a desmoronarse a finales de 2006

Entre esos riesgos se encuentran la concesión de forma masiva de hipotecas subprime, hipotecas basura que se dieron a consumidores que no tenían las suficientes garantías como para afrontarlas. Además, estos créditos se empaquetaron y se vendieron con la garantía de las agencias de calificación de riesgos: esos paquetes -que guardaban en su interior créditos insolventes- se extendieron por todo el mundo.

"Antes el banco concedía una hipoteca y se la quedaba. Esto le obligaba a vigilar cómo y a quién se la daba porque si no le devolvían el dinero tenía un problema. Al vender estos paquetes el problema del impago lo pasa a otro", señala José Luis Calvo, quien destaca otro de los problemas: "Los inversores compraban esos productos sin saber qué contenían, solo contaban con la opinión de las agencias de calificación de riesgos, que a su vez estaban implicadas en la elaboración de dichos paquetes. Todo se basaba en la confianza".

"La banca empezó a hacer cosas para las que no fue creada", continúa el profesor de Teoría Económica de la UNED, como la creación de productos financieros muy complejos como los CDS (Credit Default Swap) o los CDO (Collateral Debt Obligation), algo que explica la película The Big Short (La gran apuesta), ganadora de un Oscar al mejor guion adaptado y una de las películas que mejor ha contado cómo se gestó la crisis.

Es la financialización de la economía. "El dinero que pasa de los ahorradores a los inversores entra ahora en el sistema financiero y se queda allí, como en una lavadora, y no pasa a la economía real: solo sirve para ganar más dinero, pero no crea nada real", asegura Calvo.

Christian Bale, Ryan Gosling, Steve Carell y Brad Pitt forman un reparto de altura para uno de las grandes títulos de la temporada previa a los Oscar. "La gran apuesta", con cinco nominaciones, entre ellas mejor película y mejor director, se adentra con humor y buen pulso en los entresijos de la crisis del 2008. Adam McKay dirige esta historia real, basada en el libro homónimo de Michael Lewis, sobre cuatro tipos fuera del sistema que descubren que los grandes bancos, el gobierno y los medios de comunicación se niegan a reconocer el colapso de la economía, y deciden hacer algo al respecto.

Todo empezó a desmoronarse cuando el mercado hipotecario dio muestras de agotamiento y se ralentizó. Rápidamente empezaron los impagos en los créditos hipotecarios, lo que hizo que la cartera de bonos hipotecarios se deterioraran y perdieran su valor. Y entró en liza la desconfianza: el juego se había acabado.

Las entidades que habían adquirido los paquetes con las hipotecas asumieron pérdidas y muchos cayeron. En diciembre de 2006 fue el banco hipotecario Ownit Mortgage Solutions. Siete meses después Bear Stearns, uno de los bancos de inversión más importantes, era rescatado por la Reserva Federal y adquirido por JP Morgan.

En septiembre de 2008, y en apenas nueve días, la crisis de las hipotecas se llevó por delante a las dos mayores agencias hipotecarias del país -Fannie Mae y Freddie Mac-, intervenidas por las autoridades de EE.UU., al banco de inversión Merrill Lynch (adjudicado a Bank of America), a la aseguradora sistémica AIG y a Lehman Brothers, al que sí se dejó caer.

El hundimiento de un banco too big to fail

Los bancos se habían basado en la premisa de que siempre "iba a haber algo o alguien que les iba a rescatar", afirma Javier Santacruz. No mucha gente imaginaba entonces que se hundiría un banco too big to fail (demasiado grande para caer). De hecho fue el único que las autoridades estadounidenses no rescataron después de buscarle compradores tanto dentro como fuera del país hasta el último suspiro.

"En ningún momento consideré apropiado arriesgar el dinero de los contribuyentes para salvar a Lehman", dijo el entonces secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson. "Lehman era muy débil (...) Era muy difícil encontrar a alguien lo suficientemente sólido en ese momento para asumir ese riesgo", aseguró recientemente el entonces jefe de la Fed de Nueva York a la radio pública NPR, tal y como recoge AFP.

Según el economista Laurence Ball, en declaraciones recogidas por AFP, el banco fue víctima "de una presión política enorme" porque la opinión pública no quería que se siguiera rescatando bancos con dinero de los contribuyentes. Y las autoridades cedieron.

