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Grecia sale de su último rescate financiero, pese a las dudas sobre la sostenibilidad de su economía

  • Los 288.700 millones de los tres rescates que ha recibido suponen el mayor rescate económico de la historia
  • El tamaño de su economía se ha reducido un cuarto y su deuda pública aún equivale al 180% de su PIB
  • Deberá rendir cuentas a la UE y el FMI cada tres meses, en lugar de la revisión semestral de otros países rescatados

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Grecia deja atrás el rescate financiero pero Bruselas continuará supervisando sus cuentas

Grecia cierra este lunes el tercer programa de rescate recibido de la UE y el FMI y abre así una nueva etapa en la que tendrá que volver a financiarse por sí misma. Después de casi nueve años288.700 millones de euros en préstamos -la mayor asistencia financiera de la historia-, medidas de austeridad sin precedentes y una crisis económica que puso al euro al borde del precipicio, el país mediterráneo sale formalmente de la tutela de sus acreedores, pero seguirá recibiendo las visitas de la troika cada tres meses y cumplir una rígida senda de austeridad presupuestaria durante más de cuatro años.

Grecia seguirá sujeta hasta 2022 a una estrecha vigilancia y deberá rendir cuentas de su situación financiera cada tres meses, en lugar de hacerlo de forma semestral como ocurrió con los otros países que se acogieron a un rescate.

Pese a la recuperación de los indicadores económicos, el escepticismo reina entre los inversores y analistas, incluido el Fondo Monetario Internacional (FMI), uno de los prestatarios de Grecia durante estos años, que considera inviable el alto endeudamiento del país. Así, este organismo cree ineludible una quita real sobre su deuda y considera insuficiente las medidas de alivio aprobadas en junio pasado por los acreedores del país -sus socios de la UE-, que alargaron los plazos para la devolución de algunos préstamos y suavizó el tipo de interés aplicado en otros.

A nivel europeo, el caso de Grecia ha dejado en evidencia las debilidades de la Unión Económica y Monetaria. Desde el nacimiento del euro en 1998, los mercados habían pensado que los países se harían cargo de la deuda de sus socios en caso de necesidad, como ocurre en todas las uniones monetarias. Pero cuando empezó la crisis griega comprendieron que el norte no estaba dispuesto a asumir la quiebra del sur. Y puso en jaque la credibilidad y la confianza en la construcción europea.

Nadie había pensado antes que un país pudiese abandonar el euro, y esa posibilidad estuvo sobre la mesa en muchas ocasiones durante las difíciles negociaciones con Atenas, lo que abría también la puerta a salidas de otros socios considerados débiles, como PortugalIrlandaChipre -todos ellos tuvieron que ser rescatados- o la propia España, que también recibió asistencia financiera para sanear su banca.

Bruselas: "Grecia ahora es un país normal de la UE"

Precisamente desde Europa han llegado este lunes las afirmaciones más optimistas: "Grecia es ahora un país normal de la UE", ha destacado el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Pierre Moscovici, en una declaración oficial.

Sin embargo, en su primera aparición después de las vacaciones, Moscovici ha advertido que "las amplias reformas" que el país ha aplicado "han puesto la base para una recuperación económica sostenible: esto debe cultivarse y mantenerse para permitir al pueblo griego recoger los beneficios de sus esfuerzos y sacrificios".

El comisario europeo ha insistido en reconocer ese sufrimiento griego "durante la senda de 8 años excepcionalmente dura" y ha reconocido que muchos ciudadanos pueden sentir que la asistencia financiera no ha resuelto las graves crisis personales que "han sufrido y siguen sufriendo". "Para ellos tengo un mensaje: Europa va a seguir a vuestro lado, apoyándoos", ha señalado Moscovici.

"La recuperación económica griega no ha terminado", ha avisado el político francés, quien ha recordado que el país deberá "trabajar duro para asegurarse de que todos los sacrificios hechos no sean en vano".

Moscovici ha destacado que la crisis griega "ha sido la más larga y la más dura de toda la UE, y por eso, la vigilancia ahora debe ser más estrecha que en otros países" rescatados.

