Enlaces accesibilidad
La era Trump

Trump, el rey desnudo

  • La polémica permanente marca su primer año de mandato
  • Ha logrado la reforma fiscal pero no acabar con el Obamacare

Por
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en su despacho de la Casa Blanca
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en su despacho de la Casa Blanca.

En uno de sus escasos arranques de sinceridad, más allá de los "hechos alternativos" que él mismo o sus colaboradores inventan para elevarlos luego al altar de las verdades incuestionables, Donald Trump reconocía hace unos meses que ejercer la Presidencia le estaba resultado "más complicado" de lo que pensó en un primer momento. Los hechos reales, no los "alternativos", corroboran esta afirmación del 45º presidente de Estados Unidos.

Un año después de llegar a la Casa Blanca, y de iniciar una presidencia que iba a estar marcada por la polémica permanente (arrancó exigiendo fotografías que demostraran que a su toma de posesión había acudido más gente que a la de Obama, lo cual no era cierto) Trump tiene muy pocos éxitos políticos que exhibir. De sus grandes promesas electorales de momento solo ha podido cumplir una: la reforma fiscal.

De esas promesas incumplidas hay una que duele especialmente a Trump, no haber podido reemplazar el programa de cobertura sanitaria de su antecesor, la Affordable Care Act, más conocida como Obamacare. Para Trump, durante la campaña, fue casi una obsesión. Y esa obsesión, tras su llegada a la Casa Blanca, se convirtió en un rotundo fracaso que aún supura.

Deriva antiinmigración

La otra gran obsesión de Donald Trump tenía y tiene que ver con la inmigración, a la que acusa de casi todos los males que padece Estados Unidos, empezando por los problemas de inseguridad. Y ha impuesto una clara deriva antimigratoria. Pero también en este asunto ha tenido que enfrentarse a serios reveses.

La llegada de Trump a la Casa Blanca ha multiplicado las deportaciones de inmigrantes irregulares

Los jueces bloquearon sus primeros dos vetos migratorios contra países de mayoría musulmana. La tercera versión, más suavizada, ha logrado superar las trabas judiciales con algunas modificaciones. Y también un juez ha paralizado su decisión de acabar con el programa DACA (Deferred Action for Chilhood Arrivals) puesta en marcha por Obama para proteger de la deportación a quienes llegaron a Estados Unidos siendo niños, traídos por sus padres, conocidos como dreamers, y que están integrados pese a no tener regularizado su estatus migratorio.

Como pieza emblemática de esa política antimigratoria Trump ha situado la construcción del muro en la frontera con México. Pero un año después de su llegada a la Casa Blanca sigue sin haber logrado un acuerdo para su financiación, con un costo calculado en 16.000 millones de dólares. Y Trump vincula cualquier acuerdo sobre el DACA a que los demócratas acepten la aprobación de fondos para el muro.

El muro de Trump empieza a ser una realidad, tanto física como psicológica

Pero las medidas antimigratorias de Trump también se han plasmado en la suspensión de otros programas, como la retirada del Estatuto de Protección Temporal a 200.000 salvadoreños, 60.000 haitianos y más de 5.000 nicaragüenses, que se ven ahora abocados a su posible deportación.

La trama rusa

En el terreno estrictamente político, se cierne sobre Trump y su entorno la sombra de la llamada trama rusa, la injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales para perjudicar a la candidata demócrata HIlary Clinton. Un fiscal especial, Robert Muller, investiga si hubo confabulación durante la campaña electoral entre el entorno de Trump y representantes rusos.

Muller fue nombrado después del escándalo por la destitución fulminante del director del FBI, James Comey en lo que éste consideró era "un intento del presidente de evitar que avanzara la investigación" sobre la trama rusa. En el radar del fiscal Muller se encuentran algunos de los principales colaboradores de Trump, empezando por su hijo mayor, Donald Jr., su yerno y asesor político, Jared Kushner, y su otrora estratega jefe, hoy defenestrado, Steve Bannon. Y algunas fuentes apuntan a que Muller quiere interrogar al propio presidente.