Javier Santacruz asegura a RTVE.es que también pesó el hecho de que los directivos de Lehman Brothers no estuvieran bien avenidos con las autoridades financieras del país. "No había una buena sintonía ni con el secretario del Tesoro ni con la Fed de Nueva York, como sí la hubo en el caso de Fannie Mae y Freddie Mac", afirma el economista.

"El sistema financiero global estuvo muy cerca del colapso"

El hundimiento de Lehman Brothers no fue la causa de la Gran Recesión, pero sí que fue lo que desencadenó el pánico que se vivió desde entonces. "Si no te rescatan, el pánico se apodera del sistema porque todo el mundo sabe quiénes son los bancos y aseguradoras que están mejor y peor", asegura Santacruz.

Se generó un efecto inmediato en los mercados financiarios mundiales, que se cerraron: cayó la Bolsa, los bancos dejaron de prestarse dinero ante la desconfianza entre ellos y la falta de crédito llegó a la economía real, que se axfisió bajo la bola de nieve iniciada meses atrás.

"Se había lanzado una señal al mercado de que la crisis se podía resolver de una manera similiar a la del 29, donde se dejó quebrar a todo el mundo", asegura Santacruz, quien considera que el miedo a volver a repetir lo ocurrido 80 años atrás fue lo que se vivió esos días.

"El sistema financiero global estuvo muy cerca del colapso", reconoció en marzo de 2009 el entonces presidente de la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos Ben Bernanke.

"Bernanke fue el primero que se dio cuenta de que o se intervenía o esta crisis se convertía en otro 29 o en algo peor", señala el economista Javier Santacruz. El expresidente de la Fed de EE.UU. puso todo sobre la mesa para rescatar entidades, limpiar balances de activos tóxicos y reactivar la economía de su país. En total, unos 1,5 billones de dólares -según cálculos de la agencia Efe- que lograron sacar a Estados Unidos de la recesión. "Habían aprendido la lección del 29", asevera el economista a RTVE.es.

Europa afrontó de otra forma la crisis

En Europa la crisis se afrontó de otra manera. En parte porque la Reserva Federal tiene como objetivo tanto el control de la inflación como el fomento del crecimiento y del empleo, mientras que el Banco Central Europeo (BCE) solo vigila el aumento de los precios.

En el Viejo Continente, sobre todo al principio, el dinero lo pusieron los gobiernos. "Los que estaban sanos -como Reino Unido, Alemania o Países Bajos- no tuvieron mayor problema [en rescatar a las entidades financieras]. Pero otros que presentaban debilidades -como Grecia, España, Portugal o Italia- no pudieron hacer eso", señala Santacruz.

Así se convirtió la crisis financiera en una crisis de deuda de la zona euro. Calvo da otro punto de vista: "Si los productos [procedentes de Lehman Brothers o similares] se los vendes a gente con poder como grandes fondos de inversión, que además compran la deuda de tu país, te lo van a reclamar y tú se lo tienes que dar a costa del dinero público. Así se convirtió en una crisis de deuda en la zona euro" y una crisis económica.

La banca está ganando mucho dinero y poder: ¿Quién les para?

Esto obligó a mover ficha al BCE, que tuvo que intervenir años después del colapso de Lehman Brothers rebajando aún más el precio del dinero -hasta el 0%- e instaurando un programa de compra de deuda que aún continúa. Eso, mientras que la UE iba dando pequeños pasos para completar la unión bancaria y recuperar así la credibilidad del proyecto europeo y del euro como moneda, apuntalada por Mario Draghi.

Desde la caída de Lehman Brothers muchas cosas han cambiado en materia de regulación, con la implantación de Basilea III, pero también con reglas específicas dentro de la Unión Europea que intentan evitar que las pérdidas sean públicas si ocurre algo igual.

Sin embargo, el presidente de Estados, Donald Trump, ya comenzó a revocar las iniciativas de su predecesor Barack Obama en esta materia. Detrás de estas decisiones está el grupo de presión bancario. "La idea de lo que tiene que hacer el sistema financiero está desvirtuada. La banca está ganando mucho dinero y poder: ¿Quién les para?", se pregunta José Luis Calvo.