Enlaces accesibilidad

Turismo en Cuba: el hundimiento del que fue un salvavidas para la economía de la isla

  • En los cuatro primeros meses del año Cuba recibió un 55,8% de turismo menos que en el mismo período del año anterior
  • Las principales hoteleras suspenden operaciones en medio de las presiones de Trump y la escasez de combustible
Turismo en Cuba: el hundimiento del que fue un salvavidas para la economía de la isla
Un coche antiguo delante del Gran Hotel Bristol, operado por Meliá, en La Habana. Yamil Lage / AFP

Cuando en 1990 la cadena hotelera española Meliá Hoteles empezó a operar en Cuba, se transformó en símbolo de un sector turístico que despegaba y acabó convirtiéndose en una de las principales fuentes de ingresos para la isla. De igual forma, cuando este miércoles anunció que cerraba 15 hoteles, asestó un duro golpe a una industria que ya venía sufriendo desde la pandemia. 

No es la primera cadena hotelera que deja de operar hoteles en Cuba, aunque quizá sí es la más simbólica, ya que además de ser la primera en instalarse en la isla, en plena crisis del Periodo Especial, es la que más hoteles gestionaba —en el sistema cubano, la propiedad de los hoteles es de las empresas estatales en al menos un 51% y las multinacionales se ocupan de la gestión—, con un total de 35. 

Antes que Meliá, han tomado una decisión similar la también española Iberostar y la canadiense Blue Diamond, segunda y tercera cadenas hoteleras extranjeras en Cuba por número de instalaciones gestionadas en la isla.

Según Meliá, la decisión se ha tomado por "el contexto geopolítico social, legal y económico" de la isla ante las presiones de la Administración Trump, la escasez de combustible y la pérdida de varias conexiones aéreas.

Y es que estas decisiones se dan en un contexto de endurecimiento de las sanciones estadounidenses —con el conglomerado estatal GAESA en la mira de la Administración de EE.UU.—, de falta de combustible y de constantes apagones, así como de dificultad para encontrar alimentos que llevaban meses torpedeando la actividad hotelera. Pero el declive del sector empezó ya hace algunos años.

Auge y caída del sector turístico cubano

Desde los años noventa, el sector turístico cubano experimentó un crecimiento constante, convirtiéndose en un salvavidas para la economía cubana tras el periodo especial. "Fue el sector que más rápido creció a finales de los 90 y principios de los 2000, traía divisas —vitales en un país que necesita importar el 80 % de lo que consume— y fue clave para la recuperación de la economía", le explica a RTVE.es el economista cubano Ricardo Torres.

Hotel en Cuba

Meliá fue la primera cadena hotelera internacional que se instaló en Cuba. EFE / Archivo

El economista destaca, además, que el sector turístico "genera empleo y además deja otras derramas para las familias como son las propinas, una fuente de ingresos muy importante para los trabajadores del sector". "A partir de 2010, el turismo empieza a recibir bienes y servicios no ya de empresas estatales, sino del sector privado: restaurantes, cafeterías, servicios de viajes… eso fue un boom para el sector".

Y así, hasta llegar al récord de llegadas de turistas registrado en 2017, con 4,7 millones. Le siguieron 2018 y 2019 con 4,6 y 4,2 millones. En ese momento, el sector "podría representar un 10% del PIB del país, y empleaba directamente a entre 120.000 y 130.000 personas, e indirectamente medio millón", afirma Paolo Spadoni, profesor de la Universidad de Augusta, en EE.UU., y uno de los mayores expertos en el sector turístico cubano.

Con todo, Spadoni considera que el sector turístico cubano, "insertado en una economía estatal centralizada y bastante ineficiente, siempre enfrentó desafíos que no pudo llegar a resolver". Pero en términos de liquidez de divisas que aporta la economía cubana, ha sido la fuente más importante junto con las remesas del exterior y la exportación de servicios médicos al exterior, agrega. 

Después llegó la pandemia, que supuso un desplome total del turismo, aunque según Spadoni, ya antes del covid el sector "daba señales de agotamiento". Pero la realidad es que, al contrario de lo que ocurrió en países de la región competidores, como República Dominicana, el sector turístico cubano ya nunca se recuperó. En 2023, llegaron unos 2,4 millones de turistas, y en 2024, unos 2,2, es decir, en torno a la mitad de los máximos registrados. Detrás de este descenso hay varios factores. 

"Por un lado, la economía cubana entra en un proceso de crisis, que se empieza a notar de manera importante en todo lo que tenía que ver con los suministros al país, por ejemplo, los apagones empezaron a ser más frecuentes y más largos", apunta Torres. "La agudización de la crisis año tras año va marcando el destino, la falta de combustible, insumos… y ante las dificultades los turistas optan por otros destinos".