Fiel a su estilo, Trump saca a pasear, una y otra vez, la cuestión de la trama rusa para asegurar que todo es invención de los medios, a los que acusa de estar todo el día maquinando para ofrecer noticias falsas. Los medios son uno de los grandes objetivos de los furibundos anatemas del presidente, que no duda en recurrir a la descalificación soez y al insulto grosero cuando las informaciones no son de su agrado.

Para sus ataques contra medios y oponentes, Trump utiliza su cuenta de twitter, convertida en su principal herramienta de comunicación. Un instrumento con el que se dirige, "sin intermediarios" según su expresión, a sus seguidores que, a pesar de su pérdida de popularidad y la falta de resultados siguen siendo muchos, sobre todo en las regiones de la América profunda, de mayoría blanca y con altos índices de desempleo o reducción de ingresos.

Reforma fiscal

La única gran promesa electoral que ha podido cumplir Trump en su primer año de mandato ha sido la reforma fiscal, y aún así tuvo que negociar duramente con los legisladores republicanos (todos los demócratas se han opuesto). Esa reforma reduce drásticamente el impuesto de sociedades y la fiscalidad a las grandes fortunas.

Hay también beneficios para las clases medias y bajas, pero vía una serie de deducciones que irán desapareciendo en los próximos años. Así que los que verdaderamente se van a beneficiar de la reforma son quienes tienen más ingresos. La líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, definía la reforma como "Robin Hood, al revés.. . nunca se había realizado un trasvase mayor de riqueza de las clases trabajadoras a los más ricos" en la historia de Estados Unidos.

Trump y los republicanos sostienen que la reducción de impuestos supondrá una gran estímulo para el crecimiento económico, lo que acabará beneficiando a todos. Por el contrario, sus detractores estiman que será enormemente perjudicial para quienes tienen menos recursos. Entre otras cosas porque la reducción de la recaudación impositiva, disparará el déficit fiscal en los próximos años lo que se traducirá en menor gasto público y menos programas sociales.

De momento, eso sí, la Bolsa de Nueva York, Wall Street, encadena un récord tras otro. La cuestión está en saber a quién beneficiará esa subida y si no se trata de una burbuja que acabará reventando como ocurrió hace una década con el estallido financiero por las hipotecas basura.

Un libro polémico

A punto de concluir su primer año de mandato, otra fuerte polémica vino a empañar la imagen de Trump: la publicación del libro Fuego y Furia del periodista Michael Wolff, describiendo el caos interno dentro de la Casa Blanca, la incapacidad intelectual del presidente, o las intrigas entre su entorno más próximo.

Muchas de las afirmaciones vertidas en el libro se debían, supuestamente, a Steve Bannon, lo que desató la ira del presidente. Fue el punto de ruptura definitiva, aunque ya se había producido un alejamiento previo, de Trump con el hombre que, según la mayoría de los analistas, fue el que más le ayudó a llegar a la presidencia.

Pero Bannon ha sido solo uno de los muchos colaboradores presidenciales que han ido saliendo de la Casa Blanca en este primer año de mandato de Trump. Algunos, motu proprio, cansados del desbarajuste; otros fulminados por un presidente que no acepta disensiones, solo admite adhesiones inquebrantables.

La corte de Trump se asemeja cada día más a una cohorte de adláteres que aplauden y jalean las ocurrencias del presidente convertido en una especie de rey al que nadie quiere ver o se atreve a decir que está desnudo. Todo el que osa sugerirlo es automáticamente removido de la foto, vilipendiado y fustigado por la ira tuitera de un presidente ególatra y pagado de sí mismo, que no tiene empacho en decir que el presidente que más ha hecho en su primer año de mandato, por más que los hechos reales los desmientan y las encuestas digan que es el presidente más impopular, con menos índice de aprobación en su primer año de mandato en la historia de Estados Unidos.