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Un inspector del Banco de España advirtió antes de que Bankia saliera a Bolsa que acabaría nacionalizada

Un inspector del Banco de España advirtió antes de que Bankia saliera a Bolsa que acabaría nacionalizada

  • Aconsejó que BFA-Bankia cotizara en conjunto y que no lo hiciera solo Bankia

  • Esto último llevaría a "malvender" Bankia y nacionalizar BFA por 15.000 millones

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El inspector del Banco de España José Antonio Casaus advirtió sobre los problemas de Bankia meses antes de su salida a Bolsa. En concreto, Casaus aconsejaba que el grupo BFA-Bankia cotizara como una sola entidad y se mostraba en contra de separar a Bankia de su matriz BFA -la opción que se impuso- por el riesgo de pérdidas para contribuyentes y accionistas. "Sería el primer paso para la nacionalización de las pérdidas, algo injusto y contrario al mandato recibido", afirmaba a sus superiores en unos correos electrónicos.

"(La salida a Bolsa de Bankia) solo es una bombona de oxígeno que permitirá cumplir temporalmente con los nuevos requisitos de solvencia pero que no logrará transformar la estructura de Bankia. Terminará en el medio plazo con la venta a bajo precio del banco cotizado, pues no generará beneficios recurrentes, y con el Estado nacionalizando BFA, (lo que) supondrá un quebranto para los contribuyentes", explica, "de unos 15.000 millones de euros".

Según este inspector del Banco de España, de haber salido a Bolsa el grupo como un banco único no hubiera provocado pérdidas ni para los accionistas ni para los contribuyentes.

Todo esto consta en cuatro correos electrónicos a los que han tenido acceso las agencias Efe y Europa Press y que han sido remitidos por el organismo al juez que investiga la salida a Bolsa de Bankia, Fernando Andreu, que los reclamó a instancia de la Confederación Intersindical de Crédito (CIC), que ejerce la acusación popular. Los mensajes electrónicos -remitidos por Casaus a un superior- estaban fechados los días 8 y 14 de abril y 10 y 16 de mayo de 2011, apenas dos meses antes del debut bursátil, que tuvo lugar en julio de ese año.

Estos correos, a su vez, vienen a corroborar lo expuesto por Casaus en su declaración en calidad de testigo ante el magistrado Andreu el pasado 5 de septiembre en la que incidió que el grupo era inviable antes de debutar en el parqué. "Este grupo (BFA-Bankia) NO ES VIABLE sin un cambio de control que posibilite una drástica reducción de los costes de financiación [...] y un tijeretazo a los costes de personal (de entorno al 10% del sueldo) [...]", señala en uno de los mensajes.

Casaus sí admitió ante el magistrado que la entidad contaba con las provisiones necesarias. En una carta que acompaña a los correos, Casaus precisa que en todo momento, en su declaración ante el juez, al referirse al grupo Bankia o a Bankia a secas se refería al grupo BFA-Bankia, que era el objeto de su análisis.

La alternativa a la salida a Bolsa era que un banco extranjero comprara BFA-Bankia

En los mensajes, Casaus señala que el grupo BFA-Bankia no era viable "a medio plazo" con la estructura que tenía a no ser que se produjera la toma de control por parte de un banco, "preferiblemente extranjero, que pudiera convencer al mercado de que puede afrontar 120.000 millones de euros de financiación mayorista". De ese modo, prosigue, no perdería nadie, "ni el contribuyente ni el accionista".

Gestores desacreditados por su perfil político

La entidad, según Casaus, mostraba una débil capacidad de generar recursos, y su viabilidad era cuestionable por los "graves y crecientes problemas de rentabilidad, liquidez y solvencia", además de por un gobierno interno "mejorable con unos gestores desalineados entre sí y desacreditados ante el mercado, por su marcado perfil político".

En concreto, menciona la "cuestionable honradez de los gestores, que en 2009 se llevaron un bonus superior al que les correspondía", así como "la falta de sintonía entre el presidente y el vicepresidente" y la "debilísima y decreciente capacidad para generar resultados de forma recurrente".

Sin embargo, en los correos no se pone en cuestión en ningún momento la existencia de provisiones suficientes para hacer frente a deterioros en el momento de la salida a Bolsa, un asunto que ha centrado buena parte de las declaraciones a lo largo de la fase de instrucción del caso.

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