Y, por otro lado, explica el economista, hay que mencionar la medida tomada por Estados Unidos de incluir a Cuba en la lista de países que patrocinan el terrorismo. "Esto supuso un problema sobre todo para los visitantes de Europa Occidental o de la Unión Europea, ya que por el hecho de visitar Cuba, que estaba en esa lista, la opción de las visas rápidas ESTA dejaba de tener efecto y tenían que pedir una visa para viajar a Estados Unidos".

El también economista cubano Omar Everleny apunta otro factor. Después de Canadá, Rusia era el segundo país emisor de turistas a Cuba. "Cuando empieza la guerra en Ucrania, esto se cae, las compañías dejan de volar y los turistas rusos —que llegaron a superar el millón— dejan de venir", señala Everleny.

Y así la primera industria de Cuba ha ido menguando y en 2025 registró sus peores cifras en dos décadas, sin contar la pandemia. La isla recibió en 2025 tan sólo 1,8 millones de turistas extranjeros y su ocupación hotelera se derrumbó hasta el 18,9 %. 

El embargo petrolero y las sanciones estadounidenses

Esta situación no ha hecho más que acelerarse desde el comienzo de este año, con consecuencias devastadoras. En los cuatro primeros meses del año Cuba recibió 328.608 turistas internacionales, un 55,8 % menos que en el mismo período del año anterior.

La captura de Nicolás Maduro por EE.UU. el pasado 3 de enero se tradujo para la isla en el corte inmediato de los envíos de crudo desde Venezuela. Además, el presidente estadounidense, Donald Trump, planteó aranceles a cualquier país que le vendiera combustible, un asedio petrolero que ha sumido al país en la peor crisis de su historia. 

A partir de ahí, la mayor parte de las aerolíneas que viajaban a la isla han suspendido sus vuelos. Las cuatro aerolíneas que unían Cuba con Canadá —principal emisor de turistas a Cuba— suspendieron operaciones, al igual que las dos rusas. 

Las frecuencias con España —uno de los países con más conexiones con la isla— también se han reducido sensiblemente. Iberia y World2Fly suspendieron sus operaciones, y actualmente sólo Air Europa mantiene dos vuelos semanales (cuando llegaron a ser en total hasta cuatro diarios). 

También han dejado de volar a la isla Air France y Turkish Airlines, entre otros grandes nombres internacionales. Tan sólo se están manteniendo —aunque también con menos frecuencias— las rutas con México y Panamá y, curiosamente, con EE.UU.

Pero la asfixia a la que la administración Trump está sometiendo a Cuba para forzar una caída del régimen no se detuvo con el bloqueo petrolero. Estados Unidos anunció sanciones a todas aquellas empresas que tuvieran negocios a partir del viernes 5 de junio con GAESA, el gran conglomerado empresarial estatal, controlado directamente por las Fuerzas Armadas y el entorno más cercano de Raúl Castro; y que acapara más de la mitad del PIB cubano con la posesión de hoteles, transportes, comercios y gasolineras en el país caribeño.

A partir de ahí, una nueva cascada de cancelaciones. En el caso de Meliá, los 15 inmuebles que deja de operar son propiedad de Gaesa. Los otros 19 hoteles que de momento seguirá gestionando la cadena balear en Cuba son propiedad de sociedades vinculadas al Ministerio de Turismo.  

Iberostar dejó la gestión también de 12 hoteles en la isla propiedad de Gaviota, la filial hotelera de GAESA, pero mantiene la de otros seis a través de alianzas con Cubanacán y Gran Caribe, grupos turísticos vinculados al Gobierno cubano. 

La canadiense Blu Diamond, por su parte, cesó toda su actividad en la isla -operaba 15 establecimientos-, aunque desvinculó su decisión de las sanciones estadounidenses: "La decisión no ha sido tomada por acciones adoptadas por el Gobierno de Estados Unidos y sí debe ser atribuida a una combinación de factores, entre los que se incluyen la reducción y la posterior suspensión de vuelos entre Canadá y Cuba, a través de Air Canada", dijo en un comunicado. 

Y en el sector de servicios financieros, Visa y Mastercard también han anunciado el cese de su actividad. El Banco Central de Cuba (BCC) ha asegurado que la decisión "se relaciona directamente" con la "estrategia de asfixia" de Donald Trump en la isla. 

GAESA, un Estado dentro del Estado

GAESA es un entramado empresarial propiedad de las Fuerzas Armadas cubanas que tiene intereses en prácticamente todos los sectores de la economía cubana. Por ejemplo, dentro de GAESA está Gaviota, que es la propietaria de los hoteles.

"GAESA nació en su momento supuestamente como una necesidad de financiar a las Fuerzas Armadas, cuando Cuba perdió el apoyo de la Unión Soviética, que era el suministrador por excelencia de armamento y demás, y buscaron otras vías para generar ingresos y mantener unas fuerzas armadas que son muy grandes en Cuba", explica el economista Ricardo Torres.

