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Elecciones europeas

El auge de nacionalistas y euroescépticos agita los miedos del proyecto europeo

  • Los sondeos dan a los partidos que buscan recuperar poder para las naciones un 30% del Parlamento Europeo
  • La capacidad de los nacionalistas para coaligarse determinará su influencia | Especial: Elecciones europeas

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El vicepresidente iraliano y líder de la Liga, Matteo Salvini, con la ultraderechista francesa Marine Le Pen en 2018
El vicepresidente iraliano y líder de la Liga, Matteo Salvini, con la ultraderechista francesa Marine Le Pen en 2018.

El auge de los partidos nacionalistas y eurófobos se ha convertido en la gran inquietud de la Unión Europea, que observa como las fuerzas políticas que conspiran contra el proyecto común aspiran a consolidar su influencia tras las elecciones europeas que se celebran del 23 al 26 de mayo: si desde 2014 ocupan el 20% de los escaños del Parlamento Europeo, algunos sondeos les dan ahora hasta el 30% de los 751 diputados que tiene la Eurocámara.

Con todo, el tono del discurso populista contra las élites fue más duro en la campaña de 2014, ya que líderes como la francesa Marine Le Pen o el italiano Matteo Salvini han cambiado su mensaje en los últimos meses: ya no cuestionan la existencia de la Unión Europea, sino que plantean reformarla desde dentro "porque entienden que pueden perder las elecciones si son demasiados negativos" sobre el proyecto europeo, explica a RTVE.es el investigador del think tank Carnegie Europe Stefan Lehne.

Esta es la idea del italiano, que busca junto a la Alternativa por Alemania (AfD), el Partido Verdaderos Finlandenses y el Partido Popular Danés "proponer una nueva Europa porque nunca hemos gobernado" bajo la Alianza Europea para el Pueblo y las Naciones. La Liga, el Partido Brexit de Reino Unido o Vox en España son partidos que "buscan la libertad, recuperar el control sobre los propios países y la vida política, sobre la economía frente a Bruselas y mantener un Estado del bienestar solo para individuos nacionales que excluya a inmigrantes ilegales", resume Guillermo Fernández, profesor de la Universidad Complutense que investiga las políticas de ultraderecha.

La división en las instituciones europeas en torno a una política migratoria común -Italia vetó a los barcos humanitarios en 2018 y Hungría y Polonia llegaron a cerrar sus fronteras durante la crisis de refugiados-, ha podido debilitar la imagen de la Unión, incluso con cierto aire de crisis de identidad, según algunos expertos consultados por RTVE.es, que insisten en la dificultad que implica poner de acuerdo a 28 países. Otros factores, como la sensación de abandono entre los ciudadanos tras la recesión de 2008, la crisis del euro y la "globalización del movimiento populista en la Casa Blanca", explican el apoyo de estos partidos, añade Lehne.

Las fricciones condicionan su margen de maniobra

Lo cierto es que su influencia dependerá de su capacidad para coaligarse e impulsar metas comunes, ya que discrepan en muchas cuestiones: "Necesitarán superar la división de los cuatro grupos, pero es difícil que los nacionalistas cooperen entre ellos porque difieren entre asuntos como la relación con Rusia o la política económica. Además, muchos de ellos ni siquiera participan en las sesiones plenarias", señala Lehne.

De hecho, el catedrático de Relaciones Internacionales de la UCM y presidente del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo, Francisco Aldecoa, apunta a que su influencia será "ninguna, porque serán la quinta fuerza", detrás de populares, socialistas, liberales y conservadores y reformistas.

En cuaquier caso, la pugna por la alianza de los bloques políticos en un grupo parlamentario centrará sus planes en el futuro inmediato. "La Liga de Matteo Salvini ha emprendido la iniciativa, pero no se van a unir a los polacos. Están logrando retener a todos los partidos radicales del norte de Europa y eso podría tentar a Vox a unirse en ese grupo", explica Fernández, que añade que la estrategia del Partido Ley y Justicia polaco pasaba por congregar un grupo "con pedigrí de poder lo suficientemente fuerte como para sembrar las dudas en el Partido Popular Europeo".

La verdadera incógnita, según el experto, es el papel que pueda desempeñar el Partido del Brexit que ha creado Nigel Farage, uno de los responsables del éxito de la campaña a favor de la salida del Reino Unido, porque todavía no ha desvelado a qué agrupación se unirá. Por el momento, Salvini ha convocado una reunión en Milán el 18 de mayo para estudiar su estrategia.

Los dos líderes ultraderechistas, el italiano Mateo Salvini y la francesa Marine Le Pen, se han reunido en Roma

El PPE, el "eslabón más débil" del proyecto

Parte de su estrategia pasa por debilitar al Partido Popular Europeo, carcomiendo sus sectores más a la derecha, de forma que, según los sondeos, por primera vez populares y socialistas no alcanzarían en el Parlamento Europeo la mayoría abosluta que hasta ahora les ha permitido controlar las instituciones europeas a partir del consenso de centro.

Este es el "eslabón más débil del proyecto europeísta, por las fisuras respecto de su europeísmo", dice Fernández, que apunta a que los nacionalistas pueden aprovechar para "generar contradicciones en el PPE, sobre todo en la fractura este-oeste, para que en algunos asuntos los partidos populares de Letonia, Estonia, Lituania o República Checa puedan votar con estos grupos euroescépticos".

Su objetivo es "reformar la UE tratando de convencer a sectores del PPE, quieren que la Comisión Europea tenga cada vez menos poder sobre los Estados o devolver competencias nacionales, particularmente en cuestiones de inmigración", añade.

Un plan que choca de plano con el impulso que busca el presidente francés, Emmanuel Macronpara relanzar el proyecto europeo y que busca profundizar en la integración, si es necesario a dos velocidades, esto es, dejando atrás a los países que no quieran ceder más soberanía.

Las divisiones minan el poder de la UE

El trauma provocado por el resultado del referéndum del Brexit en 2016 condujo al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, a decir que la UE atravesaba una "crisis existencial"una idea impensable para Aldecoa, pero que ha creado "un bloque muy heterogéneo, cuyas divisiones sobre la migración están debilitando la capacidad de acción" de la institución, según el investigador Stefan Lehne.

De cara al futuro, Fernández considera que la UE "tiene cada vez más frentes abiertos, menos consenso interno y es menos relevante" en la esfera internacional, por lo que sitúa el debate futuro en la reforma de la institución.

"Deberían realizarse en el espacio Schengen [las normas comunes que permiten la libre circulación de ciudadanos] y el euro. La UE debe ganar confianza y esperanza", pronostica Lehne.

Un objetivo común en el que el "imperio de la ley" será un gran reto para los próximos cinco años, según la investigadora del Centro Europeo de Estudios Políticos (CEPS), Sophia Russack, que descarta en todo caso que el bloque atraviese una crisis de identidad. 

El auge de los populismos, los desafEl auge de los populismos, los desafíos económicos... 373 millones de europeos están llamados a las urnas el 26 de mayo, en una Europa que lucha por mantener su unidad tras el aplazamiento del Brexit.