Oksana Masters suma su vigésima medalla en unos Juegos: de la radiación de Chernóbil a leyenda paralímpica
- La atleta estadounidense de origen ucraniano ha logrado el oro en el esprint de bitalón sentada en Milano Cortina
- Juegos Paralímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026, del 6 al 15 de marzo en Teledeporte y RTVE Play
Oksana Masters se acaba de convertir, por derecho propio, en toda una leyenda paralímpica. La atleta estadounidense se ha colgado su medalla número 20 en el pecho tras vencer en el esprint en biatlón sentada en su debut en los Juegos Paralímpicos de Milano Cortina. Por si fuera poco, se ha convertido en la deportista paralímpica de su país con mejor currículum en unos Juegos de Invierno, con 15 preseas. Las otras cinco las ha logrado en Juegos de Verano.
A sus 39 años, este oro le llega en su octava cita olímpica. Desde que debutó en los Juegos de Verano en Londres 2012, ha estado en tres Juegos más de verano y en cuatro de Invierno, incluyendo estos de Milano Cortina, todos y cada uno de ellos de manera consecutiva, compitiendo por las medallas cada dos años.
Remo, ciclismo y esquí de fondo, nada se le resiste a la estadounidense de origen ucraniano. Su mejor actuación hasta la fecha fue en los pasados Juegos de Invierno de Pekín, donde logró un récord histórico de siete medallas en la misma cita paralímpica.
Pero detrás de tanto éxito deportivo hay una auténtica historia de superación desde el mismo día de su nacimiento. Oksana nació en Ucrania en 1989 y se vio afectada por la radiación del accidente nuclear de Chernóbil que ocurrió tres años antes, lo que le provocó varias malformaciones en ambas piernas.
Oksana nació en Khmelnytskyi, a algo más de 300 km del reactor 4 de la central nuclear de Vladímir Ilich Lenin, más conocida como Chernóbil, que explotó a causa de un fallo en una prueba de seguridad el 26 de abril de 1986. Eso derivó en una nube tóxica que contaminó el cielo de Europa, pero las grandes consecuencias, a lo largo de los años, las ha vivido el propio país.
Malformaciones de nacimiento por la radiación de Chernóbil
Al igual que le sucedió a muchos niños nacidos en esa época, esas radiaciones le afectaron cuando se estaba gestando en el útero de su madre. En su caso, resultó en seis dedos en cada pie, manos con cinco dedos pero palmeados y sin pulgares, la pierna derecha 15 centímetros más larga que la izquierda, falta de alguno de los huesos que soportan el peso (tibia y peroné) en ambas piernas (hemimelia tibial) y, su rodilla izquierda flotaba sobre su pierna en forma de C.
Sus padres biológicos tenían escasos recursos, y al no poder hacerse cargo de los costes médicos que generaban estas malformaciones, la llevaron a un orfanato. Ahí empezaron las penalidades para Oksana. Pasaron diversas parejas, las cuáles le decían que volverían a por ella, aunque nunca lo hicieron.
Fue cuando apareció Gay Masters, una profesora estadounidense, que le cambió la vida tras adoptarla. Por un instante dudó al ver que no era un bebé sino que ya era toda una niña, pero en cuanto vio sus ojos, rellenó los papeles a la gran velocidad. Sin embargo, cuando los entregó le dijeron que Ucrania había cerrado las adopciones hasta dentro de algo más de dos años. Le recomendaron irse a Rusia a por otro niño, pero ella sabía que Oksana era su hija. Luchó por ella dos años y medio, hasta que consiguió darle una nueva vida en Nueva York.
En ese tiempo, la pequeña le preguntó al director del orfanato por qué la que le habían dicho que iba a ser su mamá no había ido a por ella. A lo que este le respondió que había sido una niña mala, y nadie quería una niña mala, así que no irían a por ella. Dentro de todo lo duro que puede ser eso para una niña de cinco años, fue de los menos fuerte que vivió en ese lugar. “Mucha gente no quiere creer lo que pasa en los orfanatos, porque son niños sin familia, son rechazados, dan igual”, explicaba Oksana en el video ‘Survivor’ de The Players Tribune.