Pero luego, GAESA siguió creciendo y adquiriendo empresas. Una de sus principales características es su falta de transparencia, ya que el grupo no publica sus cuentas. El gobierno cubano argumenta que se crearon muchas de esas empresas para sortear el bloqueo, y justifica la falta de información en la necesidad de evadir las sanciones. Pero Estados Unidos sostiene que es un aparato para el enriquecimiento de la familia Castro y las élites

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, reivindicó en redes sociales el papel de GAESA en la isla, asegurando que "el GAE no es obra del secretismo, ni de élites y mucho menos la vía de enriquecimiento de unos pocos". Ha defendido su existencia como "uno de los tantos ejemplos que a lo largo de nuestro camino nos han permitido resistir la agresión permanente del gobierno de Estados Unidos". 

"La falta de transparencia, de rendición de cuentas, de mecanismos de verificación, es lo que ha alimentado todas las teorías que hoy circulan sobre si es una un brazo de la familia Castro y que si es administrada prácticamente como una empresa privada", explica Torres, quien dice que no puede desmentir ni confirmar estas teorías.

"Lo que sí puedo decir es que se ha operado muy mal desde el punto de vista de una empresa que debe ser pública. Se tienen que rendir cuentas y explicar por qué se tomaron ciertas decisiones, qué lógicas siguieron, cómo beneficiaba lo que estaban haciendo al pueblo cubano que está sufriendo y por qué se dejó de invertir en otros sectores", agrega el economista.

En ese sentido, Torres es muy crítico con la falta de inversión en el sector energético, mientras que la rama inmobiliaria y hotelera concentró una parte desproporcionada de las inversiones, incluso cuando el escenario iba cambiando.  

El economista reconoce que las sanciones de EE.UU. están teniendo un impacto en GAESA, pero es muy difícil adivinar qué puede pasar con este conglomerado, que se ha convertido en un "Estado dentro del Estado". "GAESA ha crecido tanto, es tan importante en sectores claves de la economía y hay tantos intereses creados que es sin duda uno de los temas más espinosos en la negociación con EE.UU.", sostiene, afirmando, al mismo tiempo que "no se puede pensar en una reforma económica realista y seria sin una transformación (en GAESA)".

¿Hay futuro para el sector turístico cubano?

Para el profesor Spadoni, el turismo cubano, más que recuperarse, tendría que renacer, "porque recuperarse significaría recuperar todos los problemas que nos han resuelto en muchos años: una rentabilidad baja, falta de material, de insumos, falta de recursos financieros, infraestructura obsoleta…".

Vendedor de refrescos frente al Mistic Hotel, operado por Blue Diamond.

Un hombre con un carrito de refrescos pasa delante del Mistic Hotel, un establecimiento que era operado por Blue Diamond. Adalberto Roque / AFP

En cualquier caso, hacer predicciones sobre Cuba ahora mismo es imposible, sostienen los expertos, debido a la incertidumbre que hay sobre el futuro no solo económico, sino político de la isla, ya que incluso una intervención militar de Estados Unidos está sobre la mesa para derrocar el régimen cubano.

Al mismo tiempo, reconocen que el sector turístico puede tener un peso fundamental en las negociaciones con Estados Unidos. Una de las posibilidades que apunta Omar Everleny es la entrada de las cadenas hoteleras estadounidenses en el país. "Estados Unidos podría adquirir de alguna manera esa infraestructura que pertenece a Gaviota" y ocupar también el lugar de las otras cadenas hoteleras que han decidido suspender o reducir su actividad en la isla, vaticina.

"Estados Unidos tiene las cadenas hoteleras más grandes del mundo y además serían sus propios clientes, porque el 50% de los visitantes al Caribe son de Estados Unidos", sostiene, por otro lado, Ricardo Torres.

Para Spadoni, tener un conocimiento del mercado y estar ahí es una ventaja, y en ese sentido señala que aunque Meliá e Iberostar redujeron sus operaciones —en aquellos casos en que estaban asociados con Gaviota y, por tanto, con GAESA—, siguen teniendo una presencia importante. Así que, por ejemplo, Meliá "sigue bien posicionada ante un hipotético cambio que puede pasar en un mes o puede pasar en un año". 

Asimismo, señala el experto, Gaviota ha estado construyendo hoteles nuevos por varias razones. "En parte se ha criticado porque lo estaban haciendo en medio de una crisis económica, pero Gaviota lo ha hecho para tener la mejor posición y para eventualmente prepararse para un cambio". 

Que el turismo vuelva a ser el salvavidas que fue en el pasado para la isla está por ver, pero la realidad es que el turismo está en mínimos históricos y las consecuencias son notables para la isla, donde apenas se ven turistas por la Habana Vieja —ni los clásicos almendrones— ni por las playas de Varadero.