El comisario ha defendido los programas de reformas económicas impuestos a Grecia por los acreedores. "La austeridad no ha creado la crisis, fue al contrario: debido a que había una crisis, se impusieron medidas de austeridad", ha señalado el representante de la Comisión Europea, que no ha reconocido ningún error en esa política, al contrario que otro de los integrantes de la troika, el FMI, que sí admitió en 2013 que la actuación de los acreedores agudizó la crisis del país.

Una economía menguante

Desde la firma del primer programa de asistencia en mayo 2010, Grecia ha perdido el 25% de su producto interior bruto (PIB) y la deuda pública se ha disparado del 127% hasta el 180% de su PIB.

Los ciudadanos griegos han visto reducirse a la mitad su poder adquisitivo. El paro aún sigue en el 19,5%, el empleo que se crea es en buena parte a tiempo parcial, y cada vez más gente tiene que vivir con el salario mínimo de 586 euros mensuales.

Por todo ello, el país ha vivido un enorme éxodo de su población joven: más de medio millón de griegos abandonaron el país en busca de mejores oportunidades. Una sangría importante en un país que ahora pretende resurgir de sus cenizas, para lo que necesita capital humano.

Aun así, hay datos económicos positivos: la bajada del paro en mayo pasado hasta el 19,5% significa que, por primera vez en siete años, esta tasa se sitúa por debajo del 20% y queda lejos del 28% alcanzado en los peores momentos de la crisis; el país ha dejado atrás la recesión y ha pasado de una caída del PIB del 5,5% en 2010 a crecer un 1,4% en 2017, y el déficit público del 13,6% que alertó a la UE en 2009 ha dado paso a un superávit del 0,8%.

Complicada vuelta a la financiación en los mercados

Después del desembolso hace dos semanas del último tramo del tercer rescate -un total de 15.000 millones de euros-, el país cuenta ahora con un colchón de unos 24.000 millones que deberá servir para, en caso de necesidad, cubrir sus necesidades financieras durante 22 meses.

Aunque la intención del Gobierno de Alexis Tsipras es salir cuanto antes a obtener financiación por sí misma, la sempiterna crisis italiana y la que vive actualmente Turquía mantiene la rentabilidad ofrecida por el bono griego a diez años por encima del 4%, un nivel que complica mucho a Atenas su financiación en los mercados.

Las agencias de calificación no ven todavía al bono heleno en grado de inversión, a pesar de que todos, políticos y economistas, se deshacen en elogios sobre los esfuerzos fiscales -sin parangón en la Unión Europea- que ha hecho el país.

Levantar el país no será fácil, teniendo en cuenta que el Gobierno se ha comprometido a generar superávit primarios -los que hay antes de abonar el pago de la deuda- del 3,5% hasta 2022, y del 2,2% de media hasta nada menos que 2060.

Los jubilados han perdido el 40% de sus ingresos

Sin embargo, las cicatrices dejadas por casi una década de austeridad cruzan la sociedad griega. Los jubilados, hasta hace poco el sostén de muchas familias golpeadas por el paro, han perdido en torno al 40% de sus ingresos, y tres cuartas partes de los pensionistas tienen que vivir con menos de 1.000 euros al mes.

Por si no fuera suficiente, las pensiones sufrirán un nuevo tijeretazo el próximo año, tal y como lo prevé el acuerdo firmado con los acreedores para la era post-rescate.

En un año electoral como 2019, Tsipras confía en poder evitar ese compromiso con los acreedores, pero para eso, sin embargo, deberá generar un superávit primario superior al 3,5% del PIB pactado.

El líder de Syriza, que ganó las elecciones en 2015 con un programa izquierdista diametralmente opuesto al que luego ha aplicado, espera ahora dar un rostro más social a su gestión política. Se espera que en la feria industrial de Salónica en septiembre -utilizada tradicionalmente para anunciar el programa de Gobierno en el nuevo curso político-, Tsipras plantee algunas ideas que lleven un sello definitivamente más social que hasta ahora.

Hasta entonces, los analistas auguran una remodelación de Gobierno, con nuevas caras que le sirvan para dar visibilidad a esas ideas y que simbolicen un cambio hacia la autogestión, en la que uno de los objetivos primordiales será recuperar la confianza de los mercados para atraer inversores extranjeros.

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