Abusos, muerte y malos tratos durante su infancia
Una de los peores momentos eran las noches, porque las noches significaban abusos. Explica que pintaba una habitación, en la que había dos camas situadas una en cada extremo, la puerta en el medio estaba abierta de par en par, y en el medio había una sombra negra. “Abusaron de mí”, reconoce la ucrano-estadounidense en una carta para el mismo medio. Abusaron de ella, cada día, desde los 5 a los 7 años.
Un tatuaje decora su cuerpo, es una rosa, a la que acompaña una frase: “una rosa es y siempre será una rosa”, no importa lo fea que esté que siempre lo será. Y eso quiere contar la deportista paralímpica. Para ella, las cicatrices que marcan su cuerpo son como tatuajes porque todas cuentan historias, algunas que la recuerdas perfectamente y otras que las descubres por primera vez, “hay partes de mi historia que las recuerdo como si fuera ayer, partes que, para bien o para mal, encajarán siempre en mi memoria como un guante”. La diferencia es que las cicatrices no las ha elegido.
Ella describe el orfanato como algo frío y oscuro, casi diseñado así aposta para dar miedo. Tan frío que ver tu propio aliento era algo cotidiano. El resto de barbaridades que sucedían bajo ese tejado las describe así: “a veces, en lugar de ser gráfica, solo necesito enumerar algunas cosas que no puedo soportar: cuchillos, cigarros encendidos, cadenas metálicas… hoy en día todavía no pueden darme un masaje y que no me asuste”.
“Me costó muchísimo mirarme al espejo y no odiarme, darme cuenta que era algo que no podía controlar, no entiendo por qué las mujeres se tienen que sentir tan asqueadas y avergonzadas con algo”, explica Oksana. Sin embargo, el deporte le ha hecho ver que su cuerpo tiene un poder que no debe ser subestimado, y su madre por su parte, le ha hecho poder disfrutar de la vida.
Una nueva vida en Estados Unidos
Ya en Estados Unidos, Oksana tuvo que adaptarse a muchas cosas, que para cualquier persona con una infancia corriente, pueden parecer básicas: el cariño, llorar y una cama cómoda donde dormir. Gay Masters cuenta que tardó cerca de un año en llorar, ya que no quería mostrar debilidad para que no le pegaran por eso. Además, tuvo que estar un tiempo durmiendo en un suelo rígido hasta acostumbrarse a la comodidad de una cama, “era como si necesitara re-procesar el trauma de alguna manera, antes de que pudiera dejarlo ir”.
A los 9 años, pasó por la primera amputación. Fue la pierna izquierda por encima de la rodilla, y se llevó a cabo por los dolores que le provocaba la malformación. En cinco años, vivió la amputación de la pierna derecha a la misma altura. A su vez, le operaron las manos para que el quinto dedo pudiera ejercer de pulgar.
Oksana tiene claro que si cuenta esto es para poder ayudar a las mujeres y los niños que estén o hayan estado en su misma posición. “No quiero que me vean como ‘lo siento, eres muy fuerte, es increíble', no quiero esas palabras porque no soy fuerte, solamente vivo mi vida como sé”, lo que concluía diciendo: “no quiero que cambie la percepción que la gente tiene de mí porque les doy pena”. En Ucrania, dice no darse cuenta de la discapacidad, “sabía que era diferente, tenía 6 dedos, pero me parecía la cosa más guay que había”. Fue en su adolescencia donde comenzó a notarlo y esconderlo. Ahora, lo muestra sin ningún problema en sus redes sociales, además de tener una carpeta llamada ‘legs’ donde muestra el proceso para construir estas prótesis.