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¿Proteger a las estrellas es prohibir el juego duro?

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Tres jornadas, tres estrellas lesionadas

El fútbol es así. Es un deporte físico, de contacto, un duelo atlético entre arietes y defensas, un deporte de hombres, si se quiere ser reduccionista y atávico. Luce más la belleza de un galope con el balón cosido a los pies driblando rivales que el arrojo del defensa que se desliza, intercepta el balón e interrumpe la jugada de la semana. Es legítimo jugar con la baza de la fuerza frente a la de la habilidad. Lo difícil es saber dónde está el límite, y la lesión en el tobillo del azulgrana Leo Messi es el último capítulo de un sempiterno debate, en el que en lo único en que estaremos de acuerdo es en que sigue el desacuerdo.

Lo cierto es que Messi se perderá, por lo menos, los dos siguientes partidos de Liga  ante  el Sporting de Gijón y ante el Athletic de Bilbao en San Mamés.  Casi con seguridad  no podrá estar en Kazán para medirse al Rubin  en Champions el próximo miércoles 29 de septiembre, aunque será su evolución la que determine su presencia o   no en las frías tierras rusas. Precisamente en Champions y ante el  Dinamo de Kiev fue la última vez que Messi sufrió la bota implacable de  un rival sobre su tobillo, la de Almeida.

Por su parte, y como formaba parte del guión, Ujfalusi ha puesto por   delante el atenuante del arrepentimiento, haciendo pública su tristeza y   su interés por el lesionado. Habló por teléfono con Messi por  mediación  de Agüero, le puso un SMS el lunes y compareció en rueda de  prensa  remitiendo al vídeo de la jugada para   insistir en que fue primero a por el balón y el tremendo pisotón   vino después.

El jugador del Barcelona, Leo Messi, tuvo que abandonar el campo en camilla después del pisotón que le dio en el tobillo el futbolista del Atlético de Madrid, Ujfalusi.

El presidente del club, Enrique Cerezo, ha hecho lo propio, aunque se   resigna a la inevitable sanción antes de que el ruido mediático de   la siguiente jornada tape el de la vivida este domingo.

Ni siquiera en el entorno del propio equipo afectado hay unanimidad para interpretar este tipo de jugadas. Un compañero de Messi en el ataque y objeto también de faltas  frecuentes, David Villa, admite que el defensa checo "no iba con mala  intención ni con idea de lesionar", pero que la imagen de la entrada "da  repelús". En cambio, otro compañero, Víctor Valdés, pide que se  intervenga para que no se dé "pie a una desgracia". Y hay quien dice que si el Barça hubiera sentenciado antes el partido ante el Atlético, los jugadores rojiblancos no habrían sido tan expeditivos y Messi no se habría lesionado. Palabra de Johann Cruyff.

¿Cuál es la receta para atajar el juego duro?

Al fin y al cabo, hablamos de deporte, y como tal se espera que nadie le meta el pie a un rival, a un compañero de profesión, con el ánimo alevoso de lesionarle. Pero en su historia antigua y reciente la galería de los horrores de las lesiones es lo bastante amplia como para que no urja una respuesta.

El mundo del fútbol, al que pertenecen por igual los profesionales y  los aficionados, ha abierto de nuevo un debate recurrente y no resuelto  -como aquel de la aplicación de la tecnología para resolver goles y  jugadas dudosas-. La idea es la de encontrar una sanción preventiva y  ejemplar contra las entradas agresivas.

¿Una sanción salomónica de tantos partidos para el infractor como los que se pierde el  lesionado? ¿Lo que dictamine el árbitro en el encuentro? ¿Una sanción  medida y colegiada por el Comité de Competición en función de la  gravedad, de la intencionalidad demostrada de la acción o de la  reincidencia? Esa es la pregunta que está abierta y que también  sometemos a la opinión de los internautas de RTVE.es.

Está claro que el espectáculo se resiente cuando los mejores no están  sobre el terreno de juego, y la coincidencia de que tres de las  estrellas de mayor relumbrón de la Liga española hayan caído a las  primeras de cambio -Cristiano Ronaldo en la primera jornada, el 'Kun'  Agüero en la segunda y ahora Leo Messi en la tercera- preocupa por lo  que está por venir, con un calendario tan cargado de competiciones,  rivalidades y partidos y la veda abierta contra las articulaciones de los  delanteros.

Además, es una historia que se repite y en variedad de  escenarios. También en los primeros compases de curso, Diawara,  del Olympique de Marsella, aplastó el tobillo de Cristiano Ronaldo en  la Liga de Campeones con un pisotón que le apartó dos meses de los  terrenos de juego. El jugador más caro del mundo fue borrado del mapa, y  aunque su prodigiosa capacidad de recuperación le devuelve siempre  antes de lo previsto, entonces acusó las secuelas, como le pasó con la selección  portuguesa.

La prensa, entre la responsabilidad y el condicionamiento

Este año también ha caído en la  primera jornada ante el Mallorca y  Mourinho puso  el primer grito -y la primera palabrota- en el cielo pidiendo amparo arbitral para su jugador, temeroso de que se volviera a lesionar, una  letanía que Guardiola venía repitiendo también desde el curso pasado. 

En todas las salas de prensa y acontecimientos con representantes del    deporte ha salido el tema y la idea está clara: se protege al fútbol protegiendo a los futbolistas. A todos los futbolistas, no sólo a los mejores. Que destaquen más las patadas a Ronaldo o a Messi que las que sufren Banega, Muniain o Camuñas es consecuencia de los millones que generan los primeros y los que dejan de generar cuando no juegan.

Pero llama la atención el hecho de que cuanto más se sospecha la  diferencia  de calidad entre equipos más se tolera como estrategia  cortar el juego  por cualquier medio -pasa el balón, pero no el jugador-  y más se  anticipa y magnifica en los medios la posibilidad de una lesión.

Parar a la estrella rival "por lo civil o por lo criminal" es una consigna cuartelera pero real en los vestuarios de la Liga; y en los medios de comunicación, a veces sin que se distinga si es antes o después que en el propio campo. Así lo denunció Guardiola, para que constara en acta, tras el partido en el Vicente Calderón. En esta ocasión, Mourinho, que usó a los medios para poner en guardia a los árbitros hace apenas diez días, lo que a su vez denunció Camacho tras la derrota, no se pronunció sobre la   lesión del argentino.

Camacho cree que hubo doble rasero

Pero claramente, la pelota está en el tejado de los árbitros, los únicos legitimados para dictar sentencia. Ya tienen la consigna desde el principio de curso de emplearse con la máxima atención en el juego duro y las entradas por detrás. 

De momento, el presidente de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), José Luis Astiazarán, se limita a pedir "que aflore el 'fair-play'", un lema bienintencionado pero equivalente a retar a los futbolistas a que sean ellos quienes encuentren la delgada línea roja entre la competitividad y la agresividad. El balón rueda de nuevo este martes, veremos quién lleva la voz cantante.