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Muere Luis Aragonés | Fútbol

Luis Aragonés, hasta siempre sabio

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Luis Aragonés, el 'Sabio' que revolucionó la Roja

La noche del 29 de junio de 2008, sobre el césped del estadio Prater de Viena, los componentes de la selección española de fútbol lanzaban al cielo al culpable de que España volviera a ganar una Eurocopa 44 años después. A ese cielo ha llegado ahora Luis Aragonés después de toda una vida dedicada de forma plena al balompié.

Una leucemia se ha llevado a este madrileño al que en el mundo del fútbol se le conocía como 'Zapatones' (por su extraña forma de correr), el 'Mono' y, sobre todo, el 'Sabio de Hortaleza' debido a su procedencia del famoso barrio de Madrid (ciudad que pondrá su nombre a una calle según ha manifestado su alcaldesa en RNE).

Poco se ha sabido en estos dos meses del partido crucial que estaba disputando Aragonés contra un cáncer que se había instalado en sus venas. Al fin y al cabo nunca fue muy amigo de llenar los papeles de la prensa, convivía con ella porque no le quedaba otra. Lo suyo era el fútbol, solo el fútbol.

"Al cine voy de vez en cuando... pero por acompañar a mi mujer", confesó en una ocasión cuando le preguntaron si hacía vida normal cuando no estaba pisando el césped.

De jugador brillante a entrenador de gran éxito

Aragonés debutó como jugador en Primera un 11 de diciembre de 1960 en un Oviedo-Mallorca y en su palmarés figuran tres Ligas y dos Copas del Generalísimo vistiendo la camiseta rojiblanca del Atlético de Madrid.

Su último partido vestido de corto figura como el choque más importante de la historia del Atlético de Madrid: la final de la Copa de Europa frente al Bayern de Múnich del año 1974.

Pocos días después de aquel fatídico día de San Isidro Labrador, Luis Aragonés volvía al vestuario del equipo colchonero pero ahora con una carpeta llena de papeles bajo el brazo y un silbato colgado al cuello. Había aceptado la oferta del club de hacerse entrenador sin predecir que se convertiría en el técnico que ha cambiado para siempre la historia del fútbol español.

Su primer título fue nada más y nada menos que una Copa Intercontinental (el Bayern Munich no quiso presentarse y acudió el Atlético como subcampeón) y la Eurocopa de naciones de 2008 su último trofeo. Entre medias levantó una Liga de Primera y otra de Segunda, una Supercopa y tres Copa del Rey.

El padre del 'Tiki-Taka' de la Roja

A la selección española de fútbol llegó en 2004 para sustituir a Iñaki Sáez después del mal papel de España en la Eurocopa de Portugal 2004. Debutó en un amistoso el 18 de agosto con victoria 3-2 sobre Venezuela en Gran Canaria y a partir de ahí le pasó de todo.

Luis se propuso cambiar la historia de la selección, una empresa increíblemente difícil. Había que pasar de ser el equipo de la furia (heredado desde los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920) a ser el equipo del toque. Ese era, para él y sus ayudantes, el camino para dejar de caer en cuartos.

La idea estaba clara pero con lo que no se contaba era con la forma de caer derrotados en el Mundial de Alemania 2006, a manos de la Francia de Zidane. Tocaba volver a reinventar a la Roja pero esta vez sin el apoyo de la prensa, con la duda inmersa en los aficionados y con un vestuario roto.

Lo primero que hizo fue prometer que abandonaría el barco, como penitencia, una vez volviera a puerto tras la Eurocopa de 2008. Lo segundo fue hacer piña aunque eso significara dejar fuera de la selección al hasta entonces mejor jugador español de la historia: Raúl González. Demasiado caldo de cultivo para la prensa si no acompañan los resultados.

"Las críticas las acepto. Lo que me molesta es que me insulten", llegó a decir Luis Aragonés durante los meses previos a la cita de Suiza y Austria.

España dejaba atrás su victimismo en los grandes torneos

Con la promesa en TVE de hacer el Camino de Santiago si ganaba el torneo (promesa que no ha podido cumplir) y con la apuesta por jugadores hasta entonces poco consagrados como Senna, Cazorla o Güiza y con la bandera del buen juego puesta en manos de Xavi Hernández… se hizo justicia y España se proclamó campeona.

Su apuesta funcionó a pesar de recibir "hostias de todos los colores". Todos y cada uno de los integrantes de aquella concentración subrayaron a su vuelta el papel del míster en la victoria. Él se limitó a explicar que con ese equipo solo se podía ganar porque tenía a los "mejores jugadores" a sus órdenes ("Si no llego a la final con este grupo es que soy un mierda", manifestó).

Por cambiar el sino de la selección a Luis le llovieron los piropos y las alabanzas. De un hombre tozudo pasó a ser un entrenador valiente, de ser llamado abuelo a denominarle para siempre sabio y de pedir su cabeza a pensar que debía de continuar al frente de la Roja.

El corto camino entre villano y héroe, algo tan propio del fútbol y que Luis Aragonés tan bien conocía. Porque 'Zapatones', ante todo, fue un hombre de fútbol.

Seguro que ya ha llegado al cielo con un balón bajo el brazo, ha cogido al portugués Eusebio del brazo y ha gritado bien alto "fuera que tenemos que jugar al fútbol".

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